Contrarreforma sigue visitando la feria.
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Estoy verde, no me sirven fernet / 2
Mayo 2nd, 2008 · 1 Comment
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Estoy verde, no me sirven fernet
Mayo 1st, 2008 · 1 Comment
Después de discutir durante semanas tonterías que cualquier estudiante de primer año de Historia descartaría (y encima delante de grabadores), y sobrevalorar (la soberbia: pecado en el que nunca pensé que incurrirían) su propia participación en el “conflicto Campo-Gobierno”, los muchachos de Contrarreforma despachan una primera e imperdible entrega de sus crónicas sobre la Feria del Libro.
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El editor como crítico frustrado (final)
Abril 23rd, 2008 · 1 Comment
Por Constantino Bértolo
El editor.
Caballo de Troya, la editorial en la que trabajo como Director Literario, es una editorial peculiar, se define como “una editorial con perfil de editorial independiente” dentro de un gran grupo editorial, Random House Mondadori, que como saben agrupa a distintas editoriales relevantes a este y al otro lado del Atlántico y que a su vez esta participada por la Multinacional Berstelsman y Mondadori Italia. Algo así como la República de Andorra, aprisionada entre los Pirineos de Francia y España. Su nacimiento proviene de circunstancias que no vienen al caso pero como iniciativa empresarial responde a una estrategia bastante clara: funcionar como editorial cantera, invernadero, laboratorio, trampolín, campo de exploración y reclutamiento de nuevo autores, nuevas propuestas, nuevas voces, retornos imprescindibles o nuevas literaturas. Como fácilmente comprenderán lo de perfil independiente traducido al castellano quiere decir de mínimo presupuesto. Jorge Herralde que reclama para sí celosamente el rótulo de independiente me definió un día como editor consentido, y no le falta razón.
Como editor pobre que soy no soy ni podría ser un editor conservador. Los pobres no tienen nada que conservar. En teoría las editoriales más pobres, que ahora se llaman independientes, no deberían ser conservadoras sino osadas y arriesgadas. A pesar de mi escaso conocimiento del mundo editorial argentino tengo la sensación de que aquí esta ecuación funciona. Veo el trabajo de editoriales como Interzona, Entropía, Beatriz Viterbo, El cuenco de plata, por citar algunas, y confirmo esta impresión. En España curiosamente la mayoría de las llamadas editoriales independientes son conservadoras, apenas algunas como Lengua de Trapo, Periférica o DVD incorporan a sus catálogos nuevas voces o propuestas; el resto reeditan clásicos o traducen autores ya homologados literariamente en su lengua de origen. Supongo que esta diferencia se debe a que los pobres españoles son menos pobres que los pobres argentinos. Recuerden:
-Ernest, he descubierto que los ricos son diferentes.
-Sí Scott, son ricos.
Esta inclinación hacia la Literatura homologada es un rasgo pertinente de la edición independiente española y la crítica les presta no escasa atención; a los editores siempre nos parece poca pero en mi opinión esta atención, aunque discreta por ubicación y espacio, sería incluso sorprendente si no entendiéramos que la crítica española es a su vez, como hemos dicho, conservadora, amante por tanto de la literatura que se viste, reviste o disfraza de literatura, en el sentido no muy favorable en que he venido hablando de ella. La literatura como humanismo en definitiva.
Mi problema como editor literario y pobre sería por tanto cómo entrar en esa casa con glamour que custodian los críticos guardianes bajo la atenta mirada escrutadora de la Bella. Esto ya sería un problema pero a esto se suma otro más: como crítico, en la parte de crítico que todo editor aporta, creo que esa casa, la casa de la literatura, es una casa más muerta que viva, una casa en ruinas, espléndidas ruinas acaso, pero ruinas. La literatura como humanismo, es decir la literatura tal y como la hemos venido entendiendo está agonizando, resistiéndose, lo que la convierte en un animal peligroso, pero agonizante. Joseph Brodsky, quizá uno de los últimos y más extraordinarios habitantes de esa casa, pensaba que la amenaza de demolición venía del Este, de lo que veía como deshumanización que surgió del frío, algo incompatible en efecto, con la Literatura. Lo que no se esperaba es que pasara lo que está pasando: que la demolición viniera del Oeste, del carácter depredador de el mercado capitalista, ya sin frenos, que como el caballo de Atila allá por donde pisa la única hierba que vuelve a brotar es la mercancía. Qué sorpresa se estará llevando Brodsky allá en los cielos literarios, él, que sabía con precisión que la Estética, de ser, es precisamente ese plus que ninguna mercancía alcanza. Y quizá se inquietaría profundamente al ver como la proliferación masiva de la palabra escrita en el ciberespacio le está arrebatando a la escritura su condición de privilegiado vehículo de lo memorable. Claro que, con perdón de nuevo, lo mío es peor: necesito entrar en una casa que está en llamas. No sin motivo busqué como slogan para la editorial una frase esquizofrénica: “Caballo de Troya. Para entrar o salir de la ciudad sitiada”, rindiendo así también un pequeño homenaje a la obra de Ángel Rama.
Entrar en una casa en ruinas porque aunque el Arte se esté desmoronando, entre la ruinas permanecerán las artes y materiales con que construir una nueva casa que nos cobije; una casa que quizá ya no se llame Literatura con mayúscula en la que no habrá salones que atemoricen, ni suelos encerados para que resbalen los advenedizos ni cuarto de servicio, donde habrá habitaciones propias pero la biblioteca no será de disfrute privado y la lectura será lectura compartida. Una casa habitable aunque su fachada no respete las proporciones áureas. Lo malo es que para construir esa casa se requiere un solar, se necesitaría primero construir ese solar, nacionalizar el suelo, acabar con la propiedad privada de las empresas inmobiliarias y, con sinceridad y queja, no veo fuerzas sociales que empujen en esa dirección. Más bien todos preferimos sufrir la hipoteca y cultivar el jardín para sentarnos a la sombra de las muchachas en flor que la Bella nos aporte como dote. Pero personalmente, editorialmente quiero decir, no me resigno, al menos todavía, a la dulce vida de jubilado, al último paraíso que el capitalismo nos promete. Estéticamente, como diría la Bella, sigo prefiriendo el sentido del rencor al sentido de humor.
Por eso me interesan las novelas dislocadas, la literatura rota, la literatura postautónoma de la que habla Josefina Ludmer, la postliteratura de Aira, la osadía de Fogwill, la preliteratura del Chitarroni de Peripecias del no, las hipérboles disparatadas de Guebel o Sergio Bizzio, Eloisa, el personaje posthumano y sin vida interior de Opendoor de Iosi Havilio, o esos personajes de Tabarovsky que hacen saltar por los buenos aires aquella sentencia de Sartre: “una cosa es lo que hacen con nosotros y otra cosa es lo que nosotros hacemos con lo que han hecho con nosotros”. Una sentencia en la que el humanismo de izquierdas quiso encontrar su último refugio.
Y por eso me interesa muy especialmente la mala literatura. Porque la mala literatura permite decir cosas que la buena literatura censura. Les pongo un ejemplo: en Madame Bovary ustedes recordarán que cuando el pobre Charles Bovary presenta al padre de Emma su deseo de contraer matrimonio, este le dice que aguarde delante de una ventana de la casa mientras él le traslada la proposición a su hija. Durante veintisiete minutos, precisa Flaubert, Charles esperó hasta que se abre la ventana como señal de aceptación. En una novela en la que la cuestión del matrimonio es fundamental ¿cómo puede ser que se nos hurte esa larga conversación de veintisiete minutos entre Emma y su padre?, pues porque Flaubert sabe que la buena literatura no le permite contarla, pues si lo hiciera parte del misterio romántico de Emma se vendría abajo y la crítica hablaría de escena discursiva, demostrativa, prosaica, que impide al lector participar creativamente o que rompe la sagrada regla del punto de vista. A mí sin embargo me gustaría leer esa escena y por eso me interesan como editor esas extrañas fronteras donde se encuentran y desencuentran la buena y la mala literatura.
Final.
Termino contándoles un dilema que hace poco se me presentó como editor: Cuando puse en marcha Caballo de Troya decidí leer personalmente todos los originales que me llegasen. Leer un original como comprenderán no es leer todo el texto de cabo a rabo, a veces con leer la dedicatoria es suficiente. Recibo unos cuatrocientos ejemplares al año. Hace unos meses me llegó uno que me llamó la atención. Empecé a leerlo y me di cuenta pronto de que no estaba muy bien escrito, no es que tuviera problemas de sintaxis u ortografía pero la adjetivación era bastante tópica, los personajes, predecibles, estaban construidos con alfileres y el tonillo era un poco sentimental, pero contaba una historia: cómo el deseo de ser felices es un peligro que siempre nos acecha, y entendí, más como tribuno que como guardián, que esa historia merecía y debía hacerse pública. Me preocupaba la censura, la mirada de los guardianes sobre un texto débil desde su óptica. Caballo de Troya no es una editorial a la que se le exija vender mucho pero necesita por su propio perfil tener una buena recepción crítica. Me imaginaba a los críticos diciéndose: pero cómo Constantino que fue el primer editor de Sebald en castellano ha podido publicar esta novela tan inane. Sebald, ya saben, el Arte como duelo*, la nostalgia del desaparecido tono alto, la cultura como complicidad; pero cómo Constantino el editor de Cormac McCarthy publica esta historia de sentimientos tan banales. McCarthy, ya saben, desgarro y aspereza en plan Grupo salvaje de Pekimpah, la nostalgia por el paraíso machista perdido, la catástrofe como confort espiritual. No sabía qué decisión tomar, cierto que en la novela había algunas referencias al jazz, lo que siempre queda fino, algún pequeño misterio pero sin ninguna simetría deslumbrante, y por demás tenía un argumento que argumentaba – me van a acusar de publicar una novela de tesis, me decía-, había más intriga, qué esta pasando, que suspense, qué va a pasar – les va a parecer aburrida, calibraba-, y no era una novela que halagase las altas pasiones cursis del lector, en plan El último encuentro de Sandor Marai, ni que le permitiese, como las novelas de Javier Marías, sentirse especialmente inteligente. No era, en definitiva, una novela que fuese a gustar a esos críticos a los que lo que más les gusta de la literatura es que les guste la literatura ¿Qué hacer? (Recuerden: Vladimir Ulianov Lenin. Editorial Progreso. Moscú, 1964). Finalmente encontré una solución para que la novela pudiese entrar, aunque fuera de contrabando, en la ciudad sitiada. Le propuse al autor que la novela se abriese con una cita de Rainer María Rilke. Funcionó. No me llamen cínico. Si hay que alimentar a la Bella no es mi culpa, para bien o para mal agoniza pero sigue viva y su rostro nos sigue atrayendo. No me delaten, por favor. Sólo soy un crítico frustrado. Si fuera un editor argentino le hubiera propuesto una cita de Juan José Saer. A veces una cita funciona como las ristras de ajos contra la insolencia de los vampiros.
Bueno, espero no haber ofendido a ningún creyente, sacerdote, sacerdotisa, monagillo, beata o beato. Soy ateo pero yo también quiero ir al cielo. Ocurre sin embargo que allí la Bella y la Bestia ocupan tanto espacio que apenas dejan sitio para nadie. Habría que desalojarlos para que el lugar fuera un lugar habitable. Quisiera una crítica que me ayudase a expulsarlos. Non serviam ¿Recuerdan a Satanás? Lo desterraron del cielo. Non serviam. Muchas gracias.
(*) Martín López Navia. “Campo de batalla”. Edit Furafumos. Lugo 1986.
(*) Rosenblatt, L, “Writing and reading: The transactional theory”. Illinois Unv. 1988.
(*) Hordelin.
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El editor como crítico frustrado (4)
Abril 18th, 2008 · 3 Comments
Por Constantino Bértolo
Pero ya llegamos, no se impacienten, a la postmodernidad, es decir, a 1973, el año de los desacuerdos de Bretton Woods, a ese momento en que el capitalismo abandona el patrón oro, toda una metáfora, y se ve obligado para sobrevivir a abandonar cualquier fuente de legitimidad que no sea la propia: el beneficio económico. Las necesidades financieras que provoca el gran déficit comercial USA y del que se nutren el resto de las economías mundiales, exigen que el dinero se vea libre de cualquier sujeción a lo real. Desde entonces el dinero será sólo eso: dinero fiduciario, un acto de fe y la fe ya se sabe que si hace falta se impone a golpe de poder militar. Cualquier otra legitimidad queda a corto, medio o largo plazo derrocada. La postmodernidad inicia su avance y maquiavélicamente va a presentarse como una liberación: todas la legitimidades son válidas proclama en plan las mil flores de Mao, ¿Mao-Tse-Tung, recuerdan?, como si el capitalismo desatado no supusiera su destronamiento final por larga que estén resultando sus postrimerías. ¿Recuerdan a Milton Friedman haciendo ingeniería neoliberal sobre el cadáver de Allende? La ruptura con el oro, simbólica y materialmente, conlleva el destierro de cualquier valor intrínseco, el abandono de aquellos ropajes con que las democracias capitalistas habían venido vistiendo su labor civilizatoria; adiós al brillo, la distinción, a lo permanente, al aprecio de lo escaso, a los valores sólidos, palpables, conmensurables, cuantificables, eternos, a los valores en los que venía asentando su prestigio y autoritas la Bella humanista de nuestra historia.
Estamos asistiendo al siglo de oro de una burguesía que fin ha conseguido librarse de las rémoras aristocráticas que otrora le sirvieron para legitimarse. Ahora sí, ahora el contrato es el único código de relación social, cultural, político y está mandando a la estética al baúl de los recuerdos, donde habitan los quejumbrosos de la alternativa y de la noble autonomía del arte. Tanto hablar de la muerte del arte y de la desaparición del autor, y ahora resulta que el capitalismo se ha convertido en el más radical de los movimientos antiarte. En pleno despliegue global la burguesía ha decidido que ya no necesita vestirse con valores ajenos y que su propia ley, la lógica del beneficio, soy lo que compro, soy lo que vendo, es la única palabra legítima. Le llega con su propio cuerpo y ha decidido vender hasta su alma. Alma que por otra parte, no nos engañemos, siempre ha despreciado. La legitimidad burguesa empezó por entonces a decir adiós a sus compañeros de viaje: la política, la religión, el humanismo, la Estética. No sé en Argentina si sucedió algo semejante pero en España el Bretton Woods de la Estética, de la Literatura como alto patrimonio de la Humanidad y de la crítica como guardiana del nivel de exigencia formal se puede fechar: personalmente entiendo que la presentación del escritor Juan Benet al premio Planeta de 1980, con una novela, Aire de un crimen, que quedaría finalista, es el momento simbólico en que la Literatura se quita, gozosa e hipócrita, los tapones de cera de los oídos y se arroja en brazos de las sirenas del mercado, vendiendo su autonomía por un plato de lentejas y una buena cantidad de dineros. He visto a los mejores cerebros de mi generación destruidos por la locura,/ voraces, histéricos, desnudos,/ arrastrándose por las noches, en busca de algún premio literario. Aullido. Allen Ginsberg.
Lo de Benet no fue un hecho aislado: en los mismos años participan y legitiman el Planeta, paradigma hasta entonces de la Literatura no literaria, autores como Juan Marsé, Manuel Vázquez Montalbán o Jorge Semprúm. Son los años en que la narrativa española “se normaliza” es decir se pone al servicio del mercado: historias muy narrativas, es decir, con crimen, investigación y desenlace, prosa bonita color pastel, narrador escéptico, sustitución borgiana del argumento por la simetría y del conflicto por el misterio, gotas de metaliteratura y un existencialismo cursi – no se si esto es una redundancia- como fondo ideológico. Y la crítica aplaudiendo la buena nueva: al fin Stevenson habitó entre nosotros. Resumiendo y para no cansarles sólo decir que el existencialismo cursi sigue siendo el tono dominante desde entonces y el proceso de entrega al mercado se irá acelerando: la Vanguardia es el mercado; los premios literarios reinan en total impunidad (decir manipulados sería a volver a caer en la redundancia); la primera obligación de la literatura es divertir a los lectores, las fronteras entre la industria editorial y la literatura se diluyen, el marketing forma parte de la poética, el que no sale en la foto no existe. Es decir, la tan celebrada autonomía relativa de la Literatura no evita su entrada en la Industria del Ocio y Entretenimiento. Al tiempo los ideologemas postmodernos van empapando todo el territorio cultural: todas las legitimidades son legítimas, el pasado es un armario donde se puede entrar a saco, glosa, plagio y poco más; pensar en futuro es caer en el dogmatismo, el presente es un hipermercado y además puede entrarse en el sin moverse de casa; la cultura es lo fugaz; Internet es, al fin, la democracia; la precariedad es libertad; nadie tiene derecho a hablar en nombre de otros y por tanto el narrador en tercera es un narrador estalinista; el canon real es la lista de libros más vendidos; tener criterio es una forma de resentimiento, cuanto más sólido señal de mayor resentimiento.
La crítica
Y a todo esto, ¿qué pasa con la crítica? me pregunto, se preguntaba Lucien de Rubemprè, el protagonista de Las ilusiones perdidas, -”¡Dios mío!, pero ¿y la crítica?, ¡la sacrosanta crítica-, y sin duda se preguntaran todos ustedes a estas alturas de mi intervención. Pues, como diría Umberto Eco, entre apocalíptica e integrada.
En alguna ocasión he hablado de tres tipos de crítica y críticos: los catadores, los guardianes y los tribunos. Los catadores serían aquellos que asientan y legitiman sus juicios en su propio gusto o paladar literario. Esto me gusta, esto no me gusta y sus argumentos lógicamente nos remiten a sus sensaciones e impresiones. Para este tipo de críticos la literatura se reduce a un simple intercambio de privacidades y su mera función consiste en animar o frenar el consumo. Como el gusto suele ser bastante menos personal que lo que el narcisismo nos hace creer, el gusto de estos críticos coincide casi siempre con el gusto dominante. Abundan y sobreviven bien en el mercado, sobre todo si logran - tarea no muy fácil - construirse un tono radical en la expresión de su gusto que al mismo tiempo no cuestione el gusto hegemónico. Se delatan a si mismo por la frecuencia con que sentencian que en las novelas ya no puede haber descripción porque con la tele y el cine ya hemos visto todo; tan ingenuos como no comprender que el que viaja por una autopista no ve paisaje sino velocidad.
Los guardianes son más escasos. La fuente de legitimidad de la que se reclaman es la Literatura con mayúsculas de la que hemos venido hablando, que tienden a identificar con la historia de la literatura, con el canon más o menos explícito o con una inaprensible cualidad del discurso que vive su vida más allá de los hechos y situaciones sociales en los que tiene lugar la producción y recepción de esa clase de discursos sublimes. En frase de Musil se sienten los custodios de esa cualidad y en su nombre miden, calibran y homologan. Alcanzar la categoría de “guardián de la pureza” requiere conocimiento del campo, de la historia de la literatura, y un cierto bagaje técnico - vía estilística, estructuralismo o teoría literaria - para ofrecer un instrumental “sacerdotal” a la altura del empeño. La reunión de estas cualidades hace que su número sea escaso y aún cuando su escasez los hace deseables, sus conflictos con los medios (su sentido puritano de la exigencia suele chocar con la conveniencia informativa) les convierten en una especie en vías de extinción. Se les reconoce fácilmente por su recurso a un lenguaje objetivo, rotundo, opaco por veces y un tanto categórico, en el que aparecen, a modo de certificados de autoridad, citas y referencias de autores, obras y críticos contrastados.
La categoría que denominamos tribunos, en clara relación con los “tribunos de la plebe” de la antigua Roma, ha desaparecido de nuestro espacio literario. El tribuno se siente legitimado y responsable ante la “polís” y por eso su crítica es, en el sentido aristotélico del término, una crítica política. No es que el tribuno trasvase lo político a la literatura sino que encuadra los textos literarios en ese contexto inevitable y general que es la vida en común. El tribuno juzga aquello que se hace público y lo relaciona con el bien común, con lo que es o sería bueno para la salud de la sociedad y por lo tanto evalúa y juzga la salud literaria de las obras que se ofertan desde esa perspectiva. Las figuras de Juan Carlos Mariategui o Ángel Rama pero también la de Marcelino Menéndez Pelayo, desde instancia ideológica contraria, serían representativas al respecto.
En sociedades complejas como las nuestras, en donde el bien común es un concepto en disputa, el tribuno opta por uno u otro entendimiento y desde esa elección opera, critica. Su peligro reside en menospreciar lo que la literatura tiene de patrimonio de interés común en cuanto modo material de conocimiento específico dotado de sus propios recursos técnicos y de sus propias pertinencias históricas. El crítico como tribuno requiere, como todos pero más cabalmente, una tribuna y por tanto precisa que en el dinamismo social coexistan con relevancia, es decir, con poder, opciones distintas sobre el qué sea el bien común. Cuando determinadas instancias secuestran de manera hegemónica una determinada idea sobre el bien común o bien monopolizan los medios de producción y expresión que concurren para su construcción, el tribuno no tiene espacio, es decir, no puede existir. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo en estos tiempos en que reina no tanto el pensamiento único - concepto peligroso en mi opinión -sino un pensamiento hegemónico que niega cualquier idea de bien común que rebase la mera suma de los bienes individuales, y en los que los medios de producción y expresión de este pensamiento casi monopolizan la voz de la polis, si es que algo queda de ella.
Ni que decir hay que estas tres categorías, en la práctica cotidiana, es decir, en el mundo de las revistas y suplementos literarios, no siempre aparecen con perfiles nítidos o bien definidos. Rasgos de cada uno de ellos se cruzan y entrecruzan y no falta ejemplos del catador que cita a Steiner a troche y moche, ni del guardián que se deja llevar por la exaltación lírica ni de falsos tribunos que confunden lo político con las buenas intenciones pero, con todo, creo que es tarea bastante fácil ir constatando, caso por caso, el nicho categorial en el que se acomodan los distintos críticos ejercientes.
¿Qué pasa con ellos en estas circunstancias históricas y culturales concretas en las que el mercado derrumba los muros de la famosa autonomía de la literatura? Los tribunos, como ya he dicho, no existen, al menos en España. Los impresionistas están tan impresionados de que les dejen publicar que se han integrado feliz y plenamente: si toca hablar bien de Vila Matas pues se habla bien, si toca hablar mal de Benet pues se habla mal. Sufren un poco cuando no saben que toca decir ¿de este Aira qué digo?, a ver en Google qué sale. ¿Y de esta novela de un nuevo autor? a ver qué editorial la publica. Su terror es que haya un cambio de tendencia y les coja con el pié cambiado, por eso procuran andar siempre de puntillas. Dicho esto sin desprecio. Los editores sabemos que la crítica es publicidad y por tanto los necesitamos y les otorgamos el respeto que como publicistas nos merecen: mucho.
Pero los editores literarios necesitamos también a la crítica como brújula y mapa, como eco de retorno, y evidentemente para eso la crítica más imprescindible, a falta de tribunos, es la de los guardianes del templo, el coro de admiradores de la Bella ¿Y qué ha pasado con ellos o ellas? Ellos son nuestros interlocutores más válidos, saben que el significado no reside ya hecho en el texto o en el lector, sino que sucede durante la transacción entre el lector y el texto* y aunque nunca entenderán que lo sublime y el mercado son dos caras de una misma moneda, reúnen al menos una de las dos exigencias mínimas que debe tener un crítico de relieve: la capacidad para leer su lectura; la otra es tener valor y ¿qué pasa al respecto ahora cuando la Bestia amenaza con violar a la Bella?: pues que tienen miedo, sienten que algo está pasando que desborda su estatus, su posición, incluso su instrumental teórico y tienden a efectuar un doble movimiento defensivo: uno, el más fuerte y característico, en la línea apocalíptica: agarrarse al canon, a la Estética como Dios manda, a la jerga teórica más novedosa y a la afirmación de la Literatura como exigencia espiritual y como distinción jerarquizada, y otro, en la línea de los integrados: el canon sí pero es necesario ponerlo al día y si hay que meter a Pérez- Reverte pues se le mete, hay que dar a dios lo que es de dios pero voy a leerme unos comics no vaya a ser que…, Sí, sigamos hablando de Henry James y Benet y Borges pero de vez en cuando alguna reseñita sobre este escritor que emerge (normalmente llevan más de cinco novelas emergiendo) o sobre este que empieza, que para mantener el cetro a veces hay que mojarse los pantalones y pactar con el diablo. O sea, un claro movimiento conservador con coqueteos hacia el diluvio que viene con el pretexto de separar las aguas menores de las aguas mayores. Hay también guardianes, los menos listos todo hay que decirlo, que han optado por permanecer en sus cátedras confiando en que las aguas volverán a su cauce, y los hay que arriesgando el prestigio que nunca llegaron a tener, se trasmutan en santones de cualquier tendencia afterpostmoderna que empiece a hacer ruido. Eso sí, unos y otros, sintiéndose depositarios y albaceas de la Literatura, adoradores de la Bella de nuestro cuento.
¿Quien habla en la crítica? se preguntaba Ignacio Echevarria; a sus respuestas sumo una: pues el guardián esquizofrénico de una casa con dos puertas. Y ya se sabe que casa con dos puertas es mala de guardar y más cuando la situación no permite saber cual es la puerta principal y cual es la puerta de servicio. Y más cuando no dejas de ser un empleado del dueño de la casa que te deja ejercer su papel según le venga o no venga a conveniencia o capricho. Y más cuando el mercado ya ha inventado los porteros automáticos. Y a mi como editor lo que más miedo me da son precisamente los porteros automáticos. En el mundo editorial los porteros automáticos se llaman escandallos: una técnica de evaluación que incorpora como baremo las expectativas de venta y determina la edición o no de una propuesta de publicación. No me queda más remedio que preferir que siga habiendo guardianes de la sagrada Literatura. Y aunque esta sea para mi como editor una forma de frustración y de censura. Que no en vano, decía el escritor Armando López Salinas, la censura no deja de ser un interlocutor.
La tercera parte del texto, aquí.
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El editor como crítico frustrado (3)
Abril 17th, 2008 · 1 Comment
Por Constantino Bértolo
He subrayado el casi, y de ese casi, de la Bella, de la Literatura como institución y de las frustraciones que ella me origina en tanto editor, pasamos a hablar ahora. No veo necesario abundar en las frustraciones que me aporta el mercado pues creo que se deducen de todo lo dicho y son además el pan nuestro de cada día en la queja editorial.
La Literatura, así escrita con mayúsculas, además de alimento, puede ser también, para un editor literario, una forma de censura. Y no debería ser esto algo sorprendente puesto que la Estética fuente en la que mana y de la que se reclama nació al fin y al cabo como una forma de aduana, como un territorio protegido que la burguesía en su despliegue construyó frente a las ansias intervencionistas de los poderes a los que se enfrentaba: el absolutismo político y el absolutismo religioso, la monarquía y el altar. La abducción y ampliación que la Estética efectúa respecto a las Bellas Artes que el Renacimiento humanista propusiera significa la aparición de una nueva forma de legitimidad: la sensibilidad, el buen gusto y sobre esta legitimidad la Literatura levanta el territorio de su autonomía y la frontera entre lo que es y no es literatura, entre lo que es y no es buena o mala literatura. Es entonces, sabemos, cuando nace la crítica como cuerpo de inspectores literarios. Y nacen también las Literaturas nacionales como alma y expresión de las comunidades políticas al tiempo que se integran en el gran corpus doctrinal que el eurocentrismo propone como alta expresión de la Humanidad. La sensibilidad estética de filiación romántica como fundamento de una nueva elite y el humanismo de corte ilustrado como bien común abstracto e incuestionable. Y la Literatura como eje de esta renovada situación aristocrática. Y la lectura como ese momento sagrado en el que lo individual entra en contacto con lo universal. En su entorno, desalojado del sistema, expulsado hacia el grosero espacio de lo laico, el mal gusto del populacho que la incipiente industria editorial alimenta. De la revolución francesa que, no olvidemos, desembocó históricamente en una restauración parcial, no económica pero si cultural, del guillotinado espíritu aristocrático y del desamortizado poder eclesiástico, salió la trinidad de poderes: legislativo, judicial y ejecutivo con que el único poder verdadero, el económico asentaba la llegada al mundo de la clase burguesa y de su proyecto de convertirse en clase universal.
Si he sentido como necesario este pequeño excursus que nos remite a cualquiera de los denigrados manuales de historia social es para poder acercarme al tema que hoy nos reúne: el poder estético alrededor del cual sigue girando la crítica y la literatura. Ese poder que la Revolución no constitucionaliza y que ha de luchar por su cuenta para poder institucionalizarse como poder con autonomía siempre amenazada por los restos del poder eclesiástico –religioso, por el poder político que o bien lo abraza para legitimarse o bien lo censura para defenderse, y por el poder económico siempre ansioso de romper cualquier tipo de aduanas. Creo que lo que llamamos modernidad, y que en literatura representarían Baudelaire, Rimbaud y Flaubert, es el resultado de ese mapa de poderes en tensión, siempre con la amenaza al fondo de un proletariado emergente que exige no sólo formar parte del repertorio sino dinamitar el escenario. Y creo que fueron las Vanguardias las que mejor expresaron el papel de crema lubrificante que cumple la Estética en momentos de crisis de legitimidad. Las vanguardias que se atrevieron a decir no sólo que el Rey estaba denudo sino que la reina, la Estética, también. La Vanguardias… ese momento crítico que la crítica no debería olvidar.
De esa crisis la Estética saldrá y saldrá reforzada, con la ayuda, paradojas de la vida de quien parecía estar llamada a requisar sus privilegios: la Revolución Soviética en su momento estalinista y entiendo por estalinismo las consecuencias derivadas de la institucionalización de la doctrina del Socialismo en un solo país. Y digo que vino en su ayuda porque con la aparición de la estética estalinista, una vez asfixiadas las propuestas del Prolkult, el contructivismo o el rayonismo la Estética Estética, la de toda la vida para entendernos encontró el enemigo sobre el que refundar su legitimidad: frente a una Estética antiestética en cuanto que negaba la autonomía del Arte ella se presentaba como la verdadera y necesaria Estética, autónoma y al servicio del hombre, el hombre como portador de valores estéticos. La Estética condición superior de lo humano. Lo humano como condición suprahistórica, navegando por encima o entre las clases como los detectives de Hammet o Chandler. La Estética al servicio del hombre (y digo hombre y no hombre y mujer, porque la mujer en esos tiempos todavía era una imaginación estética, una violada ensoñación patriarcal, aunque ciertamente ya empezaba a despertarse) y el hombre ya se sabe: una pasión inútil, un muñeco lleno de ruido y de furia, un ser para la muerte, un muerto en vacaciones, sin atributos ni cualidades, una cucaracha inválida, un lenguaje sin sujeto, un absurdo biológico, máquina de follar, un juguete rabioso, años de penitencia mientras se dirige la editorial que fundó papa, llamando ironía a la autocomplicidad narcisista, rentistas sensibles bebiendo exquisitas historias de perdedores bien acomodados en la Biela de la Recoleta,( esperando a Godot supongo), tiempo perdido que sólo la Estética puede revertir en tiempo recobrado. La Estética como autoayuda. La Literatura como manual de autoayuda para gentes que viven y se viven como excedente, gentes a las que no les pasa nada. La crítica vigilando que los personajes sean redondos, complejos, con mucha vida interior y merecedores de al menos dos visitas semanales al psiquiatra. Gran parte de la literatura moderna con la que muchos hemos crecido ha jugado a eso. La literatura que nos hizo y nos deshizo. Nuestra educación sentimental. Recuerden:
“-Esa fue nuestra mejor aventura – dijo Frédèric.
-Sí, quizá sea nuestra mejor aventura - repuso Deslauriers.”
La segunda parte de este texo, acá.
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El editor como crítico frustado (2)
Abril 16th, 2008 · 2 Comments
No comparto la grata imagen del editor como creador que se expresa a través de su catálogo, entre otras razones porque siempre me ha parecido un acto ante natura que un editor se edite a si mismo. Pero voy a acudir a una propuesta de corte semejante para intentar, recurriendo a la narración, explicar algunos rasgos que en mi propia práctica como editor he ido encontrando. Narrar es un procedimiento de lenguaje que permite decir lo que no se sabe decir, ya saben ese modo de enfrentarse a una resistencia dando un rodeo y que en la charla coloquial se utiliza con frecuencia: “Mira no sé como decirlo, mejor te pongo un ejemplo”. El eixemplo como raíz de la narración. Pues bueno, la tarea de un editor consiste en intentar rescribir con éxito la historia de la Bella y La Bestia encontrando un final feliz, y fueron felices y editaron perdices, sin tener que acudir a la magia o al encantamiento. En nuestra historia la Bella es la Literatura, una de las Bellas Artes, la Bestia es el Mercado: frío, huraño y dominado por la rentabilidad. Si siguiera la narración tradicional le adjudicaría a la Bestia el origen y la causa de todas las dificultades. Les adelanto que no va a ser así, que será a la Bella a la que achaque parte relevante de las causas y orígenes de mi frustración y desgracias como editor, pero aun siendo así me parece necesario detenerme en el retrato de la Bestia.
La Bestia: el Mercado
Quisiera en primer lugar señalar que a esta bestia no le confiero personalidad humana sino de monstruo y me suscita profundo rechazo el proceso de personificación con que nos solemos referir a él. No existe el Sr. Mercado así que es inútil disparar contra él. El mercado es, sigue siendo, un lugar de encuentro entre la oferta y la demanda, entre productores de bienes ( o males) y necesitados de bienes ( o males) y es el mercado como lugar sin duda una de las invenciones más relevantes de la historia de la humanidad. El mercado como solución técnica a un problema que atañe al tiempo humano: un espacio que resuelve problemas de temporalidad: concentrar en un espacio tiempo una oferta que tiene su propio ritmo de producción y unas necesidades que se generan a su vez obedeciendo a su propio calendario. El mercado como medio y lugar donde se produce información necesaria para que la actividad productiva humana y la actividad destructiva humana, el consumo o satisfacción de necesidades, “se comuniquen, lo que en palabras de Niklas Luhman se traduce en “se pongan precio”. No creo que haga falta recordarles que todo lo hasta ahora dicho es falso si hablamos del mercado capitalista y máxime del mercado capitalista realmente existente. No voy a ponerme en plan marxista – aunque una buena dosis de marxismo vulgar no le vendría mal a nadie- para recordarles que hoy es casi imposible encontrar productores directos en el mercado o que las necesidades llegan al mercado luego de ser elaboradas fundamentalmente en el mercado acaparado por los productores de necesidades. De aquel mercado arcaico, idílico y medieval, con sus tenderetes, saltimbanquis y recitadores de cuentos o cantares de ciego ya no queda nada. Hoy el mercado no es lugar de encuentro de oferta y demanda sino el medio de producción tanto de la oferta como de la demanda. Hoy no se produce para el mercado sino en el mercado. Como ven la Bestia tiene hoy más aspecto de Manga japonés que de Walt Disney. Y su velocidad se ha acelerado cuantitativamente y sus modales también: expulsa la rentabilidad a largo plazo, presiona contra la rentabilidad a medio y exige rentabilidad a corto o cortísimo plazo. Su música viene marcada por el precio internacional del dinero. Les podría poner algún ejemplo de cómo una subida del precio de interés actúa casi directamente sobre la programación editorial. No lo he hecho nunca pero veces ganas he tenido de explicar en la carta de rechazo de algún manuscrito que si bien en las condiciones del momento no puedo editar tal libro en caso de que el precio del dinero descienda quizá pueda aceptar su publicación. Vivimos al son de un mercado que muchos llaman globalizado, yo preferiría llamarle imperializado o dolarizado, pero quisiera hacer hincapié en que aparte de globalizarse internacionalmente el mercado se ha vuelto global en los territorios nacionales. Quiero decir con esto que ha expulsado de los mercados nacionales a aquellos competidores internos que también participaban en mayor o menor grado en la modelación, construcción o socialización de imaginarios colectivos, modelos de conducta o mecanismos de auto y heterodescripción, por ejemplo puede afirmarse que, en lo que atañe al consumo de libros, casi, subrayo el casi, se ha hecho con el monopolio de la producción de necesidades. Muchos de ustedes recordaran , pues no han pasado tantos años desde entonces y supongo que en la Argentina pasaba lago semejante a lo que sucedía en España al respecto, que en las necesidades de leer intervenían de modo sobresaliente la institución educativa, la Iglesia, determinados movimientos políticos de izquierda más o menos marxista y la propia Institución Literatura a través de los medios literarios propios: prestigios, revistas, celebraciones y cada una de estas instancias, Educación, Iglesia, Política, Literatura generaban por decir así su propia lista de los libros que el lector literario necesitaba leer mientras que el mercado, si bien ya era determinante a la hora de fijar que necesitaban leer los lectores no literarios, respecto a lo literario actuaba de modo subalterno. A finales de los años sesenta y principios de los setenta los escaparates de las librerías literarias se conformaban en función de parámetros en los que intervenían instancias políticas ligadas a la resistencia cultural antifranquista que contaban con sus propios medios de expresión y formación de necesidades: revistas como Triunfo o El Viejo Topo o Ajoblanco y suplementos culturales como Informaciones de las Artes y las Letras del periódico timidoliberal Informaciones. Es decir el mercado, que ocupaba sin competencia lo que llamaríamos el espacio de la literatura industrial o comercial competía con otras instancias a la hora de crear y modelar las necesidades de lectura. Hoy ya casi no encuentra competencia, vuelvo a subrayar el casi, y a la vista de los suplementos culturales de los periódicos más importantes y en ausencia de revistas con peso relevante cabe decir que es el mercado, a través del marketing editorial, el que diseña sus contenidos. Recordaran por ejemplo que la última nueva etapa del suplemento Babelia se estrenaba con una portada a todo trapo sobre Jonatthan Littel, el autor de Las Benévolas, con un despliegue interior hiperbólico dedicado a un libro y a un autor que en gran parte el marketing editorial había alimentado.
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El editor como crítico frustrado (1)
Abril 13th, 2008 · 2 Comments
por Constantino Bértolo*
Introito
A modo de captatio benevolencia quisiera adelantarles que a lo largo de mi intervención van sin duda a escuchar conceptos y términos que pueden chocar contra lenguajes y conciencias hoy hegemónicos. Conceptos como el de hegemonía para no ir más lejos, o lucha de clases o sistema de producción, estructura y superestructura, responsabilidad, propiedad privada o aparatos ideológicos del Estado. Hubiera podido intentar hacer caso de algunas sugerencias al respecto y hablar mejor de complejidades en la formación de la dinámica social, de parámetros de innovación en las intervenciones del retorno mercantil, condiciones de emergencia o ruptura en la autonomía cultural, esferas actuantes en la receptividad de los destinatarios, de autopoiesis textual o de auto y heterodescripción de observador observado. Si no lo he hecho así les confieso que no es por ganas de molestar. Sinceramente, a mi edad y con mi sueldo renovar mi vestimenta es algo que queda lejos de mis alcances. Como decía el poeta: Yo también podría olvidar pero no me pagan lo suficiente(*).
Conceptos previos.
Siguiendo la estela de Raymond Williams antes de entrar en el objeto de mi ponencia pongo por delante alguna palabras o conceptos llave desde los que armaré mi exposición.
Literatura: entenderé por literatura en sentido global aquel conjunto de discursos públicos a los que, en cada época y tiempo histórico determinado, una comunidad otorga la condición de literarios y en el que se agrupan aquellos textos mediante los cuales la propia comunidad se narra y se muestra a si misma. Es decir la literatura como “respiración semántica” de la vida social. En sentido fuerte entiendo que la literatura es un acto de violencia, yo hablo, tu escuchas, una invasión, el desembarco de una propuesta de lenguaje, el elaborado por el autor, en el territorio del lenguaje de lector y por lo tanto en su narración del yo. Como tal acto de violencia su performatividad exige una legitimidad que sólo la comunidad a la que se dirige puede otorgarle en cuanto que la comunidad es la depositaria y dueña, en principio, del uso privado de un bien común: la palabras e historias colectivas. La concesión de esa legitimidad es una responsabilidad que concierne a la comunidad que está, por tanto, obligada a exigir a su vez responsabilidad a los productores de esos discursos, entendidos en su sentido más amplio, a los que se confiere la capacidad del uso público de la palabra. La literatura como un pacto de responsabilidades. Habría que entender por comunidad el agrupamiento de hombres y mujeres alrededor de una determinada idea del bien común o al menos como un estado de convivencia caracterizado por el consenso acerca del modo de producción de que haya de ser el bien común. Ni que decir tiene que la comunidad teórica a la que nos estamos refiriendo se ha venido traduciendo en la práctica histórica en formaciones sociales distintas, variables y dinámicas, dentro de las cuales grupos sociales concretos o clase sociales en el sentido tradicional propio de tradición marxista, han venido acaparando y usufructuando de modo violento la representación de la comunidad toda, el control de los modos de legitimación y, por supuesto, la construcción de la idea de bien común. Esto actualmente se traduce en un escenario capitalista en el que los dueños de los medios de producción son los que, bien directamente bien a través de sus administradores, mayordomos, capataces, magos y sumos sacerdotes, acaparan la representación, controlan el sistema de legitimidades y la producción de ese imaginario colectivo que hemos llamado bien común, mediante la utilización violenta de mercado capitalista donde tiene lugar la producción de mercancías, su circulación, su consumo y su modo de consumo. El mercado como modo de expresión perfecto aunque acaso perfectible, quizá mejorable, pero ontológico, definitivo, el fin de la historia puesto que la historia sería de este modo, una criatura más del mercado. En estas condiciones el pacto de responsabilidades, que desde mi punto es elemento constituyente de lo que entiendo por literatura, si bien permanece a modo de sombra ha sido sustituido por un pacto mercantil: el precio: yo vendo y tu compras.
Crítica: entiendo por crítica la expresión manifiesta de esa responsabilidad que la comunidad posee de modo irreductible acerca de lo que atañe al uso de las palabras e historias colectivas. Sería por tanto la puesta en práctica que la comunidad hace de aquella responsabilidad que posee en origen para legitimar el uso legítimo o ilegítimo que un texto literario contenga. La crítica sería el garante del pacto de responsabilidades mencionado y su modo de expresión vendrá evidentemente determinado por el escenario social donde la actividad tenga lugar. La crítica hoy, en las condiciones actuales marcadas por un capitalismo que tiende de manera acelerada a no admitir más legitimidad que la del mercado ni más pacto que el precio, supone, si se quiere seguir hablando de crítica, un acto de oposición desde una legitimidad que es negada por el sistema contra la legitimidad que el sistema propone y que tiene pretensión de única. El enfrentamiento entre dos modos de entender la literatura: como pacto entre responsabilidades, como pacto de mercaderes. La crítica como tribuna de lo que queda de la comunidad. Alguien dirá que en las sociedades actuales nada queda de esa teórica comunidad. A esto sólo se puede responder de dos formas: pues si nada queda de comunidad la crítica es imposible, o bien, la comunidad subsiste como metáfora y por tanto la crítica sería una metáfora levantada sobre otra metáfora. De estas dos salidas me quedo con la segunda: la crítica como una metáfora al cuadrado.
En la practica cotidiana sea metáfora sea la nada, sombra o fantasma de algo que nunca existió, la crítica se expresa a través de los mecanismos de expresión propios de las sociedades capitalistas, es decir, a través del capital. Dado que quien en primera instancia edita los textos literarios y los propone como tales es el capital y dado que la crítica toma cuerpo en los medios de expresión que posee el capital, sería conveniente dejar de considerar la critica como lugar de encuentro entre el texto y el crítico puesto que, materialmente, lo que se produce es un diálogo entre capitales y si bien en esencia el capital es único, bien sabemos que existen capitales distintos en razón de sus diferentes estrategias para llevar a cabo su inexorable destino: su reproducción ampliada. Dicho de otro modo: la crítica como enfrentamiento entre diferentes estrategias del capital en sus luchas por usurpar y rentabilizar los imaginarios y las subjetividades colectivas que la reproducción ampliada requiere. Evidentemente esto no niega que en un nivel más superficial la crítica aparezca como diálogo entre texto y crítico pero determina, y debería ser consideración a retener, que el texto que el crítico lee no es un texto privado o personal ni lo es tampoco el texto de la crítica. Cabe finalmente señalar que la aparición del llamado ciberespacio ha alterado al menos en apariencia estas condiciones de producción y será necesario detenerse en las alteraciones que este fenómeno está provocando o puede originar. Dejaré esta cuestión y sus efectos colaterales como propuesta para la discusión posterior a mi exposición.
Editar: Editar es hacer públicos, publicar, determinados textos privados. De esta simple definición se concluyen los dos movimientos propios de la edición: la selección o determinación acerca de qué textos privados pasan a ser públicos, y el hacer público en su doble sentido: hacer llegar al público los textos y hacer público en el sentido de agrupar a un determinado número de lectores alrededor de una propuesta literaria que otorga al grupo una identidad compartida: el público de Aira, el público de Fogwill, el público de Vila-Matas, por ejemplo. Dejo también para el coloquio lo que atañe a la edición virtual vía internet, para volver a señalar que quien en realidad edita es el que tiene medios de producción que le permitan efectuar los dos movimientos indicados, es decir, quien en realidad edita es el Capital y para no recaer en simplificaciones retromarxistas les recuerdo que el Capital no es un monolito uniforme libre de contradicciones y enfrentamientos.
El editor literario, entendiendo por tal al dueño del capital necesario, selecciona personalmente, en pocos casos, o a través del criterio que compra en el mercado de fuerzas de trabajo: Directores Literarios, Directores Editoriales, Directores de Colección, Agencias Literarias, scouts…., aquellos textos privados que va a proponer como textos literarios. ¿Y qué es un texto literario?, pues en principio aquel que la edición literaria propone como tal. La edición por tanto sería razón necesaria aunque no suficiente para su caracterización como tal, pues la capacidad de homologación de un texto como texto literario recae también y en un grado relevante sobre las otras instancias o instituciones a las que el conjunto social ha legitimado para tal función: la crítica, el sistema educativo en todos sus grados, el mercado. Valga también comentar dos cualidades que la edición, desde su aparición en el mundo clásico, confiere de modo inherente a los textos: la capacidad de romper las barreras temporales y espaciales, transportar las palabras más allá en el tiempo del momento en que son elaboradas y más allá del espacio donde se producen. Dos cualidades que aplicamos a la condición divina en cuanto omnipresencia. Esta condición por ósmosis ha venido tradicionalmente tiñendo de un cierto aura sacra tanto a la literatura, entendida como transporte de almas, como a los autores, a los que la escritura torna inmortales, como a la edición literaria, el editor como sacerdote o hierofante sin aparente contradicción con su condición más terrestre: la mercantil. Y así Cicerón encomendaba a Gelio, su editor y dueño del taller de copistas, el respeto por sus palabras, “a tus copistas encomiendo mi espíritu” mientras que Marcial reclamaba al suyo el pago pronto de los beneficios que a él como autor le correspondían.
En cualquier caso entiendo que el editor literario es un crítico en tanto que critica, criba y enjuicia acerca de la cualidad literaria de un texto. Lo de crítico frustrado lo abordaremos a continuación una vez delimitados estos tres términos llave, literatura, crítica, editor, sobre los que seguiremos reflexionando.
*Licenciado en Filología Hispánica. Entre 1978 y 1990 ejerció como crítico literario. Entre 1991 y 2003 dirige la Editorial Debate, donde crea la colección Punto de Partida, en la que publican sus primeras novelas autores como Luis Magrinyâ, y Ray Loriga, y publica entre otros a autores como Vidia Naipaul, W.G Sebald, Pascal Quignard, I. B Singer, o Cormac McCarthy. Desde 2003 es el Director Literario de la editorial Caballo de Troya.´
Este texto, que será reproducido en 5 entregas, fue leído íntegramente en Buenos Aires en marzo de 2008, en el Primer Encuentro de Crítica y Medios de Comunicación e integrará un volumen de ensayos de su autoría.
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Un asunto menos
Enero 2nd, 2008 · No Comments
Y es Sergio Wolf quien se hace cargo del Bafici, a pesar de lo que piensa Beatriz Sarlo y que hace enojar tanto a Quintín.
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Confirmado
Noviembre 16th, 2007 · No Comments
En la subsecretaría de Cultura porteña, dependiente del Ministerio que dirige Hernán Lombardi, asumiría el ex director del Teatro Colón e impulsor de la Ley de Mecenazgo, Pablo Batalla.
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Atraso y temores por obras de refacción del teatro Colón
Noviembre 9th, 2007 · 2 Comments
BUENOS AIRES (AFP) — Las obras de refacción del teatro Colón de Buenos Aires, una de las mejores salas líricas del mundo, están atrasadas y generan algunos temores sobre si conservarán la extraordinaria acústica del lugar, donde han actuado los más famosos cantantes y músicos del planeta.
Cerrado desde noviembre pasado, el Colón tenía previsto reabrir sus puertas el 25 de mayo de 2008 al cumplirse 100 años de su inauguración, luego de un proceso de refacción y renovación ambiental destinado a devolverle todo el brillo y a ponerlo en valor.
Pero tras acumularse atrasos en las obras previstas, la fecha del 25 de mayo ya ha sido eliminada del programa, sin que se sepa aún cuándo se realizará la reapertura del excepcional escenario.
“Probablemente no será antes de agosto o septiembre”, confió a la AFP un responsable técnico de las obras, que pidió anonimato.
Además, algunas opiniones críticas se hacen oír sobre los trabajos que, según las denuncias, ponen en riesgo la excepcional acústica que forjó la reputación del teatro, uno de los más grandes del mundo.
“La acústica perfecta del teatro Colón está en peligro”, aseguró a la AFP Teresa de Anchorena, legisladora porteña y ex secretaria de Cultura de la capital argentina.
Según Anchorena, el proyecto de reemplazar el telón y el conjunto de los tapizados, telas y cortinados del teatro podría cambiar completamente la resonancia de la sala, con las consecuencias dramáticas que esto significaría para la magia del lugar.
“Tenemos algo perfecto, toquémoslo lo menos posible”, agregó la diputada, presidenta de la Comisión de Patrimonio de la Legislatura porteña (parlamento comunal).
“Todo está perfectamente bajo control”, aseguró en cambio Rafael Sánchez Quintana, ingeniero en acústica, quien participa de la refacción del teatro.
Según el experto, todo está previsto como para que cualquiera sean los cambios no alteren en nada el equilibrio de la sala.
Las condiciones de la sala han sido medidas en laboratorio y en la sala, y antes de elegir la tela de los cortinados o del telón del escenario, se realizaron pruebas para verificar que correspondan a los valores medidos antes de la restauración, explicó a la AFP este ingeniero.
No obstante, Anchorena recordó que los responsables de la restauración han tenido que renunciar a uno de sus proyectos que preveía la destrucción de una pared de ladrillos detrás del escenario.
La vuelta atrás con esta idea se debió a que su eliminación hacía peligrar el equilibrio acústico del teatro, lo que, según la diputada, sería una prueba de que algunos aspectos del plan de reestructuración son riesgosos.
El simple cambio del telón sería otra muestra, por lo que convendría revisarlo, insistió Anchorena.
“Más vale cambiarlo asegurándose que la tela elegida tendrá la misma capacidad de absorción de sonido que el anterior”, respondió Quintana, al recordar la obligatoriedad de acatar normas contra incendio, que el antiguo telón no tenía.
En cuanto a la decisión de mantener la pared de ladrillos, es la prueba de que ningún cambio es llevado a cabo sin asegurar previamente las consecuencias para la acústica del lugar, agregó el experto.
No obstante, instó a los críticos a darse “un margen de flexibilidad” al admitir que es imposible reproducir la sala de manera idéntica a lo que era, aunque más no sea por el polvo que desaparecerá, pese a que jugó un papel en la acústica.
Ya fueron desarmadas las 2.500 butacas por lo que el tamaño de la sala es aún más impresionante, con los enormes andamiajes donde decenas de artesanos restauran molduras y bajo-relieves, así como el inmenso fresco que decora la cúpula central.
Richard Strauss, Igor Stravinsky, Manuel de Falla, Arturo Toscanini, Zubin Mehta, Daniel Barenboim y Herbert von Karajan, entre otros, han dirigido en su escenario.
El Colón ha también acogido a cantantes como Enrico Caruso, María Callas, Monserrat Caballé o Luciano Pavarotti, entre otros.
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¿La cultura del turismo?
Noviembre 9th, 2007 · 2 Comments
No sé, todo el mundo lo da por sentado, pero yo no veo tan claramente la profunda relación entre cultura y turismo. Es decir, más allá del tango, los museos, el Colón. Veremos qué es lo que hace Lombardi, designado nuevo ministro. Al menos, hasta ahora, se mostró prudente. Aunque la verdad, a mí me pasa lo mismo que dice la Heker.
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CV de un Ministro de Cultura
Octubre 19th, 2007 · 10 Comments
Me llegó esto por mail.
Ustedes sacarán sus conclusiones.
Buenos Aires, Argentina, 28 de septiembre de 1944
Filósofo,maestro, titiritero, escritor, periodista, editor.
Nació y se crió en el barrio de Devoto (Pareja y Avenida San Martín),en las cercanías del Seminario Metropolitano.
Su núcleo familiar estaba constituido por su madre y su padre, una hermana y un hermano (ambos docentes) y su abuela materna. Su madre, Elsa Felder, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, fue profesora de nivel secundario y luego de nivel terciario, siendo una de las primeras en dictar cursos de Literatura Infantil (Instituto de Perfeccionamiento Docente de Avellaneda), y fundando, en 1972, la primera Librería de Literatura Infantil de la Argentina.Ha escrito innumerables libros (muchos de ellos aún exitosos en Latinoamérica), y lo sigue haciendo hoy, a los noventa años de edad, frente a su computadora. Su padre, Alfredo L. Rodríguez,fue empleado del Estado, y como Maestro Mayor de Obras construyó numerosas casas en la zona norte del Gran Buenos Aires.
Luis Hernán Rodríguez Felder cursó sus estudios primarios en diversas escuelas de Buenos Aires,y en 1954 ingresó en el Curso de Aplicación del Mariano Acosta, para proseguir sus estudios secundarios en la Escuela Normal. En 1961 egresó con las más altas calificaciones como Maestro Normal Nacionalen la Escuela Normal Nº 2 de Profesores Mariano Acosta.
En 1960 obtuvo el Primer Premio en el Concurso histórico literario convocado a nivel nacional por el Ministerio de Educación en ocasión del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo. Fue llamado para cubrir el cargo de Maestro Especial de Grado (supervisando las prácticas de la enseñanza de los estudiantes del Normal) en el Curso de Aplicación del Mariano Acosta (1962-1963) Trabajó durante los siguientes años como Maestro de Grado, Maestro de Grado Especial, Asistente Educacional y Asistente en Psicología (Centro Asistencial dependiente de la Dirección de Psicología de la Provincia de Buenos Aires). Posteriormente dictó la mayoría de las materias de nivel secundario que se dictaban en Institutos Privados de Enseñanza en el Programa del Bachillerato Acelerado para adultos.
SOMBRAS ARDIENTES Poemas (1961)
EL PRIMER GRITONovela breve (1961)
A fines de 1961 ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en la carrera de Letras Modernas, y cursó varias materias en los años siguientes en el edificio de Viamonte, hoy sede del Rectorado de la UBA, y posteriormente en el edificio de la avenida Independencia. Abandonó definitivamente sus estudios de Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires poco después del 29 de julio de 1966, habiendo cursado dieciocho materias de las veinticuatro básicas que conformaban entonces el Plan de Estudios de dicha Carrera. En 1989 retornó a esta Facultad (ya en su sede de Puán) para seguir como oyente los Cursos de Linguística, Gramática y Filología.
Entre 1966 y 1980: EL ENIGMA DE LA GERMINACIÓN DEL FLACO Novela (1966-1976)
LA ESTACIÓN DEL ENCUENTRO Novela (1980) Editada en marzo de 1982 por la Editorial Bruguera para Buenos Aires y España, en la Colección Libro Amigo. Con Prólogo de Fermín Estrella Gutiérrez, recibió excelentes críticas, entre ellas la de César Magrini, en El Cronista Comercial (7 de julio de 1982).
En marzo de 1997, la Editorial Imaginador edita la Segunda Edición de LA ESTACIÓN DEL ENCUENTROen su Colección de Narrativa Contemporánea.
Desde 1963 trabajó como titiritero ayudante, y luego titiritero actor en el Teatro de Títeres Trotacaminos, del gran poeta y maestro titiritero César A. López Ocón, dando numerosas funciones en el interior de la Provincia de Buenos Aires, contratados por la Dirección de Cultura de la misma, en escuelas y todo tipo de instituciones educativas y culturales.
Miembro de la ATA (Asociación de Tiriteros de la Argentina, con sede en Buenos Aires), de la que tiempo después llegó a ser su Vicepresidente, participó en el Homenaje a Federico García Lorca a los treinta años de su muerte (19 de agosto de 1966) como escenógrafo junto a los titiriteros López Ocón, Ariel Bufano, Pepe Ruíz y Roberto Blanco.
Posteriormente formó parte de la Comisión para la Promulgación de la Ley del Teatro, junto a López Ocón y a Onofre Lovero. Realizó varias escenografías para obras de títeres de guante, entre ellas la de la obra El caballero de las manos de fuego, de Javier Villafañe, para el retablo del titiritero Pepe Ruíz.
LOS TÍTERES Texto e ilustraciones. Libro especialmente creado para el diario La Prensa, medio que lo publicó a todo color en sus rotograbados (por primera vez en la historia del diario) durante varias semanas, proyecto que encaró el crítico Albino Diéguez Videla.
LA SOMBRA DEL DUENDE(1993) Obra para títeres de sombra, imaginada como continuación de la obra de Otto Freitas: El duende.
De su matrimonio con María Teresa Carbano nace su primera hija, Marina, el 2 de agosto de 1969. El 17 de junio de 1971 nace su segunda hija: Eugenia. Marina y Eugenia son, desde 1993, Directoras del Grupo Imaginador de ediciones SA, ocupando los cargos de Gerenta de Producción Editorial y Gerenta de Coordinación Editorial respectivamente.
En 1972, en una vieja casona de la calle Hipólito Irigoyen, funda la Editorial EDRIS, y es cofundador, allí, junto con su madre, Elsa Felder , de la primera librería de Literatura Infantil de la Argentina, llamada La casa vieja. La Editorial Edris se dedicó fundamentalmente a editar libros con diapositivas para su utilización en la enseñanza, entre ellos la Colección de Historia del Pueblo Argentino, y uno de educación vial: Don Semáforo, y hoy forma parte, como sello editorial, del Grupo Imaginador de Ediciones de Buenos Aires.
En 1973 fue designado Asesor del Cuerpo de Tránsito de la Policía Federal en materia de Educación Vial, siendo el libro ya mencionado el utilizado por los equipos de dicho Cuerpo para su Campaña educativa en todas las escuelas de Buenos Aires.
A fines de 1980 comenzó a escribir una extensa saga narrativa titulada LOS PIRATAS DE LA SOLEDAD Saga narrativa(1980 – 1982) cuya acción transcurría en las Islas Malvinas. Dicha saga estuvo integrada por los siguientes libros: EL CHE ALMIRANTE, Novela Editada en 1993 por la Editorial Imaginador en su Colección del Mar Enano. LOS FINES DEL ORIGEN, Novela.
A principios de marzo de 1982 viajó a Barcelona contratado por la Editorial Bruguera España. A su regreso de Europa (1983) ejerció tareas periodísticas para una agencia de prensa catalana, con sede en Barcelona, cubriendo en Buenos Aires las elecciones españolas de ese año, y realizando, entre otras notas, un extenso reportaje a Raúl Alfonsín ante un viaje de éste a España, previo a las elecciones, y ya en plena campaña electoral. A fines de 1985 fue convocado como asesor de quien había adquirido Radio del Plata, en la que hasta principios de 1986 desempeña diversas funciones (la Gerencia Comercial, entre ellas), estando posteriormente a cargo de la Dirección de la emisora.
Desde fines de 1988 hasta principios de 1990 escribe su primer libro de Filosofía, el volumen inicial de la TEORÍA DE LA INTEGRACIÓN (Volumen I: El acto de origen) 1990 (con fecha de edición en la Editorial Imaginador a fines de 2008) el que se constituye en lo que debe ser considerada la base conceptual sobre la que va a desarrollar, desde entonces y hasta el presente, un vasto Modelo de Filosofía.
En 1990 escribe e ilustra con sus propios dibujos el libro TÍTERES DE CARTON el que es publicado por una editorial de Buenos Aires.
En abril de 1990, y durante la Feria del Libro de ese año, se desempeña como Asesor Pedagógico de la Fundación Santa María (SM-El barco de vapor). Luego fue Asesor del Director General de EASO (entonces la mayor distribuidora de libros de la Argentina), dictando durante ese año dos Talleres de Narrativa para autores noveles.
A mediados de 1991 escribe e ilustra integralmente, y luego diseña y edita, varios libros infantiles: CÓMO HACER TORTAS Y POSTRES (sin uso del fuego) CÓMO HACER BARRILETES CÓMO HACER TÍTERES DE SOMBRA CÓMO HACER MUÑECAS Y MUÑECOS.
Con estos libros que inicia el Proyecto Imaginador, distribuyéndolos con gran éxito comercial a través del Catálogo de una de las más importantes empresas nacionales de venta directa domiciliaria.
La Editorial Imaginador (el Grupo Imaginador de Ediciones SA) inicia sus actividades el 11 de septiembre de 1991, con sede inicial en la zona de Congreso, distribuyendo su fondo editorial a través de las más importantes empresas de venta directa, las que permitieron la llegada de los libros hasta los lugares más alejados del vasto territorio de la Argentina (más de catorce millones de libros vendidos hasta la fecha).
EL MERCADO DE LOS NO LECTORES
La estrategia de Imaginador El gran eje estratégico de la que se constituiría como Editorial Imaginador ha sido, hasta el presente de la misma, el de crear, imaginar libros con un alto grado de excelencia para el segmento de la sociedad argentina (y luego hispanoamericana, ya que la editorial exporta hoy sus libros a toda la comunidad de habla castellana, incluyendo la de los EEUU) que habitualmente no consume libros. Vale decir, al público que no concurre a las librerías, o por no estar habituados a éstas y a su enorme oferta de productos editoriales, o por vivir en zonas donde no hay librerías, o por poseer escasos recursos económicos, dedicados casi exclusivamente a la supervivencia.
Es a estos sectores sociales mayoritarios en la Argentina donde llega el sistema de venta directa domiciliaria, a través de un Catálogo con una enorme oferta de productos, mayoritariamente cosméticos. Vastas redes que arriban directamente a los hogares, en general muy humildes, llevados casi con exclusividad por mujeres que conforman esos mismos hogares.
Dicho en otros términos: redes comerciales de expansión en el consumo de todo tipo de mercaderías que van a buscar al consumidor y no aguardan que éste los contacte (como ocurre con la venta tradicional a través de locales comerciales). Redes que, desde la creación de la Editorial Imaginador, incluyeron libros desarrollados especialmente para ese segmento social, con un alto grado de excelencia y un stándar específico (número de páginas, textos e ilustraciones), además de una temática centrada mayoritariamente en la practicidad y la utilidad (aunque el libro más vendido de la editorial haya sido entonces una antología de frases y poesías de amor de los autores más famosos de todos los tiempos).
Esto es lo que conformó el gran éxito empresario de Imaginador en los últimos quince años: ha liderado la creación y comercialización de libros a través de estos sistemas de venta (más de catorce millones de libros que hoy forman pequeñas bibliotecas en cientos de miles de hogares a los que antes no arribaba el libro como objeto de consumo).
El Proyecto Imaginador, creado y dirigido por Luis H. Rodríguez Felder como Director General de la Editorial se ha centrado en la generación de lectores entre los no lectores, entre los no habituados a comprar libros. Para ello, partió de la concepción de que un lector es aquel capaz de aceptar “fracasos” en la lectura, es decir, que no dejará de ser lector por tener la experiencia de leer un “mal” libro, un libro carente de excelencia o frustrante para sus expectativas. Y de que quien no es lector, no está habituado a comprar libros, ni posee al menos alguno en su hogar, no aceptará dicho fracaso, y después de adquirir el primero que le sea frustrante, difícilmente volverá a comprar otro. Y de ahí el alto grado de excelencia de los libros de Imaginador: no pueden generar “fracasos” en relación a los que los adquieren. El liderazgo y la cantidad de libros vendidos durante más de quince años atestiguan con hechos el éxito de este propósito de expansión de la cultura y la educación en los sectores más humildes de nuestra sociedad y de la sociedad latinoamericana.
Según la experiencia originada en Imaginador, las campañas en pro de la lectura incentivan a los lectores a ller más, pero no generan nuevos lectores. Desde 1992 decenas de libros editados por la Editorial Imaginador son de la autoría de Luis Hernán Rodríguez Felder. Entre ellos: NANAS DEL MAR. Canciones de cuna para cantarlas con la tonada del arrorró. NANAS DE LA SELVA. Canciones de cuna para cantarlas con la tonada del arrorró. EL SERMÓN DE LA MONTAÑA I y II. Intervención en Actitud Imaginador y diseño de las imágenes. e innumerables otros títulos, editados desde 1992 a la fecha.
LA ACTITUD IMAGINADOR. Desde mediados de la década de los 90 hasta la actualidad, Luis Hernán Rodríguez Felder desarrolla una normativa que rige lo que va a denominar actitud imaginador, es decir, una actitud frente a los textos clásicos en lengua castellana, desde el Cantar del mio Cid y el Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita, en adelante, que se va a constituir en la base conceptual para intervenir dichos textos y tornarlos comprensibles al lector contemporáneo con la menor alteración posible de la intención creativa del autor respectivo, y respetando el tipo de verso, su métrica, su ritmo y su rima.Así, durante más de una década de trabajo, culmina la intervención total a las siguientes obras:
Libro del buen amor del Arcipreste de Hita
Cantar del mio Cid (Anónimo)
Los milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo y prepara la próxima edición bilingüe (castellano antiguo-castellano contemporáneo) de las mismas.
Numerosos libros fueron intervenidos en la Actitud Imaginador, y editados por la Editorial Imaginador. Algunos de ellos: SHAKESPEARE Y EL AMOR RUBÉN DARÍO Y EL AMOR BÉCQUER Y EL AMOR y muchos más.
EL GRUPO LARSENDE INTERVENCIÓN EN GRANDES OBRAS CLÁSICAS EN LENGUA CASTELLANA
Imaginado como Proyecto (el Proyecto Larsen) paulatinamente devino en un grupo pequeño de estudiosos que comenzaron a aportar en la intervención (tal la denominación elegida, a pesar de estar muy comprometida con ciertas tendencias del arte contemporáneo) de las más grandes obras de la literatura antigüa en habla castellana, comenzando a generar ediciones bilingües (castellano antigüo – castellano contemporáneo), tal como las que se habían comenzado a eloaborar, y que acabamos de ejemplificar, a través de la Editorial Imaginador.
En los dos últimos años se ha comenzado a intervenir obras pertenecientes a otras literaturas, como es el caso de la literatura gauchesca argentina (el Martín Fierro, el Fausto, etc.).
El Grupo Larsen se sostiene conceptualmente en las normas de la Actitud Imaginador, y su Director General es Luis Hernán Rodríguez Felder.
EL LOCO BOLETA (Novela policial) 1998.
En marzo de 2003, de su matrimonio con Graciela Genovés –artista plástica, representada por la Galería Zurbarán, de Buenos Aires–, nace Julia, su tercer hija. El 9 de septiembre de 2003 el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires distingue al libro Los hermosos juegos de Luis Hernán Rodríguez Felder.
LOS HERMOSOS JUEGOS Texto e ilustraciones Editado por la Editorial Imaginador de Buenos Aires(Septiembre de 2004).
En marzo de 2005 se edita en la Editorial Imaginador la obra La dama boba de Lope de Vegaen la Colección IMAGINADOR-CLÁSICOS, acompañada por un estudio biográfico y LA APASIONADA HISTORIA DE LOS AMORES DE LOPE DE VEGA, Obra de ficción narrativa histórica en veinticinco capítulos.
En enero de 2006 nace Emilia, su cuarta hija –la segunda de su matrimonio con Graciela Genovés–.
El Grupo Imaginador de Ediciones, a principios de 2007, cuenta con un edificio propio de tres pisos, en el barrio de Almagro, posee las más modernas computadoras para diseño (Mac) y para la operatividad de la empresa (PCs), vehículos para la distribución de los libros, y trabajan en ella alrededor de treinta personas. Posee en distribución exclusiva la Editorial Edris, Ediciones de La Grulla, Ziel ediciones, Proyecto Larsen, etc. La Editorial Imaginador posee un fondo editorial estimado en más de mil títulos, los que se distribuyen a través de todos los sistemas de venta (grandes cadenas de librerías, venta directa domiciliaria, etc.); es miembro de la Cámara Argentina del Libro y de la Cámara Argentino Norteamericana de Comercio; participa con su stand propio en las Ferias del Libro de Buenos Aires, además de otras Ferias del Libro del interior de la Argentina; concurre a las principales Ferias del Libro del Mundo: Guadalajara, Chicago-Nueva York, Frankfurt, Barcelona-Madrid, etc.
Desde 1995 exporta sus libros a toda la comunidad de habla castellana, y hacia la comunidad de origen hispánico de EEUU.Ha obtenido numerosos premios internacionales por sus libros, así como menciones especiales por la calidad de los mismos en medios de diversos países.
EL MODELO DE FILOSOFÍA DE FELDE
El período o etapa relacionada con la creación en Filosofía tiene su origen en 1989, al comenzar a escribir el Volumen I del Modelo de Filosofía que denominó la Teoría de la Integración.
Desde entonces y hasta el presente, pese a la intensa actividad creativa generando centenares de libros de todo tipo para la Editorial Imaginador, el núcleo esencial de su pasión estuvo exclusivamente situado en la Filosofía, habiendo recientemente concluido el Volumen V (2007). En 2006 concluye el Volumen II de la Teoría de la Integración: La des-integración del Pensamiento de la Asociación (Hegel-San Agustín-Kant-Nietzsche), el que es editado por la Editorial Imaginador a principios de 2007. A fines de 2006 concluye el Volumen III de la Teoría de la Integración: La des-integración del pensamiento individual (Freud-Nietzsche-Schopenhauer-Derrida), el que está en etapa de corrección en la Editorial Imaginador para su edición a fines de 2007.
A principios de 2007 termina de escribir el, Volumen IV de la Teoría de la Integración: La Enfermedad Asociativa (Barthes-Bateson- El Génesis de la Biblia-otros pensadores), el que está en etapa de corrección, y con fecha de edición para fines de 2008. A mediados de 2007 concluye el Volumen V de la Teoría de la Integración, bajo el título de Las unidades duales integradas (La cuestión central del cristianismo-Heráclito-Parménides-Sócrates-Platón-Aristóteles), libro en período de corrección por su autor, y a ser editado a mediados de 2008.
El 16 de octubre de 2007 ha sido designado futuro Ministro de Culturab del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por las autoridades recientemente elegidas:el Jefe de Gobierno Sr. Mauricio Macri y la Vicejefa de Gobierno Sra.Gabriela Michetti.
Tags: Políticas culturales
Salvando a “La mujer de mi vida”
Octubre 16th, 2007 · 3 Comments
Acá, una idea para salvar una revista.
(Aunque 7 pesos tal vez sea mucho para una edición electrónica, ¿no?).
Tags: Políticas culturales · Visto y oído
Talando árboles / Primera entrega
Agosto 13th, 2007 · 2 Comments
TALANDO ÁRBOLES
Una discusión sobre la situación de la literatura argentina y la industria editorial.
Cuatro jornadas de debate sobre la actualidad de los libros, las editoriales, las librerías, el periodismo cultural, los autores y los lectores. De la crisis a la explosión de las editoriales independientes, de las grandes editoriales a los suplementos culturales.
Durante agosto y septiembre Interzona Editora y Boutique del Libro Palermo Viejo organizan un ciclo de cuatro charlas con editores, libreros, periodistas y escritores orientadas a los interesados en los diversos aspectos del libro y su actualidad. Los encuentros se realizarán cada quince días, los días miércoles a las 19 hs en Boutique del Libro Palermo Viejo, Thames 1672.
• Miércoles 15 de agosto, 19 hs:
EDITORIALES GRANDES Y CHICAS
Editoriales independientes y grupos: ¿Competidoras o complementarias? ¿Qué convierte a una editorial en independiente? ¿Las editoriales más chicas se encasillan? ¿Es el lugar que les dejan o el que eligen? El rol de los editores. Los autores: ¿cómo eligen dónde publicar? Relación con los mercados exteriores. Traducciones. Importaciones y exportaciones. Ediciones pagas, concursos, criterios de selección y exclusión. Políticas editoriales. Vínculos con librerías, con la academia y con los medios.
Participan: Alberto Díaz, editor (Emecé y Seix Barral, Grupo Editorial Planeta); Fabián Lebenglik, editor (Adriana Hidalgo); Valeria Castro, editora (Entropía) y Juan José Becerra, escritor.
Coordina: Gabriela Adamo.
Tags: Eventos y presentaciones · Políticas culturales
Premios municipales
Agosto 10th, 2007 · 3 Comments
Estamos juntando firmas para solucionar el problema de los premios municipales. Si se prenden, respondan a este mail con nombre y apellido. Saludos para todos. Gus Nielsen.
EL GOBIERNO DE LA CIUDAD NO CUMPLE CON LA LEY
En el pasado mes de enero, la Legislatura Porteña convirtió en ley la imprescindible y justa recategorización de los Premios Municipales, largamente postergados por el Poder Ejecutivo porteño en su ya conocido afán de congelar definitivamente esos premios, y en última instancia liquidarlos. Dicha recategorización no sólo implica el lógico ajuste en los haberes de los premios, sino revalorizarlos como un respaldo efectivo del Estado a la cultura, sacándolos del limbo presupuestario en el que se había decidido confinarlos.
Sin embargo, pese a encontrarse en plena vigencia la ley, y a contar con la necesaria partida presupuestaria, el Gobierno de la Ciudad desconoce el mandato de su propia legislatura e impide que dicha puesta al día de los haberes se haga efectiva, lo que legalmente debía suceder el 1° de febrero de este año.
Por todo lo expuesto, exigimos enfáticamente al Poder Ejecutivo del Gobierno de la Ciudad que cumpla con la ley que su propia legislatura ha votado y que se ha promulgado oportunamente, reservándonos a la vez el derecho de iniciar las acciones legales que corresponden de persistirse en esta violación de la ley.
Tags: Políticas culturales
Las 6 tesis de Link
Julio 26th, 2007 · 1 Comment
En materia de cultura.
Querida Patricia, Dr. Lavagna, Dra. Carrió, Señor Scioli, Cristina, señor@s representantes: Un pueblo sin cultura es un pueblo hundido, y como en las sociedades contemporáneas el pueblo es la base de la soberanía, un pueblo educado es la única vía para sostener el sistema político en su conjunto.
No sé en qué exacto y pérfido momento se optó por la desasociación histórica y más que pertinente entre educación y cultura. Un aparato educativo sin contenidos culturales es objeto de manipulaciones tecnocráticas, cuyos resultados desastrosos han quedado en evidencia en los últimos quince años. Por otro lado, una esfera cultural sin objetivos pedagógicos sólo puede pensarse a sí misma como el espectáculo vil e infamante al que pareciera que nos hemos ido acostumbrando.
1. Educación y cultura forman parte del mismo ministerio, comparten los mismos objetivos y son las mismas instituciones las que constituyen sus esferas de actuación: escuelas, museos, bibliotecas, teatros, cinematecas, clubes. Educación y cultura deben marchar juntas de la mano, transitando el camino de la imaginación.
2. Por supuesto, se trata de garantizar la inscripción de la ciudadanía en un proyecto cultural de excelencia y, al mismo tiempo, democrático. Hay que recuperar, para el ámbito de la educación y la cultura, la meritocracia, mediante sistemas de becas y premiaciones para quienes en la materia se destaquen. No me refiero sólo a las becas para escritores y artistas que tienen, ya, instituciones y programas específicos sobre los cuales habría que volver para garantizar su funcionamiento democrático y transparente, sino a becas y premiaciones destinadas a estudiantes secundarios de las escuelas públicas de todo el país: becas de estudio, de formación, de intercambio; premios al rendimiento escolar.
Así como existen olimpíadas matemáticas y torneos bonaerenses, no se entiende por qué las actividades relacionadas con el arte y la cultura no habrían de tener un esquema similar de promoción y patrocinio (juegos florales, competencias de declamación, concursos de manchas…).
3. Lo primero es sacar a educación y cultura del penoso sistema de clientelismo político que no hace sino hundir más lo ya hundido. Las instituciones culturales y educativas (escuelas, teatros, museos, bibliotecas, etc…) deberían estar bajo la dirección de especialistas designadas por concursos públicos de antecedentes y oposición (como las leyes lo prevén) durante períodos que, necesariamente, sean distintos de los ciclos del calendario político (cinco años alcanza para medir la eficacia de un proyecto).
Entiendo por “oposición” la presentación de un proyecto de gestión, evaluable periódicamente por