tomashotel

Literatura. Escritores. Lecturas. Música. Periodismo. Opiniones. Ideas.

tomashotel header image 1

Personajes desesperados

abril 18th, 2010 · 1 Comment

Anoten este nombre: Kjell Askildsen. No sólo porque resulta complicado de pronunciar, sino porque es más que probable que este año se hable y escriba mucho de él en la Argentina. Askildsen es uno de los varios autores nórdicos cuyos libros llegarán al país de la mano de la editorial Lengua de Trapo. Nació en Mandal, Noruega, en 1929, y si bien publicó un puñado de novelas es, fundamentalmente, un cuentista de tramas despojadas, frías, con personajes siempre al filo del abismo, algo que aparece de manera recurrente en el cine nórdico pero no tanto en su literatura (o al menos en la literatura que llega a las librerías argentinas). Por supuesto, como cada vez que aparece un escritor de historias breves en las que hay duelos, silencio, soledad, parejas que se miran y no se reconocen y matrimonios en ruinas, surgen las automáticas comparaciones con Ernest Hemingway, con Raymond Carver, con Franz Kafka. Pero Askildsen, que ha traducido a su lengua a August Strindberg, a Samuel Beckett y a Harold Pinter, sólo reconoce de ese grupo la influencia de Hemingway, al que suma a Alain Robbe-Grillet y Claude Simon, y odia que utilicen el término minimalismo para describir su trabajo.

Askildsen no es muy dado a las entrevistas, pero en una de las pocas que concedió cuando sus libros comenzaron a editarse en España, a comienzos de esta década, declaró que lo que más le interesa a la hora de abordar un texto es su forma, y que ése es su único desvelo a la hora de seducir al lector: “Conseguir que el lector muerda el anzuelo es un proyecto artístico. El cometido del autor es hacer leer al lector, no tiene derecho a esperar algo de él. Si consigues que muerda el anzuelo, también hay que subir el pez del agua. Y entonces mi intención es que el lector en cierta manera sea sinónimo del pez que llega a tierra y se queda coleando y que no necesariamente se lo pase muy bien. Yo deseo crear desasosiego. No me gusta un relato que no crea desasosiego”.

En algún momento cayó en mis manos el primer libro traducido al español de Askildsen, Un vasto y desierto paisaje. Son siete cuentos en apenas cien páginas, entre los cuales hay dos de factura notable, el que abre el volumen (No soy así, no soy así) y el que lo cierra (Un vasto y desierto paisaje). En el primero, el protagonista visita a su hermana, que muere enfrente de él en medio de una conversación; en el otro, un hombre que acaba de perder a su mujer en un accidente automovilístico sufre los cuidados de su madre (que acaba de descubrir que su marido la engaña), mientras deja crecer su deseo por su hermana. La prosa y la imaginación de Askildsen se llevan demasiado bien con la sordidez, con lo prohibido, con lo nefando (todo lo que necesita de una voz y del desarrollo de un ambiente para funcionar), y es por eso que cuando intenta transitar otros caminos, como el del absurdo, o tienden en extremo a la brevedad y la elipsis, no siempre logra salir airoso.

A mediados de mayo, buena parte de sus relatos serán distribuidos en América latina en un solo tomo, bajo el título de Cuentos reunidos (los de los libros Los perros de Tesalónica, Un vasto y desierto paisaje, Ultimas notas de Thomas F. para la humanidad y Un súbito pensamiento liberador). Y vienen compilados, ordenados y prologados nada menos que por otro enorme cuentista: Rodolfo Fogwill.

(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).

Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)

1 response so far ↓

  • 1 Antonio Jiménez Morato // abr 19, 2010 at 20:24 pm

    Las jornadas cotidianas

    Con este título, que parece sacado de una novela balzaquiana, y en realidad es una traducción libérrima y algo porteña del título de una de las canciones inmortales que Robert Smith nos ha legado en los discos de The Cure, creo que uno dirige bastante bien el campo de actuación del libro de Kjell Askildsen que acaban de traducir en Lengua de Trapo: Los perros de Tesalónica.
    La lectura del mismo puede hacer pensar lo contrario a un meriodional de los que tenemos las terrazas de los bares a nuestra disposición durante más de medio año, pero nos equivocaríamos. La frialdad, la incomunicación, el entorno turbio que sabe dibujar Askildsen en sus relatos no parece que sea algo excepcional. Lo más desasosegante de ese ambiente en el que se mueven los personajes es que uno no tiene ni por un momento la duda de que se trata de la rutina, del día a día de sus personajes, lo que hace sus vidas -ya la representación de las mismas en estos cuentos- tan inquietantes.
    Los matrimonios que toman conciencia de que ya no se quieren, que se ocultan cosas, que se mienten, que pueden cambiar en cualquier momento de vida y de pareja sin que su vida se trastocase, los que recuerdan una imagen violenta de un país mediterráneo como ejemplo de ese calor que han perdido en su relación.
    Un lector como lo somos nosotros, que conoce los fiordos por los documentales de la 2 y al que cualquier prado con una casita de madera se le asemeja mucho al “paraíso” que tanto ha soñado para vivir su jubilación, puede caer en la trampa de imaginar que esos paisajes aparentemente idílicos no cuadran con las historias que nos cuentan; pero esos lugares fríos y solitarios son un fiel reflejo de la angustia de los personajes que se mueven en ellos.
    Los incestos nunca consumados, las infidelidades, la incomunicación se muestra así cotidiana, perfectamente reflejada en el entorno, en las rutinas. Y esa monotonía carente de actividades y llena de inquietud se transmite en una prosa seca, escueta -ahora se llama minimalismo, aunque nunca ninguna de las lumbreras de la modernidad haya dicho que la meseta castellana es minimalista-, de una austeridad cautivadora, que sirve como perfecto modelo de la escasez de comunicación de hechos, de los personajes. Traductor de Beckett al noruego, el autor de estos textos ha asimilado de un modo perfecto las posibilidades del “no decir”, del transcurso soterrado de la existencia bajo una capa de silencio que no somos capaces de romper, como si se tratase de la grusa capa de hielo que condena la vida bajo las aguas de un lago en invierno.
    Solitarios, incomunicados, la soledad de los personajes de Askildsen los hace ser observadores, voyeurs de su propia vida, que espían con la conciencia de culpabilidad de los que se saben inermes para solucionar su propia existencia. Y, usando un mecanismo prodigioso, logra que el lector se sienta también espía de esas vidas desoladas, y que, del mismo modo que esos personajes se espían entre sí buscando esa vida que la incomunicación les hurta, uno se sorprenda desgranando esos momentos en que se tiene la sensación de que no vivimos los días que nos han tocado.
    Ayer regalé este libro de cuentos en un cumpleaños y lo leí la tarde anterior a la fiesta, como suelo hacer siempre con los libros que regalo para asegurarme de que no la he cagado, con una creciente ansiedad. Algunos de los invitados a la fiesta me comentaron que me notaban algo frío, me da miedo pensar que he interiorizado demasiado el libro. Es lo suficientemente bueno para que sea así.

    Kjell Askildsen Los perros de Tesalónica Lengua de Trapo, Madrid, 2006

    Desde: http://vivirdelcuento.blogspot.com/search/label/Askildsen

Leave a Comment