Entries from Noviembre 2005
Noviembre 29th, 2005 · 5 Comments
REPORTERO: -Faulkner dijo que nada puede perjudicar el modo de escribir de un hombre si es un escritor de primera categoría.
MAILER: -Faulkner dijo más cosas tontas que ningún otro gran escritor norteamericano. No puedo recordar una sola observación interesante que Faulkner haya hecho.
REPORTERO: -Una vez afirmó que Henry James era “una anciana agradable”.
MAILER: -Faulkner tiene una veta maligna y mezquina de hombre del sur, y la mayoría de sus pronunciamientos reflejan esa malignidad. Es un gran escritor, pero no resulta en modo alguno interesante en la mayor parte de sus observaciones del momento.
REPORTERO: -Bien, ¿y qué puede arruinar a un escritor de primera categoría?
MAILER: -La bebida, la comercialización, el exceso de sexo, el exceso de fracasos en la vida privada, el exceso de desgastes, el reconocimiento del público en demasía, la falta de reconocimiento, la frustración. Casi todo lo que existe milita para embotar un talento de primera fila. Pero es probable que lo peor sea la cobardía. A medida que uno madura, adquiere conciencia de su cobardía, y el deseo de ser audaz, que antes constituía una alegría, se recarga de cautela y de obligaciones.
Norman Mailer, en un reportaje para Paris Review, publicado en “Antología mínima de Norman Mailer”, Colección Números de Editorial Tiempo Contemporáneo, 1969.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas) · Visto y oído
Noviembre 28th, 2005 · No Comments
Publicado en el Suplemento Oh! del Diario Perfil, domingo 27 de noviembre.
Extinguidos los pálidos fuegos que devoraron este espacio por cuatro semanas, tratando de establecer las diferencias entre Ian McEwan y Martin Amis (autores menores, si los comparamos con el notable cronista literario de la contemporaneidad que es Michel Hoeullebecq; por fortuna, las digresiones de mi compañero de columna derivaron hacia Martínez Estrada, Borges, Sarmiento y las mejores maneras de comer un asado con las manos), pasaremos a analizar cuestiones tal vez más prosaicas.
Sería bueno preguntarse por qué en la Argentina, pese a lo que indican los tiempos, es cada vez menos frecuente la publicación de libros de cuentos, mientras que la cantidad de novelas (malas y buenas, pero sobre todo malas) crece de manera inversamente proporcional. Es decir: si estamos de acuerdo en que, por diversos motivos, en la actualidad hay cada vez menos tiempo para dedicarse a la lectura de ficción (o que, al menos, buena parte de la gente debe enfrentarse a este dilema), y esto debería favorecer lo que denominaré las “lecturas en tránsito” (en trenes, colectivos, subtes); si acordamos, una vez más, en que existe una amplia tradición literaria rioplatense que se destaca en la producción de literatura breve (Quiroga, Arlt, Borges, Cortázar), entonces los interrogantes surgen solos. ¿Por qué los cuentistas argentinos tienen negada a priori por el mercado editorial la posibilidad de la publicación de su obra? ¿Por qué se publica en la Argentina un libro de cuentos por cada veinte novelas? ¿Cuándo y cómo nació el lugar común, repetido por libreros y editores hasta convertirse en mantra, que afirma que las novelas venden y los libros de relatos no? Y si los flacos números de ventas respaldan esa afirmación: ¿no será acaso porque la decisión de no publicar libros de cuentos ayuda a construir esas mismas estadísticas? ¿No se está sesgando el acceso de los lectores a potenciales grandes libros que jamás verán la luz, y formando así un consumidor cultural cuyos gustos son cada vez más básicos?
Desde hace algún tiempo, cada vez que tengo la posibilidad de reunirme con los editores de los sellos locales, suelo hacerles algunas de estas preguntas. Algunos me miran extrañados, ninguno desmiente que este escenario sea real. Realicé una consulta parecida en un blog literario, para que lectores y escritores pudieran ofrecer sus opiniones on line. Algunas de esas respuestas, entonces, en el próximo número, en este mismo lugar.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas) · Políticas culturales
Noviembre 18th, 2005 · 3 Comments
Ayer, mediodía, almuerzo con editor de importante -ex- editorial argentina (como todas, adquirida por económicamente importante grupo transnacional).
Luego de algunos devaneos literarios, durante el interregno entre plato principal y postre, insisto con mi obsesiva compulsa (que algunos minimizan, sin entender el interés que puede implicar el ejercicio de leer las formas de producción editorial actual): ¿por qué en un país con una notable tradición en literatura breve se edita, con suerte, un libro de cuentos por cada veinte novelas?
Su respuesta remontó la tendencia a los años 60. Cree que todo empezó con Rayuela, o por entonces. Confesó que cuando entró a la editorial heredó las órdenes que le habían bajado a su predecesor, que tenía prohibido publicar libros de cuentos. Casi: sólo de escritores consagrados. Primeros libros, jamás. Algo así sigue sucediendo hoy.
Dijo, también, que solía pensar en esto. Que le llamaba la atención. Reflexionó un segundo más, y completó: “Puede ser porque es más fácil consagrar a un autor con una novela. De hecho, eso pasó con Cortázar, o con García Márquez. No recuerdo que haya sucedido algo así con un libro de cuentos”.
Un argumento más para sumar a la columna que, ahora sí, prometo comenzar a publicar la semana que viene en Perfil.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
Noviembre 17th, 2005 · No Comments
Con algún retraso -debido, como surge de la lectura, a la escrupulosidad y el celo que le son característicos-, Quintín entregó la segunda parte de su reseña.
Hay, en este caso, más material en la columna del debe que en la del haber.
(Un texto no apto para escritores sensibles).
Tags: Nueva narrativa argentina
Noviembre 14th, 2005 · 1 Comment
Ahora son las revistas literarias on line las que leen la antología.
(Gracias Diego Grillo Trubba)
Tags: Nueva narrativa argentina
Noviembre 11th, 2005 · No Comments
Hay recitales que después de unos años cobran dimensiones míticas. Qué sé yo: se me ocurre el último Obras de Sumo, con un Luca tan lúcido como al borde de la muerte, el Festival Pan Caliente de Excursionistas del 82, con Los Redondos arriba del escenario, Monona haciendo un strip tease y la policía de la dictadura (en el ocaso, pero también en plenas funciones) diciéndole a la Negra Poly “o bajan esas mujeres o subimos nosotros”. Shows en los que hubo 50, 500, 1000 personas, aunque pasado un tiempo uno no deje de encontrarse con gente que, sin inmutarse, asegura: “claro, qué me vas a contar si yo estuve ahí”.
Bueno, esta vez, yo estuve ahí. Fue ayer, en un Gran Rex que ni siquiera estaba completo (mi mejor amiga, periodista especializada en músicas diversas, argumentaba: “¿Qué querés, si las entradas cuestan 130 mangos?”). Gotan Project dio uno de esos recitales. Una puesta visual tan simple como impactante (telón blanco por delante de la banda, imágenes sobre el telón, luces por detrás de la banda, grandes sombras), impecables sesionistas al piano, bandoneón y violín, Makaroff en guitarra acústica y el resto de la banda: los dos djs.
Nací sin el gen identificador del tango. Nunca hubo Alcoyana-Alcoyana entre el tango y la región de mi hemisferio cerebral que debía desarrollar ese tipo de sensibilidad musical. Pero tengo cierta capacidad para reconocer cuando algo es distinto, y más que eso: realmente bueno. Descomponer un tango hasta el silencio, fusionarlo con los Beastie Boys, tocar una chacarera y terminar con un set de dj mezclando ritmos de tango electrónico con cierto rap de Eminem es algo que no puede explicarse con palabras. Yo, al menos, me declaro incompetente.
Lo único que sé es que, dentro de un tiempo, van a empezar a aparecer, diría que hasta ya los escucho, aquellos que digan “¿El primer recital de Gotan Project en el Gran Rex? Qué me vas a contar, si yo estuve ahí”.
Tags: Música y alrededores