“Como cualquier material inflamable, a John hay que manejarlo con cuidado. Cuando está de buen humor, es delicioso: alternadamente, sobreexcitado, animado e hilarantemente contrariado. Todavía rebosa esa energía maníaca de antaño, pero la edad ha suavizado algunos costados filosos, y vestido con su traje blanco de lino y botas Doc Martens con punta de acero parece más amable que enfant terrible mugriento que creó un género musical basado en una suerte de grito enojado. Incluso la horrible dentadura que inspiró su seudónimo ha desaparecido, excepto por un gran agujero en su maxilar superior. “Me hice arreglar todos los dientes hace unos años, pero después me rompí éste con una cereza durísima”, explica. “Se me partió, lo tragué y después fui a la dentista, que me aconsejó que lo buscara entre la mierda cuando cagara. Le dije: ‘¡De ningún modo eso va a volver a mi boca, querida!’ Así que ahora tengo este agujero entre los dientes, justo en el medio.” Lo positivo es que el agujero es del tamaño exacto para sostener los cigarrillos que fuma sin parar.
Gran nota de The Independent, que reproduce el Página/12 de hoy.
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