“He aquí una ventaja de la que ha de disfrutar aún por mucho tiempo la tradicional industria editorial: el poder objetivador que -en cuanto objeto él mismo- posee el libro. Antes que un fenómeno residual, la proliferación de pequeñas editoriales podría ser el modo en que, al menos en una determinada franja, la industria editorial se adapta a públicos cada vez más sutiles y segmentados, y a un tipo de demanda que, tanto como de los lectores, procede de los propios escritores, más que nunca necesitados de pequeñas estructuras capaces de conectar, sin un coste demasiado elevado, con su potencial comunidad de seguidores.
Un observador malintencionado podría recordar aquí lo que se conoce como vanity press: editoriales especializadas en dar curso a los originales que les mandan autores dispuestos a pagar por ello. Pero no se trata de eso, dado que en las microeditoriales interviene decisiva y saludablemente, a modo de filtro, la vanidad del propio editor, que suele poner su celo en reconocer y en captar tendencias emergentes y gustos glamourosos, y apuesta por su propia aptitud para compartirlos y promoverlos, no sólo a cuenta del negocio que ello pueda entrañar sino del prestigio que conlleva. Aquí también, el paradigma viene a ser el del disc jockey: no mola tanto hacer música como saber pincharla”.
Ignacio Echevarría analiza el fenómeno de la multiplicación de editoriales independientes en España.
0 responses so far ↓
There are no comments yet...Kick things off by filling out the form below.
Leave a Comment