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Noticias y opiniones sobre libros, escritores, literatura y mercado editorial

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Entries from Julio 2006

Ahora dicen que / 2

Julio 31st, 2006 · No Comments

Días atrás las puertas del bar “El imaginario”, en el barrio del Abasto, fueron cerradas para que no hubiera posibilidad de filtración en torno al encuentro que iban a mantener las únicas tres personas habilitadas para ingresar al lugar esa noche.
Para algunos, Carmen Castro, Skay Beilinson y Carlos Solari sólo se vieron las caras, después de tantos años, con un único objetivo: poner al día derechos y obligaciones convergentes en la aceitada maquinaria de rock mejor conocida como “Patricio Rey”.
Aunque hubo otras lecturas del mismo hecho.
Esas lecturas aseguran que el encuentro tenía en verdad la finalidad de comenzar a ajustar los detalles del regreso (¿y despedida?) más esperado de la industria del espectáculo local.
Eso sí: parece que con nuevos integrantes a cargo de bajo, batería y saxo.
Ampliaremos.

Tags: Música y alrededores

Cobain para principiantes

Julio 29th, 2006 · 1 Comment

Me gusta provocar a los perros pequeños que ladran dentro de los coches aparcados.
Me gusta hacer sentir a los demás felices y superiores ante mi presencia.
Me gusta hacer esfuerzos insidiosos para evitar un conflicto.
Me gusta tener opiniones firmes sin nada que las respalde aparte de mi sinceridad innata.
Me gusta la sinceridad. Carezco de sinceridad.
Me gusta analizar mis opiniones con calma y sensatez, adoptando una actitud conformista, aunque me considere de extrema izquierda.

He conocido a muchas mentes capaces de almacenar y traducir cantidades ingentes de información, y sin embargo carecen de la más mínima habilidad para alcanzar la sabiduría o apreciar la pasión.

(Kurt Cobain, Diarios, Mondadori, 2006, pps. 99-103)

Tags: Libros / Novedades · Para principiantes

Una noche en Tao-Tao

Julio 27th, 2006 · No Comments

¿A que no saben quién vino a comer?

(Vía Lola)

Tags: Visto y oído

Vamos a la playa

Julio 25th, 2006 · 2 Comments

El planteo es viejo como el tiempo. Y sin embargo, si me apuran, y me preguntan para qué creo que sirve la literatura, lo más probable es que vuelva a contestar que para nada. Lo que, por otra parte, es lo mismo que decir: para todo. Con los libros, las cosas cambian. A los libros –en cuanto objetos, en cuanto mercancía– podemos asignarles utilidad: un libro de recetas de cocina será siempre funcional, al igual que un diccionario o una guía de rutas. Con la ficción también sucede. Hay en las novelas y los libros de cuentos atisbos de finalidad: diversión, distracción, interpelación, desafío. Cada experiencia de lectura será diferente. Puede que haya quien se vuelva más sabio, humilde o consciente de su ignorancia después de un libro. Puede que no.
La última obra de Alan Pauls, La vida descalzo, es un breve e iluminador tratado sobre la playa, mezcla de autobiografía, ensayo y anecdotario. La playa –para Pauls, sobre todo, la arena y el mar de Villa Gesell, lugar donde veraneó hasta los quince años– como núcleo, como zona, como geografía formativa. Por ejemplo: Pauls escribe que la playa (“visible, explícita y democrática, el candor hecho espectáculo”) es ese lugar “donde las leyes se ponen en suspenso, o al menos permiten endulzar su ejecución”. Y que allí, en ese terreno, sólo existen dos caminos para singularizarse: “ser un héroe o una víctima”. A diferencia del cineasta Mariano Llinás en Balnearios, Pauls se despoja de todo prejuicio al abordar esa geografía que ama. No hay sarcasmo para las hordas que eligen, una vez al año, transpirar dunas, balnearios y orillas. Y su devoción lo lleva a identificar, por momentos casi como un historiador, los mecanismos –lúdicos, sociales– de funcionamiento de la playa: a entrever qué significa, para la cultura occidental, ese espacio abierto y blanco de sol.
Pauls no le habla a todo el mundo, sino a una generación bien específica: la de los hijos de la clase media acomodada que, en las décadas del 70 y del 80, hizo de Villa Gesell –esa ciudad desaparecida para siempre– su El Dorado. Esa generación que es mi generación: para muchos de nosotros La vida descalzo es (será) una verdadera cartografía sentimental. Vestigios de un pasado que volverá disparado por su lectura: fue en Gesell donde sentí la acechanza del peligro real por primera vez, cuando una moto de playa trepó sobre mi hermana de cuatro años, y vi las gotas de sangre brotar, con lentitud y determinación, por toda su espalda; donde cada verano, al entrar a Sacoa, me sentía un poco delincuente –en Capital, los videojuegos estaban prohibidos. En las tardes de calor y sombra de Gesell comencé a intuir, a través de mis padres, que tenían por entonces la edad que tengo hoy, el amenazante mundo de los adultos; donde conocí el vértigo de la seducción femenina, cuando una babysitter de la cual estaba fatalmente enamorado me confesó, aparte y en voz baja, que si yo tuviera algunos años más estaría encantada de ser mi novia; el lugar elegido, años después, para pasar mis primeras vacaciones solo.
Pero lo más extraño sucedió cuando cerré el libro: la inquietante revelación de entender que, pese a lo que había creído hasta hoy, y a lo largo de los años, siempre me cuidé de volver, una y otra vez, al menos por unas horas, a Villa Gesell.

(Publicado en el suplemento de Cultura del diario Perfil el domingo 23 de julio de 2006).

Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)

Foucault para principiantes

Julio 24th, 2006 · 1 Comment

“No me pregunten quién soy, ni me pidan que permanezca invariable: es una moral de estado civil la que rige nuestra documentación. Que nos deje en paz cuando se trata de escribir”.

Roger-Pol Droit, Entrevistas con Michel Foucault, Paidós, 2006.

Tags: Para principiantes

Escritura y adicciones

Julio 24th, 2006 · No Comments

Una vuelta de tuerca, por Juan Terranova.

Tags: Visto y oído

Apuntes sobre política cultural II

Julio 17th, 2006 · 1 Comment

Unos días atrás decíamos, entre otras cosas, que a más de tres años de gobierno no estaba claro cuál era la política cultural que el kirchnerismo creía conveniente para el país. Pensar, en términos generales, una línea a seguir en materia de política cultural no debe ser fácil y los riesgos de caer en la demagogia y la abstracción son siempre altos. Pero para eso se supone que también están los conductores políticos, aunque suelan olvidarlo: para pensar. Dentro de las escasas virtudes del localismo figura la capacidad de acción: los reflejos, en administraciones como la porteña, deberían funcionar más rápido que los de, por ejemplo, las gobernaciones provinciales. Es más probable que, en materia de cultura, los legisladores de la Ciudad naveguen aguas más veloces que las del Congreso.
Es en este marco que surge –motorizado por el macrismo, a través de Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli y el ex director adjunto delTeatro Colón, Pablo Batalla– un proyecto de ley de promoción cultural que seguramente será más difundido con el nombre de “ley demecenazgo”.
¿De qué se trata el proyecto? En síntesis, se apoya en antecedentes como la Ley Rouanet en Brasil, la Valdez en Chile y otras similares en España, en las que empresas privadas –e incluso las personas físicas– tienen la posibilidad de financiar proyectos culturales a través de aportes financieros. En el caso particular de este proyecto, los patrocinadores podrían ser los contribuyentes, a través de un pago a cuenta del impuesto a los Ingresos Brutos. Las áreas para las cuales la ley fue pensada son teatro, circo, murgas, danza, música, letras, artes visuales, audiovisuales, artesanías, diseño, arte digital y sitios de Internet de contenido artístico y cultural, entre otros. Los interesados en recibir este subsidio deberían presentar un informe del proyecto a financiar y el presupuesto necesario, lo que sería evaluado por un Consejo de Promoción Cultural –bajo la órbita del Ministerio de Cultura de la Ciudad–, integrado por legisladores y artistas reclutados entre los que hayan obtenido premios nacionales y municipales.
La iniciativa –que espera recaudar y repartir alrededor de 70 millones de pesos por año– cuenta con el apoyo de algunos actores del campo cultural: la presidenta de Proa, Adriana Rosenberg; el presidente de ArteBA, Mauro Herlitzka; la presidenta de la Academia Nacional deBellas Artes, Rosa María Ravera; galeristas como Daniel Maman y Orly Benzacar; el escritor Rodolfo Fogwill y, según le señaló Batalla a PERFIL, los compositores Gerardo Gandini, Oscar Edelstein, Marta Argerich, Daniel Baremboim, e importantes dramaturgos como Alejandro Tantanian y Rafael Spregelburd.
Frente al proyecto, claro, surgen algunas dudas. ¿Tendrá el Consejo de Promoción la legitimidad necesaria para distribuir fondos libre de sospechas? ¿Es positivo que los integrantes del órgano trabajen ad honorem? ¿Alcanzará con que se reúna una sola vez por mes, como se estipula, o esa frecuencia de trabajo lo hundirá en la burocracia? ¿Es preferible que sean los aportantes los que decidan qué proyectos financiar, corriendo el riesgo de favoritismos y maniobras endogámicas, o tal vez sea el propio Consejo el que deba decidirlo? Todas estas cuestiones deberá debatirlas la Legislatura de la Ciudad, si el proyecto de ley deja de ser, precisamente, un proyecto. ¿Se debatirán?

(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil, el domingo 16 de julio de 2006).

Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL) · Políticas culturales

De turista en Buenos Aires

Julio 10th, 2006 · 2 Comments

Una semana de vacaciones a mitad de año puede servir, entre otras cosas, para reconciliarnos con Buenos Aires, esta maravillosa y esquizofrénica ciudad en donde la banalidad más absoluta convive con una oferta cultural abrumadora.
Una amiga francesa está de visita en Buenos Aires. Entonces, con esos días de vacaciones, uno decide dedicarse a adoptar el rol del anfitrión porteño –sin preguntarse cuántas veces un parisino visitará el Louvre por año, o si existe algún romano que pague la entrada más de una vez en la vida para recorrer las galerías del Coliseo.
Visitas casi obligadas, entonces, de un turista en la ciudad: la exposición de Roy Lichtenstein, Vida animada, en el MALBA. Hay quien dice que se trata de obras secundarias en la carrera de uno de los artistas más emblemáticos del pop art. Lo cierto es que, gracias a la curaduría y al propio espacio, la muestra de Lichtenstein no podría pasar inadvertida. Eramos varios los que, acercándonos a pocos centímetros de los collages, bocetos y dibujos, descubríamos, con asombro, algunos secretos del trabajo del artista: papel pintado montado sobre fondos blancos o de color, cortados con trincheta y pegados hasta lograr el impacto cromático.
Al otro día, con tranquilidad, el Museo Nacional de Bellas Artes: Fernando Botero y sus retratos sobre la violencia en Colombia. Cuatro o cinco cuadros imperdibles, una serie de pinturas y dibujos que tal vez asombre más en conjunto que individualmente. Y una yapa: en el segundo piso, una breve exhibición de algunas de las mejores fotografías de Marcos López.
En el cine, por cierto, poco y nada. Todo lo contrario ocurre con el silencioso boom del teatro local. La multiplicidad de la oferta teatral es un clásico porteño. Pero lo que sorprende, en la actualidad, no es la cantidad de propuestas sino que algunas de ellas realicen tres y cuatro funciones semanales a sala llena. Por tomar ejemplos diversos: Qué noche, Bariloche, de Fabio Alberti y Diego Capusotto, acaba de llegar a los 20 mil espectadores en pocos meses. De acuerdo: es la calle Corrientes y quizá la obra descanse en los jóvenes con nostalgia de Cha cha cha o el módico suceso televisivo Todo x 2 pesos. Busquemos otro ejemplo: Piel de chancho, de José MaríaMuscari, en el Teatro del Pueblo. Se estrenó en febrero (Muscari, de29 años, tiene hoy cuatro obras en cartel) y lleva 42 funciones continuadas, con unos 2.500 espectadores que pagaron una entrada de 15 pesos para ver este “espejo distorsionado de mujeres familiares que hace reír desde el dolor”. ¿Le debe algo la buena recepción de la obraal rescate que hizo Muscari de María Aurelia Bisutti? Imposible saberlo.
Ultimo caso, tal vez el más notable: La omisión de la familia Coleman (foto), de Claudio Tolcachir, es un verdadero suceso del boca a boca que fue visto, en menos de un año, por casi 15 mil personas –la sala, un PH al fondo en el barrio de Boedo, alberga por función a sólo 75 espectadores. La omisión… obtuvo todo tipo de premios, y nadie que la haya visto va a olvidarse fácilmente del personaje de Marito, una suerte de Bartleby borderline. ¿Por qué parece el teatro imantar una cantidad de público que no alcanzan ni el cine ni la literatura local? ¿Será un fenómeno sostenible en el tiempo? ¿Se trata en verdad de un fenómeno? ¿Es tan nuevo como parece? Sólo preguntas.

(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil, el domingo 9 de julio de 2006).

Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)

Apuntes sobre política cultural

Julio 3rd, 2006 · 4 Comments

La reunión duró menos de treinta segundos. Oscar Feito, secretario de Comunicaciones porteño, exigió días atrás la renuncia a los responsables de la programación de Ciudad Abierta, señal de cable de la Ciudad de Buenos Aires. “Es la voluntad del jefe de Gobierno”, fue toda la explicación que dio a los medios cuando se le consultaron los motivos de la decisión. Los tiempos políticos funcionan como las mareas: un sistema de altas y bajas. Cuando algún líder –por caso, un jefe de Gobierno– cae en desgracia, el mar se revuelve y la marea se retira, sin hacer distinciones a la hora de llevarse con ella incluso los buenos sedimentos. En este caso se trata de algo digno de lamentar: la conducción que había asumido en Ciudad Abierta en diciembre del 2004 logró imprimirle a la pantalla de la señal, por primera vez, un dinamismo y una profundidad poco frecuentes. Durante el 2005 y parte del 2006 se produjeron ciclos de notable calidad – Portarretratos, La caldera–, telefilms y documentales detrás de los que estuvieron nada menos que Martín Rejtman, Lucrecia Martel, Lisandro Alonso y Luis Ortega, cuatro de los más singulares directores del llamado Nuevo Cine Argentino.
Pero estos cambios repentinos –en un canal que se había ganado la venia del público y la crítica– son síntoma de algo más profundo: la incómoda relación que históricamente trabaron los campos cultural y gubernamental. No hace falta abundar en el desprecio y la saña de la que fueron capaces todos los gobiernos de facto y algunos civiles -mayormente los peronistas– para con escritores, artistas e intelectuales. Incluso hoy, a más de tres años de gobierno, no queda claro aún cuál es el horizonte cultural que el kirchnerismo tiene pensado para el país –más allá de repartir libros en los estadios de fútbol, invitar a filósofos setentistas a cenar a la Quinta de Olivos, organizar recitales frente a la Casa Rosada todos los veinticinco de mayo.
Es curioso: el jueves 29, con la presencia de Héctor Tizón, se inauguró en la sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional un ciclo de conferencias que lleva por título “La literatura argentina por escritores argentinos”. La novelista Sylvia Iparraguirre fue la encargada de confeccionar un cronograma de charlas que se extenderá hasta julio del 2007 y a través del cual, cada quince días, narradores, poetas y dramaturgos disertarán sobre literatura y cultura nacional. No hay recuerdos cercanos de un evento de estas dimensiones. Asombra la calidad organizativa con que comenzó el ciclo y, sobre todo, la lista de nombres anunciados –a todos se les abonará un cachet poco frecuente– para llevar adelante las conferencias, libres y gratuitas: Ricardo Piglia, Andrés Rivera, Alberto Laiseca, Rodolfo Fogwill, Juan Forn, Liliana Heker, Juan Martini, Alan Pauls y Guillermo Saccomanno son sólo algunos de ellos. ¿Qué es lo curioso? Que el Estado nacional tiene poco que ver con todo el asunto, más allá de poner el marco y, claro, la firma. Es decir, de ceder para la ocasión las instalaciones de la Biblioteca Nacional. Porque pese a lo que podría indicar el sentido más común, la organización y el financiamiento de este ciclo imperdible depende de la voluntad de una entidad privada: el Banco de Galicia.
Así vamos: así seguimos.

(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil, el domingo 2 de julio de 2006).

Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL) · Políticas culturales