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Novelas y cuentos (2da.parte)

diciembre 5th, 2005 · 1 Comment

Publicado el domingo 4 de diciembre en el Suplemento Oh! del Diario Perfil

La semana pasada nos hacíamos una serie de preguntas que resumiremos en una: ¿Por qué desde hace algunos años se publica en la Argentina, a pesar de su amplia tradición en literatura breve, un libro de cuentos por cada treinta novelas? Después de realizar sondeos en conversaciones privadas con editores, y escritos públicos con bloggers, recopilé este serie de teorías explicativas, argumentaciones delirantes y excusas creíbles. Van sólo algunas:
–Porque ya no quedan grandes cuentistas.
–Porque ya no hay lectores de libros de cuentos.
–Porque los escritores ya no escriben cuentos (debido a las razones 1 y 2).
–Porque los libros de cuentos son más difíciles de vender que las novelas: es más sencillo centrar la venta en un solo agumento (varios editores).
–Porque un lector distraído se da cuenta de que una novela es mala a la mitad del libro, una vez que la compró. Con los cuentos, es suficiente el “desafío Borges” de las cinco primeras líneas (un escritor reconocido).
–Porque los libros de cuentos son fáciles de fotocopiar (un escritor menos conocido).
–Porque muchos toman al cuento como un “paso previo” en el camino hacia la novela (Federico Levín).
–Porque existe cierta estrechez del género. El lector y los editores prefieren la hibridez, se aburren frente a un formato demasiado premoldeado (Daniel Massei).
–Porque un libro de cuentos requiere mucha concentración y atención por parte del lector; cada quince páginas debe familiarizarse con nuevos personajes y escenarios (Ignacio Molina).
–Porque el cuento nació y se fortaleció con los periódicos en el siglo XIX. Su brevedad condecía con el espacio de los diarios. Los medios editoriales y sus políticas evolucionaron (Hernán Acteón).
–Porque es más fácil consagrar a un autor con una novela. Pasó con Cortázar, con García Márquez. No recuerdo que haya sucedido algo así con un libro de cuentos (un editor importante).
–Porque muchos libros de cuentos carecen de unidad temática, y eso es algo que tal vez los escritores deban pensar (Víctor Manuel Ramos).
Hubo más, claro. Todo lo que no resuelve el problema, pero sirve para pensarlo mejor. Y preguntarnos si todo esto no responderá, en el fondo, a un gran malentendido. Como diría Unamuno, me tomo de ejemplo ya que me tengo a mano: en 2004 y 2005, edité dos libros de cuentos muy diferentes entre sí. La única variable que los une es la calidad literaria. El primero vendió cuatro ediciones, el otro va por la segunda. ¿No sirve esto para demostrar que la gente quiere leer historias cortas, que sólo hay que ponerlas a su alcance?

Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas) · Políticas culturales

1 response so far ↓

  • 1 Ricardo Juan Benítez // dic 8, 2005 at 19:28 pm

    El cuento es deudor directo de las historias orales, los relatos de los juglares. Lo cuál, pese a mi inclinación por esta disciplina, no me lleva al fundamentalismo: cuentos si, novelas no. Creo que el sol sale para todos: poetas, cuentistas, novelistas, ensayistas; y esto no debería ir en detrimento de unos contra otros. Hay mercado para todos. Esto lo deberían entender los señores de las editoriales. Es más, desde un punto de vista mercantilista, la diversificación de productos sería saludable para sus políticas de venta. No solo de tanques viven las editoriales.
    Ahora, me pregunto, si realmente Don Julio Cortázar (por poner un ejemplo) tuvo que esperar a “Rayuela”, para ser reconocido. Acaso “De todos los fuegos, el fuego” ¿no le había ya ganado un respeto en el mundo de las letras?
    Dejando de lado el tema específico del cuento, otro género casi desaparecido es el de las “nouvelles”. Además, ¿alguien puede olvidar esas ediciones en rústica? Se elaboraban con la pulpa de la celulosa, y de ahí tomaron el nombre en inglés “pulp fiction”. Eran poco más que un cuento largo, y semillero de escritores como Dashiell Hammet, Isaac Asimov, Arthur C. Clarcke. En la actualidad, un muchacho que no se cansa de facturar con sus “tanques editoriales”, como Stephen King, esta reviviendo en género del “policial negro”, de “pulp fiction”.
    La antología de cuentos encuentra una gran virtud, en lo que los señores de las editoriales ponen como excusas.
    A) Cuándo una persona viaja, dispone de poco tiempo de lectura. Es mucho más complicado, dejar una novela por la mitad de un capítulo; y volver a representarse todo lo leído; que terminar un cuento y empezar otro.
    B) Si se está de vacaciones, generalmente se busca una lectura liviana. Muchas novelas quedan arrumbadas e inconclusas. Una buena antología, brinda la oportunidad de leer “historias” cortas y efectivas, sin abandonar el libro por la mitad.
    Estos son solo dos ejemplos, de como poder transformar aparentes impedimentos, en oportunidades; no solo para los cuentistas, sino también para aquellos lectores ávidos de cuentos, que los hay.
    Y por otra parte, les preguntaría a estos señores que opinan de una antología, con títulos y autores que según mi capricho podría incluír:
    Emma Zunz y Hombre de la esquina rosada, de Jorge Luis Borges.
    Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
    Hacer un fuego, de Jack London.
    El pozo y el péndulo, de Edgar Allan Poe.
    La isla al mediodía, de Julio Córtazar.
    El jugador, de Fiodor Dostoiesvky
    La muralla china, de Franz Kafka.
    Estos autores y cuentos ahora son clásicos, pero en su momento, si no hubieran encontrado el modo de expresarse, no existirían. Creo que es para pensarlo.

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