“Corre el año 1978. El encuentro se desarrolla en la Universidad de Le Mirail, en Toulouse, Francia. Tres hombres de letras se reúnen en torno a la proyección del film La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro, de Nicolás Sarquís. Estos hombres son Augusto Roa Bastos, Julio Cortázar y Juan José Saer. Lo que presentamos a continuación es la desgrabación de un video (cedido por Sarquís a la editora Blakman) en el cual los tres escritores y el realizador discuten alrededor de un problema: la relación entre el cine y la literatura.”
“A estas horas ya se sabe que un día después de que se hicieran públicas las fotos íntimas y eróticas de Gonzalo Valenzuela y Juana Viale, se estrenó en Chilevisión el programa Karma, protagonizado por el mismísimo Manguera –que, de manguera, poco; o, más bien, manguera de regar plantitas: derrumbe de un modesto mito– donde interpreta diferentes historias de sexo en capítulos unitarios. ¿Quiere decir esto que no hubo filtración sino vil estrategia?”.
“En lo futbolístico, he escuchado que muchos hablan y que están preocupados por la Messidependencia. Les digo algo, para que se queden tranquilos: este seleccionado intentará jugar con Messi y no para Messi. En este equipo no hay Messidependencia, de verdad, yo no lo siento así. Si uno repasa uno por uno a los jugadores que integran el plantel, se puede a dar cuenta de que son todos figuras, tipos importantes en sus equipos. Lo que yo digo es que en la cancha no puede ganar un partido uno solo; hay once jugadores que pierden, ganan o empatan. Otra cosa: la verdad, en serio, no esperaba todo el afecto que me brindaron en el último amistoso con Albania. Me puso muy feliz, pero muy feliz. Desde que volví al país recibí mucho cariño de la gente. Tal vez, a veces, me sentí muy discutido en la selección, por cómo se me dieron las cosas, pero la verdad es que ahora siento el afecto de la gente desde muy cerca y espero devolverle todo eso de una manera que para mí es más fácil que hablar ante los medios: jugando al fútbol.”
Más allá de la fortuna con que cada uno endereza narrativamente su propio “regreso a casa”, más allá de las fundamentales diferencias que en sus respectivas novelas determina el hecho de que los padres del narrador militen en la resistencia a la dictadura o consientan con ella, Pron y Zambra ha escrito dos novelas indicadoras de una interesante y cada vez más generalizada toma de conciencia, por parte de una generación de narradores ya no tan jóvenes, del peso de una herencia de la que muchos pretendieron zafarse convirtiéndose, como dice Zambra, “en corresponsales, en turistas”.
Lo mejor que se puede decir de un equipo de fútbol ya no es que se asemeja a una máquina sino a un organismo. La diferencia entre una y otro es que en la primera prevalece el funcionamiento y, en el segundo, la sensibilidad.
El Barcelona es sin dudas un organismo muy evolucionado. La soltura con la que se mueven sus sistemas biológicos, las conexiones entre sus partes y, también, entre los niveles en que esas partes actúan son tan asombrosas que nos hacen pensar lo que nunca pensamos: que jugar al fútbol es algo natural.
Excepto los primeros diez minutos del partido, en los que Manchester United puso de espaldas a su rival, agotando todos los recursos futbolísticos, mentales y físicos de los que disponía –como si hubiera intentado lo único a lo que podía aspirar: ganar por un knock out madrugador–, Barcelona superó en todos los momentos del partido a un equipo que con el correr de los minutos se fue achicando hasta desaparecer.
El secreto del éxito pero, sobre todo, de la belleza del juego estuvo como siempre en ese millón de pases –en realidad uno solo fraccionado por razones formales– que los soldaditos de Guardiola dieron durante casi toda la hora y media que duró la función. Un millón de pases de todas las medidas, hechos con todos los perfiles de los veintidós pies, con sus ejecutores en movimiento o plantados en cuadrados, triángulos, rombos o círculos artísticos y dándole a la pelota todas la velocidades a las que puede rodar.
Un flujo, un río de oro derrotó al Manchester. Primero le quitó la fe en sí mismo, y luego lo convenció de que la aventura de ganar en Wembley era imposible. El gol de Rooney fue un gran gol pero fue menos un producto que una ráfaga. En el segundo tiempo las cosas se inclinaron para el lado de la lógica y de la justicia. Y el gol de Messi fue, sin dudas, un hecho que demostró, en unos pocos segundos, la situación general del partido.
Recordemos que se dio luego de unos cuantos minutos en los que el Barcelona ejerció su sabiduría y su genio (utilizar aquí la palabra “eficacia” sería manchar ese recuerdo). A simple vista, la defensa del Manchester le dio a Messi una ventaja suicida. Se puede decir que Vidic y Ferdinand estaban distraídos. De ningún modo. Estaban concentrados en lo que debían: el hermoso juego del rival. De modo que se trató de un gol por hipnosis. Que los jugadores renuncien a jugar para poder ver el show imperdible de sus adversarios es el logro máximo de un equipo que ha llevado la realidad del fútbol al nivel de un sueño.
(Publicado en el suplemento de Deportes de Perfil).
-¿Y cómo lograste introducirte en el mundo intelectual porteño siendo peón de limpieza?
-Mirá, fue una de esas cosas ingenuas que a veces dan resultado. Estaba de peón cuando vi a un barbudo de pelo largo, “debe ser un intelectual”, pensé. Y le hablé, “mirá, vengo de afuera, recién estoy en Buenos Aires, ¿no hay algún lugar donde se reúnan escritores?”. Y curiosamente el tipo no se me río y me contestó: “Sí, hay un lugar donde se reúnen pintores, escritores, poetas, es el Bar Moderno, que queda en la calle Maipú al 800 y pico”. Y ahí fui, empecé a conocer gente, leía mis cosas, mis manuscritos, siempre con una vida muy underground. Que puede llegar a ser perfectamente una maldición.
¿Quieren saber cómo sonaban los Redondos en 1989, cuando faltaban un par de años para la masificación, y tocaban para 100 personas? Sonaban muy bien, y el Indio Solari chiflaba y aporreaba platillos. Un documento impresionante (hay más videos en Youtube). Eramos tan jóvenes…
Mirá que es difícil hacer que una camiseta del Barça sea fea. Bueno, finalmente, para la próxima temporada, lo han logrado. No sólo tiene una nueva marca en el pecho (Qatar Foundation), sino que además con esas rayitas finitas parece una remera de Topper, de Umbro, o de Kappa. En todo caso, si el Fútbol Club Barcelona algún día empieza a perder (cosa que no esperamos) se le podrá echar la culpa a la camiseta. Una duda: ¿con cuál van a jugar la final de la Champions?
“Un día compareció en el campo con la cucharilla de plástico del café en la boca y no la soltó hasta que se acabó el rondo. Aquel gesto fue interpretado como una señal de que Messi estaba contrariado, porque alguien no le había pasado el balón o quién sabe por qué demonios. Nadie intervino, sin embargo, para saber el motivo. Mejor así. A veces pasan días hasta que se conoce la causa del mosqueo y, por norma, es a través de uno de sus compañeros más íntimos, como Milito. Nunca ha ido a mayores y la gente ya se ha acostumbrado a sus desaires tanto como a sus goles. Cosas de críos, caprichos si se quiere de un futbolista cada vez más genial y solidario, entregado a la causa del equipo, el menos egoísta seguramente de los divos”.
“El último año en que estuve ciudad y oficina dentro, me preguntaba si, en verdad, mi intención era escapar o si sólo necesitaba vacaciones. Tenía una carrera afianzada y un puñado de libros periodísticos editados. No me podía quejar: trabajaba como editor de una reconocida revista. El jefe era mi amigo. Respetaban mis ideas. Ganaba bien. El trabajo no exigía horarios. Los miércoles era día libre. Cada mes, me sobraba algo y lo ahorraba. Las editoriales me mandaban libros de regalo. Las distribuidoras de cine, entradas a preestrenos. Me invitaban a fiestas con canilla libre. En los contactos de mi celular había strippers, monjes zen, directores porno, mujeres que se comunican con alienígenas, dueños de clubes swingers, detectives de señoritas, enanos. No la pasaba mal. Sin embargo, seguía soñando con casitas con chimenea en medio de la nada”
“Yo vivo solo, duermo en cama de hombre solo, perdí a la mujer última mía hace 10 años, resido en Santiago, capital de no sé qué como suelo decir desdeñosamente. Por allá arriba tengo una casa, en el centro sur de Chile. Me levanto temprano, sobre las 7 y media estoy arriba. Ya en estos plazos finales, un desayuno fuerte claro, no mucho pero firme, y luego salgo o por la calle del pero no llevo ninguna vida así confortable, tampoco dolorosa. Leo, leo, leo sobre todo como me enseñó Borges y a todos nos enseñó, releo, el que no relee está jodido, el que no relee no ha leído nunca”.
“Y el cuerpo es bastante despiadado, tu primera reacción es “Yo no”. Pero claro, imagino que uno va asimilándolo según pasa el tiempo y los casos. He perdido una hermana, he perdido una madre y he perdido un padre. Pero no he perdido todavía un mejor amigo, un amigo de hace tanto tiempo. Como dije una vez en la televisión, nuestra relación es algo así como un matrimonio homosexual no consumado. Incluso en lo que a la atracción física respecta. Es el mismo tipo de sensación que uno tiene cuando conoce a una chica maravillosa, cuando piensas “nunca imaginé que existiera alguien así”, cuando piensas que esa persona existe sólo para ti, que tiene la respuesta exacta a todas tus necesidades. Y sabes, no muchos amantes o parejas duran 40 años”.
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