Entries Tagged as 'Libros / Novedades'
Marketing
“MacLaren dijo una vez que había aceptado a Sid Vicious en los Pistols no por su música, sino porque su inminente muerte iba en la dirección en que la banda tenía que avanzar. Eso es marketing”.
Transformaciones
“Por otra parte, todo te transforma. Estar con gente te transforma. Trabajar con gente que conocés o no conocés te transforma. Salir a la calle te transforma. Y nosotros teníamos muy claro que la esencia del punk no existía. Menos a esa altura del partido en un país agrícologanadero donde la clase media escuchaba ritmos seudotropicales en los casamientos”.
Intensidad
“El punk no es estar quebrado y borracho en una zanja. Por lo menos, no para mí. Y tampoco es esa ideología trasnochada de la rebelión y la histeria. Esas dos cosas existen desde siempre. ‘¿Y entonces?’, me preguntó una periodista una vez. Y yo le dije: ‘Creo que tiene que ver con existir sin autorización y con intensidad. Y hacerlo a pesar de las limitaciones’. Ahora suena hasta un poco ridículo”.
Decadencia
“El punk nació como producto de la decadencia. Su esplendor fue su final. Ya en plena explosión punk se hablaba de desgaste, de cansancio, de saturación. Pero viviendo en el punk está el poder regenerativo del rock con todos sus defectos y todas sus aterradores virtudes”.
Amargados
“‘Los punks británicos son unos amargados. Cantan canciones sobre el problema del desempleo y eso no puede ser muy alegre, nosotros también estábamos desocupados cuando empezamos y eso no nos impidió hacer canciones divertidas. Ellos tienen una mentalidad muy negativa’. Lo dijo Dee Dee Ramone, bastante antes de que lo encontraran boca abajo en un suburbio de Los Ángeles”.
(Fragmentos de Mi nombre es Rufus, Juan Terranova, Interzona, 2008).
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Junio 18th, 2008 · 1 Comment

Y hablando de literatura lujuriosa: ahí viene Ramón Paz, ese inseparable compañero de aventuras. Fieles seguidores de la primera hora, esperamos con ansias el ejemplar autografiado.
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Junio 18th, 2008 · 1 Comment

Visto durante el mes de mayo en la librería La Central, del modernísimo barrio del Raval, Barcelona, España. ¡Cucurto, de Constitución al mundo!
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Acá, en Barcelona, hay un enorme cementerio en la montaña: apenas uno entra en la ciudad desde Valencia, se cruza con una ladera repleta de cruces y nichos desde la base hasta la cumbre. Es de una belleza escalofriante. Se lo comenté a Ignacio Echevarría mientras almorzábamos, en el restaurante Flash Flash, y él me dijo que sí, que suele recomendarle a los visitantes una excursión a ese cementerio, donde está enterrada la alta burguesía catalana del siglo pasado, ya que entre nichos y esculturas fúnebres encargadas por los ricos a los artistas más destacados del momento, hay más arte allí en muchos museos de España.
Comemos en el Flash Flash, donde en los años 60 se reunía la Gauche Divine (Barral, Herralde, los hermanos Moix, De Moura). El lugar parece salido de una película de Kubrick, y está tal cual lo inauguraron, cuarenta años atrás, aunque como todo aquí, perfectamente impecable (es decir: como si lo hubieran montado ayer). Le pregunto a Echevarría por los lugares donde se reúne la intelectualidad catalana, y me mira con asombro. Me dice algo así como que en Buenos Aires estamos mal acostumbrados, aquí nadie se junta en bares o en restaurantes a discutir de política o a hablar de literatura (lo de Buenos Aires, claro, es una exageración). Está mal visto, dice, y se ríe. Luego hablamos de la influencia de los diarios gratuitos (una plaga por aquí) en el periodismo español, de la pobreza de los suplementos culturales, del futuro de la industria del libro (negro para mí; favorable para él, mientras siga siendo tan barato y fácil editar libros, hasta que se genere una conmoción similar a la que Internet generó en el negocio musical). También me habló muy bien de la última novela de Sergio Bizzio, “Era el cielo”, y de la primera de Iosi Havilio, “Opendoor” (dos de los libros que no casualmente traje para regalarle a las amigas que me alojan).
Echevarría es inteligente, amable, culto y tiene un gran sentido del humor. Le pregunto cuándo volverá a hacer crítica literaria y no lo piensa un segundo y dice que, la verdad, no hay ningún proyecto que lo reclame o le interese. Y que tampoco tiene la necesidad. Ya hizo mucho de lo que quería hacer, y ahora se dedica a la edición free lance: está bastante ocupado trabajando en las obras completas de Kafka, de Nicanor Parra.
El día anterior había leído una nota que me llamó la atención desde la tapa de ADN (uno de los periódicos gratuitos más conocidos de aquí). Decía, con tipografía enorme desde la tapa: “Editores independientes”. Y nada más. El artículo ponderaba la importancia de este tipo de actores del campo literario, y entrevistaba a tres personajes, para la periodista, fundamentales o novedosos: el editor de Acantilado, el de Península y a Jorge Herralde. Esos son los editores independientes españoles.
Más tarde me junto con Pere Sureda, que edita las antologías de cuentos breves en España. Es un tipo elegante que vivió un buen tiempo en la Argentina, país al que vuelve seguido. No deja de sonarle el celular un segundo. Se disculpa, y atiende. Luego pide un agua con gas y me mira con cierta incredulidad, y me dice que el primer tomo de la antología va por la sexta edición en menos de un año, y el segundo por la tercera, en apenas tres meses. Que hace diecisiete semanas los libros están en la listas de best sellers del diario ABC, y que él es el primer sorprendido. Yo, el segundo, digo, y hago cálculos mentales sobre las liquidaciones de derechos de autor. Hablamos de los diversos puntos de ventas, él vuelve sobre la futura desaparición de las librerías pequeñas y de cómo en los grandes centros comerciales los libros están cada vez más lejos del alcance de los consumidores. Lo había visto: en Fnac, El corte inglés y otros centros, primero están los reproductores de dvd, los plasma, los palos de golf: todo a la vista, mientras los libros pasaron del primer piso al segundo, y del segundo al tercero, hasta que en cualquier momento los van a meter en el depósito de la terraza. “Los márgenes de ganancia”, me explica Sureda. “No hay con qué competir”.
Saco un ejemplar de “La joven guardia” y tardo algunos minutos en convencerlo de que lo edite en Belacqva. Finalmente, cede. “Lo hago, vale, pero como impuesto revolucionario. Y a condición de que te pienses una nueva antología”. Es un trato. Serán unos tres mil ejemplares. Se publicará en el 2009.
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Acaba de salir el tercer número de 150 monos, que se puede bajar de acá.
Y este es el sumario:
Kimono
El llanto del payaso, Ignacio Uranga
Lo que queda del mono, Ariel Devincenzo
Movimientos incorpóreos, Nurit Kasztelan
Kin Kón
Entrevista a Ricardo Strafacce
Mono con navaja
Pasado de contradicciones, Ariane Díaz
Monoambiente
Mujeres de barba candado, Fernando Vico
Tiro de gracia, Verónica Bonafina
Segundo B, Mariano Pensotti
Mono con navaja
Maten a Borges, Santiago Sánchez Santarelli
Monólogo
Viviendo a costillas del poeta III, Gastón Mazieres
Mono con navaja
Las locas, una lectura, Carolina Berduque
Poemínidos
Alfonso Durán, Santiago Sánchez Santarelli
La banana mecánica
Crónica de un cineasta inevitable, Marcos Vieytes
La del mono
Pornosonetos, Ramón Paz
Monoaural
Larumbe, Fernando Dominguez
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Fue en agosto del año pasado. No recuerdo la fecha exacta, pero sí que era miércoles, porque iba para el taller. Venía leyendo las galeras de una novela por la avenida Juan B. Justo, desde Santa Fe y hacia Honduras. En realidad no eran las galeras, sino una impresión sin anillar y en A4 del archivo word. Estaba tan concentrado que ni me di cuenta que dos tipos se me acercaron por atrás, y cuando sentí que me agarraban del hombro salté hacia adelante, pisé los escombros de la torre que lleva como un año en construcción y me fui de boca al piso. No alcancé a amortiguar bien el golpe y quedé tirado en la vereda, de costado. Los anteojos volaron medio metro, pero no se rompieron. Fue lo primero que atiné a hacer cuando me paré: agarrarlos y ponérmelos, mientras un par de autos frenaban en medio de la avenida. Los chorros quedaron de pie, a poca distancia, sorprendidos por la reacción. Lo único que hacían era putearme. Después, se dieron vuelta y salieron corriendo. Recogí las hojas, el bolso y seguí caminando. Llegué al taller con el saco lleno de polvo y las manos en sangre. Esa misma noche, pero algo más tarde, me separé. La vida tiene esas cosas: no pasa nada hasta que pasa todo junto. Dormí en la casa de unos amigos aquella noche y algunas más. Nunca terminé la novela que venía leyendo, la misma que ahora acaba de convertirse en libro. Tal vez, ahora que pasó un poco de tiempo, sea una buena oportunidad.

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Salió el nuevo número (33, nada menos) de El Interpretador.

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Salió un nuevo número de la revista virtual No retornable.
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La vagancia cunde en esta golosina mental capitalista que es Internet (Fogwill dixit). Es por eso que todavía escasea la renovación de links a la nueva dirección de este hotel (punto com punto ar, sí). Para paliar el sedentarismo virtual, entonces, nada mejor que el liso y llano soborno intelectual: cada nuevo link a este sitio en el blogroll de los lectores será retribuido con un libro. Ensayo, ficción, lo que haiga. Pero teniendo en cuenta el precio de los libros hoy día, a equino obsequiado no se le observan los premolares. Hay que comunicar, eso sí, cada nuevo enlace a este sitio al mail que figura arriba a la derecha. Los libros estarán disponibles a mediados de mayo de 2008, para ser retirados en lugar y hora a confirmar, cuando la bendita feria nos dé a todos sosiego.
Actualización: ya están llegando los primeros mensajes, a no desesperar. ¡Invita a tus amiguitos!
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En uno de sus habituales tour de force periodísticos, Zunini postea la desgrabación completa de la charla sobre Philip Roth entre Chitarroni y Haidukowski, con la excusa de la publicación de la novela que cierra el ciclo Nathan Zuckerman: Sale el espectro.
Parte 1, parte 2 y parte 3.
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Acaba de llegarme un nuevo número de la revista que dirige Beatriz Sarlo, Punto de vista. En la tapa, con inusitada tipografía, dice: “30 años, 90 números. FIN”. Y adentro, un prólogo de la propia Sarlo donde explica las razones por que esta publicación, un ícono de la crítica literaria y la resistencia cultural, dejaría de circular.

Acabo de mandarle un mail a BS para preguntarle si, como espero, todo esto se trata de una broma. Pero sabemos que está de viaje, y que tardará algunos días en contestar.
La página web de la publicación todavía no dice nada.
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–¿A qué le llama “las miserias de la identificación”?
–Es un poco fuerte, pero recuerdo haberlo dicho. Le llamo así a la literatura que renuncia a cualquier tipo de singularidad o trabaja con el lenguaje para llegar a un lector. No es que esté mal llegar a los lectores: se puede contar una historia. No hay que polarizar, creo que ambas cosas son compatibles. La miseria de la identificación es una forma de mesianismo literario. Hacer de la literatura un producto. El escritor no puede hacer de su escritura, a priori, algo negociable. Si después le dan un premio, bueno, es un accidente. Algunos no han renunciado a nada y recibieron premios: Bolaño, Pauls. En sus inadecuaciones y singularidades se apreció una esencia valiosa, que estaba pasando algo en la literatura latinoamericana.
Oliverio Coelho acaba de publicar su primera novela realista, Ida, y Angel Berlanga lo entrevista para Crítica.
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Febrero 22nd, 2008 · 9 Comments
En marzo habrá Fogwill por partida doble: por un lado aparecerá Los libros de la guerra (Mansalva), un volumen de 380 páginas donde se recogen más de veinte años de sus artículos, columnas de opinión y ensayos periodísticos en medios; y a mediados de mes, por Interzona, se distribuye En otro orden de cosas, una de las novelas que el autor de Los pichiciegos publicó en España pero mantenía inédita en la Argentina.
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El 2007 fue un buen año para la ampliación del campo de influencia de algunos escritores argentinos. Sobre todo, de cara al mercado español, tal vez el mayor consumidor de libros en castellano. Juan Gelman obtuvo el Premio Cervantes (una suerte de “Nobel hispánico”), Pablo De Santis el Planeta Iberoamericano, Ariel Magnus el Norma y Martín Kohan el Herralde (el premio de la editorial Anagrama, obtenido por Juan Villoro y Roberto Bolaño, por ejemplo, en ediciones recientes). Al mismo tiempo, se estrenó la película basada en El pasado, de Alan Pauls, lo que le dio a su novela un impulso extra.
Parece, entonces, que ha llegado el momento de los argentinos en España. Jorge Herralde estaría pensando en incorporar algunos otros nombres locales a su prestigioso catálogo. Son muy pocos los argentinos que publican en Anagrama: Ricardo Piglia, el mencionado Pauls, César Aira (un sólo título). Es de esperar que a partir de ahora también lo haga Kohan. Por el momento, se supo que hay una novela de Juan José Becerra en evaluación. Y, sobre todo, trascendió el que tal vez sea el pase literario del año: Martín Caparrós abandonaría, luego de muchos años, la editorial Planeta, y se sumaría al fondo editorial de Herralde.
Lo haría, para más información, entre marzo y abril de 2008, y con una novela sobre la militancia de los 70 que promete generar más de una controversia. En la proyección en el presente del partido entre Babélicos y Planetarios de la década del 80, está claro que (si es por prestigio) los Babélicos vienen ganando por goleada.
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Ayer hablaba por teléfono con el distribuidor del último libro de Harry Potter en la Argentina, que llega a las librerías a principios de febrero.
El editor estaba por salir de vacaciones, pero se lo notaba preocupado. Yo le decía que se tranquilizara, que me imaginaba que el libro se movería solo. “No te creas”. Algo en el tono de cómo lo dijo me llevó a preguntarle cuántos ejemplares de la edición española iban a traer a la Argentina. “¿Cuántosss?”, repetí, porque pensé que había escuchado mal.
-Sí, lo que escuchaste: ciento ochenta mil ejemplares.
-Y…¿cómo se traslada esa cantidad de libros? ¿Cómo los van a traer?
-Ya están acá. Hay siete containers esperando en la Aduana.
Definitivamente, el del libro es un negocio en el que lo fundamental es la cantidad.
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Diciembre 10th, 2007 · No Comments
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Noviembre 8th, 2007 · 4 Comments
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Noviembre 5th, 2007 · 3 Comments
MARTIN KOHAN
GANADOR DEL XXV PREMIO HERRALDE DE NOVELA
El jurado compuesto por Salvador Clotas, Juan Cueto, Esther Tusquets, Enrique Vila-Matas y el editor Jorge Herralde seleccionó las siguientes 6 novelas de las 201 presentadas al Premio Herralde de Novela, convocado por Editorial Anagrama y dotado con 18.000 euros:
Volveré y conmigo el fuego, de Francisco Calderón (pseudónimo), México
Ciencias morales, de Miguel Cané (pseudónimo), Argentina
En qué piensas cuando no piensas en nada, de Rictus Ceballos (pseudónimo), España
La profecía, de Roberto Echavarren, Uruguay
Novela total, de Pablo Tenembaum (pseudónimo), Argentina
La velocidad, de Alfonso Yáñez (pseudónimo), España
Pasaron a la deliberación final las dos siguientes:
Volveré y conmigo el fuego, de Francisco Calderón (pseudónimo), México
Ciencias morales, de Miguel Cané (pseudónimo), Argentina
Resultó ganadora, por mayoría, Ciencias morales de Martín Kohan (presentado bajo el pseudónimo de Miguel Cané), Argentina, y finalista Recursos humanos de Antonio Ortuño (presentado bajo el pseudónimo de Francisco Calderón y el título Volveré y conmigo el fuego), México. Aparte de la calidad de todas las obras finalistas, cabe destacar la amplia presencia de escritores latinoamericanos, un reflejo de los numerosos manuscritos de dichos países que se han presentado al Premio. El resultado final confirma los pronósticos.
CIENCIAS MORALES
Martín Kohan
Los muros del colegio son gruesos y consistentes. Prometen preservar la rutina de los días de estudio de todo lo que pueda estar pasando fuera, de todo lo que –de hecho– está efectivamente pasando fuera, en las calles vecinas, en Buenos Aires, en esa Argentina de 1982. ¿Pero qué espacio limitan esos muros, un lugar de adquisición del saber o un recinto sadiano? Porque el colegio extiende su jurisdicción más allá de la enseñanza, imparte a sus alumnos una rigurosidad que no deben descuidar en ninguna circunstancia de sus vidas, una implacable moral que debe constituirse en el inflexible esqueleto de todos sus actos.
María Teresa es preceptora en este colegio, o sea, una inocente –o quizá sólo ignorante– maestra de ceremonias. Tiene veinte años, empezó a trabajar cuando todavía era verano, y el señor Biasutto, el jefe de preceptores, le reveló en su primera entrevista la actitud que convenía adoptar con los alumnos. Porque no era fácil obtener lo que él llamaba «el punto justo» para la mejor vigilancia. Una mirada alerta a la que no se le escapara nada pero que no fuera evidente, para no poner sobre aviso a los estudiantes. Una mirada a la que nada le pasara inadvertido, pero que pudiese pasar inadvertida ella misma. Quizá la mirada del perverso, o del carcelero, o del amo. Y María Teresa, que admira al señor Biasutto, se perfecciona como preceptora, se esmera en la aplicación de las normas y la corrección de las conductas.Pero si todo está prohibido –hasta para ella misma–, todo es transgresión.
Y cuando María Teresa, persiguiendo un vago, quizá inexistente olor a tabaco, comienza a esconderse en los lavabos de los chicos para sorprender a los que fuman y llevarlos ante la autoridad, y poco a poco hace de ello un hábito oscuramente excitante, no es de la violación de las reglas sino de su aplicación a ultranza de donde surgirán la torsión y el desvío, de la rigurosa vigilancia de una completa rectitud, de la custodia inflexible de una normalidad total y atroz. Una vigilancia, una custodia que tal vez estén siendo aplicadas más allá del recinto de este pequeño mundo cerrado que nos descubre Martín Kohan. Porque extramuros de ese colegio donde estudian y han estudiado las futuras clases dirigentes, hay otro mundo, hay un país que acaso se le asemeja.
Ciencias morales confirma indiscutiblemente la extraordinaria madurez narrativa de uno de los autores más inteligentes, más estimulantes, de la reciente literatura argentina.
Martín Kohan nació en Buenos Aires en enero de 1967. Enseña Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de la Patagonia. Ha publicado tres libros de ensayos, Imágenes de vida, relatos de muerte. Eva Perón, cuerpo y política (1998; en colaboración con Paola Cortés Rocca), Zona urbana. Ensayo de lectura sobre Walter Benjamin (2004) y Narrar a San Martín (2005); dos libros de cuentos, Muero contento (1994) y Una pena extraordinaria (1998); y seis novelas, La pérdida de Laura (1993), El informe (1997), Los cautivos (2000), Dos veces junio (2002), Segundos afuera (2005) y Museo de la Revolución (2006). Zona urbana fue editado en España por Trotta, y las novelas Segundos afuera y Museo de la Revolución por Mondadori. Sus obras se están publicando en editoriales tan prestigiosas como Einaudi (Italia), Serpent’s Tail (Reino Unido), Seuil (Francia) y Suhrkamp (Alemania).
Las obras galardonadas en las anteriores convocatorias han sido:El héroe de las mansardas de Mansard, Álvaro Pombo (1983); El desfile del amor, Sergio Pitol (1984); El silencio de las sirenas, Adelaida García Morales (1985); El hombre sentimental, Javier Marías (1986); Diario de un hombre humillado, Félix de Azúa (1987); La Quincena Soviética, Vicente Molina Foix (1988); La gran ilusión, Miguel Sánchez-Ostiz (1989); Accidentes íntimos, Justo Navarro (1990); La historia más triste, Javier García Sánchez (1991); El sueño de Venecia, Paloma Díaz-Mas (1992); Aves de paso, J.M. Riera de Leyva (1993); La historia del silencio, Pedro Zarraluki y La ciudad doble, Carlos Perellón, ex-aequo (1994); Un mundo exasperado, J.A. González Sainz (1995); Las bailarinas muertas, Antonio Soler (1996); La noche es virgen, Jaime Bayly (1997); Los detectives salvajes, Roberto Bolaño (1998); París, Marcos Giralt Torrente (1999); Los dos Luises, Luis Magrinyà (2000); Últimas noticias de nuestro mundo, Alejandro Gándara (2001); El mal de Montano, Enrique Vila-Matas (2002); El pasado, Alan Pauls (2003); El testigo, Juan Villoro (2004); La hora azul, Alonso Cueto (2005); La enfermedad, Alberto Barrera Tyszka (2006).
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Octubre 31st, 2007 · 8 Comments
Es primicia:
Acaba de conocerse la novela ganadora del premio Indio Rico, que organizó la Editorial Entropía y cuyo jurado estuvo compuesto por Daniel Link, Alan Pauls y César Aira (casi nada).
Se trata de Berasachussets, del escritor Leandro Alvarez Bacha (que tiene una novela inédita llamada Los Herman y cuyo cuento Serialismo había sido premiado por Eloísa Cartonera).
La entrega será a fines de noviembre en el Centro Cultural Rojas. Desde aquí, nuestras más sinceras congratulaciones.
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Octubre 29th, 2007 · 2 Comments
Ya salió el último número de No retornable, con un dossier sobre literatura y mercado.
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Octubre 8th, 2007 · 1 Comment
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Setiembre 10th, 2007 · No Comments
Se acaba de distribuir La Argentina crónica, una selección de textos escritos por los mejores cronistas argentinos publicados en medios nacionales y extranjeros entre 1997 y 2007.

Los autores son: Cristian Alarcón, Guido Bilbao, Hernán Brienza, Cicco, Julián Gorodischer, Leila Guerriero, Josefina Licitra, Pablo Plotkin, Carolina Reymúndez, Daniel Riera, Gonzalo Sánchez, Esteban Schmidt, Alejandro Seselovsky y Martín Sivak.
El libro lleva, además, un prólogo sobre el género de Martín Caparrós.
Y una introducción, que es la que pego acá abajo.
Apuntes sobre la crónica periodística
Es probable que lo que hoy conocemos como crónica periodística haya estado siempre ahí: desde los escritos de Heródoto –el llamado “padre de la historia” fue, tal vez, el primero que emprendió voluntariamente la tarea de viajar para contar– a Truman Capote, pasando por las aventuras de los adelantados del siglo XV y los viajes de los naturalistas del siglo XIX. Todos, a su manera y con distintos fines, se vieron tentados a narrar y describir los hechos más interesantes de su tiempo –y a dejar su propia huella en aquellos relatos.
Pero lo que importa aquí es que bien entrado el siglo XX en la Argentina –más precisamente entre 1950 y 1970, mientras en los Estados Unidos el mismo Capote junto a Tom Wolfe y Norman Mailer se aplicaban a tareas similares, bajo un rótulo de alta potencialidad comercial: el New Journalism– supo florecer una generación de cronistas notables, que ejercían el periodismo con plena conciencia de las herramientas que les ofrecía la ficción literaria, entre los que destacaban Enrique Raab, Rodolfo Walsh y Tomás Eloy Martínez. Ese género, cuyo primer resultado visible –suele repetirse– fue la aparición de un libro capital, el Operación masacre de Walsh, pareció replegarse durante la dictadura militar (1976-1983), ya que el contexto no sólo hacía impracticable sus fines más evidentes –centrarse en las historias que el periodismo informativo tradicional suele soslayar, profundizar en sus razones, indagar sus causas, cambiar el foco de interés o prestar voz a los que no la tienen, en fin: construir el relato del antipoder–, sino que tampoco ofrecía espacios para que aquellas piezas fueran publicadas.
Por razones obvias, con el regreso de la democracia los medios de comunicación de masas se dedicaron a dejar constancia de los crímenes de la represión ilegal y, más tarde, a lo largo de la década del 90, el periodismo hizo de la investigación de la corrupción estatal su tópico casi excluyente. Así, mientras en su gran mayoría la prensa se dedicaba a fiscalizar, investigar y juzgar a los funcionarios de la alta política, el interés por la crónica (a la que algunos llaman, también, periodismo narrativo) menguó notablemente. Aunque, hay que decirlo, hubo una honrosa excepción: a través de una serie de relatos de viaje recogidos en libros como Larga distancia, Dios mío y, más tarde, La guerra moderna, Martín Caparrós se moldeó como el gran cronista argentino, proyectando su influencia sobre una nueva generación de periodistas jóvenes que, por entonces, se formaba y daba sus primeros pasos en los medios. Esa generación es, precisamente, la que este libro pretende presentar en conjunto por primera vez.
¿Qué es una crónica periodística? Encontrar un significado unívoco no es tarea sencilla: las definiciones varían de acuerdo a las fuentes bibliográficas utilizadas o a quién sea el que intente formularlas. Pero podemos arriesgar algunas: una crónica es un relato periodístico de una extensión bastante más amplia que la que suele aparecer en la prensa diaria. La crónica, queda dicho, no busca sólo informar. Sus objetivos pasan, también, por ofrecer una mirada personal de los hechos narrados, por poner en juego la propia subjetividad del narrador, por componer una historia utilizando las herramientas de representación –como se dijo– que parecían exclusivas del campo de la literatura: la variante de puntos de vista que ofrece la primera, segunda o tercera persona, el uso de guiones de diálogo, de monólogos interiores, de largas descripciones o digresiones funcionales al relato. La crónica utiliza, en su beneficio y mixturándolos, los demás géneros periodísticos: el reportaje, la entrevista, el perfil, la investigación. Y pretende construir, a través de ellos, una suerte de “relato total”.
Quede dicho: no se trata, tampoco, de meras cuestiones formales. Para Caparrós, por ejemplo, la crónica no es “sólo un lujo narrativo”, como declaró hace poco tiempo en una entrevista, sino que implica reflexionar y poner en acto una actitud, si se quiere, ético-política frente al ejercicio de la profesión. “Frente a la decisión de los grandes medios de actualidad de postular que importa lo que le sucede a la gente que tiene poder, la crónica habla de otro tipo de gente. Para las personas comunes, la única posibilidad de salir en los diarios es un choque de trenes, un crimen pasional o algún que otro accidente. Sin sangre es muy difícil que una persona común salga en los diarios. Los que salen en los diarios son los que tienen poder. Políticos, económicos o del espectáculo: actrices, futbolistas, modelos. Y eso postula una idea muy fuerte del mundo: que lo que importa es lo que le pasa a la gente que tiene poder. Eso es lo que te está diciendo el diario todo el tiempo. Marca agenda y marca una forma de ver el mundo. En cambio la crónica habla de otra gente. Y en ese sentido me parece muy política”.
El escritor y cronista mexicano Juan Villoro, por su parte, suele afirmar que la crónica es “literatura bajo presión”. Y agregamos: un catalizador, un aleph; una versión insospechada de lo real; lo opuesto de una noticia; un texto de no ficción atravesado por la mirada del cronista; una verdad hermosamente dicha; la única versión del mundo antes del final de todo; un ejercicio de libertad narrativa; la negación del paradigma estúpido de la “objetividad periodística”. Todas éstas definiciones posibles para el género, presentes en este libro y formuladas por los propios autores de los textos que lo componen.
Por los mismos motivos que la constituyen, la crónica presenta ciertas dificultades de circulación en un mercado periodístico como el actual, en el que los relatos extensos parecen abolidos por decreto y en el que la imagen ha plantado la bandera de su preeminencia. Así las cosas, los cronistas argentinos suelen publicar sus historias en revistas que se editan en otros países de Latinoamérica, publicaciones que son marca registrada del género como Gatopardo, SOHO, Donjuán, El Malpensante (Colombia) o Etiqueta Negra (Perú), entre otras. Algunos medios locales como la desaparecida TXT o las revistas Rolling Stone y Playboy dedican, cada tanto, espacios para éste tipo de relatos; pero no dejan de configurarse como la excepción a la norma.
Por otra parte, la dificultad para llevar adelante la elaboración de esta clase de textos suele tener, también, razones económicas: para abordar una historia y convertirla en crónica según las pautas que el género demanda, se necesita, sobre todo, de una generosa cantidad de tiempo –semanas, meses. Tiempo que muy pocas veces los periodistas argentinos están en posibilidad de conseguir. Sin embargo, más allá de las fronteras, en seminarios, talleres y congresos, no deja de hacerse referencia a una suerte de “auge de la crónica”. Leila Guerriero publicó un artículo sobre el tema, titulado “Sobre algunas mentiras del periodismo”. Allí escribe: “Pocos medios gráficos están dispuestos a pagarle a un periodista para que ocupe dos o tres meses de su vida investigando y escribiendo sobre un tema. Los editores suelen funcionar con un combustible que se llama urgencia y con el que la crónica no suele llevarse bien. Finalmente, y quizás sobre todo, pocos medios están dispuestos a dedicarle espacio a un texto largo ya que, se supone –lo dicen los editores, lo vocean los anunciantes, lo repiten todos–, los lectores ya no leen. Y sin embargo, sin medios donde publicarla, sin medios dispuestos a pagarla y sin editores dispuestos a darles a los periodistas el tiempo necesario para escribirla, se habla hoy de un auge arrasador de la crónica latinoamericana. Después del misterio de la Santísima Trinidad, éste debe ser el segundo más difícil de resolver”.
La paradoja queda planteada, aunque tal vez haya un una cuota de verdad en las dos situaciones: quizá hoy el género haya alcanzado uno de sus picos máximos de visibilidad –hoy muchos jóvenes periodistas a quienes no les interesa el ejercicio de la prensa diaria tradicional quieren convertirse en cronistas–, producción y calidad, lo que hace aún más evidente la escasa voluntad de riesgo editorial que no repara en la tarea de construir los espacios para que ése trabajo pueda ser exhibido.
¿Por qué hay quienes ven en la crónica un lugar de resistencia al discurso hegemónico que pretenden imponer los grandes conglomerados de medios? Mitificaciones al margen, existe una respuesta posible: modificada por la revolución tecnológica, las nuevas formas de producción, consumo y circulación de la información, el periodismo está sufriendo importantes transformaciones. Alcanza con recordar que hasta hace diez o quince años aún se escribía a máquina y los artículos se transmitían por teléfono de línea o fax, sin mencionar los profundos cambios producidos en el ámbito de la fotografía. Hay tendencias que sostienen que las ediciones electrónicas de los diarios desplazan, de a poco pero de manera sostenida, a las de papel. Aunque no hay por qué ponerse apocalíptico: lo más probable es que esto no signifique la inminente desaparición de los medios informativos, o que el periodismo sea una actividad en vías de extinción. Más importante sería pensar que todos estos cambios podrían reconvertir al oficio en un sentido positivo. Tal vez muy pronto –¿ya mismo?– los grandes medios se ocupen de ofrecer la pulpa de las noticias –mejor y más rápido, con posibilidades de corregirla y actualizarla al instante–, y muchos diarios y revistas se vean obligados a ofrecer, a un lector más exigente, lo que va a demandar por su paga: análisis, reflexión, opinión y calidad narrativa. Una de las salidas para satisfacer a este nuevo lector, por supuesto, sería la de procurar un espacio más generoso para la publicación de crónicas periodísticas.
Este libro pretende ofrecer una muestra de las mejores piezas del género que se produce hoy en la Argentina. Se trata de catorce crónicas cuyo eje temático es la Argentina, publicadas entre 1997 y 2007, pero que lejos del ensayo sociológico piensan y retratan al país a través de múltiples miradas: un viaje a través del fútbol, el folclore y la televisión argentina, pero también sobre su –tan en boga– turismo sexual, sobre las huellas de la dictadura militar, la venta de la Patagonia a manos extranjeras, los circuitos informales en que se tejen los acuerdos políticos y un seguimiento de los más resonantes casos judiciales y policiales –desde el asesinato de José Luis Cabezas hasta la controversia alrededor de la adolescente Romina Tejerina. Para llegar a esta selección se realizó una convocatoria a nivel nacional y se recibieron varias decenas de textos. Los requisitos para los postulantes fueron que pudieran acreditar al menos cinco años de experiencia en medios gráficos y, como la intención era también ofrecer un recorte de la nueva generación de cronistas que comienza a hacerse visible, que tuvieran, como máximo, cuarenta años de edad. El resultado son estas crónicas, publicadas en medios nacionales y extranjeros, a las que se les anexó un breve cuestionario sobre el género que cada uno de los autores respondió –incluso poniendo en cuestión sus leyes y finalidades. Ni más ni menos que un apasionante retrato de la Argentina contemporánea.
Buenos Aires, septiembre de 2007
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Como habíamos anticipado hace algunos días, el Grupo Planeta vuelve a poner en primer plano el Premio Emecé de Literatura, al dar de baja el certamen local que llevaba el nombre del sello.
Aquí, las bases del Emecé.
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Nos advierte AFP que el gran Don DeLillo (Submundo, Ruido blanco) acaba de publicar una nueva novela, Falling man, en la que se mete con los atentados del 11-S. Según la agencia noticiosa el libro “decepcionó amargamente a los especialistas”, al centrar “el horror de las casi 3 mil víctimas en la historia de dos personas”. “DeLillo simplemente tenía que escribir sobre el 11 de septiembre, aun cuando, como el resultado demuestra muy claramente, no tiene nada original o interesante que decir al respecto”, publicó el Washington Post, y el New York Times dijo: “Lamentablemente, su novela Cosmópolis, tan extrañamente sostenida, fue una terrible decepción en 2003, y su delgado nuevo trabajo Falling man también lo es”.El título del libro habría sido tomado por DeLillo de la foto de Richard Drew que muestra el salto al vacío de un hombre desde una de las Torres Gemelas en llamas. La trama: Keith, el protagonista, es un hombre de casi 40 años sin un perfil definido, que trabajó diez años como abogado en la Torre Sur, y escapa del infierno en el último momento con heridas leves. Como vagando en sueños, encuentra el camino a casa, pero en realidad ésa ya no es su casa desde hace tiempo. Se separó de su esposa Lianne hace un año y medio y cada uno vive su propia vida. La catástrofe hace aparecer la esperanza de un nuevo comienzo. Keith se sume en una breve historia de amor sin perspectivas con una mujer que comparte con él la experiencia de haber sobrevivido, sólo para perderse después definitivamente en el juego de póker en Las Vegas.
Es cierto que Cosmópolis era intragable, tan cierto como que hasta ahora no recuerdo alguna novela que se haya metido de lleno con los atentados terroristas posteriores a 2001 y salga airosa. Habrá que esperar nomás a Falling man y rezar para que sea –no hará falta demasiado- menos aburrida que Sábado, de Ian Mc Ewan.
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Nos ilustra AFP:
“El subcomandante Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), lanzará en junio un libro erótico de su autoría intitulado Noches de fuego y desvelo, informó el jueves Antonio Ramírez, quien se encargó de realizar las ilustraciones de la obra. ‘Es un libro netamente erótico, con un lenguaje caballeresco, es una especie de Quijote’, dijo el artista plástico, quien fue contactado por Marcos para ilustrar el libro.
En las líneas de Noches de fuego y desvelo, el vocero del EZLN, que se levantó en armas en el estado mexicano de Chipas (sureste) en enero de 1994, no expone una autobiografía ni un ensayo acerca de la libertad, sino que muestra su lado más íntimo y personal, añadió Ramírez. Marcos ‘está bien loco de amor’, es una pasión, y la pasión nunca está ligada con la razón, entonces es una pasión malsana. Malsana entre comillas porque en realidad es un gran saludo lo que propone, la de sentirse amante, sentirse intenso’, dijo.
El texto reúne cartas dirigidas a una mujer a la que Marcos llama “Dama” y “Ella”, mientras que él se autodenomina “Sombra”, “Sombra el Guerrero” y “Sombra el Pirata”.
‘Yo pinté el libro, realice 17 óleos y 43 dibujos de colores, aparecen escenas muy eróticas, las sensaciones que siente Sombra, imágenes sexuales, actos sexuales’, indicó el artista.
Marcos realizó durante 2006 un recorrido por México denominado la ‘otra campaña’, a la par de la que realizaron los partidos políticos para las elecciones generales de julio de ese año.”
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Mi carrera literaria
Rechazos de Anagrama, Grijalbo, Planeta, con toda seguridad
también de Alfaguara, Mondadori. Un no de Muchnik,
Seix Barral, Destino… Todas las editoriales… Todos los
lectores…
Todos los gerentes de ventas…
Bajo el puente, mientras llueve, una oportunidad de oro
para verme a mí mismo:
como una culebra en el Polo Norte, pero escribiendo.
Escribiendo poesía en el país de los imbéciles.
Escribiendo con mi hijo en las rodillas.
Escribiendo hasta que cae la noche
con un estruendo de los mil demonios.
Los demonios que han de llevarme al infierno,
pero escribiendo.
Octubre de 1990
(Poema hasta ahora inédito de Roberto Bolaño que forma parte de La universidad desconocida, extenso poemario póstumo que está siendo distribuido por estos días).
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Cuando sucede, hay que señalarlo. Sobre todo cuando es un sello de los grandes, ya que por lo inusual, la decisión es doblemente destacable.
En este sentido, es notable el rescate que viene llevando a cabo DeBolsillo (Sudamericana): de un tiempo a esta parte ha reeditado algunos libros imprescindibles de Philip Roth, de Javier Marías, de Toni Morrison, de David Foster Wallace.
Y ahora vuelven a poner en circulación a una de las escritoras más deliciosas y divertidas del siglo XX, inhallable por años en las librerías porteñas -de la cual sólo podía conseguirse, en librerías de saldo y con mucha suerte, algunos viejos títulos en Ediciones B, como La soledad de las parejas.
Sí, vuelve Dorothy Parker, aquella de la célebre frase: “Lo mío es tomarme un Martini, a lo sumo dos. Después del tercero, ya estoy debajo de la mesa, y al cuarto… debajo del anfitrión”.
A disfrutar de su enorme sentido de la observación y de su humor (el mismo libro, en España, se vende a 25 euros), que deja fuera de combate a tanto feminismo de pancarta.
Acá, sólo una muestra de su magistral dominio de las narraciones breves.
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Ya tengo mi ejemplar de Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, primera novela de Bolaño, escrita en colaboración con el catalán A.G. Porta en 1984. El libro trae un prólogo de Porta sobre la escritura a cuatro manos, que en algún momento tipearemos (badie se ha tomado el trabajo aún, parece, ya que no figura en Google) y un cuento inédito llamado Diario de bar.
El precio no es lo que se dice accesible, pero la edición de Acantilado es exquisita. Y no creo que se hayan importado muchos ejemplares, por lo que están avisados.
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