“El público aquí es estúpido como el de Nueva York, pero las producciones son mucho, mucho mejores”.
Finalmente se exponen las cartas de Salinger en el Morgan Library & Museum de Nueva York.
“El público aquí es estúpido como el de Nueva York, pero las producciones son mucho, mucho mejores”.
Finalmente se exponen las cartas de Salinger en el Morgan Library & Museum de Nueva York.
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El nuevo disco de El Atolón de Funafuti, la nueva banda revelación del rock argentino, ya está en las mejores disquerías.
Mañana jueves 18 de marzo lo presentan con un show en vivo en The Roxy Live (Niceto Vega 5542). Quedan pocas entradas.
Entrada anticipada: $20.
Entrada anticipada + disco: $40.
Disco solo: $25.
Entrada en puerta: $25.
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Una gran noticia: a los talleres de no ficción que anunciamos en este espacio (María Moreno, Cristian Alarcón, Alejandro Seselovsky) se suma el de la gran Leila Guerriero (Los suicidas del fin del mundo, Frutos extraños), que realiza esta actividad por primera vez. Es casi una exclusiva, así que les recomiendo que se apuren porque las vacantes, estoy seguro, van a volar.
Taller de periodismo narrativo: perfil y crónica, con Leila Guerriero
Comienzo: desde junio, lunes de 18 a 21.
El arte de contar historias reales. La construcción de textos periodísticos
que, utilizando herramientas de la literatura, no se aparten de la materia
prima que utilizan: la realidad. Será un taller teórico y práctico,
destinado a desarrollar trabajos con cualidades de publicación. Se
discutirán ideas, se sugerirán lecturas y se analizarán crónicas y perfiles
propios y ajenos, haciendo énfasis en la autoedición y la calidad de la
escritura.
El cupo es limitado. Es necesario presentar un texto propio, publicado o
inédito.
Más información: leilaguerriero@sion.com
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¿Hablamos de tu trabajo editorial? ¿Cómo fue la experiencia de editar? ¿Ya habías editado antes?
No. No quise nunca. Me habían ofrecido dos veces el trabajo de editor y dije que no porque los editores son puentes y le roban a los autores, cosa que sigo pensando. Yo estaba dirigiendo Ciudad Abierta y el canal ya estaba en crisis porque sabíamos que Telerman nos iba a echar. Me llama Fogwill -entré en Interzona en buena medida por Fogwill- y me cuenta que Damián Ríos se estaba yendo. Le volví a decir “jamás voy a ser editor, es como ser policía” y Fogwill me dijo “mirá, si te lo estoy ofreciendo yo, que soy el tipo que le hizo juicio a todas las editoriales, es porque acá es otra cosa”. Fogwill me hizo el link para que tuviera una entrevista, después los dueños de Interzona entrevistaron a otros, al final me llamaron y acepté. Fue una experiencia extraordinaria. Por eso seguí trabajando de editor. Fue una gran experiencia intelectual y personal, en todo sentido.
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-¿Qué te hace feliz?
-Estar enamorado. El sexo. El cariño de mis amigos y de mi familia. El respeto de los demás. La belleza femenina. Jugar al fútbol. Jugar al tenis. Jugar al golf. Andar en skate. Los libros nuevos. El olor de los libros viejos. La inteligencia. Aprender. Salir de viaje. Perderme en ciudades desconocidas. Escuchar historias bien contadas. Ir a comer con amigos. Hacer sentir bien a alguien. Aguantar la respiración abajo del agua, acostado en el fondo de la pileta. La buena literatura. Las buenas crónicas. El buen cine. Las buenas series de televisión. Ciertos aromas y recuerdos de la infancia y la adolescencia. Los árboles de la calle Melián. Dormir doce horas seguidas. El café con leche y las medialunas y el diario por las mañanas. La ropa recién lavada y planchada. Mi casa cuando está limpia. Generar proyectos. El chocolate. Los hisopos. To procrastinate. Poner un punto final. Comer. Las galletitas de limón de Havanna. Comprar remeras y zapatillas. No atender el teléfono. Mirar un compilado de goles en televisión. La heladera cuando está llena. Las montañas rusas. Manejar en la ruta. El Pineral con agua tónica y limón. El Escorihuela Gascón Malbec. El gintonic con Bombay Saphire. El olor a tabaco de pipa. La música punk. Las canciones de los Doors y de los Redonditos de Ricota. Ciertas calles y barrios y olores de Buenos Aires. Barcelona.
(Para un fanático de las listas como yo, hay un sitio nuevo adictivo que se llama .25 preguntas. Ya pasaron por ahí Aníbal Buede, Patricio Pron, Luis D. Fernández y otros. Y si además me proponen contestarlas a mí, qué mejor.)
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Hablemos de películas, una vez más. (Pero no, no de los Oscar, por favor. Ni de Quentin Tarantino ni de Pedro Almodóvar, que después de su rol en la transmisión del otro día descendieron varios escalones en mi escala de estima personal. Porque a pesar de haberme propuesto evitar cualquier título que fuera a tener algo que ver con la ceremonia, y por diversas razones, terminé sufriendo dolores de estómago tanto con la que fue elegida como mejor película como con la que recibió el premio a la mejor película extranjera. Si quieren una recomendación, aunque no fervorosa, vayan a ver a Jeff Bridges en Corazón rebelde. Sigamos).
Santiago Loza nació en Córdoba en 1971. También dramaturgo y director teatral, en 2003 dirigió una película oscura y misteriosa, una historia de amor sutil y asfixiante llamada Extraño, con Julio Chávez y Valeria Bertuccelli. Ahora acaba de estrenar en el MALBA un documental sobre el poeta, escritor y militante político Néstor Perlongher, Rosa patria, centrado en su participación dentro del Frente de Liberación Homosexual (FLH), una organización que suele ser relegada a la hora de revisar la historia de las agrupaciones revolucionarias de la década del 70 (y cuando se la recuerda, tan sólo se menciona el episodio en que los Montoneros, que la habían aceptado como un mal menor, le quitan su apoyo en un acto público mientras entonan los delicados versos: “No somos putos/no somos faloperos/somos soldados de las FAR y Montoneros”).
La película de Loza va de menor a mayor, y de lo cómico a lo trágico, a través de una serie de testimonios de antiguos compañeros, familiares y amigos de Perlongher (entre los que se cuentan Arturo Carrera, Rodolfo Fogwill, Fernando Noy, Osvaldo Baigorria y Juan José Sebreli), que comienzan hablando sobre las escasas virtudes físicas (”era horrible”, “parecía una señora vieja”) del poeta. Perlongher nació en Avellaneda en 1949, estudió literatura y sociología, fue un personaje central en la historia del FLH, cayó preso antes del golpe de 1976, se fue a vivir a Brasil donde fue profesor y elaboró su tesis sobre prostitución masculina, pasó una temporada en París (donde enfermó de sida) y murió en San Pablo en 1992. Pocos años después, en 1997, la editorial Seix Barral publicó lo que había hecho mientras tanto, y que era lo que mejor hacía: escribir poesía. El libro se llama Poemas completos, e incluye desde el libro Austria-Hungría (publicado en 1980 por el sello editorial que dirigía Fogwill) hasta sus últimos textos; pasando, claro, por el que tal vez sea su poema más famoso, Cadáveres (y aquellos versos: “En lo preciso de esta ausencia/En lo que raya esa palabra/En su divina presencia/Comandante, en su raya/Hay cadáveres”).
Perlongher firmaba algunos textos como Rosa Luxemburgo, de ahí el título del documental de Loza, que acompaña la biografía del poeta desde sus reivindicaciones revolucionarias (”Amar y vivir libremente en un país liberado”) hasta los años en que recuerda esas aventuras con nostalgia y pudor (”Qué locos estábamos”). Paradójicamente, Perlongher no aparece nunca en imagen, salvo en viejas fotos, y la mirada del espectador es guiada varias veces por desvíos no siempre interesantes. Pero Loza salda al menos, con este filme, una deuda: rescatar, antes de que sea tarde, la memoria de los participantes de una agrupación política tan fugaz y (a la vez) vanguardista como el FLH.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).
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Fue comprado por el Harry Ransom Center. Y en la web se pueden ver algunos originales manuscritos y correcciones del escritor y cronista (y ver en los libros que leía y anotaba de otros autores que, efectivamente, como uno estimaba, estaba un poco loco, y era completamente genial).
Aquí abajo, cómo DFW leía a Borges.

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-No existen en otros lados. Ahora estuve en México: los suplementos culturales –si es que los hay- son paupérrimos. El único diario argentino que decidió no tener suplemento es Crítica porque Lanata es, entre otras cosas, un personaje profundamente antiintelectual y supone que los suplementos culturales son nidos de gente de Puán, barbudos que no laburan, que son complicados; es un clásico escritor de Literatura de izquierda: de mercado, pero que defiende la izquierda. Hay una vieja tradición argentina que supone que los suplementos dan prestigio, pero eso aplica a Página/12 y a Perfil. Ñ rompe el mercado porque hay que pagarlo: ya no solamente hay prestigio sino lo que están diciendo es que queremos que sea rentable, queremos que sea popular, ya es otro registro. Es un país extraordinario la Argentina, tanto debate, tanta gente escribiendo. Yo recuerdo un artículo de Caparrós en la contratapa de Página/12 hace quince años preguntándose lo mismo que vos. Casi cínicamente: para qué existen los suplementos culturales. Mejor que estén: yo los compro todos, los leo todos.
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Una amiga se fue a San Francisco, California, y en el medio de un cruce de calles sacó esta foto, que no está trucada (aunque yo veo algunas cosas raras en el cielo y la trama). Gracias, Eugenia.
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–No sé, es rarísimo. En la Argentina hay un cementerio como el de Recoleta, que si algo hace es celebrar la muerte, no negarla. La negación de la muerte en nuestra cultura es parte de la esquizofrenia de las ciudades. Si vas a los cementerios del norte, están totalmente integrados con la sociedad. En cambio, acá escuchás “no me hablen de eso, qué horror los cementerios” y te encontrás con los monumentos más espectaculares. También tiene que ver con algo que llamo “el miedo a morirse capitalista”; hay una cosa de juventud eterna, de cirugías estéticas, de consumo sin fin, de agotamiento de recursos, como si las cosas no se fueran a terminar. Pero se terminan. Esta es una teoría que se me ocurre recién: negar la muerte tiene que ver con el consumo sin fin. Si te vas a morir, ¿para qué querés todo esto?… no te lo vas a llevar a la tumba. Una condición necesaria de cambiar un auto por año es pensar que no te vas a morir en el auto, me parece…
Una entrevista con Mariana Enriquez, que publica Los peligros de fumar en la cama. Buen título.
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Nosotros ya dijimos lo que teníamos que decir sobre el último filme de Campanella, que parece que ahora ganó un Oscar, signifique eso lo que signifique (no es Cannes, no es Sundance, no es Tribeca, pero por Dios: ¿era Tarantino, y al lado estaba Almodóvar, el que le entregó la estatuilla a JJ? Ya lo dije: el mundo es un lugar extraño).
Pero Alan Pauls en Página/12, y José Santamarina en Los Trabajos Prácticos, ofrecen sus razones para rechazar este engendro mutante visto por más de dos millones de personas.
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A 50 años de su nacimiento, el skate vuelve a ser centro de la escena en la ciudad.
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Mis vacaciones empezaron huyendo del alerta meteorológico que pronosticaba tormentas en Buenos Aires, transcurrieron bajo el frío de la cuarta mayor nevada en la historia de la ciudad de Nueva York, y terminaron en una estadía involuntaria de dos días y medio en Santiago de Chile, días después del terremoto. O tengo mucha mala suerte, o algo bastante extraño está pasando en el mundo.
Así que acá podría aprovechar para escribir un relato de tinte kafkiano acerca de cómo la burocracia empresarial (algo evidente) y el progreso tecnológico (no tanto) se convierten en perfectas trampas. Podría escribir cómo frente a una catástrofe natural, en lugar de hacer todo lo posible para ayudar a la gente a volver a sus casas, o de brindar información precisa y certera en medio del caos y la confusión, empresas aparentemente sólidas como LAN evaden toda responsabilidad y desaparecen de la faz de la tierra, dejando a sus pasajeros varados en ciudades como Nueva York, Lima, Río de Janeiro. Podría escribir cómo LAN confirmaba sus vuelos por teléfono (una vez que alguien atendía los teléfonos) para después cancelarlos sin aviso, cómo la página web de la compañía (cuando el sistema no estaba caído) sugería registrarse por vía informática para luego perder esa información, cómo se despachaban valijas para más tarde asumir que la empresa no tenía la más mínima idea de hacia dónde habían sido enviados esos equipajes. Podría decir que vi a cientos de personas haciendo filas interminables frente a las oficinas de LAN en distintos aeropuertos y ciudades para recibir las mismas respuestas: no sabe y no contesta. Podría imaginar cuán difícil tendrá el futuro la sociedad chilena una vez que salga de esta tragedia. O de cuánto pueden llegar a extrañar a Michelle Bachelet y preguntar cómo Sebastián Piñera, el presidente electo, pretende dirigir un país cuando LAN, la empresa que fundó y comandó hasta hace muy poco tiempo, es incapaz de dar mínimas respuestas en tiempos de crisis.
Pero no vale la pena perder tiempo hablando de eso. Más interesante es ver cómo se amalgamó y puso en marcha la sociedad chilena frente al sismo que mató, hasta ahora, a 800 personas. Previsiblemente, ni en la calle, ni en los restaurantes, ni en la televisión se hablaba de otra cosa. Algunos corrían la voz sobre saqueos, otros temían la salida a la calle de los militares, cada quien contaba su propia experiencia del terremoto. Pero a los pocos días, y a pesar de las evidencias físicas, la vida en Santiago de Chile volvía a transcurrir, al menos para lo que un turista necesita. Así que aproveché para conocer la que todos señalan como la mejor librería de Chile: Metales Pesados, en la calle José Miguel de la Barra. Y ahí estaba Sergio Parra, su dueño, contando que sí, que durante el temblor estaba en una fiesta, para cambiar inmediatamente de tema y preguntar por amigos en común, para recomendar nuevos autores, para mostrar que lo que un buen librero y editor debe ofrecer es una variada y a la vez estrictamente diseñada selección de títulos. Parra contó que vendrá este año a la Feria del Libro de Buenos Aires y que traerá alguno de los volúmenes que publicó con el sello de la librería, entre los que están los que me traje en la valija: los cuentos de Armas arrojadizas, de Marcelo Mellado, y el ensayo El narrador de Walter Benjamin. Lejos de preocupaciones y noticias, esa hora hablando de libros (la literatura como refugio) fue la mejor de los últimos días.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).
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Mirá vos, así que EM-B estaba en Nueva York al mismo tiempo que yo. De haberlo sabido, lo hubiera visto, sin dudas. También me divierte escuchar sus historias, siempre al borde de la aventura descarriada y el paroxismo. El, quizá porque es estadounidense y porque también siente un desafío en exponer las tensiones de una ciudad que conoce a la perfección hizo algo más interesante que yo, que me rendí al aburrimiento de la apelación al consumo: sacó muy buenas fotos de NY, y las mechó con sus recuerdos personales. No se lo pierdan.
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Las palabras de Llinás, Casas y Lingenti, en el blog de Eterna Cadencia.
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Y un día volví de viaje, y el viaje fue un infierno con escala en Santiago de Chile. Para mí fue una de las mejores maneras de darme cuenta de que, a pesar de todo, Buenos Aires es una gran ciudad. Así que sí, también vuelven las chicas que leen.
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Para los que siempre me preguntaban, sí, finalmente Pedro se decidió y arranca con taller propio. De nada.
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Dejo atrás Buenos Aires una vez más, con un sentimiento contradictorio. Veo videos en Internet de la segunda tormenta en menos de una semana y los trenes desatan tsunamis en las vías de Palermo, los autos flotan como troncos, todo se vuelve caos irremediablemente, y me pregunto, como lo habrán hecho muchos, cómo puede ser que una ciudad como ésta deba seguir sufriendo los mismos problemas durante décadas. Y llego a Nueva York. Y al segundo día acá comienza a nevar (los inviernos, como los veranos en Buenos Aires, son cada vez más largos y pueden durar hasta cinco meses), y al tercer día la ciudad colapsa: los subtes dejan de funcionar, las clases en las universidades se suspenden, la gente que vive fuera de Manhattan debe caminar con la nieve hasta las rodillas para llegar a su trabajo, los aeropuertos cierran. ¡Quizá estemos mucho más cerca del Primer Mundo de lo que siempre pensamos!
¿Qué decir de Nueva York que no se haya dicho ya, cómo escribir algo que no haya sido escrito, cómo escapar a los lugares comunes? Precisamente no intentándolo. No hay nada nuevo que pueda decirse, eso es todo. El Central Park es un prodigio de la naturaleza en el medio de la gran ciudad, hay que comer bagels y hamburguesas, hay que caminar como hormigas en medio de una ciudad que (ésta sí, como Buenos Aires en el pasado) parece no descansar nunca. La gente va y viene y trabaja diez horas por día para sobrevivir y consume, a pesar de la crisis (que es notoria), porque básicamente es un sitio diseñado para eso, para el consumo: de comidas y bebidas, de ropa, de lo que a uno se le pueda ocurrir. Por momentos Manhattan deslumbra, y segundos después puede parecer la ciudad más vacía y sin sentido del mundo. ¿Detrás de qué corre la gente que corre y atropella por las calles? Pero todo puede ser peor. Y la nueva campaña publicitaria de Diesel (una de las marcas de jeans más exclusivas del mundo) parece querer contribuir un poco más al hundimiento de la especie humana. Los afiches y carteles están por todos lados, uno no puede dejar de verlos aunque quiera. Dicen cosas como ésta: “La gente inteligente puede tener el cerebro, pero los estúpidos tienen las pelotas”; “Los inteligentes critican. Los estúpidos crean”. Y por todos lados el llamado, la imposición, la guía craneada por los publicitarios de Diesel (¿cuánto habrán cobrado por una idea tan, cómo decirlo, poco inteligente?) que reclama en colores chillones: “Sé estúpido”. Como si hiciera falta.
Menos mal que están los museos, esos refugios para las nevadas. Cada tanto, hay algo ahí que vale la pena ver. Y desde el 22 de noviembre pasado, y hasta el 26 de abril, el MoMA exhibe la primera gran retrospectiva sobre Tim Burton. Dibujos, bocetos, pinturas, storyboards, papeles personales, muñecos. Ya se escribió, también, suficiente sobre la muestra, que vale la pena, sobre todo, como aliciente para los jóvenes artistas, para los que no creen que haya que ser estúpido para crear: ahí, en sus primeros bocetos, en las cartas que Burton le escribe a los ejecutivos de la Disney casi implorando que se tomen un minuto para ver sus trabajos, queda claro que su camino fue largo y arduo. Y que más que la estupidez, es la voluntad y la perseverancia, la persistencia incluso en el error, lo que hace verdaderamente único a un artista.
*Desde Nueva York.
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Y resulta que recién ahora me entero por el diario de que estoy viviendo en la misma calle (la 57), a apenas una cuadra, del edificio donde vivió Salinger en Manhattan antes de tomarse el palo y recluirse hasta su muerte. Como la mayoría de las construcciones de esta parte de la ciudad, el edificio no dice mucho por afuera. Pero entiendo la obsesión del muchacho acerca de dónde van los patos del parque en invierno, porque acá está nevando y el Central Park está acá a pocos pasos, todo teñido de blanco. Pero ayer, caminando por el borde del lago, di con la respuesta: los patos no se van, se recluyen a un costado, todos juntos, batiendo las alas y moviendo las patas, tratando de que esa pequeña porción de agua no termine de congelarse. ¿Qué hacen los patos en invierno, entonces? Lo que hacen todos en esta ciudad infernal: trabajan, y trabajan, y trabajan.
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“El hecho de que vivamos en un mundo informativo de 24 horas comenzó con la televisión, pero Internet ha marcado un cálculo de tiempo nuevo a los demás géneros. Las revistas informativas están empezando a perder su identidad. Llegué a Santo Domingo y vi televisión por primera vez en dos semanas. Fue interesante ver cómo todo el mundo estaba hablando de Haití, un país olvidado dos siglos. Ojalá vaya más allá de la inmediatez, del horror y del sentimentalismo fácil que busca siempre la televisión. Yo tengo la suerte de trabajar para The New Yorker, que sigue apostando por el reportaje de largo aliento. Internet va hacia las agencias de noticias, no nos suplanta a nosotros los cronistas, es un télex virtual.”
Una entrevista con Jon Lee Anderson, en el suplemento Babelia.
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Alguna vez escribimos sobre la posibilidad de establecer (sobre el deseo de que surgiera) una hermenéutica de las tapas de los libros. Seguimos a la espera. Mientras tanto, el amigo Antonio Jiménez Morato se toma el trabajo (y hasta saca fotos) de ir más al detalle todavía: analiza ya no las tapas, sino las fajas que acompañan a diversas ediciones de libros.
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Un amigo me dijo una vez que más allá de los intentos de Borges y Bioy Casares, de Walsh y de algunos otros pocos autores, la literatura policial no se había desarrollado nunca lo suficiente en la Argentina por una cuestión de verosimilitud: ¿quién iba a creer que las fuerzas militares o policiales podían ser las encargadas de perseguir y castigar el crimen, si la historia del país demostraba que eran esos cuerpos los que por lo general lo perpetraban, lo avalaban, lo cubrían o lo estimulaban? No hace falta ir más allá del Nunca más para entender que mi amigo tenía razón, y Pablo Trapero se encargó de liquidar el asunto en 2002 con la película El Bonaerense. Pero parece que ya no somos los únicos que desconfiamos de quienes tienen la aparente tarea de velar por nuestra seguridad. Uno puede seguir a través del cine y las series de televisión (que suelen reacionar frente a la realidad más rápido que disciplinas como la literatura o las artes visuales, tal vez con la excepción de la fotografía), es decir, de los emergentes más poderosos de la industria de la imagen, cómo va cambiando el relato que una sociedad hace de sí misma. Y son el cine y la televisión estadounidense, el centro de aquella industria, los que en los últimos veinte años cambiaron el lente con el que describían a sus propias fuerzas de seguridad.
Durante la década del 80, aunque la policía fuera lenta y corrupta, siempre aparecía un héroe individual que la redimía. Está bien, no pretendían ser películas realistas o verosímiles, y estaban mucho más cerca de la comedia que del thriller, pero ése era el mensaje final (el optimismo sembrado por la excepción) de sagas como Arma mortal, con Mel Gibson, que comenzó en 1987, y de Duro de matar, con Bruce Willis, que arrancó en 1988. Hoy por hoy las cosas cambiaron, y para encontrar policías confiables hay que revolver entre los científicos y laboratoristas de CSI, encerrados en su universo de hisopos y ADN, tan distintos a los agentes de a pie que recorren las calles. Y para un relato más acercado a lo que la sociedad cree que sucede en realidad hay que pegarle un vistazo a una de las mejores series de los últimos años, The Wire: la historia de un cuerpo de policías de Baltimore, que comenzó en el 2002 y que en cada una de sus cinco temporadas mostraba cómo la corrupción y la ineficiencia son virtudes que pueden atravesar asociaciones, gremios y profesiones enteras: la policía, pero también los sindicatos y hasta el mundo del periodismo.
La semana que viene se estrena una película por lo menos curiosa: The Bad Liuetenant, remake de Werner Herzog del filme de Abel Ferrara de 1992. El personaje de Harvey Keitel es interpretado ahora por un gran Nicolas Cage (más parecido físicamente a Christopher Walken que a sí mismo), y la acción se traslada de Nueva York a Nueva Orleans días después del huracán Katrina, lo que le da la posibilidad al director de que todo luzca a la vez desolador y lisérgico. Las tomas subjetivas de los lagartos y las iguanas con fondo de música blues son sencillamente magistrales. Y la moraleja es la misma que la de The Wire: cuando los policías hacen bien su trabajo, los castigan y marginan a puestos administrativos. Y, cuando lo hacen todo mal, son premiados y promovidos. Cualquier parecido con la realidad, bueno, pregúntenle a David Simon o a Werner Herzog.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).
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“‘A mí me gusta el menemismo, el champagne y las fiestas, ese fue el mejor gobierno’, dice ante el estupor del notero. Increíble. Porque en este país parece que el Menemismo fue un virus que vino del espacio exterior y para el que por suerte conseguimos el antídoto del progresismo.”
Lo dije hace rato y por poco me matan: Fort es un personaje que tiene espesor pero también pasado, y puede ser alucinante si algún cronista con talento aceota el desafío de vivir con él un par de meses y contar su tragedia evidente. Por ahora, nos quedamos con este breve perfil de Casas.
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En los años que llevo usando mail, chat y demás ofertas de la hiperconectividad, jamás recibí mails grupales o avisos que sirvieran para algo, ni hablar de que me sirvieran para algo. Pero desde hace un par de meses que disfruto enormemente del newsletter que me llega de la revista Joy. Leí sobre los mejores gustos de helado y dónde pedirlos, los mejores restaurantes con mesas en la calle, y ahora el de las parrillas con más onda. Cuando Cristina habló de la carne de chancho, Juan Aznarez, ese Ave Fénix del comer y beber, sacó a las pocas horas uno acerca de dónde conseguir el mejor cerdo y los hoteles alojamiento más cercanos. Un grande, a la Anthony Bourdain.
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Brooklyn, Bronx, Queens and Staten
From the Battery to the top of Manhattan
Asian, Middle-Eastern and Latin
Black, White, New York you make it happen
Brownstones, water towers, trees, skyscrapers
Writers, prize fighters and Wall Street traders
We come together on the subway cars
Diversity unified, whoever you are
We’re doing fine on the One and Nine line
On the L we’re doin’ swell
On the number Ten bus we fight and fuss
‘Cause we’re thorough in the boroughs and that’s a must
I remember when the Duece was all porno flicks
Running home after school to play PIX * 1
At lunch I’d go to Blimpies down on Montague Street
And hit the Fulton Street Mall for the sneakers on my feet
Dear New York I hope you’re doing well
I know a lot’s happen and you’ve been through hell
So, we give thanks for providing a home
Through your gates at Ellis Island we passed in droves
Brooklyn, Bronx, Queens and Staten
From the Battery to the top of Manhattan
Asian, Middle-Eastern and Latin
Black, White, New York you make it happen
The L.I.E. the B.Q.E
Hippies at the band shell with the L.S.D.
Get my BVD’s from VIM
You know I’m reppin’ Manhattan the best I can
Stopped off at Bleeker Bob’s got thrown out
Sneakin’ in at 4:00 am after going out
You didn’t rob me in the park at Dianna Ross
But everybody started looting when the light went off
From the South South Bronx on out to Queens Bridge
From Hollis Queens right down to Bay Ridge
From Castle Hill to the Lower East Side
From 1010 WINS to Live At Five
Dear New York this is a love letter
To you and how you brought us together
We can’t say enough about all you do
‘Cause in the city were ourselves and electric too
Brooklyn, Bronx, Queens and Staten
From the Battery to the top of Manhattan
Asian, Middle-Eastern and Latin
Black, White, New York you make it happen
Shout out the South Bronx where my mom hails from
Right next to High Bridge across from Harlem
To the Grand Concourse where my mom and dad met
Before they moved on down to the Upper West
I see you’re still strong after all that’s gone on
Life long we dedicate this song
Just a little something to show some respect
To the city that blends and mends and tests
Since 911 we’re still livin’
And lovin’ life we’ve been given
Ain’t nothing gonna take that away from us
Were lookin’ pretty and gritty ’cause in the city we trust
Dear New York I know a lot has changed
2 towers down but you’re still in the game
Home to many rejecting no one
Accepting peoples of all places, wherever they’re from
Brooklyn, Bronx, Queens and Staten
From the Battery to the top of Manhattan
Asian, Middle-Eastern and Latin
Black, White, New York you make it happen
Brooklyn, Bronx, Queens and Staten
From the Battery to the top of Manhattan
Asian, Middle-Eastern and Latin
Black, White, New York you make it happen
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(Este martes, al lado de la lluvia, su cuerpo muerto tronaba en medio de la sala y en un rincón, en una mesa, descansaban sus libros. A las dos de la tarde unos señores se llevaron el cuerpo; los libros se quedaron. Sólo la realidad puede hacer metáforas tan malas; Tomás la habría tachado o mejorado. Pero es cierto que, de ahora en más, él va a ser, sobre todo, esas historias verdaderas que inventó.)
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“Si en algo me marcó fue en saber que había una diferencia enorme entre escribir más o menos bien -saber contar bien una historia- y el uso que uno hacía del lenguaje castellano. Además de saber contar la historia había que dominar la herramienta hasta el final. Tomás dominaba la herramienta, tenía pleno dominio. Siempre citaba el prólogo de Música para Camaleones de Truman Capote. Capote decía en ese prólogo que escribía desde los ocho años y que un día había descubierto la diferencia entre escribir bien y hacer arte. Tomás era un tipo que se había entregado a la escritura, si había un dueño de Tomás eran las palabras. Se había entregado a eso con dedicación. Creo que escribió hasta el final.” (Leila Guerriero).
Acá, la desgrabación completa del homenaje a TEM en Eterna Cadencia.