Fundación Filba presenta el segundo Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires, que se desarrollará del 1 al 5 de septiembre.
Las calles de Buenos Aires son testigos cotidianos del transcurrir de la literatura, en medio del ritmo diario de la ciudad nos encontramos con espacios que funcionan como verdaderos refugios de las ideas y las palabras: cafés, esquinas, librerías, centros culturales. La presente edición FILBA propone ampliar los límites de ese recorrido urbano integrando diversas tradiciones a través de lecturas, diálogos, performances y debates.
Un encuentro entre escritores, pensadores, artistas y público en general que busca promover cruces interdisciplinarios entre la literatura y otras expresiones artísticas.
Las actividades de la edición 2010 se desarrollarán en MALBA, Fundación Proa, Villa Ocampo (San Isidro), y en las librerías: Eterna Cadencia, Fedro, Clásica y Moderna, y La Boutique del Libro de San Isidro.
Recorridos filba
Cultura contemporánea: diferentes especialistas debatirán sobre el impacto que las transformaciones tecnológicas han producido en la manera de concebir y entender la producción cultural.
Tinta activa: propiciará el encuentro entre los escritores y el público, a través del Observatorio de autores, un espacio íntimo y relajado, donde cuatro escritores serán entrevistados acerca de sus trayectorias literarias; y de Plurilingua, donde escritores de diferentes orígenes y lenguas leerán fragmentos de sus obras en sus idiomas originales. Literatura en imágenes: tres reconocidos artistas de la novela gráfica hablarán de sus trabajos y debatirán sobre el presente de la disciplina que ya tiene la entidad de nuevo arte
Uruguay en foco: un panorama sobre la literatura uruguaya que intentará establecer puntos de contacto y divergencia con las literaturas del resto del mundo, y especialmente, con la argentina.
En escena: la palabra escrita reelabora su origen oral a partir de nuevas propuestas que integran ahora el lenguaje audiovisual.
El hilo de Ariadna: destacados especialistas, arrojan una visión en torno del laberinto contemporáneo, a través de las fuentes inagotables de las tradiciones simbólicas de los textos sagrados, la mitología, la filosofía, la ciencia y la literatura.
Workshps: el arte de contar cuentos. Creación literaria. Poesía
Sale Filba: en diversos puntos de la ciudad, las librerías serán protagonistas de lecturas, entrevistas y conferencias a cargo de prestigiosos escritores.
Participan
Peter Adolphsen | Max Aguirre | Marc Augé | Gabriela Bejerman | Diana Bellessi | Alfonso Berardinelli | Sonia Budassi | Nicolás Buenaventura | Gabriela Cabezón Cámara | Max Cachimba | Quico Cadaval | Martín Caparrós | Pablo Casacuberta | Teixeira Coelho | John Connolly | Jorge Consiglio | Esther Cross | Tomás de Mattos | Pablo De Santis | Elsa Drucaroff | Roberto Echavarren | Mariana Enriquez | Alejandro Ferreiro | Roberto Ferro | Gabo Ferro | Silvina Friera | Santiago Gamboa | Carlos Gamerro | Francisco Garamona | Francisco García Bazán | Néstor García Canclini | Florencia Garramuño | Julián Gorodischer | Arnon Grunberg | Pablo Harari | Milton Hatoum | Silvia Hopenhayn | Paula Jiménez | Violeta Kesselman | Martín Kohan | Patricia Kolesnicov | Ana Inés Larre Borges | Carlos Liscano | Ercole Lissardi | Luis López Nieves | Josefina Ludmer | Paula Maffía | Marina Mariasch | Gabi Martínez | Juan Martini | María Medrano | Jorge Monteleone | Bernardo Nante | Guadalupe Nettel | Sergio Olguín | Claudia Piñeiro | Guillermo Piro | Felipe Polleri | Alberto Quevedo | Tilman Rammstedt | Pablo Ramos | Federico Reggiani | Damián Ríos | Manuel Rivas | Diego Rojas | Valentín Romero | Alejandro Rubio | Luiz Ruffato | Malena Solda | Dardo Scavino | Cecilia Szperling | Juan Terranova | Maximiliano Tomas | Diego Trelles Paz | Dani Umpi | Dimitri Verhulst | Eugenia Zicavo
Información general
Fechas
Actividades del 1 al 5 de septiembre. En las diferentes sedes.
Apertura
Miércoles 1º
19 Palabras Inaugurales
19.30 Conferencia a cargo de Marc Augé, El saber y la ciudad
Auditorio Malba con invitación
Retransmisión abierta al público
Sedes
Malba – Av. Figueroa Alcorta 3415 – CABA
Fundación Proa – A. Pedro de Mendoza 1929 – CABA
Unesco Villa Ocampo – Elortondo 1811 – Beccar. Buenos Aires
Eterna Cadencia – Honduras 5582 – CABA
Sale filba
La Boutique del Libro – Chacabuco 459 – San Isidro. Buenos Aires
Clásica & Moderna – Av. Callao 892 – CABA
Fedro – Carlos Calvo 578 – CABA
Eterna Cadencia – Honduras 5582 – CABA
Entradas
El acceso a las actividades es gratuito.
Las entradas se entregarán el mismo día de la actividad en cada sede.
Seguí FILBA
Seguí las novedades sobre las conferencias y charlas todos los días online en nuestro blog, Facebook y Twitter.
Hará tres meses que Rosa Montero publicó un artículo sobre La montaña mágica, de Thomas Mann, en el que animaba a los lectores a “saltarse sin complejo” todas las páginas de la novela que les parecieran tediosas. Decenas, según ella. Decía Montero que toda novela, casi por antonomasia, contiene páginas que sobran, y que, “por lo general, cuanto más gordo es el libro, más páginas habría que tirar”. A la impaciente Montero también le ocurre esto, lo admite, con Anna Karenina, con el Quijote, con Moby Dick. “Todos estos libros -sentenciaba doña Rosa- son maravillosos porque crecen y cambian y están vivos: uno no puede acercarse a ellos como si fueran textos sagrados esculpidos en piedra, dogmas temibles e intocables.” Y concluía con esta atrevida recomendación: “Sáltate páginas, en fin, sumérgete y disfruta”.
“Desde los inicios del sonoro, el cine representó el consumo de marihuana desde los enfoques más diversos. El recorrido por las principales películas que se refirieron al porro o lo tuvieron como protagonista ilustra los cambios en los discursos y los prejuicios sociales. Desde la demonización de los años 30 a la apología de los 60 y 70 y el surgimiento en el siglo XXI de la comedia fumona como género, la representación de la marihuana en el cine se puso a tono con los vientos que soplan en el mundo a favor de la despenalización.”
Pero miren qué bonito: parece que en el mundo se está poniendo de moda de nuevo eso de prohibir. Por acá, había algunos que querían decidir quién se podía casar y quién no (y fueron sorpresivamente derrotados). Me cuentan que hay una legisladora que anda impulsando un proyecto para “prohibir los juguetes bélicos”. Es decir, para que los chicos ya no puedan jugar al policía y al ladrón, o a los soldados, porque eso les traería traumas posteriores o los convertiría en personas violentas. Uhm. Y a pesar de mi cariño, los catalanes, en verdad algunos de ellos (los más políticamente correctos, los más odiosos) se salieron ayer con la suya: prohibieron las corridas de toros en su territorio. Lo extraño es que el propio presidente de la Generalitat (es decir, del gobierno catalán), José Montilla, se pronunció en contra de la prohibición.
“¿Estamos en invierno o en verano? ¿En casa o de viaje? Y si de viaje, ¿a dónde? Pues no es lo mismo, no, de ninguna manera, pensar en un libro para ser leído sobre una tumbona, al lado de la playa o de una piscina, que en un libro para ser leído en alta montaña, en Nueva York, durante un crucero por el Báltico o durante un agotador trekking por vaya usted a saber dónde. Tampoco es lo mismo, ni mucho menos, leer estando sano o achacoso, enamorado o desengañado, por inquietud o por aburrimiento, en paro o con una saneada cuenta bancaria. Por no meterse ahora en consabidos distingos de edad o de género.”
Un hipotético lector le pide a Ignacio Echevarría que le recomiende un libro. La cosa parecería sencilla, pero no lo es tanto. El texto, aquí.
La serie True blood no vale dos centavos: al tercer capítulo uno quiere que a la protagonista la pisen con un tractor, de lo insulsa y estúpida que es. Y los vampiros… los vampiros sencillamente me tienen cansado. Para series, muchachos, todo está en The Wire (o en su defecto en Breaking Bad, o The Shield). Pero los créditos de apertura (acá abajo) son maravillosos. Ahora leo en el blog de Terranova una breve explicación de cómo se hicieron: esos extraños casos donde la necesidad y el azar se conjugan para que las cosas salgan muy bien.
Dos maneras antagónicas de entender la pasión (la obsesión) por los libros. La de Diógenes, por un lado, que afirmaba que tener libros y no leerlos es como tener frutas en un cuadro. La otra, que nos cae mucho más simpática, es la que cuenta Walter Benjamin en un célebre artículo titulado Desembalo mi biblioteca (discurso sobre la bibliomanía), y que cierra con la siguiente anécdota: “¿Es típico del coleccionista no leer libros? Como único ejemplo citaré la respuesta que Anatole France reservaba a los beocios que admiraban su biblioteca para concluir con la inevitable pregunta: ‘¿Y ha leído usted todo esto, señor France?’ ‘Ni la décima parte’, respondía él. ‘¿O acaso usted comería todos los días en su vajilla de Sévres?’”. Conozco la pasión de algunos escritores argentinos por los libros y la obsesión con que cuidan, abastecen y ordenan sus biliotecas: Abelardo Castillo y Sylvia Iparraguirre las mantienen separadas, en habitaciones distintas. Cualquiera que recorra con regularidad librerías de viejo del centro de Buenos Aires se cruzará, en algún momento, con dos biliómanos consumados: Matías Serra Bradford y Damián Tabarovksy (Serra Bradford publicó hace poco una novela donde vuelca estas experiencias bajo el amparo de la ficción: La bilioteca ideal). Daniel Guebel suele tirar los libros sobre los estantes, sin ningún orden o cuidado aparente. Y Rodolfo Fogwill declaró en más de una ocasión que los libros le parecen, a esta altura, un verdadero estorbo, se jacta de no tener biblioteca propia y no tiene reparos en regalarlos, venderlos o perderlos.
Pero a cualquiera de ellos, estoy casi seguro, les interesaría un ensayo que acaba de publicar el escritor francés Jacques Bonnet, Bibliotecas llenas de fantasmas. Una especie de breve historia de la bibliomanía que abre con la definición de lo que son para él los libros. Es decir, su felicidad y su maldición: “Son caros cuando se compran, no valen nada cuando se revenden, alcanzan precios astronómicos cuando hay que encontrarlos una vez que se agotaron, son pesados, se empolvan, son víctimas de la humedad y de los ratones, son, a partir de cierto número, prácticamente imposibles de trasladar, necesitan ser ordenados de una manera específica para poder ser utilizados y, sobre todo, devoran el espacio”. Así y todo, Bonnet confiesa su inevitable debilidad por cada uno de los miles de tomos que ocupan todas las habitaciones de su casa, incluido el baño. Y a lo largo de los distintos capítulos refiere historias y curiosidades de las tantas clases de bibliómanos que existen: amateurs, coleccionistas, amontonadores, lectores y compradores compulsivos. Personajes que llegaron a vender su derecho de herencia para comprar libros de manera ilimitada, que viajaron a la otra punta del mundo en busca de aquel ejemplar codiciado, que murieron aplastados (literalmente) bajo el peso de su bilioteca.
Mientras repasa las diversas maneras de almacenar y ordenar volúmenes, de cómo y dónde leer, de las peripecias y las dificultades a las que se ven arrastrados los amantes de los libros, Bonnet cuenta sus experiencias de lectura y su vida como lector, similares a la de todo bibliómano y, al mismo tiempo, inexplicables para cualquiera que no comparta la misma obsesión. La biblioteca, en fin, entendida como la arqueología privada de su dueño, como una pasión tan inevitable como inútil.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).
“Como cualquier material inflamable, a John hay que manejarlo con cuidado. Cuando está de buen humor, es delicioso: alternadamente, sobreexcitado, animado e hilarantemente contrariado. Todavía rebosa esa energía maníaca de antaño, pero la edad ha suavizado algunos costados filosos, y vestido con su traje blanco de lino y botas Doc Martens con punta de acero parece más amable que enfant terrible mugriento que creó un género musical basado en una suerte de grito enojado. Incluso la horrible dentadura que inspiró su seudónimo ha desaparecido, excepto por un gran agujero en su maxilar superior. “Me hice arreglar todos los dientes hace unos años, pero después me rompí éste con una cereza durísima”, explica. “Se me partió, lo tragué y después fui a la dentista, que me aconsejó que lo buscara entre la mierda cuando cagara. Le dije: ‘¡De ningún modo eso va a volver a mi boca, querida!’ Así que ahora tengo este agujero entre los dientes, justo en el medio.” Lo positivo es que el agujero es del tamaño exacto para sostener los cigarrillos que fuma sin parar.
“Pynchon es de tradición cervantina: la excursión, los apodos inolvidables, la incertidumbre, la dualidad, la alucinación. Una cuadrilla llamada “Los Amigos del Azar” emprende una travesía en una nave inconcebible que dará la vuelta al mundo. Es una tripulación que parece venir de otros libros. (Y hay una impresión en Pynchon de que muchos de sus personajes –y las noticias– llegaran de novelas de terceros.) De hecho, alude a aventuras supuestamente ya publicadas, protagonizadas por esta banda: “Los Amigos del Azar en busca de la Atlántida”, “Los Amigos del Azar y los Piratas de Hielo” y “Los Amigos del Azar casi chocan contra el Kremlin”. Contraluz carece de atajos y vuela de los Himalayas al Artico, detallando las escalas y los encuentros con buscavidas, espías, ilusionistas, prostitutas, perros parlantes, profetas descreídos, jugadores compulsivos, mujeres que se fugan y anarquistas tirabombas”.
Ayer, 21 de julio, la revista Ñ de Clarín levanta un cable de la Agencia de Noticias estatal Télam, donde se “adelanta” la salida del nuevo libro de Pynchon, Contraluz, y se dicen cosas como ésta:
“A la manera de un libro de viajes algo alucinado, Pynchon se vale de una cuadrilla llamada “Los Amigos del Azar” para emprender una travesía en una nave inconcebible que dará la vuelta al mundo y que funciona como una tripulación que parece venir de otros libros.
De hecho, el libro alude a aventuras supuestamente ya publicadas, protagonizadas por esta banda, como “Los Amigos del Azar en busca de la Atlántida”, “Los Amigos del Azar y los Piratas de Hielo” y “Los Amigos del Azar casi chocan contra el Kremlin.
Contraluz carece de atajos narrativos de todo tipo: por el contrario, el autor parece gozar al máximo el detalle de las escalas y los encuentros con buscavidas, espías, ilusionistas, prostitutas, perros parlantes, profetas descreídos, jugadores compulsivos, mujeres que se fugan y anarquistas tirabombas que proliferan por el volumen”.
Las extrañas y fieles similitudes se repiten a lo largo de, por lo menos, cuatro párrafos. Extraño ejercicio del periodismo donde son los diarios los que nutren a las agencias de noticias que, a su vez, se olvidan de citar las fuentes de información que utilizan. En el universo paralelo donde yo vivo eso se llama sencillamente plagio.
Ley de Murphy: Pixies! viene a la Argentina por única y seguramente última vez, y yo no voy a estar en el país. Alguien que saque entradas acá y me filme todo el recital en video, por favor, que me quiero matar.
Esta sección ya tiene fans locales y colaboradores internacionales. Desde Madrid, España, alguien vio esta foto y me la envió por mail para este humilde espacio. Para empezar el lunes de regreso al trabajo bien arriba ¡Gracias Antonio!
Por un lado tenemos el punk, ese sonido que de mediados a fines de los 70 cambió la esencia de la música rock para siempre. Y, por el otro, el movimiento punk, una amplia revolución cultural hecha de impureza, mezcla y yuxtaposición, que modificó hábitos y costumbres de la juventud de buena parte del mundo con epicentros en Londres y Nueva York: trajes rotos, corbatas de colores, alfileres de gancho, iconografía nazi y anarquista, crestas, alcohol, drogas duras, violencia contra los agentes de poder y una buena dosis de nihilismo. El movimiento punk como el costado visible (fácil de imitar y asimilar, para luego ser empaquetado y vendido) de un cambio musical profundo de cuyo cimbronazo se desprenderían las bandas más importantes de la década del 80 y principios de los 90, de Joy Division a The Pixies, The Cure o Nirvana. Estas dos caras del punk son perfectamente visibles en The Punk Rock Movie (1978), una película filmada en Súper 8 por Don Letts, el disc jockey del club The Roxy durante el único año en que el local estuvo abierto, y que acaba de distribuirse en DVD en la Argentina.
El montaje que eligió Letts para su película es simple: actuaciones en vivo de grupos en su mayoría ingleses (Sex Pistols, The Clash, Generation X, The Slits, Siouxsie and the Banshees, Eater) y alguno americano, como The Heartbreakers. Las performances están captadas con sonido ambiente y las imágenes son sucias, pero todo cumple a la perfección su cometido; es decir, retratar la esencia del punk en vivo y en directo. Antes y después de estas presentaciones (queda claro que pocas bandas eran realmente buenas, y no por nada el film abre y cierra con los Sex Pistols) vemos al movimiento punk en su punto de ebullición: jóvenes bailando pogo vestidos con trajes de látex o maquillados como felinos, gente inyectándose en los baños de los clubes o cortándose el pecho con una gillette, chicas semidesnudas y chicos con esvásticas pintadas en la cara, aburridos y llenos de fiereza, en medio de la profunda crisis social y económica que atravesaba por entonces la Inglaterra de Margaret Thatcher.
Tal vez lo mejor que tenga The Punk Rock Movie no sea precisamente la calidad de su realización, sino su valor sociológico, ya que funciona como un perfecto registro de época. Uno puede advertir cuánto de pose y cuánto de genuina rebeldía implicaban los contradictorios ideales punk (el “no hay futuro”, el “hazlo tú mismo”) tanto para los integrantes de las bandas como para sus seguidores. Cuán importante era la crudeza del sonido y el volumen de los amplificadores, y también el rol fundamental que cumplían la ropa y el maquillaje como elementos sociales diferenciadores. Hay una escena que lo sintetiza todo. En el medio de un ensayo de The Slits, un grupo conformado íntegramente por mujeres, las chicas discuten porque una de ellas no puede seguir el ritmo, y es acusada por las demás de estar sólo preocupada por la fama. Mientras se gritan y pelean, se van pasando de mano en mano un cepillo con el que arreglan sus peinados. Ese es el punto en el que esta película se vuelve fundamental: el haber estado en el lugar y en el momento justo con una cámara, para captar la carga de energía, desenfado, sinsentido, juventud y estupidez que hizo del punk tal vez la última gran revolución de la cultura rock.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).
El fútbol insiste en querer alejarse de mí: como ciertos sueños, como la fe. Primero fue un corte de varios cenímetros en la ceja izquierda, ahora es una fractura en el pie (al menos aprendí una palabra nueva: avulsión; “fractura por avulsión”). Pero le seguiré dando batalla. Mientras tanto, me voy a leer este artículo que me manda una amiga con sutil malicia.
-Pareciera mantenerse vigente una paradoja que ya advertías en el prólogo de La Argentina crónica: una camada de cronistas jóvenes prolíficos y talentosos, interés editorial por el género y marginalidad casi absoluta dentro del ámbito de circulación en principio natural para éstos trabajos, que es el de los diarios y las revistas. ¿Es que ya se trata de una circunstancia irreversible?
-Es cierto: sigue sin haber revistas en la Argentina donde publicar crónicas, salvo casos contados e inconstantes como algunos números de la Rolling Stone, Brando y revistas dominicales de los grandes diarios (cada vez menos). Veremos cuál es la intención de Soho (la nueva edición local de la publicación colombiana), pero no me haría muchas ilusiones. A esta altura, ya no sé si este tipo de medios no existen por desidia empresarial o por desinterés de los lectores. En todo caso, los empresarios y los lectores en general son cada vez más brutos, así que no me llama la atención. Y estamos acostumbrados a leer por fragmentos y en la web las ediciones de El Malpensante, Donjuán, Gatopardo y ahora la flamante Pie izquierdo: tampoco se sufre tanto. Por mi parte, estoy convencido de que un proyecto así es viable comercialmente en un país como la Argentina, pero no tengo el dinero para hacerlo. Ya llegará el momento de que los lectores se aburran de tanto gráfico, fotito, figurita e infografía y reclamen de los medios la posibilidad de leer otro tipo de historias. O no. Lo curioso es que haya sido el mercado editorial el que suplió esa ausencia (Tusquets, Planeta, Eterna Cadencia, por nombrar algunos sellos), porque si bien los cronistas no publican textos periodísticos en los medios de su propio país, al mismo tiempo aparecen cada vez más libros de periodismo narrativo. Una paradoja que sirve para no perder las esperanzas.
“Ayer, en la final del mundo, el espíritu de Johan Cruyff reinó y se llevó el título. El fin nunca justifica los medios, como quieren los abanderados de la real politik. Hay que formar a los jugadores desde la inferiores, educarlos, hacerlos generosos, intrépidos y con un gran respeto por el adversario, sin el que no somos nada. Diego Maradona fue un jugador descomunal. Un rebelde táctico bendecido por un don. Los jugadores del porvenir deberían aprender eso de él. El maradonismo, en cambio, la alternativa Dalma, es un estado conservador –aunque a muchos librepensadores les parezca la encarnación de Charles Bukowski–, la perpetua repetición del error conceptual más doloroso para una persona: creer que el destino nos debe algo, que encarnamos el ser universal, que somos el pueblo elegido, la raza pura, los condecorados por Alá, puro merchandising barato y de corta duración, pero que suele costar sangre, sudor y lágrimas.”
Por fortuna, algo dejó este mundial: somos muchos, cada vez más, los que queremos que todos los equipos jueguen como lo hacía Cruyff, como lo hacen hoy Xavi, Iniesta y Messi. Para el texto completo de Fabián Casas, clickear acá.
El FCB obtuvo hoy el único título futbolístico que le faltaba: el Mundial de Sudáfrica 2010. Con 6 jugadores (7 si contamos a Villa, reciente incorporación) del club sobre 11 titulares de la selección española, no es extraño que el cuidado de la pelota, el compañerismo y el buen juego se hayan impuesto en un mundial deslucido y repleto de individualidades. Por eso: ¡Visca Barca, campeón del mundo!
La cultura skater tuvo uno de sus grandes momentos en la Argentina entre mediados y fines de los 80. Luego prácticamente desapareció, y recién veinte años después volvió a hacerse visible, con la habilidad que tiene la moda y el consumo para calar en el ánimo adolescente, y la fuerza de la nostalgia en los que fueran skaters en aquellos tiempos lejanos. Hoy hay locales donde se consiguen equipos importados con facilidad, existen circuitos y lugares de encuentro, y una fuerte tendencia del marketing (no sólo en la Argentina, sino en todo el mundo) a explotar los deseos y las marcas de pertenencia de una cultura urbana para convertirlos en un objeto de consumo generacional. Hay quien es skater, quien quiere ser skater, quien sólo se viste como skater, y casi todos compran las remeras, los pantalones y las zapatillas en los mismos lugares. Como es una cultura asociada a la calle, la rebeldía, el juego y la libertad, las marcas están atentas ya que se trata de un segmento de consumo fuerte, un nicho de mercado en el que caben desde niños de diez años a adultos de cuarenta.
Así y todo, Buenos Aires está lejos de ser una ciudad skater: las veredas rotas, el asfalto poceado y el caos del tránsito atentan contra buena parte del sentido de la práctica. Por las razones contrarias no es raro notar el crecimiento del skate en muchas ciudades europeas, donde incluso fue adoptado por la gente joven como medio de transporte cotidiano. Barcelona es, por ejemplo, la ciudad skater de Europa, pero vive una contradicción permanente: todo el mundo patina, pero la práctica en las calles fue prohibida hace algunos años. La Guardia Urbana que patrulla la ciudad suele detener a los skaters mientras patinan, les incauta las tablas y les impone fianzas que superan el precio real del equipo. Cuando aparece la policía, los cientos de skaters que practican todos los días frente al Macba catalán dejan de patinar, se sientan sobre sus tablas y se ponen a conversar: como no están patinando no hay delito, y por lo tanto están a salvo.
En 2009 el premio literario Indio Rico convocó a un concurso de epinicios: un subgénero dentro de la poesía lírica, muy común en la Grecia clásica, utilizado para honrar las victorias de los atletas en los juegos olímpicos. El ganador fue Jonás Gómez (Buenos Aires, 1977) con el libro de poemas Equilibrio en las tablas. No es el primer libro escrito sobre o desde el skate (el mismo Nick Hornby convirtió en skater al personaje de su última novela, Slam), pero debe ser el único compuesto en verso y en la Argentina. Gómez, que jamás se subió a una tabla, conoce de primera mano lo que fue la cultura skater y la movida de los 80 porque es de Munro, lugar donde existía un circuito skater mítico con sus rampas y ollas gigantes y donde transcurre buena parte de su libro. “Otros deportes tienen sus campos de juego delimitados/nosotros tenemos la calle/o los pocos circuitos que hay en los barrios”, escribe y es cierto: si el terreno natural de la mayoría de los deportes son las canchas o los estadios, el del skate es el espacio público, del que hace uso y al que reinterpreta a cada momento (lo mismo hace el graffiti dentro de las artes plásticas). En estos versos, Gómez capta la frescura y el espíritu hormonal intrínseco del skate, y construye así uno de los homenajes más originales de la literatura argentina.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).
Los símiles de la retórica del combate estuvieron a la orden del día: “Once guerreros”, “Héroes”, “Diego es como el Che”. Pero lo cierto es que Guevara no sólo no se hubiera tatuado a Maradona, sino que también, de tenerlo en sus filas, con lo poco afecto que era al consumo de estupefacientes, lo hubiera fusilado. Para el doctor Guevara Lynch, la revolución no era un sueño eterno. De manera que la cantinela chauvinista de nuestro país, donde vive “la gente”, se dio de bruces con un equipo dinámico que era dirigido por alguien más parecido a un curador del Malba que a un DT de fútbol. Lo que hay que reconocerle a Maradona y a su equipo técnico (incluído el cerebro de Ruggeri) es el aporte táctico nunca visto de jugar sin mediocampo. Es decir, lograr el efecto gravitacional de hacer desaparecer a los jugadores del medio y tratar de no jugar con laterales que marquen y ataquen. Algo así como pasar al fútbol el Experimento Filadelfia que practicó en secreto el ejército de los Estados Unidos cuando se puso a jugar con la antimateria. Bien, siamo fuori.
“La basura representa, desde el comienzo, el costado patológicamente violento de la cultura argentina. En Viñas, en Dar la cara, Pelusa y Beto intentan su primera relación sexual en un incinerador. El escenario de Operación masacre de Rodolfo Walsh (y los fusilamientos que ese libro investiga) son los basurales de José Leon Suárez. La dictadura militar –como todo régimen genocida– debió decidir, además de cómo matar, qué hacer con los restos de la matanza, con los cadáveres: tirarlos al río, embolsados, o emparedarlos en las autopistas que comenzaban a atravesar Buenos Aires en la década del setenta”.
Un espacio dedicado a la información de la industria editorial, el campo cultural y otras misceláneas, nacido en junio de 2005. Tiene un promedio de 1000 visitas diarias. Mensajes a: maxitomas@mail.com