“Ayer, en la final del mundo, el espíritu de Johan Cruyff reinó y se llevó el título. El fin nunca justifica los medios, como quieren los abanderados de la real politik. Hay que formar a los jugadores desde la inferiores, educarlos, hacerlos generosos, intrépidos y con un gran respeto por el adversario, sin el que no somos nada. Diego Maradona fue un jugador descomunal. Un rebelde táctico bendecido por un don. Los jugadores del porvenir deberían aprender eso de él. El maradonismo, en cambio, la alternativa Dalma, es un estado conservador –aunque a muchos librepensadores les parezca la encarnación de Charles Bukowski–, la perpetua repetición del error conceptual más doloroso para una persona: creer que el destino nos debe algo, que encarnamos el ser universal, que somos el pueblo elegido, la raza pura, los condecorados por Alá, puro merchandising barato y de corta duración, pero que suele costar sangre, sudor y lágrimas.”
Por fortuna, algo dejó este mundial: somos muchos, cada vez más, los que queremos que todos los equipos jueguen como lo hacía Cruyff, como lo hacen hoy Xavi, Iniesta y Messi. Para el texto completo de Fabián Casas, clickear acá.
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