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septiembre 28th, 2010 · No Comments
Y el periodismo cultural:
“El que esto sea así tiene su origen -y sigue teniéndolo, en muchos casos- en las prisas que impone la obligación de publicar la crónica del acto el día siguiente, lo cual exige que quede escrita esa misma noche, antes del cierre de redacción. Pero entretanto el uso se ha extendido, se ha hecho endémico, y, con independencia de que la crónica se publique o no el día siguiente (de hecho, es raro que así ocurra, y a menudo ni se publica), ya no se da por supuesto, ni mucho menos, que el periodista acuda al acto público al que es convocado el ciudadano corriente, ni que haga la crónica real de ese acto. El lugar de esa crónica lo ocupa una entrevista más o menos exclusiva con el protagonista del acto, quien, además de la charla o de la presentación correspondiente, deberá ocupar varias horas de ese día en contestar a las preguntas, casi todas repetidas, que sucesivamente le hacen distintos periodistas.”
Por Ignacio Echevarría. Aquí, el texto completo.
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septiembre 21st, 2010 · No Comments
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septiembre 16th, 2010 · No Comments
Alfonso Armada escribe en la revista FronteraD un extenso artículo sobre la polémica que rodea al maestro de cronistas polaco Ryszard Kapuscinski.
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agosto 16th, 2010 · 1 Comment
“Hace uno o dos años hablé de eso en una minicharla en Quito. Latinoamérica es una de las partes del planeta donde la diferencia entre los que tienen mucho y los que no tienen nada es grosera. Donde señores gastan en tres días lo que una familia gastaría en dos años para vestirse, educarse y comer. Sin embargo, la crónica latinoamericana suele mostrarse desinteresada o indiferente o impedida para contar historias de los que tienen millones. En cambio, tenemos oficio y músculo para contar lo freak, lo marginal, lo pobre, lo violento. Yo misma podría poner una banderita arriba de cada uno de esos temas: a todos los he pasado por la pluma y a algunos varias veces. Pero el mundo de las clases altas forma parte de este sitio en que vivimos y mientras no apliquemos allí la mirada que ya aplicamos a los que tienen poco seguiremos despejando sólo una parte de la ecuación.
Es probable que entrar a una favela o entrevistar a un mafioso disparen más adrenalina que recorrer viñedos o casas de campo o mansiones señoriales o yates de dos cuadras. Lo que también es verdad es que todos tienen una historia para contar: los campesinos pobres y los polistas ricos, los que viven en pueblos de frontera y los que se podrían comprar el pueblo entero. Todos tienen sus miserias y sus esplendores, sus penas y sus pensamientos culposos, sus ambiciones, sus peores cumpleaños y el día en que ya nada volvió a ser como era antes.
Por eso mis preguntas: ¿por qué no contamos la riqueza? ¿No lo hacemos porque no tenemos los recursos para hacerlo; no lo hacemos porque elegimos no hacerlo; no lo hacemos porque no nos interesa? ¿O no lo hacemos porque no nos queremos salpicar?”.
El texto completo, acá.
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Ya están online las nuevas ediciones de las publicaciones digitales Ese y Esto no es una revista, con algunos artículos y entrevistas interesantes.
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-Pareciera mantenerse vigente una paradoja que ya advertías en el prólogo de La Argentina crónica: una camada de cronistas jóvenes prolíficos y talentosos, interés editorial por el género y marginalidad casi absoluta dentro del ámbito de circulación en principio natural para éstos trabajos, que es el de los diarios y las revistas. ¿Es que ya se trata de una circunstancia irreversible?
-Es cierto: sigue sin haber revistas en la Argentina donde publicar crónicas, salvo casos contados e inconstantes como algunos números de la Rolling Stone, Brando y revistas dominicales de los grandes diarios (cada vez menos). Veremos cuál es la intención de Soho (la nueva edición local de la publicación colombiana), pero no me haría muchas ilusiones. A esta altura, ya no sé si este tipo de medios no existen por desidia empresarial o por desinterés de los lectores. En todo caso, los empresarios y los lectores en general son cada vez más brutos, así que no me llama la atención. Y estamos acostumbrados a leer por fragmentos y en la web las ediciones de El Malpensante, Donjuán, Gatopardo y ahora la flamante Pie izquierdo: tampoco se sufre tanto. Por mi parte, estoy convencido de que un proyecto así es viable comercialmente en un país como la Argentina, pero no tengo el dinero para hacerlo. Ya llegará el momento de que los lectores se aburran de tanto gráfico, fotito, figurita e infografía y reclamen de los medios la posibilidad de leer otro tipo de historias. O no. Lo curioso es que haya sido el mercado editorial el que suplió esa ausencia (Tusquets, Planeta, Eterna Cadencia, por nombrar algunos sellos), porque si bien los cronistas no publican textos periodísticos en los medios de su propio país, al mismo tiempo aparecen cada vez más libros de periodismo narrativo. Una paradoja que sirve para no perder las esperanzas.
Los amigos de la Revista Ese de Rosario decidieron entrevistarme, bajo su responsabilidad, para el número 3 de su publicación. Gracias y saludos.
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Lo imaginamos, lo anticipamos, lo dijimos antes que nadie: la enorme Leila Guerriero acaba de ganar el premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) por su texto (incluido en el libro Frutos extraños) “Rastro en los huesos”.
No se lo pierdan, es increíble.
Y desde acá le mandamos un gran saludo, sobre todo porque creemos que nadie merece este reconocimiento como ella. Leila es la segunda cronista argentina en ganar este premio, que ya había obtenido Josefina Licitra en 2004 por “Pollita en fuga”.
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Leonardo Faccio, cronista argentino radicado en Barcelona, nos tiene acostumbrados a sus textos de altísima calidad. Cuando hablé con él, una noche de fines del 2008 en un bar del Borne de la ciudad condal, me contó que estaba empezando a seguir a Lionel Messi buscando la nota que ya todo el mundo quería.
Un año y medio después, lo publica, in extenso, en la revista peruana Etiqueta Negra.
Aquí, el texto completo sobre el gran Lío, al que todos bancamos a nuestra manera. Yo, como se ve arriba, incondicionalmente.
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Cuando logra evitar la gambeta fácil, cierta socarronería y el chiste al pie, Esteban Schmidt es un gran cronista (uno de ideas más que de acciones, pero da igual). Por suerte, lo logra seguido. Quizá, arriesgo, escribe mejor cuando lo hace para medios impresos que para blogs, pero es sólo una percepción. Había leído esta nota sobre el polémico programa 6, 7, 8 en la revista Rolling Stone, y ahora subieron el artículo a la web.
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El amigo Alex Ayala, fundador y director de Pie izquierdo, la primera revista de periodismo narrativo de Bolivia, publica en el número 3 mi nota sobre caza de jabalíes. Un saludo para él. El comienzo, abajo. Y acá el link a una parte de la nota.
DIARIO DE UN CAZADOR
SI TODO SALE según lo planeado, en esta nota alguien va a morir. Si sale todo según lo planeado, morirá de noche y de un tiro limpio y preciso como el corte de un bisturí. Sin dejar rastro de sangre: rápido y sin dolor. Morirá como quien cierra una puerta, o apaga la luz, y dice buenas noches.
Pero ahora no es de noche, sino mediodía, y alrededor de la mesa los tres cazadores hablan:
-El ciervo es la manifestación aristocrática de la naturaleza-dice el más joven.
Ha viajado, como sus dos compañeros, cientos de kilómetros hasta aquí en busca de su trofeo. Habla en este salón de paredes cargadas de puntas, palmas y cornamentas de ciervo, una al lado de la otra, como viejos escudos medievales que parecen infundirle ánimos. Tiene el pelo cortado al ras, bigote, y lleva el chaleco puesto. Recuerda perfectamente el último animal que cazó meses atrás:
-Le seguí el rastro hasta un ojo de agua. Ahí se detuvo de espaldas para beber. Esperé hasta que giró. Y fue como una revelación: la cornamenta brillaba bajo el sol, el tiempo quedó suspendido. Lo gocé en vida, mientras duró.
-¿Mientras duró?-le pregunto. Soy el cuarto integrante de una mesa de cazadores experimentados. Y no disparé un tiro en mi vida.
-Sí. Porque lo que uno disfruta es el hecho de estar cazando. Veinte días antes de salir, la adrenalina ya empieza a correr por la sangre: hay que elegir el cuchillo adecuado, las municiones, los binoculares, la ropa. Y cuando uno dispara, todo eso se acaba.
Uno, dos, tres días y a veces más, me cuentan, para disparar una sola bala. El tiro tiene que ser uno.
Lo dice el mayor, también sentado a la mesa, pantalón camuflado y cuchillo de hoja de veinte centímetros en la cintura. Los pájaros cantan afuera, en la mesa humean los cafés y reposan las masas secas, nadie levanta la voz y, sin embargo, están todos vestidos como si en cinco minutos salieran para la guerra de Vietnam. Civilización y barbarie:
-El animal se merece una muerte digna-subraya el mayor.
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En el número 20 de la revista Otra parte dos especialistas en ejercer y estudiar el periodismo narrativo, María Moreno y Martín Caparrós, mantienen una conversación sobre la crónica periodística.
El artículo, acá.
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La historia del colombiano Guillermo Velásquez, el árbitro que expulsó a Pelé y noqueó a otros cinco jugadores.
Por Alberto Salcedo Ramos, en el número 1 de la revista boliviana de crónicas Pie izquierdo.
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Los trabajadores del diario CRITICA DE LA ARGENTINA enfrentamos el atropello de una empresa que pretende descargar su crisis en nuestras espaldas. En los últimos seis meses, primero por la recomposición salarial y después por el elemental derecho a cobrar nuestro salario, realizamos distintas medidas de fuerza y movilizaciones. Durante todo ese tiempo, percibimos el sueldo en cuotas y con una ostensible demora respecto del plazo legal.
El accionista mayoritario del diario es el español Antonio Mata, ex vaciador de Aerolíneas Argentinas, y su socio minoritario es Marcelo Figueiras, dueño de los laboratorios Richmond. Se habían comprometido a regularizar los pagos en abril, pero no lo hicieron. Habiendo comenzado mayo, la empresa aún no saldó los sueldos de marzo. Ante el riesgo de que el diario deje de publicarse y frente a las maniobras de vaciamiento que iniciaron ambos accionista, decidimos volver al paro y salir a difundir el conflicto, pidiendo la solidaridad de todas y todos para que 180 familias no queden en la calle.
Recibimos apoyo en comisioninterna.criticadigital@gmail.com
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Con este retrato del cruel espectáculo de los narcos en México, publicado originalmente en el Periódico de Cataluña y reeditado en la edición 95 de El Malpensante, Juan Villoro obtuvo el XVII Premio Iberoamericano de Periodismo Rey de España.
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Saludamos desde acá al amigo Alex Ayala, que acaba de cumplir un viejo sueño en su país de adopción, Bolivia, y después de tanto planearlo finalmente parece que se le dio: acaba de aparecer la primera revista de crónicas de ese país, y se llama Pie Izquierdo. Que sea con salud, y que sea para largo.
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abril 13th, 2010 · 1 Comment
De la bellísima revista de artes y literatura La tempestad me pidieron un texto sobre este libro de Leila Guerriero. Como ya se publicó, y la revista no llega a la Argentina, lo reproduzco acá debajo. De todas maneras, mucho más allá de esto, vale la pena darse una vuelta por la edición online (y completa) de La tempestad, cuya última tapa está dedicada a Alfred Hitchock.
La dolorosa discreción
Por Maximiliano Tomas
¿Quiénes? El viento constante, ese silencio blanco, aliento del demonio. Y la sombra densa de la muerte: muertes de postes y cables, de ojos desorbitados y pies que cuelgan en el aire, de disparos en la boca y en la sien. Muertes violentas que se ejercen con mano propia. Esos son los personajes principales del primer libro de crónicas de Leila Guerriero, Los suicidas del fin del mundo, aparecido a mitad de la década, en 2005, y que presentó a la autora al público no especializado e inauguró la biblioteca de no ficción de la editorial Tusquets en la Argentina.
¿Dónde? En Las Heras, provincia de Santa Cruz, Patagonia, sur profundo de la República Argentina. Un pueblo de unos pocos miles de habitantes que vivió el sueño del progreso entre las décadas del 70 y 90 gracias a las explotaciones petrolíferas. “Las Heras empezó a ser terreno de hombres solos que querían hacer dinero e irse rápido, pero se quedaban años. Se multiplicaron los cruces familiares: hijos e hijastros, padres y padrastros, madres y madrastras, todos contra todos. Familias ortopédicas producto de revolcones impetuosos que nunca duraban demasiado”. Pero una vez privatizadas las empresas del Estado, en los años 90, Las Heras cayó en desgracia. Cientos de trabajadores perdieron sus empleos, cientos de familias quedaron sin sustento. En 1995 el desempleo era del 20 por ciento y 7 mil personas abandonaron el lugar. El mal ya estaba hecho, la fiebre del oro negro iba a mostrar sus síntomas. El más visible: una ola de suicidios que comenzó en 1997 y que no se había detenido cuando Guerriero le pone punto final al libro, ocho años después.
¿Cómo? Leila Guerriero nació en 1967 en Junín, provincia de Buenos Aires. Lleva casi veinte años de profesión y sus crónicas aparecieron en los medios más importantes de América Latina y Europa. Si se puede hablar de dos modelos a la hora de hacer literatura de no ficción (o periodismo narrativo, o crónica periodística), podríamos poner a Guerriero en un extremo y a la peruana Gabriela Wiener en el otro. Wiener, autora de los libros Sexografías y Nueve lunas, se define como una “antropóloga de sí misma”. Necesita que las historias pasen por su cuerpo, que hieran, incomoden, molesten, para recién después narrar -una noche de sexo swinger, un viaje mental bajo los efectos de la ayahuasca, una donación voluntaria de óvulos o una intervención quirúrgica. Guerriero se ubica voluntariamente en la otra punta del arco metodológico: es la cronista que desaparece, que se hace humo, que todo lo ve y todo lo cuenta, pero desde la invisibilidad. Ella misma lo explica así: “Encuentro cierta belleza en que las cosas sucedan -absurdas, contradictorias, a veces irreales- y me gusta entrar en la realidad como a un bazar repleto de cristales: tocando apenas y sin intervenir. Para poder ver no sólo hay que estar: sobre todo, hay que volverse invisible. Aplicar discreción hasta que duela, porque sólo cuando empezamos a ser superficies bruñidas en las que los otros ya no nos ven a nosotros, sino a su propia imagen reflejada, algunas cosas empiezan a pasar”.
Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez, Martín Caparrós: figuras tutelares del oficio de Guerriero. En el cómo, en su método de trabajo, detallista y tremendamente obsesivo, está el secreto de su arte. Para ella, la crónica abreva del cine, la música, el cómic y la literatura. Pero hay dos cosas que, según confiesa siempre, le son indispensables a la hora de escribir: tiempo y soledad. “Soy una bestia cuando trabajo. Puedo escribir 16 horas por día, sabiendo que gran parte de la tarea de escribir es perder el tiempo. Hay días que estoy 12 o 14 horas escribiendo, corrigiendo, pasando, metiendo material; hay otros días que de esas 16 horas escribo como mucho tres y el resto es diletancia: voy, vengo, me siento, vuelvo, pero sin ese perdedero de tiempo no llego a esas tres que valieron tanto. Cuando escribo me encierro, no bajo a pagar un impuesto, rechazo todas las invitaciones que me hacen, sea una entrevista o una cena con un amigo que viene desde El Congo”.
Los suicidas del fin del mundo es la historia de una búsqueda que nunca queda del todo elucidada. ¿Qué persigue Guerriero en el libro? ¿Las razones de los suicidios, del malestar que generan el aislamiento, el abandono, la falta de esperanzas, la posibilidad de un futuro? Todo eso, sí, pero Guerriero es también una cazadora de personajes, de voces narrativas y de elementos (el viento, siempre el viento patagónico, y la amenaza de la locura y de una muerte nueva) que hagan avanzar el relato y que terminen por componer un mosaico, un rompecabezas en el que las piezas no siempre encajan a la perfección. Guerriero cuenta que el 90 por ciento de sus lecturas se compone de obras de ficción, y que sólo el resto es periodismo. “El lenguaje es todo en el periodismo gráfico. El lenguaje escrito tiene como una sensualidad extrema que no tienen otras formas narrativas. Soy una especie de buscadora serial de prosas que me conmuevan, de autores que muevan las bases de lo que estoy haciendo y me den ganas de empezar una crónica de esa manera o descubrir a alguien con un tono completamente distinto a lo que yo conozco”. Una búsqueda que no siempre es placentera, por supuesto. “El resultado me gusta”, dice, “pero no el proceso de escritura. Para mí la escritura no es un momento de disfrute. Es un momento de soledad, de agobio, de no encontrar caminos, de no saber si la pegaste hasta que el proyecto está tan avanzado que después volver atrás es una pesadilla, de desconcierto, de aburrimiento de probar, de tirar abajo y volver a construir. Yo preferiría estar trotando”.
La trama detrás de este libro es la de casi siempre. Una cronista que se obsesiona con una historia, que viaja y se instala en un pueblo intentando desentrañar sus mecanismos secretos, su lado oculto, y la historia crece y se transforma en otra cosa -en este caso, en un libro que se puede leer como una novela, pero cuya potencia reside en que no, en que no se trata de una ficción sino de la más pura realidad. “Alguien abrió la puerta y el viento arremolinó los diarios que había sobre una mesa. Cayó un cenicero, se hizo pedazos, y hubo una lluvia de vidrios, de ceniza. Un hombre dijo ‘Viento de mierda’.” El viento, entonces, y el hastío, la muerte y las voces del pueblo, de los sobrevivientes de la desgracia, de los familiares de los suicidas: la espina dorsal de un relato macabro, de la Argentina que no aparece en los diarios ni en los manuales de Historia.
El final del primer capítulo de Los suicidas del fin del mundo encierra buena parte de la sapiencia de Guerriero como cronista. No son palabras vanas, son tres frases que están ahí y no en otro lado porque, se adivina, significan algo central para la autora: “Qué fui a buscar ahí. No sé qué vi. Qué estaba buscando”. La duda, la sorpresa, lo inesperado: la incertidumbre como motor del relato. Da escalofríos pensar lo que podrían hacer los hermanos Coen, o el propio Herzog, si alguna vez este libro cayera en sus manos.
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“Claro que poner un adjetivo bien puesto no es hacer ficción; hacer una descripción eficaz no es hacer ficción; utilizar el lenguaje para lograr climas y suspenso no es hacer ficción. Eso se llama, desde siempre, escribir bien. Si se confunde escribir bien con hacer ficción estamos perdidos”.
La columna entera, acá.
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Una gran noticia: a los talleres de no ficción que anunciamos en este espacio (María Moreno, Cristian Alarcón, Alejandro Seselovsky) se suma el de la gran Leila Guerriero (Los suicidas del fin del mundo, Frutos extraños), que realiza esta actividad por primera vez. Es casi una exclusiva, así que les recomiendo que se apuren porque las vacantes, estoy seguro, van a volar.
Taller de periodismo narrativo: perfil y crónica, con Leila Guerriero
Comienzo: desde junio, lunes de 18 a 21.
El arte de contar historias reales. La construcción de textos periodísticos
que, utilizando herramientas de la literatura, no se aparten de la materia
prima que utilizan: la realidad. Será un taller teórico y práctico,
destinado a desarrollar trabajos con cualidades de publicación. Se
discutirán ideas, se sugerirán lecturas y se analizarán crónicas y perfiles
propios y ajenos, haciendo énfasis en la autoedición y la calidad de la
escritura.
El cupo es limitado. Es necesario presentar un texto propio, publicado o
inédito.
Más información: leilaguerriero@sion.com
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“El hecho de que vivamos en un mundo informativo de 24 horas comenzó con la televisión, pero Internet ha marcado un cálculo de tiempo nuevo a los demás géneros. Las revistas informativas están empezando a perder su identidad. Llegué a Santo Domingo y vi televisión por primera vez en dos semanas. Fue interesante ver cómo todo el mundo estaba hablando de Haití, un país olvidado dos siglos. Ojalá vaya más allá de la inmediatez, del horror y del sentimentalismo fácil que busca siempre la televisión. Yo tengo la suerte de trabajar para The New Yorker, que sigue apostando por el reportaje de largo aliento. Internet va hacia las agencias de noticias, no nos suplanta a nosotros los cronistas, es un télex virtual.”
Una entrevista con Jon Lee Anderson, en el suplemento Babelia.
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(Este martes, al lado de la lluvia, su cuerpo muerto tronaba en medio de la sala y en un rincón, en una mesa, descansaban sus libros. A las dos de la tarde unos señores se llevaron el cuerpo; los libros se quedaron. Sólo la realidad puede hacer metáforas tan malas; Tomás la habría tachado o mejorado. Pero es cierto que, de ahora en más, él va a ser, sobre todo, esas historias verdaderas que inventó.)
El texto completo, aquí.
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febrero 17th, 2010 · 1 Comment
“Si en algo me marcó fue en saber que había una diferencia enorme entre escribir más o menos bien -saber contar bien una historia- y el uso que uno hacía del lenguaje castellano. Además de saber contar la historia había que dominar la herramienta hasta el final. Tomás dominaba la herramienta, tenía pleno dominio. Siempre citaba el prólogo de Música para Camaleones de Truman Capote. Capote decía en ese prólogo que escribía desde los ocho años y que un día había descubierto la diferencia entre escribir bien y hacer arte. Tomás era un tipo que se había entregado a la escritura, si había un dueño de Tomás eran las palabras. Se había entregado a eso con dedicación. Creo que escribió hasta el final.” (Leila Guerriero).
Acá, la desgrabación completa del homenaje a TEM en Eterna Cadencia.
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febrero 16th, 2010 · 2 Comments
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febrero 11th, 2010 · 2 Comments
“La mirada crítica y la escritura de no ficción”
A cargo de Alejandro Seselovsky
Coordina: Javier Cababié
Descripción:
La realidad, entendida como el territorio posible de la crónica, no es una superficie plana sino rugosa. Y entre sus pliegues se esconden nudos de información que no son perceptibles sino a través de una INMERSIÓN EXPERTA DE LA MIRADA. Allí, entre esos pliegues, proponemos trabajar.
Duración: 12 clases
Comienzo: Jueves 4 de marzo
Horarios opcionales: De 11 a 13 / De 19 a 21
Cupo: 10 personas
Contacto: javiercababie@yahoo.com.ar / aseselovsky@yahoo.com.ar
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diciembre 29th, 2009 · No Comments
- A mí no me gusta escribir.
- ¿Cómo es que no te gusta escribir?
- El resultado me gusta, pero no el proceso de escritura. Me impresiona la gente que dice “estoy escribiendo un libro y lo estoy disfrutando”. ¿Cómo que está disfrutando? Para mí la escritura no es un momento de disfrute. Es un momento de soledad, de agobio, de no encontrar caminos, de no saber si la pegaste hasta que el proyecto está tan avanzado que después volver a atrás es una pesadilla, de desconcierto, de aburrimiento de probar, de tirar abajo y volver a construir. Yo preferiría estar trotando.
Entrevista con Leila Guerriero, la autora, sí, de uno de los dos libros más importantes del 2009: Frutos extraños.
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noviembre 25th, 2009 · No Comments
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noviembre 13th, 2009 · No Comments
En 1978, Alma Guillermoprieto viajó a Managua para encontrarse con la guerrilla sandinista, con una ciudad que poco lo parecía, y con su vocación de periodista. Éste es el relato sobre aquella primera vez, que se publica en el libro Con la sangre despierta (Editorial Sexto Piso), que compila textos de 11 escritores latinoamericanos que cuentan su experiencia al enfrentarse a una ciudad ajena.
La gran Alma (maestra de maestras en una calurosa Cartagena de Indias, circa enero de 2006) publica esta crónica, imperdible como todas las suyas, en el último número de Gatopardo.
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septiembre 19th, 2009 · No Comments
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septiembre 18th, 2009 · No Comments
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septiembre 17th, 2009 · No Comments
Primera y segunda parte de la entrevista que le hicieron a Martín Caparrós el martes, en la librería Eterna Cadencia.
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