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Noticias y opiniones sobre libros, escritores, literatura y mercado editorial

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Entries from Marzo 2006

Humano, demasiado humano

Marzo 28th, 2006 · No Comments

El 25 de marzo del año que viene se cumplirán treinta años de la desaparición de Rodolfo Walsh, y se hace urgente prever qué tipo de homenaje se le rendirá a su memoria. Porque con Walsh, hoy, se corre un serio riesgo: que el progresismo de bolsillo acabe por convertirlo en un afiche de la heroicidad, clausurando definitivamente lo complejo e incómodo de su figura. Y que, en el futuro, su vida sólo pueda ser exhumada con algo de certeza por los arqueólogos de la derecha, siempre listos a reducir su existencia a la unidimensionalidad del oficial montonero.
En los 80 y 90, Walsh fue incorporado al canon académico: sus libros son bibliografía obligatoria de las carreras de Periodismo y de Letras. David Viñas suele declarar que su literatura está por sobre la de Borges. En el 2000, una encuesta entre escritores, críticos y editores eligió a “Esa mujer” como el mejor cuento de la literatura argentina de todos los tiempos. Y se afirma –con mucha razón– que con Operación masacre Walsh se adelantó en años al New journalism de Truman Capote y su A sangre fría.
Pero ése es sólo el Walsh de enciclopedia, que anula su verdadera dimensión: la de un hombre atravesado por contradicciones, tironeado por la necesidad de optar entre una moral burguesa y otra revolucionaria. Si Walsh es el periodista por excelencia, también es cierto que en el epílogo a la segunda edición de OM casi abjuró del periodismo como herramienta de justicia: “Me pregunté si lo que yo perseguía no era una quimera, si la sociedad en que uno vive necesita realmente enterarse de cosas como éstas. Aún no tengo una respuesta. (…) Releo la historia que ustedes han leído. Hay frases enteras que me molestan, pienso con fastidio que ahora la escribiría mejor. ¿La escribiría?”. En su nota autobiográfica confiesa haber tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda. Las razones por las que abandonó Cuba, desilusionado con el régimen castrista al que había adherido desde un primer momento, nunca quedaron claras. En los 70 dejó la literatura para incorporarse a Montoneros y fue un cuadro ejemplar, pero enfrentado con la cúpula de la organización rompió formalmente con ella en el 77, y su opción volvió a ser la del oficio de escribir.
Existe, en este sentido, un libro revelador: Ese hombre y otros papeles personales, con edición de Daniel Link. Allí, en sus anotaciones, aparece el Walsh íntimo. El escritor que sufre la imposibilidad de escribir. El que dice: “No encuentro la manera de conciliar mi trabajo político con el de artista, y no quiero renunciar a ninguno de los dos”. El que apunta: “Debo recuperar una cierta alegría, sentir que mi libro también sirve, romper la disociación que en nosotros están produciendo las ideas revolucionarias”.
Su último acto militante fue la aterradoramente lúcida “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. Después de eso, es posible pensar que Walsh confiara en la literatura como su último destino. Ese arte al que había definido como “un avance laborioso a través de la propia estupidez”. Un verdadero acto de justicia a su memoria rescataría a este Walsh, adelantándose a la solemnidad e imponiéndose a las buenas conciencias, esas que pugnan por sepultarlo en bronce.

(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 26 de marzo de 2006).

Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)

Volverse uno con el libro

Marzo 27th, 2006 · No Comments

“En los medios masivos no se puede analizar (es decir, desmontar minuciosamente) el sentido común de masas; en la academia no se puede intervenir en relación con el presente fuera de los protocolos académicos (contenidos mínimos, sistemas de evaluación, informes de avance de las investigaciones, bibliografía consultada, etc.). El blog no admite desarrollos (ficcionales o argumentativos) largos o con aparato crítico. El libro sigue siendo el momento de síntesis más alto, me parece, donde la libertad, las restricciones y las obligaciones, cuando uno tiene, además, suerte, se equilibran entre sí.”

Entrevista completa a Daniel Link, en la revista Debate, desde Linkillo.

Tags: Sobre libros y blogs · Visto y oído

24.03.76 / 24.03.06

Marzo 24th, 2006 · 1 Comment

Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.”

Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.

Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas) · El oficio de escribir (sobre periodismo) · Para principiantes

La cólera de un particular

Marzo 22nd, 2006 · 1 Comment

El rey de T’sin mandó decir al príncipe de Ngan-ling: “A cambio de tu tierra quiero darte otra diez veces más grande. Te ruego que accedas a mi demanda”. El príncipe contestó: “El rey me hace un gran honor y una oferta ventajosa. Pero he recibido mi tierra de mis antepasados príncipes, y desearía conservarla hasta el fin. No puedo consentir en ese cambio”.
El rey se enojó mucho, y el príncipe le mandó a T’ang Tsu de embajador. El rey le dijo: “El príncipe no ha querido cambiar su tierra por otra diez veces más grande. Si tu amo conserva su pequeño feudo, cuando yo he destruido grandes países, es porque hasta ahora lo he considerado un hombre venerable y no me he ocupado de él. Pero si ahora rechaza su propia conveniencia, realmente se burla de mí”.
T’ang Tsu respondió: “No es eso. El príncipe quiere conservar la heredad de sus abuelos. Así le ofreciérais un territorio veinte veces más grande, igualmente se negaría”.
El rey se enfureció y dijo a T’ang Tsu: “¿Sabes lo que es la cólera de un rey?”. “No”, dijo T’ang Tsu. “Son millones de cadáveres, y la sangre que corre como un río en mil leguas a la redonda”, dijo el rey.
T’ang Tsu preguntó entonces: “¿Sabe vuestra majestad lo que es la cólera de un simple particular?”. Dijo el rey: “Es perder las insignias de su dignidad y marchar descalzo golpeando el suelo con sui cabeza”.
“No –dijo T’ang Tsu–, ésa es la cólera de un hombre ordinario, no la de un hombre de valor. Cuando un hombre de valor se ve obligado a encolerizarse, como cadáveres aquí no hay más que dos, la sangre corre apenas a cinco pasos. Y sin embargo, China entera se viste de luto. Hoy ha llegado ese día”.
Y se levantó, desenvainando la espada.
El rey se demudó, saludó humildemente y dijo: “Maestro, vuelve a sentarte. ¿Para qué llegar a esto? He comprendido”.

(Autor anónimo chino; seleccionado por Rodolfo Walsh y publicado en el suplemento “Gregorio”, de la revista Leoplán, Buenos Aires, 1964).

Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)

Libros con vencimiento II

Marzo 19th, 2006 · 4 Comments

En octubre pasado describí, en un espacio similar a éste, cómo me había aburrido leyendo el Ferdydurke de Witold Gombrowicz y cómo, al mismo tiempo, la pasaba muy bien con una de las novelas de Jorge Asís. Leve incorrección política que, como preveía, produjo escasas adhesiones, innumerables rechazos y una que otra muestra de indignado asombro: ¿cómo me atrevía? ¿Cómo era capaz de decir cosas así? Mucho tiempo después, enterado de aquello por terceros, un destacado escritor argentino, que fue mi maestro y es uno de los intelectuales más lúcidos que conozco, me escribía: “¿Qué te pasa, largaste el golf y te dedicaste a la bebida? Decir que envejeció ese libro es como decir que Ubu Rey perdió vigencia, que Breton pasó de moda o que Beckett ya no va. De ciertos textos (Ulysses, por ejemplo; la obra de Kafka) se puede decir ‘No me gustan’, si uno es Borges (con Ulysses) o Lucacz (con Kafka), pero cómo van a envejecer. Son hitos, están plantados allí, les gusten a uno o no, y marcan un antes y un después”. ¿Qué decir? Que, por supuesto, él tiene razón.
Pero yo no escribí exactamente que Ferdydurke había envejecido. Sino que había envejecido para mí. Y lo que más me interesaba en esa ocasión, en verdad, era preguntar cómo actúa el tiempo sobre todos los libros. Mi apurada teoría era que existen libros que llevan fecha de vencimiento: obras que le hablan a su tiempo (incluso a ciertos lectores de su tiempo): lo que me pasó con Ferdydurke, lo que me impide volver a abrir Rayuela. Después, decía, están los libros que superan la lectura “epocal” (Operación masacre, Madame Bovary, El gran Gatsby), retratos de época que trascienden el presente para ubicarse fuera del tiempo. Y, luego, los grandes libros: los que se hacen clásicos.
Hace unos días me llegó el segundo número de la revista literaria La rana, que dirige el escritor cordobés Hernán Arias, y que trae un artículo sobre Jean-Paul Sartre de Ignacio Barbeito. Leo allí, con sorpresa: “Sartre afirmaba que la literatura envejecía con el paso de los años. Las obras literarias –y Sartre pensaba sobre todo en las novelas– caducan junto con la sociedad en la que fueron escritas. Así, la medida de la vigencia de una obra literaria era entendida como equivalencia de sus efectos desestabilizadores sobre un público masivo”. También encuentro una cita de Ricardo Piglia en Crítica y ficción: “Fue Arlt el que captó el núcleo secreto de la política argentina, y escribió una novela que se lee hoy y parece que se escribió ayer. Eso es la literatura política. Eso es la ficción política. Capta el núcleo secreto de una sociedad. Funciona, digamos así, transformando esos elementos que son los núcleos verdaderos, los núcleos de interpretación”.
Creo que, de alguna manera, Sartre y Piglia hablan de lo mismo: de que hay libros que se vencen y otros, los menos, que no. Pienso, a treinta años de su publicación, en la vigencia de una novela como El beso de la mujer araña. Un libro que capta el núcleo de una sociedad. Que incluso lo anticipa. Y vuelvo a pensar en Ferdydurke. Alguna vez tendré que volver a intentarlo. Alguna vez.

(Publicado el domingo 19 de marzo en el suplemento de Cultura del diario Perfil y en Kaputt).

Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)

Literatura y fútbol

Marzo 15th, 2006 · No Comments

Destacadas intervenciones de Mairal e Iglesias Illa, acá y acá.
Como para ir anticipando un año mundial.

Tags: Visto y oído

Aquí llegó Márai

Marzo 13th, 2006 · 3 Comments

Lenta, secretamente, casi como una pandemia hispanoamericana, la obra del escritor húngaro Sándor Márai es redescubierta en España y en la Argentina –donde conseguir sus novelas, debido a una distribución azarosa y a los precios con que llegan desde Barcelona, suele transformarse en una odisea. Desde hace algún tiempo, escritores como Juan Forn y Abelardo Castillo señalan sus libros (La amante de Bolzano, La herencia de Eszter, Divorcio en Buda) cada vez que en una entrevista periodística les exigen recomendaciones, e incluso el mismo Gabriel García Márquez confesó, hace algunos días, en una reunión íntima, ser un devoto de su obra.
En España, país que cuenta con una industria editorial insoslayable, aunque el gusto literario de sus lectores no suele ser precisamente refinado, Márai es sensación: El último encuentro, tal vez su novela más difundida, fue publicada un par de años atrás y ya lleva vendidas casi treinta ediciones. En el diario español El País, en noviembre de 2005, explicaban el fenómeno de esta manera: “De estructuras similares –extensas conversaciones y largos monólogos–, densas y cuajadas de pensamientos brillantes; teatrales, psicológicas, de escasa acción y peripecia, y hasta de tono melodramático y sentimental, las novelas de Márai son, con todo ello, absorbentes y difíciles de soltar una vez que nos sumergimos en sus páginas”.
Márai nació como Sándor Grosschmid en 1900 –poco después de Jorge Luis Borges, en el mismo año que Roberto Arlt– en Kassa, una pequeña ciudad húngara que hoy es parte de Eslovaquia. No fue un maldito, ni un marginado, sino un burgués hecho y derecho (su libro de memorias se titula, precisamente, Memorias de un burgués). Para los años 30, establecido en Budapest, había producido casi cuarenta tomos entre novelas, poesía y obras de teatro, sus libros eran éxito de ventas y había logrado una fama comparable a la de Thomas Mann o Stefan Zweig. Pero con la ocupación soviética de Hungría y la llegada al poder del régimen comunista, Márai se transformó en un indeseable, un escritor “decadente” que estaba lejos de cumplir las aspiraciones del ideario marxista. Así es que, en 1948, abandonó su país para no volver y se estableció en los Estados Unidos, en la costa oeste californiana. Pero, a diferencia de Nabokov, que cambió su ruso natal por el inglés, Márai siguió escribiendo; poco, pero en húngaro: un idioma que sólo leen unas 13 millones de personas, lo que no modificó su decisión de prohibir que sus libros se publicaran en su país de nacimiento.
Borges declaró alguna vez, ya anciano, que solía pensar en el suicidio. Pero que a su edad le parecía tarde: “Tengo ya demasiados años, en cualquier momento el tiempo me suicida”, bromeó. Márai no pensaba lo mismo. A los 89 años, solo y enfermo, lejos de la que alguna vez había sido su patria, se disparó un tiro en la cabeza. Apenas por meses no llegó a ver la caída del Muro de Berlín.

(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 12 de marzo de 2005).

Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)

Literatura y política

Marzo 11th, 2006 · No Comments

“Fue Arlt el que captó el núcleo secreto de la política argentina, y escribió una novela que se lee hoy y parece que se escribió ayer. Eso es la literatura política. Eso es la ficción política. Capta el núcleo secreto de una sociedad. Funciona, digamos así, transformando esos elementos que son los núcleos verdaderos, los núcleos de interpretación”.

Ricardo Piglia, Crítica y ficción, pps 121-122.

Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)

La torta del Gabo

Marzo 5th, 2006 · 1 Comment

Un mes atrás, en Cartagena de Indias, todos los miembros del taller de crónica recibimos la enérgica sugerencia de Alma Guillermoprieto, periodista del New Yorker que dictaba el curso: a las seis de la tarde debíamos encontrarnos para discutir sobre nuestros trabajos. Llegué al lugar a las cinco y media: en el ambiente se removía una agitación extraña. Un mozo pasó con una bandeja. Otro, me pareció, llevaba una torta. Era algo temprano para festejar, pensé. Nuestros artículos estaban en plena etapa de investigación. Pero uno nunca sabe: los colombianos son gente extraña.
Caminé hasta el salón principal de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, entidad fundada por Gabriel García Márquez, el mismo en que dictan talleres Ryszard Kapuscinski, Jon Lee Anderson y Tomás Eloy Martínez. Guillermoprieto improvisó sus siempre amables consejos a la hora de escribir. Tocaron la puerta. Adelante, dijo alguien. Bajo, macizo, vestido enteramente de jean, García Márquez dio tres pasos y se detuvo frente a nosotros. Se hizo silencio. Pertenezco a una generación que se reivindica inmune a la obra de los escritores del boom. Por mi parte, no puedo dejar de advertir lo obvio: que Relato de un náufrago, Crónica de una muerte anunciada y Cien años de soledad son obras maestras escritas por una misma persona. Una semana atrás, el escritor era portada de los diarios del mundo: hacía un año que no escribía, había dicho. Y ahora estaba ahí, a un metro de distancia.
El hombre tiene 78 años, y uno le daría menos si no fuera por cierta sordera que le hace repetir las preguntas dos veces. Nos consultó uno a uno de dónde veníamos. “Tú y yo vamos a hacer un trato”, me dijo, cuando le conté que había trabajado en el diario Perfil en 1998 y que el 2005 me encontró en el mismo lugar. “Tienes que escribir la crónica de tus dos experiencias, publicarlas, y mándamela, que la quiero leer”. Acepté, con una condición: que él viniera a Buenos Aires, ciudad que no visita hace cuarenta años. Me miró preocupado: “La última vez que estuve allí fue un infierno”, se lamentó, en alusión a la fiebre que desató la publicación de Cien años de soledad, en 1967.
Después, ante las preguntas, dijo: “Dejé de escribir para ver qué ocurría. Tenía la impresión de que había escrito todo lo que podía. No he vuelto a encender el computador. Y descubrí una cosa fantástica: quedarme en la cama leyendo. Leo todo lo que nunca tuve tiempo de leer”. Dijo: “Uno nunca aprende a escribir”. Dijo: “Lo más peligroso es cuando uno cree que sabe”. Al rato, una turba de fotógrafos y viejos amigos invadió la sala. Y García Márquez no dijo más. Firmó autógrafos, cantó el cumpleaños de la fundación, sopló las velas de la torta, soportó las fotografías con resignación y se fue.
Por la noche, de regreso en el hotel, los miembros del taller nos comimos la torta que había sobrevivido extrañamente intacta los festejos. Alguien arriesgó que debíamos escribir una crónica sobre el encuentro de la tarde. Un texto que se titulara “El día que me comí la torta del Gabo”. O algo por el estilo.

Publicado el domingo 5 de marzo, en el suplemento de Cultura de Perfil.

Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)

Castillo digital

Marzo 1st, 2006 · 2 Comments

Mirá que estoy atrasado. No sabía que Clarín subía entrevistas enteras desde el online.
Acá, un reportaje a Abelardo Castillo, durante el que extrañamente no sólo se dejó fotografiar bastante, por lo que lo conozco; más raro es que el fotógrafo haya podido retratar cada uno de los detalles de su casa de altos en Congreso.
(Para que Massei siga disintiendo conmigo en casi todo -no sabés qué bien paga el periodismo cultural argentino, querido Daniel, no tengo una registradora: tengo dos- y Llach se ponga nervioso, y empiece a gritar “¡Fogwill, Fogwill, Fogwill!”).

Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas) · Visto y oído