Se escribe demasiado, se edita mucho, se publica más. El vértigo con el que funciona la industria editorial deja así a los lectores, por lo menos, desconcertados. ¿Cómo llamar la atención frente a semejante avalancha? Una posible respuesta: los premios literarios. De esta manera cada sello logra poner el foco sobre un título o un autor, lo ilumina entre la masa compacta de novedades. Esa es la esencia de los premios comerciales, y no hay nada malo en ello: celebraciones de la propia editorial para con sus autores, la mejor campaña publicitaria que pueda imaginarse.
Esto ha generado, entre otras cosas, una multiplicación de premios. A los más conocidos (Biblioteca Breve, Herralde, etc.) se sumó hace algún tiempo el Clarín-Alfaguara, el La Nación-Sudamericana y, ahora, el Planeta Iberoamericano. Precisamente este certamen ha venido a reemplazar el premio local homónimo, cuyo último ganador había sido Federico Andahazi. El Planeta era cuestionado desde 1997, año en que Ricardo Piglia se consagró con Plata quemada, y desde entonces solía causar más de un dolor de cabeza en la empresa (aunque en términos económicos siguió siendo redituable: El conquistador lleva vendidos, hasta hoy, unos 40 mil ejemplares). Para no ceder terreno en la Argentina, Planeta decidió relanzar el Emecé, aprovechando que es uno de los pocos premios que se ha mantenido al margen de sospechas.
El jueves pasado, en el suplemento El cultural del diario El Mundo de España, Luis María Anson, miembro de la Real Academia Española, publicó un artículo explosivo: “La farsa del premio Lara de novela”. Allí escribe: “El fundador de Planeta, José Manuel Lara, me escribió en 1996 proponiéndome que aceptara ser presidente del jurado del premio Fernando Lara de novela (…) Decidí aceptar el ofrecimiento no sólo por mi amistad con Fernando, sino porque estaba y estoy a favor de los premios literarios, sonajeros que el escritor agita durante unas semanas y que promocionan a los autores y estimulan a los lectores. Sabía de sobra, al aceptar el encargo, que el premio sería una farsa, igual que el Planeta. Cuando un editor se juega decenas de millones de pesetas en una novela quiere, como es natural, que sea antes que nada comercial (…) El jurado, o al menos sus principales miembros, son informados discretamente de lo que conviene a la editorial y actúan en consecuencia. (…) Decidí participar en la farsa porque, a mi manera de ver, por encima del engaño, resulta positivo el premio como estímulo y propaganda de los autores y sus obras”. Y sigue: “Y vamos a la jornada de hoy. Si no se producen circunstancias imprevisibles, en la gran cena sevillana del premio Lara estará sentado el novelista premiado. El sabe que le van a premiar. El jurado sabe que va ser premiado. Y todos participan en la gran farsa como hice yo durante diez años. Todo ello al margen de la tristeza por las obras no comerciales pero de calidad que se quedan en las cunetas, de muchas ilusiones deshabitadas, de tantas esperanzas muertas”.
Anson se detiene, precisamente, en el punto más delicado de este tipo de estrategias de marketing encubiertas, en los daños colaterales: cientos de escritores que participan de buena fe, creyendo que cuentan con alguna posibilidad. Son, si se quiere, los únicos perjudicados. Pero se escribe demasiado y se publica mucho, y la industria necesita combustible permanente para seguir funcionando. ¿Dónde suele encontrarlo? Muchas veces, en algunas de esas buenas novelas que llaman la atención de los prejurados, o que obtienen segundos y terceros premios, que son, en verdad, los primeros.
(Publicado el domingo 13 de mayo de 2007 en el suplemento de Cultura de Perfil).
8 responses so far ↓
1 acteon // may 15, 2007 at 16:50 pm
Triste, triste. Los daños colaterales también lo son en el orden de la lectura. Hay lectores que no quieren la obra comecial que se les propone. Sin embargo, creo que hay una falacia en la “comercialidad” de una obra premiada, puesto que la mayoría compra o regala un libro porque tiene premio, pero esa gente jamás lo lee o lo hace como quién lee un suplemento literario dominical.
2 NoName // may 16, 2007 at 12:46 pm
Oh, qué problema el mío que no tengo amigos en el mundillo literario y que no creo en los premios. La única opción es pagar una edición que nadie leerá.
Vanity.
También podría tomar el camino megalómano y suponer que soy un genio incomprendido, dentro de cincuenta o cien años sabrán apreciar mi arte.
Ja. Vanity. ¿Hay otra cosa? Sí, negocios.
3 javier // may 16, 2007 at 21:34 pm
Regalo una idea que por otra parte no es mía, ha sido propia de muchos folletines de la primera mitad del siglo XX y que hoy puede sonar una brutal estupidez, porque hay tv, porque el mundo cambió. No importa, la doy. Es que a alguien se le ocurra publicitar (pautar) en los libros (como también fue el caso de Paturuzú, Isidoro Cañones, etc.). Sería replantear dentro de las editoriales de libros los argumentos de comercialización. Si hay revistas que se venden en los kioscos a la bartola, si hay anunciantes que publicitan en revistas que ni están en el IVC ni tienen contenidos medianamente buenos, si hay revistas que venden sólo por sus tapas y luego defraudan, ¿por qué no creer que un libro bien vendido a esos anunciantes y con gancho en su tapa o en lo que corno sea no puede ser vendido? ¡Es más! La venta del volumen en sí mismo hasta podría ser anecdótico y los lectores contaríamos así con ejemplares baratísimos. Por otra parte, ¿qué más quiere un anunciante que perdurar en el contacto con su consumidor? ¿Y qué más perdurable que un libro? Pongo este comentario para que perfeccionen la idea. También la pueden hacer puré. (Bueno el blog, dicho sea al pasar. Muy bueno.)
4 Nina London // may 19, 2007 at 10:49 am
Yo opino que las editoriales se están quedando en el tiempo. Para llamar la atención deberían hacer un reality de escritores, como el realizado en méxico, pero televisado!! Besos.
5 Y el ganador es… at eBlog // may 21, 2007 at 10:10 am
[...] la columna sobre el tema que Maxi Tomas escribió en el sumplemento Cultura del diario Perfil, hace una semana. [...]
6 Academia de escritores, el virtuality « Carpe Diem // may 30, 2007 at 5:33 am
[...] Publicado por Laura on 30/05/07 Ayer, en la sección Dixit, dixerunt (arriba, a la derecha) recordaba el famoso dicho de Julio Verne: “Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad”. Y hoy se me presenta la más clara prueba de la tremenda perspicacia del autor de La vuelta al mundo en 80 días y Viaje al centro de la Tierra. La primera parte, la de la imaginación, se remonta a octubre del año pasado, cuando en un arranque de lo que entonces me pareció fantasía pensé que podría hacerse un reality televisivo a la manera de Operación Triunfo pero literario. Imaginé una academia de escritores con incautos aspirantes al loable oficio tomando clases de gramática y ortografía y sudando la gota gorda en talleres de creación literaria, titulación y creación de personajes. Los novatos recibirían consejos de sus “profesores” (escritores consagrados, a ser posible muy premiados pero hasta entonces poco mediáticos) sobre la utilización de la tercera persona o cómo medirse en el uso de metáforas y adjetivos y serían juzgados por el público hasta quedar uno, el ganador, con un contrato asegurado en una editorial y un jugoso adelanto por los derechos de publicación de la obra. En mi osadía llegué incluso a elegir a Juan Marsé como director de la escuelita. Y ahora se cumple la segunda parte de la acertada frase de Verne, la que tiene que ver con la realización de lo imaginado por parte de terceros: la academia-concurso de escritores existe. En este momento hay doce aspirantes a obreros de la palabra compitiendo por unos 3.500 euros y la publicación de su trabajo en la revista universitaria Punto de partida. Cuatro de ellos, además, acaban de ser nominados por el jurado y se enfrentan ahora a diversas pruebas escritas y al voto del público, en base a lo cual se decidirá quién es el primero en abandonar el certamen. El concurso se realiza en México, auspiciado por la Universidad Nacional Autónoma (UNAM) y se llama Caza de Letras. No ha llegado a la televisión (aún), sino que se desarrolla por completo en internet, por lo que en lugar de reality se lo conoce como virtuality. Los participantes -de entre 20 y 35 años, mexicanos o residentes en el país azteca- fueron elegidos de entre todos los postulantes por un jurado compuesto por los escritores Alberto Chimal, Álvaro Enrigue y Mónica Lavín, quienes a su vez se encargan de dictar las clases on-line, corregir los trabajos de sus doce discípulos y plantearles diferentes retos semanales que desembocan en la nominación para los de más pobre desempeño. Caza de Letras se puede seguir en tiempo real en el portal oficial del certamen, a través del cual se puede acceder a los blogs de cada uno de los alumnos-concursantes, especie de escenario donde éstos publican todos los trabajos que realizan durante el virtuality. Allí también se pueden dejar comentarios y votar a los preferidos y a los nominados. Por el momento, la favorita del público internauta es Lorena SanMillán, seguida de cerca por Kusco (todos concursan bajo seudónimo) y ya más lejos por Perro de Agua, Sabinazo, Falanja, Ajo Kano, Julián Iriarte, Xquenda Juchitán, Barrita de Mandarina, Dustfruit Freak, Juana Girasola y Juan Diego Sárate. Curiosamente, el jurado acaba de nominar a la más popular, junto con Perro de Agua, Sabinazo y Xquenda Juchitán. El concurso comenzó hace unos días y durará ocho semanas, hasta el 6 de julio. Entonces sabremos quién de ellos se erige en la nueva promesa de la literatura mexicana. El formato ha tenido tal éxito y repercusión, que sus creadores ya anuncian una segunda edición. Y yo, para seguir con el juego de Verne, anticipo diferentes versiones locales y la entrada en escena de alguna editorial de renombre, ahora que sus premios literarios tradicionales están tan desprestigiados. [...]
7 Los Premios « Peinate que viene gente // jun 29, 2007 at 1:04 am
[...] esto se terminó”. Hoy decí vos que han cambiado algunas cosas. Los concursos literarios, mal que nos pese a quienes ya no tenemos huevos para participar, se siguen celebrando, y los libros conjuntos se [...]
8 Peinate que viene gente » Blog Archive » Los Premios // nov 21, 2008 at 15:42 pm
[...] esto se terminó”. Hoy decí vos que han cambiado algunas cosas. Los concursos literarios, mal que nos pese a quienes ya no tenemos huevos para participar, se siguen celebrando, y los libros conjuntos se [...]
Leave a Comment