Entries from Mayo 2007
Cuando salgo de la redacción me encuentro de casualidad con Mariana Enriquez por la calle. Luego de los saludos y las palabras de rigor, le pregunto por lo que todos hablan por estos días (mis amigos, mis compañeros de trabajo, mi familia):
-¿¡Viste el final de la tercera temporada de Lost!?
-Sí, ¿vos?
-Yo no.
Y entonces me mira y dice:
-No se puede creer lo que hicieron estos chabones. Es lo más arriesgado, narrativamente hablando, que ví en muchísimo tiempo.
Por la noche Diego Grillo Trubba me pasa los capítulos 22 y 23: el final. Si no quieren enterarse de nada abandonen la lectura acá, porque hay un muerto del grupo del vuelo Oceanic 815, una masacre entre “los otros”, simulacros de fusilamiento, comunicaciones con la gente fuera de la isla y un flashforward que, contra lo que puede aparentar, vuelve a cambiar toda la trama de la historia.
Lo único que puedo pensar cuando termino de verlo, a eso de las tres de la mañana, es que la Enriquez tenía razón. Y recuerdo con inquietud que, frente a mi segunda pregunta, no había encontrado respuestas: “¿Cómo vamos a hacer para superar el síndrome de abstinencia hasta febrero del 2008?”.
(Acá, un enlace a la Lostpedia, para fanáticos. Y un blog para paliar el mono).
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)

El amor en los tiempos del dengue, pieza insensible en dos actos y medio
Funciones: Sábados 9, 16, 23 y 30 de junio a las 23hs
Sábados 7, 14, 21 y 28 de julio a las 23hs
Sala Batato Barea (140 localidades)
Centro Cultural Ricardo Rojas
Av Corrientes 2038
Entrada $10
No son los tiempos de Pirandello, cuando los personajes andaban sueltos por el mundo. Sobre el escenario, dos personajes se matan (literalmente) para sobrevivir al amor en los tiempos del dengue. ¿Es que la desocupación ha llegado al teatro? Cuatro actores se entregarán a los dictados del azar para representar los únicos dos papeles disponibles, correspondientes a dos personas con diferentes acentos. Hablan de dinero, de amor, de las tiranías del lenguaje y la cultura. (Daniel Link)
Ficha Técnica
Elenco: Fabiana Falcón, Santiago Giralt, Esteban Meloni y Fabiana Rey
Escenografía y vestuario: Cecilia Figueredo
Sonido: Adriano Salgado
Asistencia de dirección: Matías Baraviera.
Texto: Daniel Link
Dirección: Saula Benavente
Tags: Eventos y presentaciones
Tags: El señalador (noticias destacadas de cultura)
El sábado pasado Guillermo Saccomanno escribió en la revista Ñ un artículo titulado “Literatura y dinero”. Comencé a leerlo atrapado por el anzuelo de esos dos términos puestos uno al lado del otro, pero luego de las primeras líneas mi interés fue derritiéndose como un muñeco de nieve moldeado en una plaza del trópico. ¿Qué dice allí Saccomanno? El escritor comienza con una afirmación general, que no deja de tener su cuota de verdad: “Las relaciones entre el arte, la crítica y el comercio están entreveradas y son feroces. La lógica de estas relaciones no es otra que la del sistema capitalista y el dinero”. Para luego esbozar una serie de ideas por lo menos discutibles. “¿Por qué habría de anhelar un escritor ser estudiado en la carrera de Letras, un ámbito académico que forma críticos, sus presuntos enemigos?”, se pregunta Saccomanno, dando por sentado que el fin de la crítica especializada no es otro que la destrucción de una obra o un autor. Aunque apenas más abajo asegure que “una buena crítica produce ventas”, aseveración que no se atrevería a refrendar ningún gerente de marketing editorial, y que incluso días atrás el New York Times puso en duda, al informar que son cada vez más los suplementos literarios estadounidenses que reducen sus páginas de reseñas bibliográficas, frente al supuesto desinterés de los lectores.
El texto de Saccomanno parece tener una sola finalidad: denostar la idea del “escritor en su cápsula”, que defiende la “autonomía de la literatura”, y afirmar que lo que en verdad debe discutirse es “la circulación de la literatura como mercancía en un sistema concreto, el capitalista”. Pero, ¿quién se atrevería a discutir hoy algo tan evidente? Según Saccomanno, los propios escritores: “Esos artesanos de manos cuidadas preocupados por un centimetraje de prensa que los hipnotiza con un espejismo de eternidad, a los que la industria no preocupa”.
Saccomanno olvida –u omite, o desconoce– que existe por lo menos una generación de narradores, que tienen hoy entre 25 y 35 años, que jamás se plantearon la posibilidad de pensar de otra manera. Una generación que escribe, edita y publica con plena conciencia de las reglas que rigen la producción y la circulación de libros y que se encarga, mientras la mayoría de los medios celebra con pompa la aparición de un nuevo best seller o los récords que bate todos los años la Feria del Libro, de poner en crisis los viejos paradigmas desde suplementos culturales, revistas literarias, publicaciones digitales y blogs. Muchos de estos escritores, además, trabajan como periodistas, diseñadores y editores, y están al frente de las editoriales (Interzona, El Cuenco de Plata, Eloísa Cartonera, Vox, Siesta, Mansalva, Entropía, La Creciente) que imprimen y distribuyen desde hace un buen tiempo los títulos más interesantes que circulan en materia literaria.
El campo cultural ofrece hoy muchas otras aristas a discutir, por lo general desdeñadas por los medios masivos: la implementación de un sistema más amplio de becas de creación para artistas jóvenes y de subsidios para editoriales independientes; la creación de un órgano verificador del expendio de libros, para que los autores sepan con certeza cuántos ejemplares venden sin recurrir a las editoriales; la demorada reglamentación de la Ley de Mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires, sancionada en diciembre pasado, que duerme el sueño de los justos en los despachos oficiales: una ley que estima generar un presupuesto de 50 millones de pesos anuales para el fomento de proyectos en diversas disciplinas (danza, teatro, música, artes visuales, literatura), que existe y pocos, o casi nadie, conocen.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 27 de mayo de 2007).
Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)
Günter Grass confiesa que se “dejó seducir por los nazis”, en un nuevo intento de agitar la promoción de su autobiografía, Pelando la cebolla.
Tags: Discusiones y polémicas · Visto y oído
Como habíamos anticipado hace algunos días, el Grupo Planeta vuelve a poner en primer plano el Premio Emecé de Literatura, al dar de baja el certamen local que llevaba el nombre del sello.
Aquí, las bases del Emecé.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas) · Libros / Novedades
Me entero por el blog de Fernanda García Lao que Semilla Bucciarelli (para los jóvenes imberbes: el ex bajista de los Redonditos de Ricota, también artista plástico, al que la banda le debe uno de los mayores cortes de disfusión de su extensa carrera, el rockito Mi perro dinamita) tiene página web propia, donde expone sus dibujos, pinturas y misceláneas.
Tags: Visto y oído
Nos advierte AFP que el gran Don DeLillo (Submundo, Ruido blanco) acaba de publicar una nueva novela, Falling man, en la que se mete con los atentados del 11-S. Según la agencia noticiosa el libro “decepcionó amargamente a los especialistas”, al centrar “el horror de las casi 3 mil víctimas en la historia de dos personas”. “DeLillo simplemente tenía que escribir sobre el 11 de septiembre, aun cuando, como el resultado demuestra muy claramente, no tiene nada original o interesante que decir al respecto”, publicó el Washington Post, y el New York Times dijo: “Lamentablemente, su novela Cosmópolis, tan extrañamente sostenida, fue una terrible decepción en 2003, y su delgado nuevo trabajo Falling man también lo es”.El título del libro habría sido tomado por DeLillo de la foto de Richard Drew que muestra el salto al vacío de un hombre desde una de las Torres Gemelas en llamas. La trama: Keith, el protagonista, es un hombre de casi 40 años sin un perfil definido, que trabajó diez años como abogado en la Torre Sur, y escapa del infierno en el último momento con heridas leves. Como vagando en sueños, encuentra el camino a casa, pero en realidad ésa ya no es su casa desde hace tiempo. Se separó de su esposa Lianne hace un año y medio y cada uno vive su propia vida. La catástrofe hace aparecer la esperanza de un nuevo comienzo. Keith se sume en una breve historia de amor sin perspectivas con una mujer que comparte con él la experiencia de haber sobrevivido, sólo para perderse después definitivamente en el juego de póker en Las Vegas.
Es cierto que Cosmópolis era intragable, tan cierto como que hasta ahora no recuerdo alguna novela que se haya metido de lleno con los atentados terroristas posteriores a 2001 y salga airosa. Habrá que esperar nomás a Falling man y rezar para que sea –no hará falta demasiado- menos aburrida que Sábado, de Ian Mc Ewan.
Tags: Libros / Novedades



Acá, uno de los mejores blogs que vi en los últimos tiempos.
Vía Monolingua.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas) · Visto y oído
La semana pasada anduvo por Buenos Aires el escritor mexicano Guillermo Arriaga. Si los títulos de sus libros no han sonado fuerte aún por estas latitudes, sí lo hicieron sus guiones cinematográficos: Arriaga es el cerebro detrás de Amores perros, 21 gramos y Babel, filmes con los que una nueva generación de cineastas mexicanos conquistó Hollywood. Ahora, de manera oportuna, la editorial Norma acaba de distribuir sus cuatro libros en el mercado local: los cuentos de Retorno 201 y las novelas El búfalo de la noche, Un dulce olor a muerte y Escuadrón guillotina. Arriaga participó en ruedas de prensa de diarios, revistas y programas de televisión, y ofreció una charla gratuita en la FUC, donde fue seguido con entusiasmo por cientos de estudiantes de cine. Y finalmente, el jueves al mediodía, antes de que dejara el país, pude constatar que, a pesar de los males que vaticinaba la autobiografía de las solapas de sus libros –una personalidad por lo menos irritante–, Arriaga es una persona divertida e inteligente. Entre carnes rojas y vasos de Pepsi Light –el mexicano es un abstemio militante–, contó que se decidió a ser escritor a los 24 años, cuando durante una larga convalecencia cayó en sus manos El jardín de los senderos que se bifurcan, de Jorge Luis Borges.
—Dicen que el mejor escritor mexicano de la segunda mitad del siglo XX es chileno, y se llama Roberto Bolaño –le dije en un momento, intrigado por el estado de la literatura actual de su país.
Arriaga sonrió:
—Compartí algunas reuniones con Bolaño. Un tipo retraído y callado. Ahora, cuando hablaba, podía ser muy mordaz. Pero tal vez sea cierto. Si bien solían gustarme mucho los libros de Eusebio Ruvalcaba, en México sólo están escribiendo los niños bien. Y sin experiencia vital es muy difícil hacer literatura.
Luego el almuerzo siguió, hasta que en un momento contó que solía subastar sus historias.
— ¿Subastar? –le pregunté.
— Sí –dijo–. Lo que yo hago es vender ideas. Cuando se me ocurre una nueva, mis agentes de prensa me organizan reuniones con los directores de los grandes estudios de Hollywood. Entonces, ellos ponen una cifra, y luego otra, y recién cuando llegamos a un acuerdo, vuelvo a casa y me pongo a escribir.
Arriaga dice haber escrito todos los días, los últimos cinco años, de diez de la noche a cinco de la mañana. Todos es todos: Navidad y Año Nuevo incluidos. Su régimen de trabajo fue tan estricto que, de tanto tipear frente a la pantalla, comenzó a sufrir del síndrome del túnel carpiano, y ahora para trabajar necesita utilizar unas almohadillas especiales debajo de las muñecas. En cierto momento el mexicano se definió como un escritor profesional: alguien que puede lograr que le ofrezcan dinero para, a su vez, comprar el tiempo necesario para llevar adelante sus ideas narrativas. Lo que en ciertos ámbitos –el de la crítica especializada, por ejemplo– escandalizaría a más de uno. Porque, para muchos, escritor y profesional son términos que jamás deben ir juntos, que se anulan entre sí: la profesionalización de la escritura es el gran mal de la literatura contemporánea, más preocupada por los avatares del mercado que por generar discursos alternativos al poder.
Con el café, le pregunto si a pesar del éxito y del dinero le preocupan las críticas negativas. “Claro, hombre”, dice. Y cuenta, muy serio, que cierta vez desafió a duelo a un crítico que había tildado sus libros de anodinos. “Las palabras se defienden con sangre”, exagera un poco Arriaga. Pero minutos después, antes de despedirse, se sincera: “Lo que sucede, la verdad, es que éste es un negocio de gente insegura. Tú sabes”.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 20 de mayo de 2007).
Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)
En el “Diario de un neurótico” un grupo de writers undercover está publicando, desde hace unos días, sus peores primeras citas con desconocidos. Imperdible.
Tags: Visto y oído
Tags: Eventos y presentaciones
Destacados de la cultura del fin de semana:
ABC/ ABCD: El adiós al Mayo del 68.
Perfil/ Cultura: A 90 años del nacimiento de Juan Rulfo.
Página/12 / Radar: Las películas que nunca veremos.
El Mercurio / Artes y Letras: Los 100 años de John Wayne.
Perfil/ Cultura y Página/12 / Radar: Dorothy Parker, por dos.
Tags: El señalador (noticias destacadas de cultura)
Nos ilustra AFP:
“El subcomandante Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), lanzará en junio un libro erótico de su autoría intitulado Noches de fuego y desvelo, informó el jueves Antonio Ramírez, quien se encargó de realizar las ilustraciones de la obra. ‘Es un libro netamente erótico, con un lenguaje caballeresco, es una especie de Quijote’, dijo el artista plástico, quien fue contactado por Marcos para ilustrar el libro.
En las líneas de Noches de fuego y desvelo, el vocero del EZLN, que se levantó en armas en el estado mexicano de Chipas (sureste) en enero de 1994, no expone una autobiografía ni un ensayo acerca de la libertad, sino que muestra su lado más íntimo y personal, añadió Ramírez. Marcos ‘está bien loco de amor’, es una pasión, y la pasión nunca está ligada con la razón, entonces es una pasión malsana. Malsana entre comillas porque en realidad es un gran saludo lo que propone, la de sentirse amante, sentirse intenso’, dijo.
El texto reúne cartas dirigidas a una mujer a la que Marcos llama “Dama” y “Ella”, mientras que él se autodenomina “Sombra”, “Sombra el Guerrero” y “Sombra el Pirata”.
‘Yo pinté el libro, realice 17 óleos y 43 dibujos de colores, aparecen escenas muy eróticas, las sensaciones que siente Sombra, imágenes sexuales, actos sexuales’, indicó el artista.
Marcos realizó durante 2006 un recorrido por México denominado la ‘otra campaña’, a la par de la que realizaron los partidos políticos para las elecciones generales de julio de ese año.”
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El crítico español ofrece su visión sobre este asunto en la revista Artes y Letras de El Mercurio de Chile.
Por Ignacio Echevarría
Es de suponer que a Chile, como a España, llegaron los ecos de la encuesta realizada por el semanario colombiano Semana el pasado mes de marzo, con motivo del IV Congreso Internacional de la Lengua Española. El propósito fue sondear a “ochenta y un expertos del continente americano y España” y confeccionar, a partir de los cinco títulos que cada uno postulaba, la lista de “las cien mejores novelas escritas en lengua castellana a partir de 1982″.
En los tres primeros puestos, El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, y Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Entre los diez primeros, títulos de Fernando del Paso, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Tomás Eloy Martínez y Fernando Vallejo. Entre los veinticinco primeros, títulos de Javier Cercas, Juan Goytisolo, Eduardo Mendoza, Muñoz Molina, Villoro, Bellatín, Onetti, Germán Espinosa, Manuel Puig y Juan Benet, mezclados con otros de autores que ya figuraban entre los diez puestos primeros (Bolaño, Marías, Vallejo, Vargas Llosa, Vila-Matas). Y ya a continuación, una pedrea de títulos caprichosamente obvia, en la que relumbran algunos nombres extravagantes o directamente imprevisibles.
Uno no deja de asombrarse de la resonancia que obtienen siempre estos reclamos periodísticos. Allá donde se blande un listado, concurren indefectiblemente todas las miradas, ya sea movidas por la curiosidad, ya -más comúnmente- por el morbo, ya por una desesperada búsqueda de orientación en un ámbito donde la perplejidad prospera por encima de todo.
La cuestión es que, en unos tiempos en que la cultura canónica va quedando progresivamente relegada, las listas, sobre todo las que vienen refrendadas por un amplio y variopinto número de elementos consultados, se han convertido en el sucedáneo democrático y comercial del dictamen ejercido con rigor y autoridad, con un criterio independiente y articulado.
Conmovedoramente ecléctica y turulata, la lista de Semana, como tantas otras de índole semejante, de poco o nada sirve -ni falta que hace- para sus propósitos declarados, a saber: discernir cuáles son las mejores novelas de los últimos veinticinco años. Eso sí: dado el elevado número de los “expertos” encuestados, sirve bien para hacerse una idea de lo que cabe esperar hoy día de quienes pasan por tales.
En general, se aprecia una reconfortante coincidencia -por no decir una sonrojante redundancia- entre los gustos del público presuntamente experto y los del simplemente aficionado. Si por un lado asoman, a partir del número 25 de la lista, algunos títulos chocantes o raros, en contrapartida comienzan a menudear los más conspicuos y masivos. Es cierto -y en ello reside probablemente el toque aristocrático de la lista- que nombres como los de Luis Sepúlveda, Rosa Montero, Arturo Pérez Reverte o Carlos Ruiz Zafón no acaparan posiciones destacadas, ni mucho menos; pero no lo es menos que por detrás de ellos quedan autores como Fogwill, Juan Marsé, Mario Levrero o Rodrigo Rey Rosa, y entretanto ni siquiera aparecen, póngase por caso, Daniel Sada, Germán Marín, Horacio Castellanos Moya, Luis MagrinyÀ, Belén Gopegui, José Prieto, Héctor Libertella o Rodrigo Fresán, no se diga ya un escritor como Osvaldo Lamborghini.
La lista, por otro lado, resulta insólitamente conservadora, no tanto por abundar en la consagración de lo evidente, como por la edad media de los autores seleccionados. Ninguna de las cien mejores novelas escritas en los últimos veinticinco años ha sido escrita, al parecer, por un escritor que no haya ingresado desde hace ya algún tiempo en la cuarentena. Y la mayoría han sido escritas por autores que ya circulaban en las décadas de los 60 y de los 70. De lo que se deduce que entre los novelistas que en la actualidad cuentan con menos de cuarenta años de edad no hay aún ninguno, según la lista, que haya escrito una novela importante. Entre los 81 expertos encuestados apenas se encuentra ningún treintañero. Todo invita a pensar, pues, que cada cual se dedica a leer preferiblemente a sus mayores o, como mucho, a sus compañeros de generación. De modo semejante, cada cual se dedica, al parecer, a leer preferiblemente a sus coterráneos. Y lo que es más grave: la mayor parte se dedica a leer los libros que publica la industria editorial española, y aun dentro de ésta, los que vienen amparados -y connotados- por determinados sellos.
En este punto, conviene alertar de que casi una tercera parte de los “expertos” encuestados por Semana para confeccionar su lista son colombianos (25). Y que, entre los restantes, la mayor parte son españoles (19), mexicanos (10) o argentinos (7), repartiéndose el resto del jurado entre los demás países.
A la luz de estos datos -suficientes por sí solos para desdecir la presunta utilidad de la lista- sorprende menos que, de las 100 novelas seleccionadas, 32 (¡sí, 32!) sean españolas y 13 colombianas. Mucho más significativa es a este respecto la representatividad que alcanzan la narrativa argentina (23), la mexicana (11) o la chilena (9). En cualquier caso, resulta patente que el criterio de los expertos consultados se halla fuertemente condicionado por la radialidad que preside el tráfico literario en lengua española, en el que España continúa actuando como metrópoli. Y que, conforme a esto, la narrativa española parece adquirir una hegemonía que no se corresponde ni con su peso ni con su calidad reales, tanto menos si se considera, por ejemplo (y por centrar ahora mismo la mirada en Chile), que nombres como los ya mencionados de Rosa Montero o Ruiz Zafón ocupan la plaza de Isabel Allende o Antonio Skármeta, o que los de Pedro Zarraluki o Ignacio Martínez de Pisón desplazan los de Carlos Franz o Gonzalo Contreras.
Adonde se quiere llegar con estos pormenores no es tanto a cuestionar la validez de lo que se ha empezado por decir que constituye un consabido reclamo periodístico como a reparar en los criterios actuantes entre quienes, no sin motivos, son explícitamente presentados como expertos cualificados. Entre estos expertos se cuentan numerosos editores, críticos, reseñistas, directores de suplementos, académicos y funcionarios culturales de diverso postín, pero lo que más abunda, con amplia mayoría, son escritores. Son ellos, en consecuencia, los que, según todos los indicios, incurren en las rutinas de juicio y en las limitaciones de perspectiva que delatan los resultados de la lista en cuestión. Precisamente ellos, de quienes se esperaría que mostraran una mirada atenta, que poseyeran un gusto menos predecible, que se mantuvieran especialmente receptivos a lo más nuevo, a lo más excéntrico, a lo menos urgido por la moda y los calendarios. Que los escritores delaten tanta mansedumbre y conformidad, tanta solidaridad y coincidencia con el criterio mayormente establecido, quizá sea el dato más preocupante de una lista por lo demás intrascendente, cuya principal virtud consiste en permitir que se tome nota de esta lamentable situación.
Tags: Discusiones y polémicas
Se escribe demasiado, se edita mucho, se publica más. El vértigo con el que funciona la industria editorial deja así a los lectores, por lo menos, desconcertados. ¿Cómo llamar la atención frente a semejante avalancha? Una posible respuesta: los premios literarios. De esta manera cada sello logra poner el foco sobre un título o un autor, lo ilumina entre la masa compacta de novedades. Esa es la esencia de los premios comerciales, y no hay nada malo en ello: celebraciones de la propia editorial para con sus autores, la mejor campaña publicitaria que pueda imaginarse.
Esto ha generado, entre otras cosas, una multiplicación de premios. A los más conocidos (Biblioteca Breve, Herralde, etc.) se sumó hace algún tiempo el Clarín-Alfaguara, el La Nación-Sudamericana y, ahora, el Planeta Iberoamericano. Precisamente este certamen ha venido a reemplazar el premio local homónimo, cuyo último ganador había sido Federico Andahazi. El Planeta era cuestionado desde 1997, año en que Ricardo Piglia se consagró con Plata quemada, y desde entonces solía causar más de un dolor de cabeza en la empresa (aunque en términos económicos siguió siendo redituable: El conquistador lleva vendidos, hasta hoy, unos 40 mil ejemplares). Para no ceder terreno en la Argentina, Planeta decidió relanzar el Emecé, aprovechando que es uno de los pocos premios que se ha mantenido al margen de sospechas.
El jueves pasado, en el suplemento El cultural del diario El Mundo de España, Luis María Anson, miembro de la Real Academia Española, publicó un artículo explosivo: “La farsa del premio Lara de novela”. Allí escribe: “El fundador de Planeta, José Manuel Lara, me escribió en 1996 proponiéndome que aceptara ser presidente del jurado del premio Fernando Lara de novela (…) Decidí aceptar el ofrecimiento no sólo por mi amistad con Fernando, sino porque estaba y estoy a favor de los premios literarios, sonajeros que el escritor agita durante unas semanas y que promocionan a los autores y estimulan a los lectores. Sabía de sobra, al aceptar el encargo, que el premio sería una farsa, igual que el Planeta. Cuando un editor se juega decenas de millones de pesetas en una novela quiere, como es natural, que sea antes que nada comercial (…) El jurado, o al menos sus principales miembros, son informados discretamente de lo que conviene a la editorial y actúan en consecuencia. (…) Decidí participar en la farsa porque, a mi manera de ver, por encima del engaño, resulta positivo el premio como estímulo y propaganda de los autores y sus obras”. Y sigue: “Y vamos a la jornada de hoy. Si no se producen circunstancias imprevisibles, en la gran cena sevillana del premio Lara estará sentado el novelista premiado. El sabe que le van a premiar. El jurado sabe que va ser premiado. Y todos participan en la gran farsa como hice yo durante diez años. Todo ello al margen de la tristeza por las obras no comerciales pero de calidad que se quedan en las cunetas, de muchas ilusiones deshabitadas, de tantas esperanzas muertas”.
Anson se detiene, precisamente, en el punto más delicado de este tipo de estrategias de marketing encubiertas, en los daños colaterales: cientos de escritores que participan de buena fe, creyendo que cuentan con alguna posibilidad. Son, si se quiere, los únicos perjudicados. Pero se escribe demasiado y se publica mucho, y la industria necesita combustible permanente para seguir funcionando. ¿Dónde suele encontrarlo? Muchas veces, en algunas de esas buenas novelas que llaman la atención de los prejurados, o que obtienen segundos y terceros premios, que son, en verdad, los primeros.
(Publicado el domingo 13 de mayo de 2007 en el suplemento de Cultura de Perfil).
Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)

La profesora Raquel Diez Rodríguez de Albornoz nos ofrece esta bonita definición en su última obra, Vademecum 2: del castellano usual en la Argentina, entrada que puede consultarse en la página 225 de este emprendimiento notable que cuenta con el apoyo del periódico El Litoral, Aguas provinciales de Santa Fe y la Bolsa de Comercio de la provincia.
Nuestros más sentidos saludos a la profesora, argentina, derecha y humana, qué tanto.
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Destacados de la cultura del fin de semana:
Perfil / Cultura: 300, por Slavoj Zizek.
La Nación / Cultura: Entrevista con Ian Mc Ewan.
Clarín / Ñ: Spregelburd vs. Gambaro.
Página/12 / Radar: Todos los Borges.
Tags: El señalador (noticias destacadas de cultura)

Mi carrera literaria
Rechazos de Anagrama, Grijalbo, Planeta, con toda seguridad
también de Alfaguara, Mondadori. Un no de Muchnik,
Seix Barral, Destino… Todas las editoriales… Todos los
lectores…
Todos los gerentes de ventas…
Bajo el puente, mientras llueve, una oportunidad de oro
para verme a mí mismo:
como una culebra en el Polo Norte, pero escribiendo.
Escribiendo poesía en el país de los imbéciles.
Escribiendo con mi hijo en las rodillas.
Escribiendo hasta que cae la noche
con un estruendo de los mil demonios.
Los demonios que han de llevarme al infierno,
pero escribiendo.
Octubre de 1990
(Poema hasta ahora inédito de Roberto Bolaño que forma parte de La universidad desconocida, extenso poemario póstumo que está siendo distribuido por estos días).
Tags: Libros / Novedades
No termino de entender todo este pataleo -al que se suma hoy Nelson Castro desde La Nación- acerca de el plan canje de Aptra, que decidió dejar de otorgar un Martín Fierro a los programas culturales e instaurar un rubro al “mejor reality”.
¿Quiere decir esto, como se afirma espasmódicamente en los medios, que los reality han ocupado el lugar de la cultura, que esto significa “un paso atrás”, que la gente ha dejado de interesarse por los abundantes ciclos culturales de la TV y en un cambio de paradigma sin precedentes se ha volcado en masa a consumir productos idiotizantes?
No: lo que quiere decir, sencillamente, es lo que es: que una asociación que no le interesa a nadie -y que el grueso de la gente desconoce por completo- ha tomado una determinación que responde a la lógica de la propia televisión: si GH 2007 es, por lejos, el programa más visto de la grilla, APTRA cree que está en la obligación de premiarlo o, por lo menos, crear un rubro ad hoc.
Por lo demás: ¿cuántos programas culturales de televisión existen en la actualidad? Yo, salvo el que acaba de estrenar Sasturain a las ¡doce de la noche! en Telefé (¿recuerdan el viejo chiste de Les Luthiers?: “En Tele-Vicio podrá ver… ‘Cultura para todos’, en su horario habitual de… tres de la mañana”. Bueno, más o menos, ¿no?) no recuerdo ninguno -¿sigue Quiroga, sigue Mucci?.
Por lo demás, y esto va en serio: ¿a quién le interesa los Martín Fierro?
Dejando de lado la absoluta carencia de importancia de un evento así (en el que incluso los canales pierden interés año a año, no ya los televidentes), la decisión de APTRA no tiene por qué sorprender a nadie. Así que, ¿por qué preocuparse?
Llegado el caso, si en algún momento existe la posibilidad de elevar el nivel de la discusión, por qué no proponer un debate acerca de la sanción de un cupo de contenidos (digamos, un 5 por ciento) culturales (en su sentido más estricto: ciclos o micros de literatura, historia, filosofía, psicología, sociología, en el formato que les plazca) al que los canales (el 13, el 11, el 9 y América, no sólo Canal 7) deban responder obligadamente, bajo pena de sanción publicitaria. ¿Por qué no? Podría plantearse incluso como contraprestación a la extensión de la licencia con la que, desde la década del 80 y una vez cada diez años, el Estado cede los derechos a los grandes grupos y se autoexcluye de un negocio millonario dejándolo en manos privadas.
Esa sería, más que los pataleos mediáticos, una decisión mucho más interesante y polémica: un verdadero desafío al rol del Estado para el desarrollo de un principio de política cultural de masas no invasiva ni autoritaria, sino obligatoria.
Pero claro: es más fácil quejarse de que no haya premios a los programas de cultura que que no existan, sencillamente, programas a los que premiar. En un caso se le pega sólo a APTRA. En el segundo, el contrincante es un poquito más pesado, cuando no el propio empleador.
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“Esa mala patria de Colombia ya no es la mía y no quiero volver a saber de ella. Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México”, acaba de decir Fernando Vallejo, que ya se había nacionalizado mexicano, pero que este lunes renunció a la nacionalidad colombiana, y dijo que no le dará “el gusto” a Colombia de verlo morir, en una entrevista al diario mexicano El Economista.
Vallejo, autor de El desbarrancadero y La virgen de los sicarios, entre otras novelas, tiene 64 años, vive en México desde hace más de tres décadas y calificó a Colombia de país “imbécil” por haber reelegido al presidente Alvaro Uribe. “Todo colombiano es culpable y si se reproduce más, empezando por mis papás que en una furia monógama ininterrumpida produjeron entre ellos dos solos 25 hijos. Iban naciendo cada nueve meses, de a uno o de a dos”.
Además, el escritor dijo que a su larga lista de enemigos sumará a varios mexicanos, entre los que mencionó a los obispos Norberto Rivera, Onésimo Cepeda y Juan Sandoval Iñiguez, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD). “Toda la jauría tonsurada y todos estos rateros públicos de este par de asociaciones delictivas que durante 70 años saquearon impunemente a México. Y digo 70 años y un par porque aunque parecen dos son uno: olivos y aceitunos todos son unos y provienen de una sola cepa podrida”. Para variar, Vallejo no se anda con chiquitas.
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Estamos en condiciones de afirmar que Federico Andahazi fue el último ganador del Premio Planeta de Argentina: literalmente. Porque las autoridades del sello acaban de decidir dar de baja el certamen, uno de los más importantes del país (100 mil pesos en premios), que desde 1997, año en que Ricardo Piglia se consagró con Plata quemada, les ha traído más de un dolor de cabeza (aunque si de ventas y ganancias se trata, no hay que exagerar: El conquistador, novela que obtuvo el galardón el año pasado, ya lleva vendidos unos 40 mil ejemplares; hagan las cuentas).
¿Las razones de la decisión? Los ya mentados problemas y resquemores que el certamen echaba a rodar en el campo literario local (los presentes aún recuerdan los gritos de Fogwill en la cena de celebración del año pasado en La Rural, al conocerse los ganadores: “¡Esto es una vergüenza!”), y la sustitución que ha venido a operar el nuevo Premio Iberoamericano de Novela, con el que se acaba de alzar el escritor argentino Pablo de Santis.
Así, en Planeta consiguieron acabar con dos plumíferos de un sólo disparo. Y prometen que, a nivel nacional, pronto relanzarán el premio Emecé (con una importante suma en metálico), uno de los pocos que siempre se ha mantenido lejos de cualquier tipo de sospechas y suspicacias.
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Yo todavía estoy lejos de estas proyecciones, pero no pierdo las esperanzas.
(Y creo que, realmente, el desembarco de la publicidad masiva en blogs es sólo cuestión de meses).
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De un tiempo a esta parte, la corrección política y la complacencia se han apoderado de buena parte del periodismo argentino, y las publicaciones culturales no constituyen una excepción a esta norma –aunque no se haya llegado aún a la adulación acrítica del periodismo de espectáculos o a la promoción camuflada de información del periodismo de viajes. Pero a diferencia de estos dos rubros, donde el dinero motoriza voluntades y asegura centimetraje impreso a través de publicidad tradicional y no tradicional, en el campo de la cultura los anunciantes suelen ser escasos: no pasan de dos o tres sellos grandes, alguna vanity press (nombre con el que los norteamericanos designan a las ediciones de autor) y, a lo sumo, un pequeño aporte oficial. Al no existir, entonces, grandes cantidades de dinero en juego, y al ser la influencia y el prestigio los únicos capitales simbólicos del periodismo cultural, ¿por qué la mayoría de las revistas y suplementos funcionan como una suerte de extensión de los departamentos de marketing de las editoriales? ¿Qué es lo que impide desarrollar un periodismo cultural crítico, inteligente, abierto a las nuevas ideas y corrientes de creación intelectual?
Uno de los ejemplos más concretos de este tipo de periodismo, preocupado tanto por las formas de producción y representación de la literatura como de los mecanismos de funcionamiento de la industria editorial, es el que practicó hasta 2004 Ignacio Echevarría en el suplemento Babelia del diario El País. Practicaba, digo, porque Echevarría fue alejado del diario para el que trabajaba cuando publicó una durísima reseña de la novela El hijo del acordeonista, del escritor vasco Bernardo Atxaga. El libro había sido publicado por Alfaguara (que a través de Santillana pertenece al Grupo Prisa, al igual que El País), y era la gran apuesta de la editorial para esa temporada. Por lo que la crítica de Echevarría no sólo no cayó bien, sino que acabó con una trayectoria de catorce años en el periódico madrileño.
Echevarría fue el mayor difusor de la literatura latinoamericana en España: con sus exquisitas reseñas dio visibilidad y circulación a la obra de Roberto Bolaño, César Aira, Fogwill, Rodrigo Rey Rosa y Juan Villoro, entre muchos otros. Algunos de estos artículos están recogidos en Desvíos (un recorrido crítico por la reciente narrativa latinoamericana), publicado en 2007 en Chile por la Universidad Diego Portales. Pero más allá de estas intervenciones, siempre lúcidas y polémicas, tal vez los artículos más interesantes del libro sean los que se ocupan de reflexionar sobre el oficio del crítico literario. Allí, Echevarría habla sobre “el daño del que se hace responsable el crítico en el desempeño de su trabajo”, reconstruye el problema de la autoridad (¿cómo hace sentir el crítico su autoridad y en nombre de qué la invoca?), y citando a Robert Musil asegura que la crítica, lejos de constituir un apéndice de la literatura, es “aquello que la decanta como tal, que hace posible reconocerla”.
Si la crítica literaria académica tiene, en la Argentina, su tradición y sus representantes (Beatriz Sarlo, Graciela Speranza, Sylvia Saítta, David Viñas, Martín Kohan), no parecen existir figuras equivalentes que desarrollen una tarea similar en los medios gráficos de circulación masiva. ¿Quién sería, en este sentido, el Ignacio Echevarría argentino? ¿No va siendo hora de crear ese espacio, de asumir el desafío de incomodar un poco, de poner en crisis el adormilado estado de situación actual?
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 6 de mayo de 2007).
Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)
Ultimo momento: información de altísimas fuentes periodísticas aseguran que se frustró el lanzamiento del nuevo suplemento de cultura del diario La Nación.
Esto significa que el pase de Tomás Eloy Martínez como mentor intelectual del diario de los Mitre queda en suspenso, que el suplemento seguirá con su actual formato (y frecuencia dominical) y a cargo de Hugo Becaccece y Pedro B. Rey.
Las versiones indican que el lanzamiento no fue visto con buenos ojos por la cúpula del diario, y que el desembarco de los nuevos colaboradores (una bocanada de oxígeno para el producto) fue resistido por la redacción.
Qué sucederá con las incorporaciones de los editores que habían llegado para ponerse al frente del suplemento es, todavía, un enigma.
Seguiremos informando.
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Tags: El señalador (noticias destacadas de cultura)
“Mi relación con Harriet [Sohmers] me perturba. Quiero ser espontánea, irreflexiva, pero la sombra de sus expectativas sobre lo que es tener un affair me desequilibra, me hace actuar con torpeza. Ella, con sus insatisfacciones románticas; yo, con mis románticas necesidades y nostalgias… Un regalo inesperado: es hermosa. Yo no la recordaba hermosa, sino más bien corpulenta y fea. No lo es, en absoluto. Y para mí, la belleza física es enormemente, casi mórbidamente, importante.”
Susan Sontag, de sus diarios inéditos, entrada del 30 de diciembre de 1958.
PD: A propósito, acaba de aparecer por Mondadori Al mismo tiempo, su nuevo y último libro de ensayos y conferencias.
Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)

Cuando sucede, hay que señalarlo. Sobre todo cuando es un sello de los grandes, ya que por lo inusual, la decisión es doblemente destacable.
En este sentido, es notable el rescate que viene llevando a cabo DeBolsillo (Sudamericana): de un tiempo a esta parte ha reeditado algunos libros imprescindibles de Philip Roth, de Javier Marías, de Toni Morrison, de David Foster Wallace.
Y ahora vuelven a poner en circulación a una de las escritoras más deliciosas y divertidas del siglo XX, inhallable por años en las librerías porteñas -de la cual sólo podía conseguirse, en librerías de saldo y con mucha suerte, algunos viejos títulos en Ediciones B, como La soledad de las parejas.
Sí, vuelve Dorothy Parker, aquella de la célebre frase: “Lo mío es tomarme un Martini, a lo sumo dos. Después del tercero, ya estoy debajo de la mesa, y al cuarto… debajo del anfitrión”.
A disfrutar de su enorme sentido de la observación y de su humor (el mismo libro, en España, se vende a 25 euros), que deja fuera de combate a tanto feminismo de pancarta.
Acá, sólo una muestra de su magistral dominio de las narraciones breves.
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Probablemente la anécdota sea conocida. Pero a mí me la contó con infinita gracia y hace no mucho tiempo Guillermo Piro, que porfía, enfáticamente, que la historia incluso figura en el libro Guiness de los récords como el intercambio epistolar más breve de la historia.
Parece que Víctor Hugo acababa de terminar de escribir Los miserables. Y como estaba agotado, decidió pasar una temporada de descanso en el campo.
Pero no pudo con su temperamento, y a los pocos días le escribió una postal a su editor para saber cómo le estaba yendo al libro.
Cuando abrió la correspondencia, el editor se encontró tan sólo con un caracter que lo inquiría. Así: “?”
Por supuesto, la respuesta marchó en el acto.
Y cuando Víctor Hugo abrió la carta de su editor, sonrió.
El papel, claro, también venía escrito con un solo caracter.
¿Qué se leía?: “!”.
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