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Noticias y opiniones sobre libros, escritores, literatura y mercado editorial

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Entries from Abril 2006

Un argentino en NY (en exclusiva)

Abril 28th, 2006 · No Comments

Adelantamos -en tiempo real- el fallo del Premio de Crónicas Seix Barral - FNPI, que se debe estar entregando en este preciso momento en la ciudad de Bogotá, Colombia.
Y nos complacemos en informar que un amigo de la casa, el periodista Hernán Iglesias Illa (a quien pueden leer en el blog que está linkeado aquí abajo a la derecha, Un argentino en NY, y que suele escribir para Los Trabajos Prácticos, el primer link de, también, aquí abajo a la derecha) ha sido galardonado entre más de 350 periodistas de todo el mundo con el primer premio, unos 20 mil dólares que solventarán (¿lo harán? Ta caro Nueva York) el trabajo de investigación y redacción de Golden Boys en Nueva York. Vivir en los mercados, su proyecto.
Un fuerte abrazo para Hernán y también para Cristian Alarcón, finalista del premio y otro gran amigo de la casa.

Tags: El oficio de escribir (sobre periodismo) · Visto y oído

Mi suegro y Fogwill, en el gimnasio

Abril 24th, 2006 · 10 Comments

Mi suegro es un personaje: médico cardiólogo, cristiano hasta la médula, es capaz de internarse voluntariamente durante tres o cuatro días en el monasterio trapense de Azul, para meditar y hablar durante horas con sus compañeros de retiro sobre la sucesión de Fernando VII o, a los casi sesenta años, correr diez kilómetros con el esfuerzo que a cualquiera le insumiría un partido digamos corto de ping pong.
No modula cuando habla, por lo que hay que hacer un esfuerzo supremo para entenderlo. Es el jefe de la unidad de Terapia Intensiva de un conocido hospital porteño, y es también el peor contador de chistes de la historia: carece de la virtud del suspense necesario que exige cualquier relato, es absolutamente incapaz de acertar el énfasis en el momento justo para que el remate surta efecto en su auditorio. Suele quedarse dormido en cualquier lado, incluso -o sobre todo- en los cumpleaños y las fiestas de fin de año. Y siempre anda con un libro bajo el brazo; sus favoritos: Borges, Thomas Merton, Platón y Aristóteles.
Mi suegro es un personaje y desconoce, por supuesto, todo lo relativo a la literatura argentina contemporánea. Sin segundas intenciones, para él la literatura argentina siguen siendo Borges, Cortázar, Sabato, Mujica Láinez. Sin embargo la semana pasada, mientras se cambiaba para nadar un rato en el Sport Club de Medrano y Corrientes, le llamó la atención un hombre que pedía una maquinita de afeitar a los gritos, y que unos minutos más tarde, mientras se enjabonaba la cara completamente desnudo, entonaba una canzonetta italiana.
Mi suegro tiene una extraña costumbre: lee Ñ todos los sábados. Se acercó a ese hombre que se emprolijaba el bigote frente al espejo:
-O usted es Fogwill, o se le parece mucho- dijo.
-Soy- respondió el otro.
Y a continuación, mi suegro y Fogwill mantuvieron en el vestuario del gimnasio una conversación que a él le causó bastante gracia. Mi suegro, con la sinceridad que lo caracteriza, le confesó que no había leído ninguno de sus libros. Y Fogwill, en algún momento de la charla, le contó que solía ir a las librerías de saldo de Corrientes a comprar sus propias novelas y libros de cuentos por cuatro o cinco pesos.
“Siempre llevo uno encima”, le dijo a mi suegro. “Así, cuando me cruzo con una piba que está buena por la calle, se lo regalo en el momento. Con eso me ahorro lo que me hubiera salido la cena; y el levante me sale casi gratis”.
Hace poco escribí que Fogwill (el escritor que, por lejos, mejor modeló el malditismo de su personaje público en los últimos años) se ocupa, con una dedicación sorprendente, de que cada quien sea capaz de vivir, para luego referir, su propia “experiencia Fogwill”.
Mi suegro ya tiene la suya.
Aunque debo admitir que, por primera vez, el remate de mi suegro no sólo no arruinó la anécdota. Sino que él mismo se despidió como lo hubiese hecho Fogwill.
-Me amenazo con leerte- le dijo, mientras se acomodaba la gorra de baño y subía las escaleras del gimnasio hacia la pileta.

Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)

Nuestro hombre en Temaikén

Abril 16th, 2006 · No Comments

Pedro Mairal, devenido cronista, en un temible viaje al centro de la felicidad burgoanimal.

Tags: Visto y oído

Una dama perdida

Abril 12th, 2006 · No Comments

Algún día se pondrán por escrito las variables sociales, culturales y económicas que propiciaron en los Estados Unidos –hacia finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el oficio de escribir todavía era cosa de hombres– el surgimiento de una generación excepcional de narradoras: Willa Cather, Katherine Anne Porter, Flannery O’Connor y Dorothy Parker, entre otras. Hasta entonces, sólo nos queda redescubrir, no sin sorpresa, una serie de cuentos y novelas que parecen concebidas años –e incluso décadas– más tarde.
Uno de los nombres menos difundidos de ese grupo heterogéneo de escritoras es el de Kate Chopin (1851-1904). Chopin nació en Saint Louis, Missouri, en una de las familias más ricas y antiguas de la ciudad. Cuando tenía cinco años, su padre murió en un accidente de trenes. La pequeña Kate se crió, entonces, rodeada de viudas: su bisabuela, su abuela, su madre. Fue, a su vez, una madre poco común –usaba ropas extravagantes, fumaba cigarrillos y tomaba alcohol en público, en una época en que todo eso significaba un verdadero desafío a las normas sociales– y, antes de enviudar también ella, tuvo seis hijos.
Su carrera literaria comenzó a los 37 años. Publicó sus relatos en las revistas más conocidas del momento y llegó a escribir más de cien cuentos y dos novelas, Una noche en Acadia y El despertar, que generó un escándalo al abordar el adulterio desde una óptica femenina. Mientras que en inglés existen ediciones de sus trabajos completos, en castellano sus libros son prácticamente inhallables. Algo extraño, porque si bien sus relatos están formalmente inscriptos en el siglo XIX, son de lo más avanzado que se pueda encontrar de la época.
“La tormenta” es el cuento que cierra uno de los muy raros volúmenes de sus obras traducidas al castellano. Allí, en apenas seis páginas, Chopin cuenta la historia de un marido que, para evitar la tormenta que se avecina, se recluye con su pequeño hijo dentro de un almacén. El hombre se preocupa por su mujer, que ha quedado sola en casa. Corte. Salto de escenario. Una mujer mira por la ventana: su esposa. Desde lejos ve llegar a un vecino que, también para evitar la lluvia, le pide permiso para entrar hasta que amaine. La tormenta azota el campo. Ellos mantienen una conversación trivial. No se miran. La mujer se acerca a la ventana. Los relámpagos la sobresaltan. Y, cuando la tensión crece, y uno cree que nada pasará entre los dos –o que ella frustrará de alguna manera un seguro intento de violación–, Chopin embarca a su personaje, con toda naturalidad, en una apasionada relación sexual que, lejos de toda improvisación o sentimiento de culpa, transcurrirá en el lecho matrimonial de la mujer.
Al rato, cuando su marido y su hijo regresan, ella besa al niño y se dispone, feliz, a preparar una deliciosa cena. Kate Chopin escribió “La tormenta”, en el que se anticipa buena parte de la mejor narrativa norteamericana de finales del siglo XX –las oscuras fuerzas agazapadas y contenidas en lo doméstico de Raymond Carver, por ejemplo–, en 1898.
El cuento fue publicado mucho después de su muerte, en 1969.

(Publicado el 9 de abril de 2006 en el suplemento Cultura de Perfil).

Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)

Lo dije yo primero

Abril 11th, 2006 · No Comments

Cuchame Quintín, ya sé que todas tus fuerzas de hoy están puestas en convencer a Flavia de que te acompañe en tu tarea de flaneur-cronista del Bafici para TP, pero Mairal ya sacó la cuenta: a esta altura, tenés 150 páginas; a eso sumale el affaire Fogwill y las contratapas literarias en Perfil. Ponéle de título “Literatura de centro”. No me vas a decir que no puede andar. No te cobro nada, y con parte del adelanto nos vamos a almorzar con Guebel y Terranova a algún lugar que no sea el edificio de La Prensa. De nada. Hablamos.

Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas) · Visto y oído

Trabajo Práctico Final

Abril 9th, 2006 · No Comments

“Ya hablé demasiado, de modo que va siendo hora de callar. Me gustaría terminar repitiendo que la experiencia de acompañar a estos veinte autores fuera de La joven guardia y leer al menos parte de sus obras publicadas (en realidad, sólo lo logré en 17 casos) fue apasionante. Aunque algún libro me ha faltado y algunos de los escritores están más avanzados en sus carreras que otros, me parece que tuve el privilegio de conocer a una generación literaria. En años recientes, me ocurrió algo parecido (aunque desde más cerca) con una generación de cineastas. A esta altura, y si bien el juicio es provisorio, no puedo dudar de que, si la comparación es lícita, los escritores son en conjunto más interesantes: más variados, más originales, más sólidos intelectualmente” (…)

Quintín entrega, dos meses y medio después, la última parte de su reseña de La joven guardia; bajo la lupa, en esta ocasión, los cuentos de Coelho, Falco, Schweblin y Matayoshi.
No pude evitar, al terminar de leer la sexta parte, sentir que había asistido a una experiencia crítica única.
Para mí, es un orgullo que el objeto de esa crítica haya sido LJG.

Tags: Nueva narrativa argentina

Roncagliolo y LJG

Abril 6th, 2006 · 2 Comments

eBlog: en la Argentina hay una nueva generación de escritores, artistas, autores, guionistas, etc.., en cuanto a la literatura, hay varios buenos, reunidos en un libro de cuentos llamado “la joven guardia”. ¿cuáles son las preocupaciones de “la joven guardia” en el resto de los países? ¿en qué se inspiran?
SR: Buscaré ese libro ahora cuando vaya. Argentina siempre ha tenido una vitalidad cultural admirable. Es difícil generalizar. Yo formo parte de una generación que estaba en la primera fila para ver cómo se derrumbaban las ideologías de izquierda. Pero luego la miseria y eventos como la crisis argentina también tumbaron a las de derecha. En ese sentido, la verdad se ha vuelto negociable. Tomas lo que puedes de donde puedas. Y la literatura también. Yo en esta novela hablo de violencia política, pero es un thriller muy cinematográfico. Eso solía ser una contradicción.

(La entrevista completa con el último ganador del Premio Alfaguara, acá).

Tags: Nueva narrativa argentina

Fogwill público y privado

Abril 3rd, 2006 · 4 Comments

Ganó: Fogwill ya ganó. Hay cierto consenso en que Muchacha punk, Los pichiciegos (que reeditará en breve Interzona) o Vivir afuera forman parte de la mejor literatura argentina. En una encuesta reciente de la revista Oliverio, Elvio Gandolfo, Sergio Olguín, Gonzalo Garcés, Mariana Enriquez, Gustavo Nielsen, Oliverio Coelho y Florencia Abbate señalaron alguno de sus libros entre los más importantes publicados de 1983 a esta parte. Lo que –entre otras cosas– confirma la amplia difusión de su obra dentro de la nueva generación de narradores. Por todo lo anterior, precisamente por esta suerte de aceptación general,es que podemos inferir que habrá payasadas fogwilleanas para rato –esos divertimentos en que, como un chico algo crecido, se entretiene arrojando cañitas voladoras desde los medios (la semana pasada en la Revista Ñ, por caso) desoyendo a conciencia el consejo que Osvaldo Lamborghini le diera muchos años atrás: “¿Y vos, histérico sin tragedia, cuándo vas a aprender a escribir con la boca cerrada?”.
¿Quién es Fogwill? O mejor: ¿cuál es el verdadero Fogwill? ¿El que habla de un lobby del Holocausto, el que admite haber noqueado a piqueteros porque se atrevieron a cerrarle el paso por la calle, el que confiesa haber trabajado como director creativo de la agencia de publicidad de la familia de Roberto Viola, ex presidente de la última dictadura militar? ¿El generoso escritor que alienta, sin pedir nada acambio, a narradores y poetas jóvenes que le acercan sus libros autogestionados? ¿O el intelectual que es capaz de afirmar que la literatura “tiene que ver con la verdad”, que le divierte caminar o pilotear aviones pero que la experiencia estética es otra cosa, “no algo que divierte sino algo que vierte”? Todos: Fogwill es todos a la vez.
Hace poco, en una reunión de escritores, uno de los presentes contó que cada vez que se encontraba con Fogwill a solas descubría a una persona inteligente y gentil. Pero que, como si fuera un Jekyll y Hyde autóctono, cuando leía sus declaraciones públicas lo arrobaba un incontenible sentimiento de vergüenza ajena.
Las anécdotas que lo tienen como protagonista conforman, a esta altura, un extenso catálogo: es como si él mismo se esforzara para que todos sean capaces de vivir su propia “experiencia Fogwill”. El poeta Santiago Llach lo describió muy bien: “Es el anteúltimo escritor argentino que se arma una mitología de autor interesante, capaz de sacudir cada tanto las antenas de los perros pavlovianos del progresismo”.
Fogwill ganó: escribe, publica, opera críticamente, es leído y escuchado. Sabe que en el campo literario argentino el crimen paga (y asegura más repercusión que la gentileza y la amabilidad). Aunque, también, sabe que no hay nada más desmoralizante que confirmar que lo que uno buscaba, bueno, eso, lo que sea, ya se ha cumplido. Todo lo que, a juzgar por sus intervenciones públicas, no alcanza para diferenciarlo, por ejemplo, de ciertas espasmódicas vedettes de la TV y el teatro de revistas. Menos mal que detrás de él también están sus libros, su literatura.
Y eso, claro, lo salva.

(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 2 de abril de 2006)

Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)