Parece que todos los jugadores de fútbol son gays que no tienen las agallas de asumirlo en público. O al menos eso es lo que escribe Casas.
Entries from abril 2010
Esperando el mundial, por Casas/2
abril 30th, 2010 · No Comments
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El kirchnerismo en la cultura x Sarlo
abril 29th, 2010 · 2 Comments
“Pero está en curso un proceso más novedoso. Lo llamaré dispositivo cultural kirchnerista, armado de partes heterogéneas que funcionan de manera más o menos independiente, aunque alineadas con el Gobierno. Se trata de un dispositivo cultural, y no de la Oficina Ideológica del Ejecutivo. Comprende iniciativas prácticas descentralizadas, aunque convergentes en sus objetivos, y una red de discursos e intervenciones que reúne instituciones del Estado, pero también formaciones de la sociedad civil. Sería conveniente pensarlo más allá de la batahola.”
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Antifútbol
abril 29th, 2010 · 11 Comments
Lo del Inter de Milán de ayer puso en evidencia, simplemente, la diferencia de opuestos que existe entre el fútbol y el antifútbol. Que un equipo se vanaglorie de haber llegado a una final jugando de esa manera (incluso el verbo jugar suena excesivo) no puede dar más que una total y completa vergüenza. Evidentemente, sólo un equipo italiano (y, por supuesto, me vienen a la mente dos o tres argentinos) puede sentirse orgulloso de ofrecer al mundo la fórmula que aniquila todo lo que el fútbol tiene de positivo: la estética, la creatividad, el esfuerzo, la diversión. No diré más.
Tags: Discusiones y polémicas
En un rato nos dejamos la piel
abril 28th, 2010 · 2 Comments
Vamos Barca.
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Fogwill, una vez más
abril 27th, 2010 · 1 Comment
“Hace años que no puedo escribir cuentos. Yo escribía veinte cuentos por año, después diez, después cinco, después uno, después uno cada cinco años. En economía, eso se llama rendimiento decreciente. Perdí el oído para los cuentos, pienso algo y si lo empiezo a escribir me entra justo en una novela. Es otro género, otra actitud. En la novela uno se puede permitir escribir pensando qué hay que poner. En un cuento no: si pensás que tenés que poner, sonaste, no terminás el cuento nunca más. El cuento se escribe al dictado”.
Entrevistado por Patricio Zunini.
(Las fotos también valen la pena).
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Rabia x El Atolón de Funafuti
abril 26th, 2010 · No Comments
“Rabia”: un tema que, según dicen, fue inspirado por la novela homónima de Sergio Bizzio (y que es parte de El ritmo del jardín, nuevo disco de la banda).
Tags: Música y alrededores
Desde el jardín
abril 26th, 2010 · No Comments

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Pasajeros en tránsito
abril 25th, 2010 · No Comments
En la mejor literatura argentina reciente, la lección está bien aprendida: los sucesos de la agitada vida social y política del país se presienten, contaminan el relato y los trazos de sus personajes, son un telón de fondo que les otorga significado a las historias, pero que no las ahoga bajo el peso de sus referencias. Los ejemplos son variados (hay algo o mucho de ello en las publicaciones de Florencia Abbate, Juan Terranova, Oliverio Coelho, Washington Cucurto o Matías Capelli, por poner apenas unos ejemplos) y ese eco también resuena en el último libro de Eduardo Muslip, Phoenix. Muslip nació en Buenos Aires en 1965, es licenciado en Letras y docente universitario, publicó las novelas Hojas de la noche, Fondo negro. Los Lugones y Plaza Irlanda, y los relatos de Examen de residencia y La vida perdurable. Phoenix está compuesto, a su vez, por cuatro relatos, Cartas de Maribel, Diciembre, Paraguay y Air France, y la sensación de unidad del libro está dada en que en los tres primeros (e intuimos, también en el cuarto, pero de manera más difusa) el protagonista es el mismo: un egresado de la carrera de Letras que viaja a cursar un doctorado a una ciudad impersonal de los Estados Unidos, al tiempo que trabaja como profesor de español con alumnos nativos.
El narrador de los relatos de Muslip abandonó el país, aunque nunca se lo diga de manera explícita, luego de diciembre de 2001. Y disfruta y a la vez sufre esa sensación de estar afuera y adentro, siempre un poco desplazado y en movimiento: desde ese lugar conoce a los que serán los protagonistas de las historias que escribe, desde ese lugar recuerda y reflexiona sobre la Argentina (ese nombre que suena aún más extraño pronunciado desde una ciudad de Arizona, al borde del desierto) y sobre su ciudad: “Buenos Aires entera se levanta de mala gana, creo. Va tomando más vitalidad durante el día, y a eso de las siete de la tarde es un caos; mientras la noche avanza le cuesta desacelerarse, y cuando la actividad debería terminar se vive cierta inquietud, una cierta disconformidad por los resultados del día, con lo que todo se aquieta demasiado tarde”. Muslip se refirió hace poco, en una entrevista, a ese sentimiento de estar descentrado que adopta su narrador y que atraviesa todo el libro: “Una de las cosas que quería marcar es esa cosa de tránsito, de desarraigo, por eso también el escenario es la Buenos Aires de, más o menos, 2001. Había una sensación de fuga, de fin de siglo y de no muy claro comienzo de uno nuevo”.
Hay una tensión no resuelta en el protagonista de los relatos y su entorno (una ciudad de sol calcinante, amplios espacios, poca vida social) y las personas que lo rodean, que no es más que la configuración geográfica del mundo actual: gente que va de un lado a otro en búsquedas inciertas, esperando dar un paso más en el camino que la acerque al futuro personal o profesional deseado. Un mundo en el que los latinos quieren integrarse y pertenecer, como sea, a esa sociedad deslumbrante y un poco estúpida como es la estadounidense, y los nativos se comportan con ellos con una mezcla de desconfianza y condescendencia. Un universo donde las dificultades para establecer una relación sentimental se hacen evidentes, donde la felicidad es pequeña, fulgurante y efímera. Donde la tristeza es como el residuo del café mal filtrado, disimulado en el fondo de la taza pero persistente: por más que intentemos no verla seguirá allí, como la propia vida.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).
Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)
Una rosa por un libro
abril 23rd, 2010 · 3 Comments
Mientras en Buenos Aires se inaugura la Feria Internacional del Libro, en Barcelona hoy, 23 de abril, es Sant Jordi: es decir, el día del patrono de la ciudad, es decir, el Día del libro: una de las fiestas ciudadanas más lindas de las que tenga recuerdo.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
La alfombra roja x Juan Villoro
abril 23rd, 2010 · No Comments
Con este retrato del cruel espectáculo de los narcos en México, publicado originalmente en el Periódico de Cataluña y reeditado en la edición 95 de El Malpensante, Juan Villoro obtuvo el XVII Premio Iberoamericano de Periodismo Rey de España.
Tags: El oficio de escribir (sobre periodismo)
Las mujeres x Mairal
abril 22nd, 2010 · No Comments
“En algún momento me di cuenta de que a mí no me daba asco ni me espantaba el tema de la menstruación, por ejemplo. A otros hombres les agarra como un ataque por eso, incluso de grandes. Había mucha cosa femenina dando vueltas por mi casa, y me daba curiosidad pero también me resultaba muy familiar. Igual nada de eso me sirvió para levantar minas. Incluso me funcionó un poco en contra, porque yo tenía la cosa del varón comprensivo, de escuchar mucho a las mujeres. Me demoré en ser avanzador, en erotizar el diálogo, en tirar un piropo, en dar el zarpazo. Tal vez era medio lento porque esa cercanía que tuve en mi infancia con las mujeres me provocó una sensación como de incesto general.”
Una entrevista en la que Pedro Mairal habla de La Maga, de Emma Bovary y de Molly Bloom, entre otras.
Tags: Leído, visto y oído (en la web) · Nueva narrativa argentina
Bazar Americano se relanza en la web
abril 22nd, 2010 · 1 Comment
La que fuera la edición online de la mítica revista Punto de Vista, ahora se relanza como publicación online con contenido propio. Vale la pena darse una vuelta.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
Pescados x Lucrecia Martel
abril 21st, 2010 · No Comments
Parece que unos pescados soñaron que eran un auto.
Un nuevo corto de la directora, con música de Juana Molina.
Tags: Leído, visto y oído (en la web)
Mientras ustedes siguen con esa isla…
abril 21st, 2010 · 2 Comments
“Digámoslo así: Los Soprano es realista, pero The Wire es real. Los Soprano es Elvis, pero The Wire es The Beatles. Lost -lo siento- es de tanto en tanto The Beach Boys, pero por lo general no pasa de The Monkees. Twin Peaks, por supuesto, es Bob Dylan”.
…Rodrigo Fresán viaja a Baltimore, la ciudad que nunca será la misma después de The Wire.
Tags: Leído, visto y oído (en la web)
El señalador
abril 21st, 2010 · No Comments
Perfil: Por qué y para qué sirve la crítica literaria.
Clarín: Entrevista con Alan Pauls.
El País: Cómo se enfrentan los escritores a la página en blanco.
Perfil: Revisitando a Sabato, por Elvio Gandolfo.
ABC: El último bibliófilo.
Página/12: Jon Krakauer, por Mariana Enriquez.
El Mercurio: La historia de un hombre común.
Tags: El señalador (noticias destacadas de cultura)
Las 25 x Busqued
abril 21st, 2010 · No Comments
El autor de Bajo este sol tremendo, que ahora vive en Buenos Aires, responde el cuestionario fijo más famoso de los últimos tiempos.
Tags: Leído, visto y oído (en la web)
Joy Division x Thom Yorke
abril 20th, 2010 · 2 Comments
Querido Andrea:
¿Cómo estará Londres con este tema de las cenizas, amigo? Hace poco más de un año, te acordás, caminábamos por la ciudad envueltos en abrigos, bufandas y guantes, porque llegamos justo después de una tormenta de nieve. Comprábamos cigarrillos a siete libras el paquete de dieciséis más para calentar los pulmones que por otra cosa. Ya de por sí en Londres el cielo no se ve casi nunca, me imagino ahora. Me acuerdo que en Candem estuve por comprarme un disco de Portishead, una grabación en vivo, y no lo hice, no sé por qué. Tampoco compré esa remera de God save the queen para regalar, ni los vinilos de Los Ramones. Ahora sólo volvería para eso. O para visitarte. Hablando de todo un poco, ¿volviste por Barcelona? Sé que sí, pero no por cuánto tiempo ¿Te tomaste un mojito en el Manchester a mi memoria? Acordate que acá en la Argentina tenés un amigo que te espera, para cuando te puedas tomar las vacaciones. La otra vez, en el Fnac de Madrid, me compré por veinte euros una edición especial que traía tres DVD: Control, los extras de la película y el documental. Cuando vengas te los muestro. También me compré discos de los Stooges, de la Velvet, y Paranoid Park ¿La viste? Bueno, por ahora es todo. Capaz que si no venís antes nos vemos en octubre. Mientras, te dejo un video que me recomendó Romina, en el que se lo ve a Thom Yorke versionando aquel tema de Joy Division.
Un abrazo desde Buenos Aires,
Maxi.
Tags: Música y alrededores
Con buen pie
abril 20th, 2010 · No Comments
Saludamos desde acá al amigo Alex Ayala, que acaba de cumplir un viejo sueño en su país de adopción, Bolivia, y después de tanto planearlo finalmente parece que se le dio: acaba de aparecer la primera revista de crónicas de ese país, y se llama Pie Izquierdo. Que sea con salud, y que sea para largo.
Tags: El oficio de escribir (sobre periodismo)
El Atolón de Funafuti: primeros ecos
abril 19th, 2010 · 1 Comment
“Me cuesta encontrar bandas de rock que no parezcan clones, en las que la influencia no tape la propia personalidad. El Atolón de Funafuti es una aparición que me entusiasma. En silencio y sin invitados oportunistas ni sponsors arremeten el segundo disco de su carrera. Un trabajo que va tomando más fuerza a medida que se suceden los tracks. Es una banda de rock fuerte, personal y con un interesante abanico sónico (se nota que son buenos músicos y no caen en el esnobismo), y que se distingue por tener en su formación a un violín, un aditivo poco (o mal) utilizado en el rubro. Aquí tiene un papel tan oportuno como fundamental (al igual que la variedad de chapas). Buenas historias, sin metáforas forzadas (por favor, que no se transforme en banda de remeras revoleadas). Santa Clara es una epopeya excepcional, de cambiantes climas (y una hermosa línea de bajo); Verte mejor tiene un estribillo para ir cantando por la calle al atardecer; El frío club de los recuerdos fríos tiene alma de blues y lleva a su cantante a un clímax espectacular; Rabia tiene un aura bukowskiana y un punteo de guitarra setentista, que se apoya magistralmente en un Rhodes; Ultimo tren es otro oscuro viaje (con un órgano protagonista) que explota los registros del cantante, Tino Moroder, y detona en un enorme solo de guitarra. La perlita: Freeshop, donde las cuerdas le otorgan un dejo melancólico (no sé por qué me remiten a la Russian Dance de Tom Waits) a un poderoso rock repleto de saludables cambios de tiempo. Una gran, gran canción.”
Por Diego Mazzei, en el blog “El amplificador” del diario La Nación.

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Molestias máximas
abril 19th, 2010 · No Comments
Ignacio Echevarría volvió a escribir, desde enero y cada quince días, en El Cultural de El Mundo, después del corto aliento de “Gatos ensartados”. Lo mejor es que ahora tiene sección propia, no depende de nadie y se mete de lleno con los escritores y el oficio de escribir. Se llama “Mínima molestia” y acá están todos los artículos hasta el día de la fecha.
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Personajes desesperados
abril 18th, 2010 · 1 Comment
Anoten este nombre: Kjell Askildsen. No sólo porque resulta complicado de pronunciar, sino porque es más que probable que este año se hable y escriba mucho de él en la Argentina. Askildsen es uno de los varios autores nórdicos cuyos libros llegarán al país de la mano de la editorial Lengua de Trapo. Nació en Mandal, Noruega, en 1929, y si bien publicó un puñado de novelas es, fundamentalmente, un cuentista de tramas despojadas, frías, con personajes siempre al filo del abismo, algo que aparece de manera recurrente en el cine nórdico pero no tanto en su literatura (o al menos en la literatura que llega a las librerías argentinas). Por supuesto, como cada vez que aparece un escritor de historias breves en las que hay duelos, silencio, soledad, parejas que se miran y no se reconocen y matrimonios en ruinas, surgen las automáticas comparaciones con Ernest Hemingway, con Raymond Carver, con Franz Kafka. Pero Askildsen, que ha traducido a su lengua a August Strindberg, a Samuel Beckett y a Harold Pinter, sólo reconoce de ese grupo la influencia de Hemingway, al que suma a Alain Robbe-Grillet y Claude Simon, y odia que utilicen el término minimalismo para describir su trabajo.
Askildsen no es muy dado a las entrevistas, pero en una de las pocas que concedió cuando sus libros comenzaron a editarse en España, a comienzos de esta década, declaró que lo que más le interesa a la hora de abordar un texto es su forma, y que ése es su único desvelo a la hora de seducir al lector: “Conseguir que el lector muerda el anzuelo es un proyecto artístico. El cometido del autor es hacer leer al lector, no tiene derecho a esperar algo de él. Si consigues que muerda el anzuelo, también hay que subir el pez del agua. Y entonces mi intención es que el lector en cierta manera sea sinónimo del pez que llega a tierra y se queda coleando y que no necesariamente se lo pase muy bien. Yo deseo crear desasosiego. No me gusta un relato que no crea desasosiego”.
En algún momento cayó en mis manos el primer libro traducido al español de Askildsen, Un vasto y desierto paisaje. Son siete cuentos en apenas cien páginas, entre los cuales hay dos de factura notable, el que abre el volumen (No soy así, no soy así) y el que lo cierra (Un vasto y desierto paisaje). En el primero, el protagonista visita a su hermana, que muere enfrente de él en medio de una conversación; en el otro, un hombre que acaba de perder a su mujer en un accidente automovilístico sufre los cuidados de su madre (que acaba de descubrir que su marido la engaña), mientras deja crecer su deseo por su hermana. La prosa y la imaginación de Askildsen se llevan demasiado bien con la sordidez, con lo prohibido, con lo nefando (todo lo que necesita de una voz y del desarrollo de un ambiente para funcionar), y es por eso que cuando intenta transitar otros caminos, como el del absurdo, o tienden en extremo a la brevedad y la elipsis, no siempre logra salir airoso.
A mediados de mayo, buena parte de sus relatos serán distribuidos en América latina en un solo tomo, bajo el título de Cuentos reunidos (los de los libros Los perros de Tesalónica, Un vasto y desierto paisaje, Ultimas notas de Thomas F. para la humanidad y Un súbito pensamiento liberador). Y vienen compilados, ordenados y prologados nada menos que por otro enorme cuentista: Rodolfo Fogwill.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).
Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)
Esta noche, temporada de conejos
abril 16th, 2010 · 1 Comment
Si esta noche estuviera en Buenos Aires, no hay dudas de que iría al teatro ND Ateneo a ver a Martín Buscaglia.
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Calamaro x Casas
abril 16th, 2010 · No Comments
Un texto de Fabián Casas en Los trabajos prácticos.
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Un cuento de Pedro Mairal
abril 15th, 2010 · No Comments
En el blog de Eterna Cadencia (cariñosamente llamada por varios Eterna Carencia, o Eterna Decadencia): el texto se llama Sudor (y se imaginan de qué va).
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Catorce plantas
abril 14th, 2010 · No Comments
Acaba de salir un nuevo número de la revista digital Planta.
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Sobre Los suicidas del fin del mundo
abril 13th, 2010 · 1 Comment
De la bellísima revista de artes y literatura La tempestad me pidieron un texto sobre este libro de Leila Guerriero. Como ya se publicó, y la revista no llega a la Argentina, lo reproduzco acá debajo. De todas maneras, mucho más allá de esto, vale la pena darse una vuelta por la edición online (y completa) de La tempestad, cuya última tapa está dedicada a Alfred Hitchock.
La dolorosa discreción
Por Maximiliano Tomas
¿Quiénes? El viento constante, ese silencio blanco, aliento del demonio. Y la sombra densa de la muerte: muertes de postes y cables, de ojos desorbitados y pies que cuelgan en el aire, de disparos en la boca y en la sien. Muertes violentas que se ejercen con mano propia. Esos son los personajes principales del primer libro de crónicas de Leila Guerriero, Los suicidas del fin del mundo, aparecido a mitad de la década, en 2005, y que presentó a la autora al público no especializado e inauguró la biblioteca de no ficción de la editorial Tusquets en la Argentina.
¿Dónde? En Las Heras, provincia de Santa Cruz, Patagonia, sur profundo de la República Argentina. Un pueblo de unos pocos miles de habitantes que vivió el sueño del progreso entre las décadas del 70 y 90 gracias a las explotaciones petrolíferas. “Las Heras empezó a ser terreno de hombres solos que querían hacer dinero e irse rápido, pero se quedaban años. Se multiplicaron los cruces familiares: hijos e hijastros, padres y padrastros, madres y madrastras, todos contra todos. Familias ortopédicas producto de revolcones impetuosos que nunca duraban demasiado”. Pero una vez privatizadas las empresas del Estado, en los años 90, Las Heras cayó en desgracia. Cientos de trabajadores perdieron sus empleos, cientos de familias quedaron sin sustento. En 1995 el desempleo era del 20 por ciento y 7 mil personas abandonaron el lugar. El mal ya estaba hecho, la fiebre del oro negro iba a mostrar sus síntomas. El más visible: una ola de suicidios que comenzó en 1997 y que no se había detenido cuando Guerriero le pone punto final al libro, ocho años después.
¿Cómo? Leila Guerriero nació en 1967 en Junín, provincia de Buenos Aires. Lleva casi veinte años de profesión y sus crónicas aparecieron en los medios más importantes de América Latina y Europa. Si se puede hablar de dos modelos a la hora de hacer literatura de no ficción (o periodismo narrativo, o crónica periodística), podríamos poner a Guerriero en un extremo y a la peruana Gabriela Wiener en el otro. Wiener, autora de los libros Sexografías y Nueve lunas, se define como una “antropóloga de sí misma”. Necesita que las historias pasen por su cuerpo, que hieran, incomoden, molesten, para recién después narrar -una noche de sexo swinger, un viaje mental bajo los efectos de la ayahuasca, una donación voluntaria de óvulos o una intervención quirúrgica. Guerriero se ubica voluntariamente en la otra punta del arco metodológico: es la cronista que desaparece, que se hace humo, que todo lo ve y todo lo cuenta, pero desde la invisibilidad. Ella misma lo explica así: “Encuentro cierta belleza en que las cosas sucedan -absurdas, contradictorias, a veces irreales- y me gusta entrar en la realidad como a un bazar repleto de cristales: tocando apenas y sin intervenir. Para poder ver no sólo hay que estar: sobre todo, hay que volverse invisible. Aplicar discreción hasta que duela, porque sólo cuando empezamos a ser superficies bruñidas en las que los otros ya no nos ven a nosotros, sino a su propia imagen reflejada, algunas cosas empiezan a pasar”.
Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez, Martín Caparrós: figuras tutelares del oficio de Guerriero. En el cómo, en su método de trabajo, detallista y tremendamente obsesivo, está el secreto de su arte. Para ella, la crónica abreva del cine, la música, el cómic y la literatura. Pero hay dos cosas que, según confiesa siempre, le son indispensables a la hora de escribir: tiempo y soledad. “Soy una bestia cuando trabajo. Puedo escribir 16 horas por día, sabiendo que gran parte de la tarea de escribir es perder el tiempo. Hay días que estoy 12 o 14 horas escribiendo, corrigiendo, pasando, metiendo material; hay otros días que de esas 16 horas escribo como mucho tres y el resto es diletancia: voy, vengo, me siento, vuelvo, pero sin ese perdedero de tiempo no llego a esas tres que valieron tanto. Cuando escribo me encierro, no bajo a pagar un impuesto, rechazo todas las invitaciones que me hacen, sea una entrevista o una cena con un amigo que viene desde El Congo”.
Los suicidas del fin del mundo es la historia de una búsqueda que nunca queda del todo elucidada. ¿Qué persigue Guerriero en el libro? ¿Las razones de los suicidios, del malestar que generan el aislamiento, el abandono, la falta de esperanzas, la posibilidad de un futuro? Todo eso, sí, pero Guerriero es también una cazadora de personajes, de voces narrativas y de elementos (el viento, siempre el viento patagónico, y la amenaza de la locura y de una muerte nueva) que hagan avanzar el relato y que terminen por componer un mosaico, un rompecabezas en el que las piezas no siempre encajan a la perfección. Guerriero cuenta que el 90 por ciento de sus lecturas se compone de obras de ficción, y que sólo el resto es periodismo. “El lenguaje es todo en el periodismo gráfico. El lenguaje escrito tiene como una sensualidad extrema que no tienen otras formas narrativas. Soy una especie de buscadora serial de prosas que me conmuevan, de autores que muevan las bases de lo que estoy haciendo y me den ganas de empezar una crónica de esa manera o descubrir a alguien con un tono completamente distinto a lo que yo conozco”. Una búsqueda que no siempre es placentera, por supuesto. “El resultado me gusta”, dice, “pero no el proceso de escritura. Para mí la escritura no es un momento de disfrute. Es un momento de soledad, de agobio, de no encontrar caminos, de no saber si la pegaste hasta que el proyecto está tan avanzado que después volver atrás es una pesadilla, de desconcierto, de aburrimiento de probar, de tirar abajo y volver a construir. Yo preferiría estar trotando”.
La trama detrás de este libro es la de casi siempre. Una cronista que se obsesiona con una historia, que viaja y se instala en un pueblo intentando desentrañar sus mecanismos secretos, su lado oculto, y la historia crece y se transforma en otra cosa -en este caso, en un libro que se puede leer como una novela, pero cuya potencia reside en que no, en que no se trata de una ficción sino de la más pura realidad. “Alguien abrió la puerta y el viento arremolinó los diarios que había sobre una mesa. Cayó un cenicero, se hizo pedazos, y hubo una lluvia de vidrios, de ceniza. Un hombre dijo ‘Viento de mierda’.” El viento, entonces, y el hastío, la muerte y las voces del pueblo, de los sobrevivientes de la desgracia, de los familiares de los suicidas: la espina dorsal de un relato macabro, de la Argentina que no aparece en los diarios ni en los manuales de Historia.
El final del primer capítulo de Los suicidas del fin del mundo encierra buena parte de la sapiencia de Guerriero como cronista. No son palabras vanas, son tres frases que están ahí y no en otro lado porque, se adivina, significan algo central para la autora: “Qué fui a buscar ahí. No sé qué vi. Qué estaba buscando”. La duda, la sorpresa, lo inesperado: la incertidumbre como motor del relato. Da escalofríos pensar lo que podrían hacer los hermanos Coen, o el propio Herzog, si alguna vez este libro cayera en sus manos.
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Leer está de moda
abril 12th, 2010 · 2 Comments
Si Steve Jobs tuviera que venderte un libro, lo haría así.
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La retirada del gran estafador
abril 11th, 2010 · 1 Comment
En la historia de la música punk hay dos vertientes historiográficas dominantes. Una asegura que el movimiento se originó a principios de los 70 en las ciudades de Nueva York y Detroit, con bandas como los New York Dolls, MC5 o los Stooges, que a su vez inspiraron al primer grupo específicamente punk, los Ramones. Para esta versión de la historia, cuando los Ramones viajaron a tocar a Londres por primera vez, entre el público había varios de los futuros integrantes de los Sex Pistols, que los vieron en escena y decidieron que ellos también podían hacer algo parecido con sus vidas: armar una banda, aporrear instrumentos y convertirse en músicos de rock sin saber nada de música, antes de transformarse definitivamente en delincuentes juveniles. Del otro lado, están los que aseguran que el punk, tal como lo conoció el mundo (y tal como aún se lo asocia con cierta estética y ciertas ideas: caos, anarquía, alfileres de gancho, borceguíes y crestas de colores), proviene de Londres, Inglaterra. Y que fueron los Sex Pistols (cuya música, hay que decirlo, tiene varios puntos de contacto con la de los Stooges, pero pocos con la de los Ramones) los que crearon el sonido que en muy poco tiempo copiarían cientos de bandas en todo el mundo.
Pero hay alguien que estuvo en los dos lugares (a uno y otro lado del Atlántico) y en el momento justo: esa persona se llamaba Malcolm McLaren, y murió de cáncer el jueves pasado en Nueva York. McLaren, un chico abandonado por su padre y criado por su abuela, con un buen caudal de lecturas y estudios universitarios, había sido manager de los New York Dolls en su última época, y de regreso a Londres gestionó junto a su pareja, la diseñadora Vivienne Westwood, una serie de locales de ropa que se harían míticos: Let it rock, Too Fast To Live Too Young Too Die y, finalmente, Sex. McLaren contó cientos de veces su versión de los hechos: intuyó que en la Londres de 1975 algo estaba por explotar, reunió a algunos de los jóvenes aburridos y desempleados que daban vueltas por su local, y en un mismo movimiento creó un grupo (los Sex Pistols) con el cual enviar su mensaje terrorista musical a la sociedad y vender (los integrantes como modelos vivos) la ropa de sus locales.
No le fue mal a McLaren, que logró sacarle una cuantiosa plusvalía a su idea: con un solo disco de estudio, los Sex Pistols sacudieron al rock para siempre, y él quedó como el artista conceptual detrás de la obra. Pero esa idea siempre fue desmentida por el líder y cantante de los Pistols, Johnny Rotten. Es algo que se puede advertir claramente en su autobiografía, Rotten: no irish, no blacks, no dogs, recién llegada a la Argentina. Buena parte del libro está dedicada a difundir la otra versión de la misma historia, la de McLaren (quien estuvo en la Argentina en mayo de 2008 en ArteBA, con una muestra de videos y fotos) como un estafador tan ambicioso como egocéntrico e irresponsable, que abandonó al grupo a su suerte, si no propiciando, al menos no evitando, la muerte por sobredosis del bajista Sid Vicious. Rotten demandó durante años a su manager, hasta que le ganó un juicio con el que recuperó su nombre artístico y un buen dinero, por lo que no sería extraño pensar que su muerte no le haya afectado. Pero sea como sea, y se esté del lado de la mesa que se esté, lo cierto es que con él acaba de desaparecer una buena parte de la historia del movimiento punk.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).
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Tiemblen, que nos vemos en junio
abril 6th, 2010 · 2 Comments
¿Hay todavía alguien al que le quede alguna duda? Bueno, después de esto, no.
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El festival que nos salva
abril 4th, 2010 · 3 Comments
El miércoles que viene arranca la 12ª edición del Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici), que se ha convertido en el evento cultural más destacado de la Argentina. El Bafici logró sortear, no sin dificultades, crisis económicas, cambios de autoridades (primero fue dirigido por Andrés Di Tella, después por Eduardo Antín, más tarde por Fernando Martín Peña y ahora por Sergio Wolf) y titubeos y trabas de gobiernos de distinto signo ideológico. Y no sólo sobrevivió, sino que creció de manera sostenida. Sus principales debilidades fueron superadas: evitar el peligro de convertirse en un festival de cinéfilos (en 2008 reunió a 220 mil personas, y en 2009 unas 245 mil), la descentralización de las sedes (hoy se proyecta en el Abasto, pero también en el Atlas Santa Fe, en los Arteplex de Belgrano y Caballito, en el Teatro 25 de Mayo, en el MALBA y hasta al aire libre) y la multiplicación de los puntos de venta de entradas (se pueden comprar por Internet, en la Casa de la Cultura, en la sede central y en cada una de las salas). El contraste entre la deprimente oferta de la cartelera porteña durante el año y las cientos de películas que se muestran en doce días de festival habla por sí mismo.
Este año habrá en el Bafici al menos tres importantes puntos de contacto entre cine y literatura. Para empezar, sorprendió a muchos la inclusión del esquivo César Aira como uno de los jurados de la selección oficial internacional. Además, los días 10, 11 y 18 de abril se exhibirá Cinco, un largo realizado por cinco jóvenes directores de la Universidad del Cine y basado, a su vez, en cinco cuentos de corte erótico escritos por autores jóvenes (Oliverio Coelho, Pedro Mairal y Marina Mariasch, entre otros). Y, dentro de la selección oficial argentina, se podrá ver una de las películas más esperadas de los últimos tiempos: Ocio, el filme dirigido por Alejandro Lingenti y Juan Villegas, inspirado en la novela del mismo nombre escrita por Fabián Casas.
Como siempre, lo más interesante del festival estará en los resquicios, en las sorpresas, en esas películas que de otra manera jamás podrían ser vistas por el público argentino y en esos títulos y apellidos de directores muchas veces impronunciables. Pero como una de las virtudes de la programación es su amplitud de miras, también se podrá acceder (antes de su estreno comercial) a filmes como La cinta blanca, del austríaco-alemán Michael Haneke, que ganó la Palma de Oro en Cannes en 2009. Una vez vista la silenciosa, oscura, asfixiante película de Haneke, es fácil entender por qué El secreto de sus ojos de Juan José Campanella se llevó el Oscar a la mejor película extranjera. En la producción argentina el mundo es binario, como sólo sucede en la ficción: buenos de un lado, malos del otro, una fotografía de colores saturados para una trama en la que la redención es posible y la justicia siempre equiparará las cosas.
Haneke, por su parte, es implacable desde el blanco y negro, en una historia donde las palabras no abundan y los misterios son siniestros. En el pueblo de La cinta blanca uno no sabe a quién tenerle más miedo: a los adultos, a los niños, a los curas, a los médicos, a los gobernantes, a los terratenientes. Si después de El secreto de sus ojos la gente salía del cine reconfortada, lista para una discusión liviana en familia durante la cena, después de La cinta blanca lo único que queda es el recogimiento y la pregunta por el destino final del género humano.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).