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La edición es una historia llena de aciertos

abril 8th, 2008 · 4 Comments

Por Damián Tabarovsky*

Las razones por las que un texto se publica o rechaza son siempre misteriosas y levemente oscuras. Yo mismo estoy ahora escribiendo este breve artículo sin saber bien cómo llegué hasta aquí: no hay porqué descartar que Ñ haya pensado antes en algún otro editor o editora que no aceptó o no pudo escribir, o en algún otro escritor o escritora a los que no les pareció interesante el tema, y como consecuencia de esa cadena de equívocos aquí estoy, tercer o cuarto suplemente pero -en la ignorancia del detalle de la historia- con mi narcisismo satisfecho y un agradecimiento cordial al ver la nota publicada.

Por lo tanto, no sólo el rechazo de un texto, sino sobre todo su publicación está sujeta a razones que, muchas veces, no tienen nada que ver con la calidad del texto en cuestión: una editorial necesita publicar mujeres porque faltan en su catálogo, otra realiza un estudio de marketing en el que los resultados dicen que hay que buscar autores jóvenes que den cool y moderno, otra busca libros breves por razones de costos: en el camino seguramente quedaron libros mejores que los publicados, pero que no colmaban las necesidades del momento.

Sin embargo nada más equivocado, ningún lugar común más difundido que suponer que la edición es la historia de sus errores. Al contrario, es una historia llena de grandes aciertos. Es verdad que Gide rechazó a Proust, para publicar en Gallimard. Pero también es cierto que Proust encontró otro editor (Grasset) y hasta terminó publicando en Gallimard. Es decir: a la corta o a la larga, casi ningún buen libro queda sin ser editado. Puede ser en una editorial o en otra, en una colección prestigiosa o en una vergonzante, pero casi siempre un buen libro encuentra su editor y finalmente sus lectores. Bella paradoja: la temporalidad de la literatura no tiene mucho que ver con la ansiedad de los autores ni con la necesidad comercial de los editores.

Un buen escritor siempre termina por ser publicado pero, a la inversa, asistimos a diario a la publicación de muchos y muchos escritores triviales. La pregunta entonces es la opuesta: no porqué un buen autor no encuentra editor sino porqué las editoriales publican tantos libros mediocres. Ese es el verdadero misterio de la edición.

*Publicado en Clarín el sábado 5 de marzo de 2008.

Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas) · Sobre libros y blogs

4 responses so far ↓

  • 1 Olmos // abr 9, 2008 at 11:23 am

    buen punto.
    en el caso de la prensa gráfica se suele condenar al que perpetró una columna, por ejemplo. casi nunca se habla del editor que le dio luz verde al mamarracho.

  • 2 Neeqo // abr 9, 2008 at 14:28 pm

    No estoy tan seguro de esto. A veces las editoriales llegan muy tarde.
    Pensemos el caso de John Kennedy Toole

  • 3 Carlitos Marx // abr 10, 2008 at 17:52 pm

    Según lo que se dice en un link que publicaste en otro post, Tabarovsky le ofreció editar un compendio de escritos a Quintín. A este ritmo, Interzona nunca será Gallimard.

  • 4 Sebastián Lalaurette // abr 10, 2008 at 17:53 pm

    Estaba por decir lo mismo que Neeqo. Al enigma de por qué tantos libros mediocres se puede responder que hay una necesidad de mantener tantas novedades en el mercado por mes o trimestre o semestre o semana.

    En este ecosistema de rápida obsolescencia, el papel del crítico es crucial: debería dedicarse a señalar lo verdaderamente valioso en el montón de basura, abrir surcos en esa estrategia y destacar las joyas más allá del aluvión permanente de novedades. Pero no: los críticos se zambullen gozosos en esa corriente y se dedican a reseñar los libros nuevos, con profundidad si hay suerte, repitiendo buzzwords literarias en los peores casos.

    Así no se puede.

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