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Cinco tesis de un argentino sobre el “fenómeno” Barça

marzo 27th, 2009 · 6 Comments

por Maximiliano Tomas

Uno. Lo primero que habría que decir aquí es “señores, mucho cuidado con el periodismo a las apuradas, que suele ser adicto a las generalizaciones y la sinécdoque”. Es decir, cuidado, que muchos de nosotros sentimos una especial compulsión por expresar la parte por el todo, en ver fenómenos donde sólo hay emergentes individuales. Pero hecha la salvedad, y como esto no es un artículo sobre ética periodística sino un pequeño ensayo de tinte personal, ahora sí, podemos preguntarnos: ¿existe algo así como un “fenómeno” Barça? ¿Y qué sería eso, en caso de que existiera? ¿Estamos hablando del club de fútbol, de la ciudad, o del conjunto indivisible, del fundido simbiótico que componen los dos juntos? Trataremos de demostrar aquí que uno no puede existir sin el otro (el club sin la ciudad, la ciudad sin el club) a través de una comparación tan política como caprichosa que incluye a los equipos de fútbol más conocidos de la Argentina (River Plate y Boca Juniors) y, también, al representante de esa alteridad sin la que el Fútbol Club Barcelona (FCB) no podría existir: el Real Madrid.

Dos. Lo segundo que habría que decir es que en la Argentina no hay acuerdo. Algunos argentinos (como yo) creen que ser de River es como ser del Barça. Otros piensan que ser de River es como ser del Real Madrid. Y con Boca sucede lo mismo. A ver, tiremos de una punta, busquemos algunos ejemplos: ¿qué jugadores argentinos pasaron alguna vez por las filas del FCB? Empecemos por los dos más famosos y talentosos del mundo: Diego Armando Maradona y Lionel Messi. ¿Y después?: Juan Román Riquelme, Maxi López, Javier Saviola. Maradona es un símbolo de Boca. Messi ni de uno ni de otro (jugaba en Newell’s). Riquelme es de Boca. Pero López y Saviola de River. Es decir, hasta acá, un empate técnico. Cambiemos de foco, entonces. ¿Qué representa el Real Madrid para el fútbol (y el mundo político) español, y qué el Barça? Madrid: poder central, poder político, poder del dinero. Monarquía, una dictadura de 40 años, toros. Barcelona: resistencia frente al centralismo, complejo frente al poder político, poder del dinero: puerto, rica burguesía mercantil, un poco de anarquismo y socialismo, derrotismo político. ¿Y Boca y River? Bueno, los dos equipos son de la Ciudad de Buenos Aires (como la mayoría en el fútbol argentino), así que son centrales y no periféricos. El poder simbólico del dinero estaría tradicionalmente del lado de River (uno de sus apodos es, precisamente, “los millonarios”), el poder político en ambos, el poder del pueblo en Boca. ¿Confuso, no? Digámoslo así: los hinchas de Boca dicen representar el sentir popular argentino, la misma emanación que históricamente se arroga la fuerza política más poderosa y maleable del país: el peronismo. River, en este caso, ocuparía el espacio del sentir aristocrático, sería la imagen y la semejanza del devenir burgués. De un lado las masas (Boca), de otro lado la élite (River). Un peronista jamás sería del Barça: se sentiría humillado y ofendido formando parte de un espectáculo tan poco efusivo como el del Camp Nou (donde el público, como en la ópera, aplaude los pases y las jugadas al moderado grito de “Molt bé, Barça”). Un peronista debe ser de Boca (bostero), y debe ser del Real Madrid (merengue), por pura vocación de poder (y desenfreno). Lo que nos acerca a nuestra idea de que un hincha de River (un gallina) debe ser, por empatía constitutiva, por mesura y savoir faire, hincha del Barça (o culé).

Tres. Pero hay más analogías: un simpatizante de River, como uno del Barça, no sólo quiere ganar: quiere, sobre todo, jugar bien, y que el resultado sea una consecuencia de aquel lucimiento, de aquel gozoso disfrute, de, en fin, una estética (una ética). Si River, si el Barça, ganan jugando mal, sus hinchas salen de la cancha con un regusto amargo en el paladar. Todo lo contrario les sucede a los madrileños, a los hinchas de Boca (y acá hay que hacer un inciso: Joaquín Sabina no es merengue pero es del Atlético; vive en Madrid; es fanático de Boca), cuyo objetivo es la victoria, aplastar al rival cueste lo que cueste. El fin justifica los medios, siempre (aquel famoso: “pisalo, pisalo, al rival hay que pisarlo”, de Salvador Bilardo). River, como el Barça, optará siempre por la elegancia, el buen fútbol, el espíritu de la vanguardia hecho deporte, hecho carne. River podría permitirse no llevar publicidad en su camiseta (como lo hace el propio Barça), cosa que Boca y el Real Madrid jamás podrían hacer (por aquella vocación de poder, que es vocación de dinero, también). Por otro lado, hay que decir que el promedio de asistencia de los simpatizantes de River al estadio (Antonio V. Liberti, más conocido como “El Monumental”) es directamente proporcional a la multiplicación de sus victorias. Cuando pierde seguido, las tribunas se ven raleadas. Lo mismo que sucede en el Camp Nou. Esto es: por carácter transitivo, y por acumulación de evidencias, creemos suficientemente demostrado que un hincha de River debe ser simpatizante del Barça, así como un hincha de Boca debe seguir la campaña del Real Madrid. Avancemos, entonces.

Cuatro. Luego están los números, que son para la sociología y dependen de la interpretación. Es decir: que pueden servir para sostener, incluso, hipótesis opuestas y contradictorias. Y por eso mismo no importan, o no al menos demasiado. Claro que Barcelona recibe un gran número de turistas mes tras mes; que la ciudad creció a un ritmo desenfrenado desde los Juegos Olímpicos de 1992, y fue uno de los epicentros de la fiebre inmobiliaria que funcionó como motor de crecimiento de la economía española en la última década; que el FCB, después de varias temporadas, consiguió una serie increíble de victorias consecutivas que lo hace batir, jornada tras jornada, nuevos récords (aunque, como insisten los cautos culés -y esto es parte de su idiosincracia-, “todavía no hemos ganado nada”); que seguramente el FCB tenga el equipo más costoso del fútbol actual (Messi, Eto’ó, Henry, Iniesta, Xavi, Pujol) y nutre de piezas centrales a la selección española, última campeona de Europa; que despierta pasiones por la voluptuosidad de su juego y los marcadores que logra, al tiempo que disputa tres torneos seguidos; que le hizo pronunciar al propio Maradona, actual entrenador de la selección argentina, la siguiente frase: “No hay dudas de que el Barcelona actual es el mejor equipo del mundo”; que gana y gana, y como gana, comienza a recaudar, y cada vez más seguido el Camp Nou puede exhibir (lo que no sucedía hace mucho tiempo) sus tribunas cubiertas de espectadores. Pero…

Cinco. …de todo lo antedicho se deduce, igualmente, que el FCB (así como la ciudad que lo alberga) jamás será un fenómeno de masas, por su propio carácter ontológico. Seguro: habrá turistas que, entre la visita obligada al Parc Güell y a la Sagrada Familia, al Barrio Gótico y a La Pedrera, contraten un pack que incluya las entradas al Camp Nou (esto debe existir, sin dudas, y lo más probable es que haya sido una estrategia comercial diseñada por un argentino). Pero el propio sistema de administración de los tickets (los asientos son limitados, pertenecen a los socios, sólo una mínima porción sale a la venta cada partido) pretende, a un tiempo, fidelizar a sus simpatizantes y evitar la escalada de oportunistas. Por otra parte, la nacionalidad catalana suele tender a la retracción y no a la expansión; los catalanes son celosos de su ciudad y de sus símbolos, no están dispuestos a compartirlos con todo el mundo. Uno puede comprar en cualquier tienda una camiseta del Barça, pero de ahí a que un catalán sea capaz de invitar a un extranjero al Camp Nou o a su casa a ver un partido televisado hay una prudente distancia. Carácter ontológico, decíamos: no se puede pretender la distinción (la elegancia, el dandysmo, la sofisticación) y, al mismo tiempo, agradar a todo el mundo (al vulgo). Barcelona no será nunca París, Nueva York o Londres. Seguirá creciendo a ritmo vegetativo hasta que sus límites revienten, cosa que, por otra parte, no está tan lejos. Al boom de los vuelos low cost y la vidriera de las transmisiones televisadas de los partidos del FCB, los catalanes tendrán que resistir durante los próximos meses el aluvión de turistas atraídos a la ciudad por las dudosas virtudes de la última película de Woody Allen, Vicky, Cristina, Barcelona, y el inexplicable Oscar que Penélope Cruz obtuvo por su breve e impostada actuación en el filme de marras. Paciencia, culés.

(Texto escrito a pedido, para un trabajo del Máster de Periodismo de la Universidad de Barcelona-NY).

Tags: Artículos, crónicas y reportajes

6 responses so far ↓

  • 1 Bruno // mar 28, 2009 at 15:55 pm

    Decís algo, y despuès te retractás. Tomas una idea y luego enganchás y te devolvés. Te enredas con la pelota, pibe. Lo mismo con el texto para Eterna… te pidieron algo concreto, y comenzaste a dar vueltas como bola sin manijas. No son vueltas de pirutas, son vueltas de quien no puedo controlar el balón. Algunos le dicen a eso “no tener nada que decir”. No sería tan duro. Creo que tenés algo rescatable, pero te falta. Eliminá la falsa erudición (eso de querer parecer culto y leido es re de los 70), y andá más de frente, pibe.
    Ah, y se nota que de fútbol no tenés idea y pensás que la pelota se mueve porque tiene un conejo adentro.

  • 2 diego.vecino // mar 30, 2009 at 15:27 pm

    Un hincha de Boca sería del Barza porque es republicano y popular Y jamás del Real Madrid, que es franquista . En Madrid, en todo caso, del Aleti! Vamos Tomas! Eso porque sos gallina!

    Saludos!
    d.

  • 3 maggie // mar 31, 2009 at 4:16 am

    no tenés idea de lo que estás hablando.

    el Barça reúne a lo más rancio de la burguesía catalana, y el equipo popular de Catalunya era el Espanyol, mal que te pese.

    ah, y si abrís un libro de historia española tampoco estaría mal.

    saludos,

  • 4 Pedro Navarro // abr 5, 2009 at 21:25 pm

    Entiendo que siguiendo las leyes de la retòrica haya una parte fundamental de agrado al oyente en lo que escribes sobre Boca, River, Barça y Madrid, pero creo que hay que saber un poquito más de historia y dejar a un lado los estereotipos.
    Si no, el Real Madrid es el equipo de Franco, el Barça es de izquierdas y republicano, y de paso, los argentinos estàis todo el dìa bailando tango y los brasileños, samba.

    “(…) En el R. Madrid hubo no pocos empleados del club que fueron reputados luchadores en las filas republicanas. Y se sabe las antipatías que cosechaba en la postguerra el club que preside en la actualidad Ramón Calderón. Es más, debieron pasar 15 años (¡¡15 años!!) hasta que el Madrid ganó su primera liga bajo Franco. En esa quincena de años, los grandes denunciantes de esta conjura franquista-madridista, se hincharon a ganar ligas: El Barça, cinco y el Atco. Madrid, cuatro. Lamento dudar de la heroicidad del estamento arbitral durante el franquismo, pero no me imagino a los prebostes de la dictadura dando directrices a los árbitros para que beneficiaran al Madrid, y los trencillas de la época resistiendo como mártires semejantes insidias atentatorias a su dignidad profesional.

    Sin embargo, en 1955 ocurre algo que hace cambiar al Madrid: la llegada de Di Stefano. (Algunos señalan las irregularidades de su fichaje. Quizás sea conveniente recordar cómo Kubala fue nacionalizado y bautizado para jugar en el Barça y rodar “Los Ases buscan la Paz”).

  • 5 Pedro Navarro // abr 5, 2009 at 21:29 pm

    (…) entre 1951 y 1965, el supuesto club más damnificado por la dictadura franquista, el Barça se beneficiaba de tres grandes recalificaciones urbanísticas para lo cual fue preciso un decreto del Consejo de Ministros, firmado por el propio Franco. Estas recalificaciones suponen una inyección económica tan importante que significó la creación de un súper club, tal y como lo conocemos hoy. En señal de agradecimiento por el “maltrato”, el Barcelona le entregó al general dos medallas de oro: una en 1971 y otra, en 1974, aprovechando que el equipo azulgrana acababa de meterle cinco goles al Real Madrid en el Bernabéu. Medallas cuya devolución el Barcelona reclama ahora a los herederos de Franco, porque “si por algo se ha caracterizado siempre ese club ha sido por su talante democrático y por no querer saber nada de los dictadores”. Por supuesto, de reintegrar los millones que recibió por aquellas tres recalificaciones franquistas no dice ni pío.

  • 6 Ivan // dic 5, 2010 at 17:07 pm

    Soy de Barcelona y he de felicitarte por este trabajo. Has descrito perfectamente el sentir Culé.
    Y es cierto, a diferencia de los seguidores del Madrid nuestro objetivo no es unicamente ganar, sino jugar bien. Ahi tienes el ejemplo de varios entrenadores que a pesar de triunfar en cuestion de titulos han tenido que abandonar el club debido al clamor popular: Vangaal o Bobby Robson por ejemplo.
    Si quieres entender el porque el Real Madrid tiene ese inmenso poder en España y el mundo investiga sobre quien compone su plantel directivo.
    Son los personajes mas influyentes tanto en la vida politica como empresarial. Por supuesto en los medios audiovisuales y partidos politicos.
    Eso le supone que practicamente ningun medio estatal critique el equipo y ni mucho menos a la directiva.
    Todo lo contrario que sucedio al estar Ramon Calderon como presidente. Al cual llegaron a boicotearle una asamblea de socios infiltrando miembros de los Ultra Sur y acusando a Calderon de haberlos llevado el.

    Un abrazo y gracias.

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