El amigo Alex Ayala, fundador y director de Pie izquierdo, la primera revista de periodismo narrativo de Bolivia, publica en el número 3 mi nota sobre caza de jabalíes. Un saludo para él. El comienzo, abajo. Y acá el link a una parte de la nota.
DIARIO DE UN CAZADOR
SI TODO SALE según lo planeado, en esta nota alguien va a morir. Si sale todo según lo planeado, morirá de noche y de un tiro limpio y preciso como el corte de un bisturí. Sin dejar rastro de sangre: rápido y sin dolor. Morirá como quien cierra una puerta, o apaga la luz, y dice buenas noches.
Pero ahora no es de noche, sino mediodía, y alrededor de la mesa los tres cazadores hablan:
-El ciervo es la manifestación aristocrática de la naturaleza-dice el más joven.
Ha viajado, como sus dos compañeros, cientos de kilómetros hasta aquí en busca de su trofeo. Habla en este salón de paredes cargadas de puntas, palmas y cornamentas de ciervo, una al lado de la otra, como viejos escudos medievales que parecen infundirle ánimos. Tiene el pelo cortado al ras, bigote, y lleva el chaleco puesto. Recuerda perfectamente el último animal que cazó meses atrás:
-Le seguí el rastro hasta un ojo de agua. Ahí se detuvo de espaldas para beber. Esperé hasta que giró. Y fue como una revelación: la cornamenta brillaba bajo el sol, el tiempo quedó suspendido. Lo gocé en vida, mientras duró.
-¿Mientras duró?-le pregunto. Soy el cuarto integrante de una mesa de cazadores experimentados. Y no disparé un tiro en mi vida.
-Sí. Porque lo que uno disfruta es el hecho de estar cazando. Veinte días antes de salir, la adrenalina ya empieza a correr por la sangre: hay que elegir el cuchillo adecuado, las municiones, los binoculares, la ropa. Y cuando uno dispara, todo eso se acaba.
Uno, dos, tres días y a veces más, me cuentan, para disparar una sola bala. El tiro tiene que ser uno.
Lo dice el mayor, también sentado a la mesa, pantalón camuflado y cuchillo de hoja de veinte centímetros en la cintura. Los pájaros cantan afuera, en la mesa humean los cafés y reposan las masas secas, nadie levanta la voz y, sin embargo, están todos vestidos como si en cinco minutos salieran para la guerra de Vietnam. Civilización y barbarie:
-El animal se merece una muerte digna-subraya el mayor.
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