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Gauche Divine is so dead

Junio 5th, 2008 · 5 Comments

Acá, en Barcelona, hay un enorme cementerio en la montaña: apenas uno entra en la ciudad desde Valencia, se cruza con una ladera repleta de cruces y nichos desde la base hasta la cumbre. Es de una belleza escalofriante. Se lo comenté a Ignacio Echevarría mientras almorzábamos, en el restaurante Flash Flash, y él me dijo que sí, que suele recomendarle a los visitantes una excursión a ese cementerio, donde está enterrada la alta burguesía catalana del siglo pasado, ya que entre nichos y esculturas fúnebres encargadas por los ricos a los artistas más destacados del momento, hay más arte allí en muchos museos de España.

Comemos en el Flash Flash, donde en los años 60 se reunía la Gauche Divine (Barral, Herralde, los hermanos Moix, De Moura). El lugar parece salido de una película de Kubrick, y está tal cual lo inauguraron, cuarenta años atrás, aunque como todo aquí, perfectamente impecable (es decir: como si lo hubieran montado ayer). Le pregunto a Echevarría por los lugares donde se reúne la intelectualidad catalana, y me mira con asombro. Me dice algo así como que en Buenos Aires estamos mal acostumbrados, aquí nadie se junta en bares o en restaurantes a discutir de política o a hablar de literatura (lo de Buenos Aires, claro, es una exageración). Está mal visto, dice, y se ríe. Luego hablamos de la influencia de los diarios gratuitos (una plaga por aquí) en el periodismo español, de la pobreza de los suplementos culturales, del futuro de la industria del libro (negro para mí; favorable para él, mientras siga siendo tan barato y fácil editar libros, hasta que se genere una conmoción similar a la que Internet generó en el negocio musical). También me habló muy bien de la última novela de Sergio Bizzio, “Era el cielo”, y de la primera de Iosi Havilio, “Opendoor” (dos de los libros que no casualmente traje para regalarle a las amigas que me alojan).

Echevarría es inteligente, amable, culto y tiene un gran sentido del humor. Le pregunto cuándo volverá a hacer crítica literaria y no lo piensa un segundo y dice que, la verdad, no hay ningún proyecto que lo reclame o le interese. Y que tampoco tiene la necesidad. Ya hizo mucho de lo que quería hacer, y ahora se dedica a la edición free lance: está bastante ocupado trabajando en las obras completas de Kafka, de Nicanor Parra.

El día anterior había leído una nota que me llamó la atención desde la tapa de ADN (uno de los periódicos gratuitos más conocidos de aquí). Decía, con tipografía enorme desde la tapa: “Editores independientes”. Y nada más. El artículo ponderaba la importancia de este tipo de actores del campo literario, y entrevistaba a tres personajes, para la periodista, fundamentales o novedosos: el editor de Acantilado, el de Península y a Jorge Herralde. Esos son los editores independientes españoles.

Más tarde me junto con Pere Sureda, que edita las antologías de cuentos breves en España. Es un tipo elegante que vivió un buen tiempo en la Argentina, país al que vuelve seguido. No deja de sonarle el celular un segundo. Se disculpa, y atiende. Luego pide un agua con gas y me mira con cierta incredulidad, y me dice que el primer tomo de la antología va por la sexta edición en menos de un año, y el segundo por la tercera, en apenas tres meses. Que hace diecisiete semanas los libros están en la listas de best sellers del diario ABC, y que él es el primer sorprendido. Yo, el segundo, digo, y hago cálculos mentales sobre las liquidaciones de derechos de autor. Hablamos de los diversos puntos de ventas, él vuelve sobre la futura desaparición de las librerías pequeñas y de cómo en los grandes centros comerciales los libros están cada vez más lejos del alcance de los consumidores. Lo había visto: en Fnac, El corte inglés y otros centros, primero están los reproductores de dvd, los plasma, los palos de golf: todo a la vista, mientras los libros pasaron del primer piso al segundo, y del segundo al tercero, hasta que en cualquier momento los van a meter en el depósito de la terraza. “Los márgenes de ganancia”, me explica Sureda. “No hay con qué competir”.

Saco un ejemplar de “La joven guardia” y tardo algunos minutos en convencerlo de que lo edite en Belacqva. Finalmente, cede. “Lo hago, vale, pero como impuesto revolucionario. Y a condición de que te pienses una nueva antología”. Es un trato. Serán unos tres mil ejemplares. Se publicará en el 2009.

Tags: Libros / Novedades · Nueva narrativa argentina

5 responses so far ↓

  • 1 ShopGirl // Jun. 5, 2008 at 6:52 pm

    Felicitaciones!

    Otra antologia a mi biblioteca.

    Eso si, me debes las otras firmadas.

    Beso

  • 2 león // Jun. 6, 2008 at 1:31 am

    Teniendo en cuenta lo poco que te costó convencerlo, deberías pensar si tu futuro no está en España. No es que quiera tener un lugar gratis para caer de vez en cuando, es que quiero tener un lugar gratis para quedarme for ever.
    Abrazo de gol del Flu.

  • 3 Laura // Jun. 7, 2008 at 4:55 am

    Estimadísmo MT,
    ya comienzo la campaña para que se dedique a contar historias, aqui o donde le parezca.
    me gustó el relato.

  • 4 Laura // Jun. 12, 2008 at 5:02 am

    Qué bueno! Lo buscaremos, entonces. Y avisá cuando empieces a preparar la nueva antología.

  • 5 Shakira // Jun. 30, 2008 at 4:57 pm

    Patético. Este ignominioso blog me recuerda más a la MTV que la mismísima MTV, gracias a dios, que en el averno hicieron una sala bien hermosa para tanto diletante.

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