“Sin duda todo el mundo conoce los dos interrogantes que se le plantean con más frecuencia a cualquier novelista: ¿de qué trata su libro?, ¿es autobiográfico? Estas preguntas y sus respuestas nunca han tenido para mí excesivo interés (si la novela es buena, tanto las preguntas como las respuestas son irrelevantes) (…) Lo que quiero decir, por supuesto, es que resulta del todo comprensible y es sin lugar a dudas lícito que un muchacho de doce años plantee tales preguntas, mientras que, a mi modo de ver, un adulto no tiene por qué formularlas. En mi opinión, el adulto que lee una novela debe saber de qué se trata el libro, como también debe saber que el hecho de que una novela sea o no autobiográfica carece de importancia, a menos que el presunto adulto sea ingenuo en exceso o desconozca por completo los caminos de la ficción narrativa”.
John Irving, en el prólogo a la edición conmemorativa de los 20 años de la publicación de El mundo según Garp (1998).
“Sus logros en el fútbol son lo de menos. Lo realmente asombroso es cómo en los 20 meses desde que José Mourinho asumió el cargo de entrenador del Real Madrid se ha convertido, de lejos, en el personaje más polémico de España. Posiblemente nadie haya provocado más división -más repulsa o más fanática adhesión- desde tiempos de Franco.”
-Te digo que los de Racing llamaron a un exorcista, que fue a la cancha y tiró agua bendita y después de eso salieron campeones… aunque eso sí, en el 2001.
“¿De quiénes hablamos cuando hablamos de escritores de culto? Las personas cuyos testimonios se recogen en este artículo dieron nombres que dibujan una lista tan nutritiva como disfuncional (en la que, por ejemplo, quienes son de culto en algunos países no lo son en su lugar de origen, como podría ser el caso del argentino Antonio Di Benedetto que no es un autor de culto en la Argentina pero que sí lo sería en México), y que incluye, entre muchos otros, a Mario Bellatin, Fabio Morábito, Daniel Sada, J. R. Wilcock, Emmanuel Bove, Antonio Di Benedetto, Thomas Pynchon, Gabriel Zaid, Sergio Pitol, Guillermo Fadanelli, Israel Centeno, Bukowski, J. D. Salinger, David Foster Wallace, Julio Ramón Ribeyro, Mario Levrero, Rafael Sánchez Ferlosio, Roberto Merino, Germán Marín, Denton Welch, Braulio Arenas, Felisberto Hernández, Macedonio Fernández, Virgilio Piñera.”
“Mi querido colega y amigo,
Tengo un pequeño cuento para usted, un cuentecillo anodino. Espero que le guste si llego a contárselo bien, tan bien como aquella que me lo contó.
La tarea no es fácil, porque mi amiga es una mujer de ingenio infinito y palabra libre. Yo no poseo los mismos recursos. No puedo, como ella, prestar esa alegría loca a las cosas que cuento; y, reducido a la necesidad de no utilizar palabras demasiado características, me declaro impotente para encontrar, como usted, los delicados sinónimos.”
Agradezco los muchísimos mails y llamados de estos días. En serio. Me alegra saber que el suplemento era tan leído, sobre todo por muy buenos lectores.
Hay dos editores a los que admiro profundamente, por sus textos pero sobre todo por su inteligencia, compromiso y los catálogos que suelen construir. Uno es el español Constantino Bértolo, responsable del sello Caballo de Troya y autor del ensayo La cena de los notables. El otro es el sujeto de la entrevista de aquí arriba, Luis Chitarroni, el responsable de Siluetas, Peripecias del no y editor de La bestia equilátera. En mi cabeza, además, Chitarroni y Bértolo son algo así como hermanos gemelos separados al nacer, aunque no tengo idea de si se conocen o alguna vez hablaron. (El video lo vi y saqué de este espacio).
Extraña y gratificante la tarde de ayer en Rosario, viendo el partido en la casa (literalmente) de Messi, sentado a metros del gimnasio donde entrena cuando está en Rosario, viendo cómo le pasaba el trapo de nuevo a Mouriño y compañía. Los amantes del fútbol (que no de la pasión desaforada que el deporte genera, fuera de toda lógica, claro) le debemos tanto a este equipo, en un país donde ver fútbol (literalmente, y por tantas causas) es otra de las tantas utopías ya perdidas y olvidadas.
También hay un nuevo número de Otra parte, y tal vez sea el mejor de los últimos tiempos. Escriben Cohen, Speranza, Spregelburd, Llinás, Carrión, Iglesias, Schanton y hay una extensa entrevista con Beatriz Sarlo. Imperdible. En la web se consiguen sólo algunos artículos… habrá que comprarla.
“Voy a hablar a partir de un nosotros dudoso y dubitativo. Que quizás, como todo nosotros, se construya más por la exclusión de ellos que por afinidades propias. Hace un par de años, algunos de ese nosotros formamos casi paródicamente un grupo literario. Shanghai se reunió algunas veces, e incluso emitió un manifiesto casi implícito. Shanghai, decía su manifiesto, es un puerto, una frontera. Shanghai, niña mía, es la avanzada de la corrupción y el desmadre en un país que conquistó su pureza a fuerza de unificación absoluta, culposa. Shanghai es un exotismo en el tiempo, una vía libre hacia el anacronismo, que es, bien mirado, la única utopía que permite una ciudad que se sabe exótica, decía aquel panfleto. Y continuaba:
Shanghai no se piensa en términos de porvenir sino de recién venido, una tentadora macedonia donde mojan su espada los cortadores de nudos gordianos. En Shanghai la cocina sabe con el sabor indefinible de la mezcla, en platillos donde resultaría veleidoso y grotesco todo intento de llamar al pan, pan, y al vino sake.
Shanghai suena a chino básico, y sólo lo incomprensible azuza la mirada. Shanghai, la palabra Shanghai, no existe, porque puede escribirse de tantas formas distintas que ni siquiera es necesario escribirla. En inglés, to shanghai significa “emborrachar con malas artes y en un puerto cualquiera a un marino desocupado y embarcarlo, ebrio, dormido, en un navío a punto de levar anclas”. Shanghai es una nostalgia que no está en el pasado ni en el futuro. Shanghai es, sobre todo, un mito, innecesario.”
“Como me habían llegado comentarios positivos acerca de dos establecimientos de gran fama y prestigio, y teniendo en cuenta que ambos se ubican a escasos 50 metros de distancia sobre la transitada Calle Corrientes de Buenos Aires, se me ocurrió revivir las viejas artes de “Epimundo Investiga” y probar ambas pizzas… y cotejar ambos sitios. Estas dos pizzerías son nada mas y nada menos que Guerrín y Banchero.”
“Diego Lublinsky, que trabajó junto al periodista en El otro lado y El visitante, fue a buscar a los mismos personajes de aquellos ciclos, para hacer dialogar el pasado –los tapes originales– y el presente. El ciclo empieza mañana por Encuentro“.
“Tras el golpe de marzo de 1976, Walsh había pasado a la clandestinidad como Norberto Pedro Freyre, gracias a una cédula apócrifa que le había facilitado un amigo policía. Ya había falsificado su identidad por la de Francisco Freyre cuando investigó los fusilamientos de José León Suárez (relatados en Operación Masacre) pero, llegada la Junta Militar, decidió cambiar su nombre de pila y camuflarse bajo un aspecto senil. A pesar de su disfraz, el 25 de marzo de 1977, en la esquina de San Juan y Entre Ríos, un grupo de militares le hizo una emboscada, lo acribilló e hizo desaparecer su cuerpo.”
La gente de la Universidad Diego Portales, de Chile, no sólo edita libros más que interesantes, sino que además también publica una revista: van por el número 8, en el que escriben, entre otros, los amigos Damián Tabarovsky, Ignacio Echevarría y Constantino Bértolo. Como si fuera poco, claro, se puede acceder al número completo en PDF en la web.
Parece que el bueno de Dave está estrenando nuevo disco, y este es el primer corte: Crazy Clown Time. Una nueva idea más de nuestro director favorito… ¿de todos los tiempos? Un artista genial, y un pensador siempre en el límite del patetismo. Y eso es casi lo que más nos gusta de él.
“Mi visita a Borders coincidió con el momento en el que buena parte del mundo cultural neoyorquino decidió mostrarse triste y apocalíptico con el cierre de la cadena. Para algunos analistas, se trataba de una nueva derrota de la cultura tradicional y el libro de papel, jaqueados en los últimos años por el ascenso de los e-books y (según ellos) un ambiente cultural cada vez más favorable a las recompensas instantáneas y reacio al lento e incomparable placer de rumiar un libro. Otros, en cambio, recordaron que Borders llevaba varios años haciendo macanas, preocupándose muy poco por la felicidad o la lealtad de sus clientes y casi nada por renovarse tecnológicamente: en 2001, en una decisión incomprensible hace diez años y ahora, Borders le entregó la gestión de su librería online nada menos que a Amazon, que es como darle las llaves del auto al verdugo. En Nueva York, Borders todavía tenía algo de buena fama, porque había tenido un local en la planta baja de una de las Torres Gemelas, pero en los últimos años ya casi nadie se acordaba. Su desaparición, a fin de cuentas, dice mucho más sobre la propia Borders que sobre el estado de la industria del libro o, mucho menos, el estado de la literatura.”
La magnífica (vista a la distancia) exposición Joan Miró. La escalera de la evasión, del artista catalán, que acaba de inaugurar, con obras traídas para la ocasión de todos los museos del mundo. ¿La Fundación Miró no querrá organizar un junket con periodistas argentinos al Montjuic?
“No todos los escritores tienen la suerte de que un asesino, que acaba de cometer un crimen histórico, esté leyendo tu mejor novela en el momento de ser detenido.”
Una nota sobre Salinger que podría ser bastante instructiva para Mario Pergolini y sus compañeros de equipo de Cuál es, que no sólo tardaron más de un día en averiguar por qué había una banda de rock que había elegido como nombre Un día perfecto para el pez banana, sino que una vez que dieron con la respuesta se festejaron al aire asegurando que ése era el libro (?) que el asesino de John Lennon llevaba bajo el brazo la mañana de diciembre en que lo mató a tiros a la puerta del Dakota Building.
“Habría que pensar bien esto… Ahora parece que el menemismo vino del espacio exterior, ¿no?, como lo planteo en el ensayo sobre Ricardo Fort. Nadie fue menemista y nadie se benefició del menemismo. ¿Qué buen poema no es político, aunque hable de cualquier cosa? ¿Alberto Girri no es político? Durante mucho tiempo se lo criticaba a Girri porque no se lo entendía. ¿Por qué se tiene que entender? Si la poesía trabaja precisamente en contra de que se entienda todo. Los poemas de Girri para mí son tremendamente políticos; su obra es monumental, extraordinaria. Girri, claro, es de derecha. Quizás haya algo infantil en pensar que la derecha escribe mal y la izquierda escribe bien. Para mí es casi al revés: la derecha escribe mejor que la izquierda, que muchas veces intenta ser muy pedagógica. A excepción de (George) Orwell, que es genial”.
-Hace poco el editor de un suplemento cultural afirmaba que había que olvidarse de los no lectores y preocuparse de los lectores habituales de literatura. ¿Comparte esta opinión?
-Yo me he dedicado toda la vida a los lectores. Y, especialmente, a los lectores fuertes como les dicen en Francia. Aquellos que leen por placer, por pasión y por todo lo que se debe leer. Sí, me encanta que por fenómenos de boca-oreja un libro que habitualmente tendría unos 3000 ó 5000 lectores se convierta en una onda expansiva y pueda vender hasta 100 mil ejemplares.
“Mi profesor de literatura inglesa era Jaime Rest, de la cátedra de Borges, pero Borges no estaba. A mí no me preocupaba mucho… por ignorancia, y seguramente porque no lo habría entendido. Estaba Rest, que era un profesor extraordinario y un gran crítico, a la inglesa, un ensayista. Un día dio como asignación la lectura de El tigre, de William Blake. Yo fui al instituto de literatura inglesa, que funcionaba en un sótano, a la vuelta de la facultad, busqué el poema, lo leí, lo leí en inglés… y no entendí nada, literalmente. Es decir, entendía cada una de las palabras, pero no entendía, me parecía por un lado demasiado sencillo y, por el otro, completamente opaco, incomprensible. Rest estaba dando vueltas por ahí. Entonces fui y le dije ‘mire, profesor, usted pidió que leamos este poema, y yo no entiendo, no entiendo qué es esto, qué hay que hacer con esto’. Hoy hubiera dicho qué hay que hacer con este artefacto, pero en ese momento no podía decir eso. Así que dije no entiendo. Rest me dijo ‘siéntese’, y empezó una explicación que duró unos quince minutos. Yo comencé esa explicación siendo una persona y la terminé siendo otra. No recuerdo qué me dijo, no recuerdo su explicación. Yo creo que fue una clásica explicación de texto. Pero lo que recuerdo perfectamente fue sentir que, en algún momento de esos quince minutos, en mi cabeza se producía un ruido, un ruido físico, material. Y que de alguna manera yo decía ‘se trata de esto’; no el poema, o no solo el poema, sino la literatura entera.”
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