“En la charla cotidiana era afable, cordial, siempre interesado en la vertiente casi insignificante de las cosas. Con él hablábamos, más que de libros o autores, de nuestras familias, y él siempre tenía palabras para sus cinco hijos… Hablaba de ellos con pasión: de lo que hacía cada uno, de cómo se ocupaba de los más pequeños varios días a la semana, de cómo cocinaba para ellos fideos al estilo “fogwill”. Apreciaba mucho a quienes eran buenos padres: era algo que siempre destacaba al hablar de un tercero.”
Qué paradoja: el obituario sobre Fogwill en el suplemento Babelia de El País sale en el número en que Ricardo Piglia es tapa. Primer disgusto para Fogwill desde el más allá.
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