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Apotegmas, aporías, aforismos y breves apostasías literarias

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Historias de hombres solos

Mayo 12th, 2008 · No Comments

Así como en el 2006 distribuyó la filmografía completa de Martín Rejtman, ahora, dos años después, el MALBA decidió publicar las tres películas del que tal vez sea el director más radical del cine argentino: Lisandro Alonso. Alonso nació en Buenos Aires en 1975 y para una parte de la crítica especializada es el “último autor”. Sus obras –La libertad (2001), Los muertos (2004) y Fantasma (2006)– tienen muy poco en común con las de sus compañeros de generación, o con las de los jóvenes que empezaron a filmar después de él: forman algo así como un archipiélago que reclama una hermenéutica propia, una nueva manera de plantarse frente a la pantalla. Poco importa si, como se ha dicho, Alonso se autoexcluye del circuito de la industria del cine y decide filmar al margen de ella (así y todo, sus dos primeros filmes se exhibieron en el Festival de Cannes): es su manera de elegir qué ver y qué mostrar lo que lo pone en un lugar excéntrico.

 

En La libertad, el eje de la trama (porque hablar de “relato”, en el caso de Alonso, es algo por lo menos desacertado) es un día de trabajo en la vida de un hachero; en Los muertos, lo que se ve es la vuelta de un isleño a su hogar en medio de la selva, luego de pasar algún tiempo preso por un crimen del que no sabemos nada. En Liverpool, la película que Alonso terminó semanas atrás, habrá otro regreso: el de un hombre que tras haber desaparecido veinte años llega a Ushuaia en un barco carguero. Se entiende: lo que cuenta en el cine de Alonso son las imágenes y los silencios, que generan un efecto hipnótico. “Si fuera por mí, nadie hablaría. No confío en las palabras”, declaró en una entrevista. ¿Cómo es que alguien se inclina por este tipo de representaciones, en un ambiente saturado de relatos convencionales, calculados, pretenciosos, triviales? Alonso lo explica así: “Yo no soy el enfermo: los enfermos son los demás, que cuentan siempre lo mismo, y lo hacen de la misma manera. Es un problema mundial. Por eso se celebran tantos festivales, porque es la única forma de ver películas diferentes”.

 

Sacó el cuchillo, lo abrió y clavó en el tronco. Sacó una de las truchas. La golpeó contra el tronco. La trucha se estremeció y se quedó rígida. Nick la colocó encima del tronco y le rompió el cuello a la otra del mismo modo. Eran unas truchas estupendas. Nick las limpió, abriéndolas desde el ano a la punta de la madíbula. Las entrañas, las agallas y la lengua salieron de una sola pieza. Las entrañas salieron todas juntas, limpias y compactas. Nick lanzó los despojos a la orilla para que se los comieran los visones. Luego de estrenar Los muertos, Alonso confesó que su película estaba inspirada en la novela La casa de los muertos, de Dostoievsky, y en algunos cuentos de Horacio Quiroga. Sus personajes –quedó dicho– son hombres solitarios que se desplazan con lentitud y en silencio. Los vemos todo el tiempo, los seguimos en sus recorridos casi sin interrupciones, pero jamás sabemos qué es lo que cruza sus cabezas, qué pensamientos los ocupan, qué secretos mecanismos ordenan sus actos. Alonso los acompaña, los muestra magistralmente: hombres en apariencia pacíficos, que en cierto momento (a la hora de alimentarse, por ejemplo) demuestran que son capaces de destripar un cuerpo con naturalidad, brutalmente pero sin violencia. Es extraño que hasta hoy no se haya señalado la semejanza que tienen los protagonistas de sus dos primeros filmes con personajes como el del fragmento de las truchas de arriba: nada menos que el Nick Adams de El río de los dos corazones. ¿Habrá leído Alonso los cuentos de Hemingway?

 

(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 11 de amyo de 2008).

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Un trato con Gabo

Mayo 10th, 2008 · No Comments

Usted tiene que escribir esa historia, me dijo: yo la quiero leer. No sé de dónde saqué el coraje, pero le respondí que podíamos hacer un trato: yo escribo la historia si usted se decide a viajar, de una buena vez, a la Argentina. Gabriel García Márquez es un tipo supersticioso: Cien años de soledad se publicó en Buenos Aires en 1967 y fue un suceso mundial. Fue entonces que decidió no volver al país, para no cortar la racha. “Pero hombre…”, contestó, y no dijo más. Así que esto es, si se quiere, el pago de la primera parte de la deuda que contrajimos aquella vez, en enero de 2006, en un aula de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, en Cartagena de Indias, Colombia.

 

Un minuto antes, mientras me recuperaba de la sorpresa de verlo entrar por la puerta del aula, Jaime Abello, director de la FNPI, me señaló y dijo: “Cuéntale, Maxi, cómo es eso de que trabajaste en un diario que tuvo más números de prueba que en la calle”. Así que intenté explicarle que era cierto, y que siete años después formaba parte del relanzamiento del mismo diario. Luego él me dijo que escribiera esa historia, que la quería leer. La historia es la que sigue.

 

Empecé a trabajar en PERFIL como redactor de Turismo en 1998. Duré poco más de veinte días. Mi jefa decidió echarme, aunque nunca me explicó las razones. Lo extraño fue que, gracias a las recomendaciones de Miguel Wiñazki y Jorge Fernández Díaz, y el entusiasmo de Daniel Capalbo, a los dos días estaba trabajando de nuevo, pero para la sección Policiales. Cuando el primer número salió a la calle yo estaba en Punta Alta, cubriendo el caso de una maestra de escuela primaria que había mantenido un romance con uno de sus alumnos. Conseguí las cartas de amor que ella le había escrito, y la nota fue tapa. Semanas después, cuando volví a Buenos Aires, me duplicaron el sueldo. Con 22 años, disfruté de la omnipotencia de una redacción como la que tenía PERFIL en 1998 todo lo que duró: un par de meses más. Conocí a periodistas enormes e hice algunos amigos.

 

Y esa fue mi corta experiencia en aquel diario: un despido, una cobertura, la emoción de la primera tapa. Luego pasaron los años, y el 2005 me encontró de nuevo ahí, aunque más viejo y en otro lugar. Pero esa es otra historia. Ahora puedo publicar esta nota, mandarla por mail a Cartagena, y esperar que en la otra punta del continente alguien la lea y decida cumplir con su parte del trato.

 

(Publicado en el suplemento homenaje por los 10 años del diario Perfil, el sábado 10 de mayo de 2008).

 

 

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¡Extra, extra!

Mayo 8th, 2008 · No Comments

Salió el nuevo número (33, nada menos) de El Interpretador.

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Carver y la literatura autobiográfica

Mayo 7th, 2008 · 5 Comments

“Alguien en la mesa habló y dijo: ‘Reconozco eso de uno de tus relatos’. Y Cheever dijo: ‘Es probable. Todo lo que escribí es autobiográfico’. Ahora, por supuesto, eso no es literalmente cierto. Aunque todo lo que escribamos sea, de alguna manera, autobiográfico. No me molesta la llamada ‘literatura autobiográfica’. Al contrario. En el camino. Céline. Roth. Lawrence Durrell en el Cuarteto de Alejandría. Hemingway en los cuentos de la serie de Nick Adams. Updike, también. Jim McConkey. Clark Blaise es uno de los escritores contemporáneos cuya literatura entra y sale de lo autobiográfico. Por supuesto, tenés que saber qué es lo que estás haciendo cuando te decidís a convertir los sucesos de tu vida en ficción. Hay que ser enormemente audaz e imaginativo y estar dispuesto a contar todo sobre uno. Cuando uno es demasiado joven, por ejemplo, para contar sobre lo que sabe, ¿qué conoce mejor que sus propios secretos? Pero, a no ser que uno sea un escritor verdaderamente especial, uno realmente talentoso, es peligroso escribir libro tras libro sobre La Historia De Mi Vida. Un gran peligro, o al menos una gran tentación, para muchos escritores, es la de volverse demasiado autobiográfico en su acercamiento a la ficción. Un poco de autobiografía y mucho de imaginación resulta mejor”.

“Lines of reference”, de una entrevista con The Paris Review, 1983 (tomado del libro Carver Country, traducción propia).

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Una cosa lleva a la otra

Mayo 7th, 2008 · 1 Comment

Vía el blog de Perla llegamos a un espacio que va a hacer enloquecer a Guillermo Piro: The Sartorialist, uno de los 100 sitios más influyentes del diseño de indumentaria según la revista Time

A propósito, si ustedes se preguntan dónde estaban las chicas de Piro, bueno, se abrió un espacio dedicado exclusivamente a ellas.

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Tres mundos

Mayo 6th, 2008 · No Comments

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Crítica y ficción

Mayo 6th, 2008 · 7 Comments

“Toda obra importante necesita de un grupo selecto que la sostenga para soportar el rechazo de la crítica general”

(T.S. Elliot, Poesía y poetas).

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Literatura y política en la Feria / 3 y 4

Mayo 6th, 2008 · No Comments

Zunini sigue: blogs, conspiraciones y “me cago en la Joven Guardia”, en las dos últimas partes de la charla sobre nueva narrativa argentina.

Acá y acá.

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Hoy: Confesionario / 2, el libro

Mayo 5th, 2008 · 4 Comments

Feria del libro: Actividades de hoy

GCBA – Dir. Gral. del Libro y Promoción de la Lectura.

 

20 horas: Presentación de libro “Confesionario II”, de Cecilia Szperling.

 

Leen: Martín Bauer, Inés Efrón, Cecilia Szperling, Vivi Tellas y Maximiliano Tomas (Sala Roberto Arlt).

 

PD: ¡Qué bueno, se ve que ya integro una lista negra! Aunque sea la de Página/12.

 

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Natalie reads Shrimpton

Mayo 5th, 2008 · No Comments

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Mucho más que buenas noticias

Mayo 4th, 2008 · 4 Comments

Es como si tuviera la bola de cristal: veo dentro de algunos días, cuando termine la Feria del Libro, que los diarios reproducirán las buenas noticias de cada año: las ventas y la facturación crecieron un tanto por ciento, la cantidad de visitantes superó, nuevamente, el millón de personas. Datos reales pero que, de tan repetidos, no sólo se vaciaron de sentido sino que, sobre todo, ocultan detrás de fuegos de artificio cuantitativos los problemas que atraviesan en la actualidad la industria del libro y el mercado editorial.

 

El del libro es un negocio como muchos otros, aunque no como el de la soja o el petróleo, está claro, porque se mueve sobre todo al vaivén de la economía local. Sus mayores problemas, entonces, tienen que ver con la inflación, y afectan no tanto a las grandes cadenas de librerías ni a los sellos multinacionales (cuyos márgenes de ganancia pueden sufrir una merma sin que ello afecte gravemente sus números) sino a los pequeños y medianos editores y libreros que, por el volumen de sus negocios, son casi siempre los que se manejan con un margen menor.

 

Por lo general, las librerías eran las que se llevaban la mejor parte en la cadena de la producción del libro: recibían material en consignación y se quedaban con un porcentaje del precio de venta de tapa, que iba del 20 al 50 por ciento (dependiendo de la capacidad para negociar: a mayor cantidad de locales, y mayor venta, más alto el porcentaje). Pero hoy son dos o tres las cadenas de librerías que manejan el negocio casi en su totalidad, Yenny El Ateneo, Cúspide, Distal, lo que uniforma la oferta editorial (a través de la omnipresencia de best sellers: cuanto más rápido se venda un título y más alto sea su precio de tapa, mejor) y pone en riesgo a las librerías más chicas y a los sellos independientes.

 

Entonces: lo que hoy tiende a expandirse es el modelo del mercado uniformado en sus gustos, con libros cuyo piso ronda los cuarenta o cincuenta pesos. Las pequeñas librerías, que suelen ser las preferidas de los lectores especializados, se ven afectadas por el aumento del precio de los alquileres (un solo ejemplo: a fines del año pasado Ernesto Skidelsky, dueño de Capítulo Dos, debió cerrar su local en el shopping Alto Palermo). Además, las editoriales trabajan cada vez menos con material en consignación, exijen compras en firme, y por lo general son reacias a abrir nuevas cuentas (no son pocos los casos de libreros a los que algunos sellos directamente les niegan el material, ya que, como se dijo, la verdadera preocupación es llegar rápido a las cadenas, las bocas de expendio más importantes).

 

Peor parece el panorama de las editoriales independientes. Resurgidas luego de la devaluación, nuevamente competitivas, fueron las que se encargaron (Interzona, Adriana Hidalgo, Mansalva, Caja Negra, Paradiso) de publicar mucho de lo mejor que pudo leerse en materia de ensayo, poesía y narrativa local y extranjera por estos años. Ahora, todo ese trabajo entra nuevamente en zona de riesgo debido a la inflación, que disparó el precio del papel (se calcula que aumenta a un ritmo del 5 por ciento mensual), de las tintas, de la imprenta, de los depósitos, de la distribución. Los editores preveían una inflación anual del 20 por ciento, y creen que esa cifra se alcanzó durante el primer cuatrimestre, por lo que algunos están pensando en editar menor cantidad de títulos en lo que queda de 2008 y en 2009. Es como si tuviera la bola de cristal: de seguir así, el año que viene se editarán más y peores libros, habrá menos material para leer y más caro y, además, será más difícil encontrar lugares donde comprar buena literatura.

 

(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 4 de mayo de 2008)

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Estoy verde, no me sirven fernet / 2

Mayo 2nd, 2008 · 1 Comment

Contrarreforma sigue visitando la feria.

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Literatura y política en la Feria / 2

Mayo 2nd, 2008 · No Comments

Zunini sigue: Coelho, Schweblin, Terranova y Toledo, parte dos.

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King Jim

Mayo 2nd, 2008 · 2 Comments

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Estoy verde, no me sirven fernet

Mayo 1st, 2008 · 1 Comment

Después de discutir durante semanas tonterías que cualquier estudiante de primer año de Historia descartaría (y encima delante de grabadores), y sobrevalorar (la soberbia: pecado en el que nunca pensé que incurrirían) su propia participación en el “conflicto Campo-Gobierno”, los muchachos de Contrarreforma despachan una primera e imperdible entrega de sus crónicas sobre la Feria del Libro.

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Literatura y política en la Feria / 1

Mayo 1st, 2008 · No Comments

El ya famoso masoquismo de Zunini no tiene límites: ahora desgraba una charla sobre nueva narrativa argentina en la Feria del Libro. Gracias a él.

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No devolutible

Mayo 1st, 2008 · No Comments

Salió un nuevo número de la revista virtual No retornable.

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¿Y vos, cómo lo hiciste?

Abril 30th, 2008 · No Comments

Mairal recomienda este sitio, donde diversos autores explican cómo cometieron el delito de escribir su último libro.

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Queen Kate

Abril 30th, 2008 · 1 Comment

Vía Lulu.

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Más que nunca: libros sí

Abril 28th, 2008 · 14 Comments

La vagancia cunde en esta golosina mental capitalista que es Internet (Fogwill dixit). Es por eso que todavía escasea la renovación de links a la nueva dirección de este hotel (punto com punto ar, sí). Para paliar el sedentarismo virtual, entonces, nada mejor que el liso y llano soborno intelectual: cada nuevo link a este sitio en el blogroll de los lectores será retribuido con un libro. Ensayo, ficción, lo que haiga. Pero teniendo en cuenta el precio de los libros hoy día, a equino obsequiado no se le observan los premolares. Hay que comunicar, eso sí, cada nuevo enlace a este sitio al mail que figura arriba a la derecha. Los libros estarán disponibles a mediados de mayo de 2008, para ser retirados en lugar y hora a confirmar, cuando la bendita feria nos dé a todos sosiego.

Actualización: ya están llegando los primeros mensajes, a no desesperar. ¡Invita a tus amiguitos!

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Otro indio millonario

Abril 28th, 2008 · 1 Comment

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Una literatura sin manifiestos

Abril 28th, 2008 · No Comments

Algún tiempo atrás, en Colombia, alguien tuvo una extraña idea: convertir a Bogotá en la capital mundial del libro. Lo que a priori no parecía más que una expresión de deseos fue tomando cuerpo hasta que, finalmente, la ciudad colombiana consiguió de la Unesco y para 2007 lo que se había propuesto (el 23 de abril pasado, Día Mundial del Libro, Bogotá le cedió la posta a Amsterdam). Dicho sea de paso, el jueves 24 inauguró la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Fue con un discurso de Ricardo Piglia en el que el escritor habló de la importancia de la poesía y del trabajo de editores como Daniel Divinsky (del sello De la Flor), José Luis Mangieri (Tierra Firme), Manuel Pampín (Corregidor), Francisco Garamona (Mansalva) y Washington Cucurto (Eloísa Cartonera); editores que “mantienen viva la tradición de la literatura argentina, más allá de los avatares y la modas”. (No deja de ser por lo menos sorprendente escuchar nombres como los de Garamona o Cucurto, poetas, escritores y editores independientes, en un recinto como el de la feria y frente a autoridades políticas nacionales y municipales que seguramente se enteraron de su existencia, si es que estaban atentos al discurso, en ese preciso momento.)

 

Pero no es eso de lo que hablábamos, sino de Bogotá como capital mundial del libro. Una de las tantas actividades realizadas durante el año pasado en el marco del encuentro se llamó “Bogotá 39”, y la idea fue reunir a los 39 escritores de ficción menores de 39 años más relevantes de América latina (nadie entendió del todo bien nunca el porqué de la arbitrariedad del número). Los nombres eran propuestos por editores, críticos y periodistas culturales, y en la lista final hubo tres argentinos: Pedro Mairal (el único que por entonces vivía en el país), Gonzalo Garcés y Andrés Neuman. Fueron sólo tres, y si bien nadie pensó que había que impugnar  la elección, bien podrían haber sido varios más. Pero, a la hora de mencionar a los escritores chilenos, nadie se sorprendió de que uno de los dos narradores seleccionados fuera Alejandro Zambra (el otro fue Alvaro Bisama).

 

El nombre de Zambra (foto) resuena cada vez más fuerte desde que Anagrama publicó su primera y breve novela (Zambra, como casi todos los escritores chilenos, se dedicó desde muy joven a la poesía), Bonsái, en 2006. Al año siguiente, volvió a llamar la atención (o, en verdad, a redoblar su propia apuesta, ya que un libro es como la continuación y prolongación del otro) con La vida privada de los árboles. También crítico literario y profesor de Literatura en Chile, Zambra pasó por Buenos Aires días atrás en el Encuentro de Crítica y Medios que organizó Fogwill para el Gobierno de la Ciudad (habrá que reconocerle siempre a Fogwill su gusto literario y su capacidad para estar atento a descubrir y recomendar nuevos autores). Allí, intervino en una inteligente charla sobre su experiencia como periodista cultural.

 

Tiempo después, con la excusa de una entrevista, le pregunté a Zambra por Roberto Bolaño. Respondió: “Bolaño desordenó la literatura chilena. Por su vía se ha recuperado el vínculo entre la poesía y la prosa, y es una influencia muy importante. Ahora, claro, se discute mucho sobre Bolaño, e incluso ha empezado la onda de no leerlo, porque está de moda”. También lo consulté sobre “Bogotá 39”: si se puede hablar de alguna afinidad estética o ideológica entre escritores que hasta entonces no se conocían, y que casi ni se habían leído. Zambra, a su modo, dijo que sí, que con algunos se habían hecho amigos, y que en el encuentro hablaron más de sus propios países que de literatura. Y agregó: “Sobre todo, nadie anduvo entonces ni anda ahora improvisando manifiestos. Y eso, a mí, me parece muy saludable”.

 

(Publicado el domingo 27 de abril en el suplemento de Cultura de Perfil).

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Invasión de plátanos

Abril 25th, 2008 · 1 Comment

Un colectivo editorial que nació hace más de tres años con la pretensión de ser diferente en las estrategias de comunicación - fiestas, debates, conciertos-, está de visita en Buenos Aires. Jesús Ernesto Parra y Leo Felipe Campos, son una especie de Batman y Robin (sus roles son intercambiables) caraqueños. Además de pensar, escribir y recorrer el mundo para plátanoverde, editan 2021:Pura Ficción. Prometen diseño, música y un par de lecturas feroces.
Por Fernanda García Lao

 

Hace algunos días, debí intuir que los plátanos se acercarían nuevamente. Me encontraba fracasando en la receta de unas arepas- especie de pan o tortilla imprescindiblemente venezolanas- cuando recibí un nuevo correo, que anticipaba la visita a Buenos Aires. Aquí van algunas de las preguntas que respondió Parra, entre el whisky y el humo porteño.

* ¿Podrían definir la compulsión que los lleva a editar no una, sino dos revistas culturales en el tercer mundo? ¿Son algún tipo de fundamentalistas del fracaso?

La compulsión no es nuestra, esta en la sociedad y nosotros la interpretamos. Preferimos pensarnos como lectores de los procesos que nos circundan. Si esta sociedad necesitara de grandes LPs los haríamos, si requiriera de grandes edificaciones las construiríamos, y si el asunto fueran los poemas épicos no dudes que tendríamos las versiones post-materialistas de la Odisea o el Gilgamesh. Pero sabemos que las revistas -por sus matices autonómicos- son espacios importantes de legitimación para estéticas, contenidos, firmas, y lectorías  varias. Y en esa dirección trabajamos sin pensar en que el fracaso es editar y vender. De vender vendemos pero eso no paga. La cultura deben pagarla los otros.  Nosotros no fracasamos porque no planificamos el éxito, simplemente somos consecuentes con nuestra lectura de los procesos ético-estéticos a los que pertenecemos.

* Cómo hacen la distribución. Qué público tiene cada revista.

plátanoverde tiene un sistema mixto con pregoneros. 5 mil ejemplares que llegan por dos vías: Librerías especializadas en Caracas, Bogotá. México DF, Barcelona, o Buenos Aires, y pregoneros universitarios, con preacuerdo de regalías para distribución universitaria.  2021 Pura Ficción, se distribuye en librerías especializadas en Caracas, Bogotá y Buenos Aires. Con distribución gratuita, sin precio de venta.

* Qué hace un Plátano cuando sale a la calle. Ustedes funcionan como un grupo comando, cuéntenme qué roles asume cada uno.

La definición de un grupo comando es algo parecido a una patrulla encubierta en misión de castigo, de 5 a 12 componentes que atacan, limpian, y desaparecen. Y sobre todo, no planifican, improvisan sobre el terreno. De esta ecuación rescatamos la constante del terreno, y el implicante de respeto al lugar y tiempo donde las cosas se desenvuelven. La repartición del trabajo según la circunstancia, y la noción del tiempo según lo que sucede. Relaciones verticales en ambos sentidos, y una ruptura a la línea continua del tiempo que viene.

 * Frente a un personaje como Chávez, ¿no es redundante producir ficción en Venezuela?

Es un dilema clásico en Venezuela: lo público devorando lo privado. Y nuestra respuesta: la ficción como posibilidad para la reinvención del individuo. La lectura como proceso personalísimo y ventana a la individuación. Los presidentes pasan, las literaturas se sobreviven, resucitan, perduran un rato más.

* Cuál es el panorama de la nueva literatura venezolana. A qué clásico están asesinando.

El problema es inversamente proporcional a la pregunta. Al no haber padre, no existe la ansiedad del parricidio. Una literatura que naufraga en la abulia, en el atraso estilístico, y en la imposibilidad de encontrar la identidad sin jugarse nada. En ese panorama nuestra labor es la de tiradores solitarios, francotiradores que cada poco percutan las armas para indicar la caída del plomo y la muerte. Edición selectiva.

 
 * Qué autor argentino los inspira, por afinidad o por todo lo contrario.

Los editores no se inspiran, deciden. Pero, más allá de eso no dejamos de pensar en la máquina Cesar Aira y su método de producción indetenible, o en Eloisa Cartonera, y en Daniel Link y su crítica insomne. También nos gustan las cosas que suceden alrededor de los blogs de literatura.
 

* Cuáles son próximos desafíos. ¿Aspiran a ser editores, autores, críticos?  ¿Un plátano verde, madura?

Autores ya somos, aunque con poco tiempo para mirarnos las caras. Seguiremos editando hasta que el aburrimiento pueda más que nosotros. Pero siempre con la actitud de alegres malditos. El Titanic se hundió con la música a todo fuego, y con una orden taxativa: Más champaña.

* ¿Qué esperan de Buenos Aires en esta visita?

Uno que otro comentario feliz, par de borracheras memorables, catálogo de imágenes  a destacar, y el gusto de la gente al ver revistas tan lindas en sus manos. Todo lo demás es literatura.

Para ver la revista plátanoverde por Internet:

www.platanoverde.com

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México me atormenta

Abril 24th, 2008 · No Comments

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El mejor libro de 2007

Abril 23rd, 2008 · 3 Comments

Estamos en condiciones de afirmar que el Premio de la Fundación El LIbro (5 mil pesos más plaqueta para el editor) a la mejor obra publicada en el 2007 es para El Andariego. Poemas 1944-1980 (Fondo de Cultura Económica) de Hugo Padeletti.

Entre los 25 títulos mencionados en la deliberación hubo tres que pasaron a segunda ronda: el de Padeletti, Era el cielo de Sergio Bizzio y El enigma de París, de Pablo de Santis. La tercera ronda se definió entre De Santis y Padeletti, apenas por un voto.

El jurado estuvo presidido por Mario Goloboff e integrado por Pablo Gianera, Jorge Aulicino, Juan Sasturain, Juan Boido y representantes de la SADE, SEA, la Academia de Letras, la Fundación El Libro y suplementos culturales de los diarios de las provincias de Tucumán y Mendoza.

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El editor como crítico frustrado (final)

Abril 23rd, 2008 · 1 Comment

Por Constantino Bértolo

El editor.

Caballo de Troya, la editorial en la que trabajo como Director Literario, es una editorial peculiar, se define como “una editorial con perfil de editorial independiente” dentro de un gran grupo editorial, Random House Mondadori, que como saben agrupa a distintas editoriales relevantes a este y al otro lado del Atlántico y que a su vez esta participada por la Multinacional Berstelsman y Mondadori Italia. Algo así como la República de Andorra, aprisionada entre los Pirineos de Francia y España. Su nacimiento proviene de circunstancias que no vienen al caso pero como iniciativa empresarial responde a una estrategia bastante clara: funcionar como editorial cantera, invernadero, laboratorio, trampolín, campo de exploración y reclutamiento de nuevo autores, nuevas propuestas, nuevas voces, retornos imprescindibles o nuevas literaturas. Como fácilmente comprenderán lo de perfil independiente traducido al castellano quiere decir de mínimo presupuesto. Jorge Herralde que reclama para sí celosamente el rótulo de independiente me definió un día como editor consentido, y no le falta razón.

Como editor pobre que soy no soy ni podría ser un editor conservador. Los pobres no tienen nada que conservar. En teoría las editoriales más pobres, que ahora se llaman independientes, no deberían ser conservadoras sino osadas y arriesgadas. A pesar de mi escaso conocimiento del mundo editorial argentino tengo la sensación de que aquí esta ecuación funciona. Veo el trabajo de editoriales como Interzona, Entropía, Beatriz Viterbo, El cuenco de plata, por citar algunas, y confirmo esta impresión. En España curiosamente la mayoría de las llamadas editoriales independientes son conservadoras, apenas algunas como Lengua de Trapo, Periférica o DVD incorporan a sus catálogos nuevas voces o propuestas; el resto reeditan clásicos o traducen autores ya homologados literariamente en su lengua de origen. Supongo que esta diferencia se debe a que los pobres españoles son menos pobres que los pobres argentinos. Recuerden: 

-Ernest, he descubierto que los ricos son diferentes.

-Sí Scott, son ricos. 

Esta inclinación hacia la Literatura homologada es un rasgo pertinente de la edición independiente española y la crítica les presta no escasa atención; a los editores siempre nos parece poca pero en mi opinión esta atención, aunque discreta por ubicación y espacio, sería incluso sorprendente si no entendiéramos que la crítica española es a su vez, como hemos dicho, conservadora, amante por tanto de la literatura que se viste, reviste o disfraza de literatura, en el sentido no muy favorable en que he venido hablando de ella. La literatura como humanismo en definitiva.

Mi problema como editor literario y pobre sería por tanto cómo entrar en esa casa con glamour que custodian los críticos guardianes bajo la atenta mirada escrutadora de la Bella. Esto ya sería un problema pero a esto se suma otro más: como crítico, en la parte de crítico que todo editor aporta, creo que esa casa, la casa de la literatura, es una casa más muerta que viva, una casa en ruinas, espléndidas ruinas acaso, pero ruinas. La literatura como humanismo, es decir la literatura tal y como la hemos venido entendiendo está agonizando, resistiéndose, lo que la convierte en un animal peligroso, pero agonizante. Joseph Brodsky, quizá uno de los últimos y más extraordinarios habitantes de esa casa, pensaba que la amenaza de demolición venía del Este, de lo que veía como deshumanización que surgió del frío, algo incompatible en efecto, con la Literatura. Lo que no se esperaba es que pasara lo que está pasando: que la demolición viniera del Oeste, del carácter depredador de el mercado capitalista, ya sin frenos, que como el caballo de Atila allá por donde pisa la única hierba que vuelve a brotar es la mercancía. Qué sorpresa se estará llevando Brodsky allá en los cielos literarios, él, que sabía con precisión que la Estética, de ser, es precisamente ese plus que ninguna mercancía alcanza. Y quizá se inquietaría profundamente al ver como la proliferación masiva de la palabra escrita en el ciberespacio le está arrebatando a la escritura su condición de privilegiado vehículo de lo memorable. Claro que, con perdón de nuevo, lo mío es peor: necesito entrar en una casa que está en llamas. No sin motivo busqué como slogan para la editorial una frase esquizofrénica: “Caballo de Troya. Para entrar o salir de la ciudad sitiada”, rindiendo así también un pequeño homenaje a la obra de Ángel Rama.

Entrar en una casa en ruinas porque aunque el Arte se esté desmoronando, entre la ruinas permanecerán las artes y materiales con que construir una nueva casa que nos cobije; una casa que quizá ya no se llame Literatura con mayúscula en la que no habrá salones que atemoricen, ni suelos encerados para que resbalen los advenedizos ni cuarto de servicio, donde habrá habitaciones propias pero la biblioteca no será de disfrute privado y la lectura será lectura compartida. Una casa habitable aunque su fachada no respete las proporciones áureas. Lo malo es que para construir esa casa se requiere un solar, se necesitaría primero construir ese solar, nacionalizar el suelo, acabar con la propiedad privada de las empresas inmobiliarias y, con sinceridad y queja, no veo fuerzas sociales que empujen en esa dirección. Más bien todos preferimos sufrir la hipoteca y cultivar el jardín para sentarnos a la sombra de las muchachas en flor que la Bella nos aporte como dote. Pero personalmente, editorialmente quiero decir, no me resigno, al menos todavía, a la dulce vida de jubilado, al último paraíso que el capitalismo nos promete. Estéticamente, como diría la Bella, sigo prefiriendo el sentido del rencor al sentido de humor.

Por eso me interesan las novelas dislocadas, la literatura rota, la literatura postautónoma de la que habla Josefina Ludmer, la postliteratura de Aira, la osadía de Fogwill, la preliteratura del Chitarroni de Peripecias del no, las hipérboles disparatadas de Guebel o Sergio Bizzio, Eloisa, el personaje posthumano y sin vida interior de Opendoor de Iosi Havilio, o esos personajes de Tabarovsky que hacen saltar por los buenos aires aquella sentencia de Sartre: “una cosa es lo que hacen con nosotros y otra cosa es lo que nosotros hacemos con lo que han hecho con nosotros”. Una sentencia en la que el humanismo de izquierdas quiso encontrar su último refugio.

Y por eso me interesa muy especialmente la mala literatura. Porque la mala literatura permite decir cosas que la buena literatura censura. Les pongo un ejemplo: en Madame Bovary ustedes recordarán que cuando el pobre Charles Bovary presenta al padre de Emma su deseo de contraer matrimonio, este le dice que aguarde delante de una ventana de la casa mientras él le traslada la proposición a su hija. Durante veintisiete minutos, precisa Flaubert, Charles esperó hasta que se abre la ventana como señal de aceptación. En una novela en la que la cuestión del matrimonio es fundamental ¿cómo puede ser que se nos hurte esa larga conversación de veintisiete minutos entre Emma y su padre?, pues porque Flaubert sabe que la buena literatura no le permite contarla, pues si lo hiciera parte del misterio romántico de Emma se vendría abajo y la crítica hablaría de escena discursiva, demostrativa, prosaica, que impide al lector participar creativamente o que rompe la sagrada regla del punto de vista. A mí sin embargo me gustaría leer esa escena y por eso me interesan como editor esas extrañas fronteras donde se encuentran y desencuentran la buena y la mala literatura.

Final.

Termino contándoles un dilema que hace poco se me presentó como editor: Cuando puse en marcha Caballo de Troya decidí leer personalmente todos los originales que me llegasen. Leer un original como comprenderán no es leer todo el texto de cabo a rabo, a veces con leer la dedicatoria es suficiente. Recibo unos cuatrocientos ejemplares al año. Hace unos meses me llegó uno que me llamó la atención. Empecé a leerlo y me di cuenta pronto de que no estaba muy bien escrito, no es que tuviera problemas de sintaxis u ortografía pero la adjetivación era bastante tópica, los personajes, predecibles, estaban construidos con alfileres y el tonillo era un poco sentimental, pero contaba una historia: cómo el deseo de ser felices es un peligro que siempre nos acecha, y entendí, más como tribuno que como guardián, que esa historia merecía y debía hacerse pública. Me preocupaba la censura, la mirada de los guardianes sobre un texto débil desde su óptica. Caballo de Troya no es una editorial a la que se le exija vender mucho pero necesita por su propio perfil tener una buena recepción crítica. Me imaginaba a los críticos diciéndose: pero cómo Constantino que fue el primer editor de Sebald en castellano ha podido publicar esta novela tan inane. Sebald, ya saben, el Arte como duelo*, la nostalgia del desaparecido tono alto, la cultura como complicidad; pero cómo Constantino el editor de Cormac McCarthy publica esta historia de sentimientos tan banales. McCarthy, ya saben, desgarro y aspereza en plan Grupo salvaje de Pekimpah, la nostalgia por el paraíso machista perdido, la catástrofe como confort espiritual. No sabía qué decisión tomar, cierto que en la novela había algunas referencias al jazz, lo que siempre queda fino, algún pequeño misterio pero sin ninguna simetría deslumbrante, y por demás tenía un argumento que argumentaba – me van a acusar de publicar una novela de tesis, me decía-, había más intriga, qué esta pasando, que suspense, qué va a pasar – les va a parecer aburrida, calibraba-, y no era una novela que halagase las altas pasiones cursis del lector, en plan El último encuentro de Sandor Marai, ni que le permitiese, como las novelas de Javier Marías, sentirse especialmente inteligente. No era, en definitiva, una novela que fuese a gustar a esos críticos a los que lo que más les gusta de la literatura es que les guste la literatura ¿Qué hacer? (Recuerden: Vladimir Ulianov Lenin. Editorial Progreso. Moscú, 1964). Finalmente encontré una solución para que la novela pudiese entrar, aunque fuera de contrabando, en la ciudad sitiada. Le propuse al autor que la novela se abriese con una cita de Rainer María Rilke. Funcionó. No me llamen cínico. Si hay que alimentar a la Bella no es mi culpa, para bien o para mal agoniza pero sigue viva y su rostro nos sigue atrayendo. No me delaten, por favor. Sólo soy un crítico frustrado. Si fuera un editor argentino le hubiera propuesto una cita de Juan José Saer. A veces una cita funciona como las ristras de ajos contra la insolencia de los vampiros.

Bueno, espero no haber ofendido a ningún creyente, sacerdote, sacerdotisa, monagillo, beata o beato. Soy ateo pero yo también quiero ir al cielo. Ocurre sin embargo que allí la Bella y la Bestia ocupan tanto espacio que apenas dejan sitio para nadie. Habría que desalojarlos para que el lugar fuera un lugar habitable. Quisiera una crítica que me ayudase a expulsarlos. Non serviam ¿Recuerdan a Satanás? Lo desterraron del cielo. Non serviam. Muchas gracias.

(*) Martín López Navia. “Campo de batalla”. Edit Furafumos. Lugo 1986.

(*) Rosenblatt, L, “Writing and reading: The transactional theory”. Illinois Unv. 1988.

(*) Hordelin.

La cuarta parte del texto, aquí.

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Una entrevista con Alejandro Zambra

Abril 22nd, 2008 · No Comments

“Bolaño desordenó la literatura chilena, y en ese sentido el efecto de sus libros lo acerca a Lihn y a Nicanor Parra”.

Para Terra Magazine.

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Me verás volver

Abril 22nd, 2008 · No Comments

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Un maestro poco conocido

Abril 21st, 2008 · 3 Comments

A veces los lugares comunes son precisamente comunes porque entre sus engranajes aglutinan una dosis de verdad: que los escritores estadounidenses inventaron y reinventaron el cuento moderno a lo largo de los siglos XIX y XX es uno de ellos. De Edgar Poe en adelante (Francis Bret Harte, O. Henry, Katherine Mansfield, Richard Yates, Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, John Cheever, Raymond Carver, Richard Ford) la tradición cuentística de los Estados Unidos no tuvo comparación, a pesar de los grandes escritores que se dedicaron a la narrativa breve tanto en Rusia como, por ejemplo, en los márgenes del Río de la Plata.
Pero si bien ese corpus es constantemente revisitado, pocos incluyen en él a Ringgold W. Lardner (o Ring Lardner, a secas), a pesar de haber sido uno de los maestros de Hemingway y Fitzgerald. Para mejor, Lardner tuvo una vida irresistible para cualquier editor con conocimientos básicos del marketing: nacido en 1885 y muerto en 1933, el menor de nueve hijos de un matrimonio acomodado, se dedicó al periodismo deportivo (en verdad, al béisbol: cubrió durante años los partidos de los Chicago White Sox) y a la bebida con pareja abnegación. También tuvo una columna de opinión semanal en el Chicago Tribune que lo volvió relativamente célebre y le permitió vivir de febriles colaboraciones en más de cien periódicos al mismo tiempo. Amigo de Fitzgerald, se cuenta que estaba jugando al bridge con él cuando lo fulminó un ataque al corazón, a los 48 años, a pesar (o precisamente por ello, vaya uno a saber) de que sufría al mismo tiempo de tuberculosis y cirrosis. Por si fuera poco, uno de sus dos hijos, Ring Lardner Jr., fue guionista de Hollywood –ganó dos premios Oscar–, aunque cayó en desgracia cuando su nombre fue incluido en la lista de la Comisión de Actividades Antiamericanas del senador Joseph Mc Carthy, y pasó a ser uno de los llamados “Diez de Hollywood”, guionistas con ideas de izquierdas en una época y en un lugar particularmente conflictivo.
Volviendo al padre, hasta hace muy poco lo único que se conocía en la Argentina de su producción literaria era el magnífico relato Campeón, publicado en 1972 por el Centro Editor de América Latina. Pero en 2001 la editorial española El Acantilado reunió bajo el título de A algunos les gustan frías diez de sus mejores cuentos, entre ellos algunos brillantes como Nidito de amor, Hay ciertas sonrisas, La Navidad de los viejos y el mismo Campeón, que prefigura el carácter de los boxeadores de casi todas las ficciones que se escribieron y filmaron en el siglo pasado.
Obsesionado por el teatro, el periodismo y la música, sus historias se inspiran frecuentemente en personajes de estos ámbitos, que conocía bien, como el miserable productor teatral de Un día con Conrad Green. El esquema narrativo de Lardner es casi siempre el mismo: en sus cuentos todo va bien hasta que imperceptible –e invariablemente– ocurre un mínimo desvío en la trama que empuja el relato hacia la catástrofe, y las situaciones se muestran como en verdad son: el boxeador, un ser ambicioso y desalmado; el empresario, un avaro sin remedio; el matrimonio, la institución en que se detesta con la misma intensidad con la que se ama.
Su visión del periodismo incluye un fuerte elemento autocrítico y habla, al mismo tiempo, del poder que la profesión supo tener alguna vez en el mundo contemporáneo. Los editores y los periodistas pueden ser personas privilegiadas, que viven experiencias de primera mano y suelen rodearse de gente interesante, pero también potenciales extorsionadores y mercenarios al servicio del mejor postor. Pensándolo bien, en ciertos sentidos, las cosas tal vez no hayan cambiado tanto.

(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 20 de abril de 2008).

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Husvedt girl

Abril 20th, 2008 · No Comments

Insisto.

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