Los símiles de la retórica del combate estuvieron a la orden del día: “Once guerreros”, “Héroes”, “Diego es como el Che”. Pero lo cierto es que Guevara no sólo no se hubiera tatuado a Maradona, sino que también, de tenerlo en sus filas, con lo poco afecto que era al consumo de estupefacientes, lo hubiera fusilado. Para el doctor Guevara Lynch, la revolución no era un sueño eterno. De manera que la cantinela chauvinista de nuestro país, donde vive “la gente”, se dio de bruces con un equipo dinámico que era dirigido por alguien más parecido a un curador del Malba que a un DT de fútbol. Lo que hay que reconocerle a Maradona y a su equipo técnico (incluído el cerebro de Ruggeri) es el aporte táctico nunca visto de jugar sin mediocampo. Es decir, lograr el efecto gravitacional de hacer desaparecer a los jugadores del medio y tratar de no jugar con laterales que marquen y ataquen. Algo así como pasar al fútbol el Experimento Filadelfia que practicó en secreto el ejército de los Estados Unidos cuando se puso a jugar con la antimateria. Bien, siamo fuori.
Perdidos, capítulo final
julio 8th, 2010 · 2 Comments
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El reencuentro
julio 8th, 2010 · No Comments
Después de diez años de no verse, luego de trabajar juntas en el proyecto fallido de la Alianza, Beatriz Sarlo entrevistó a Graciela Fernández Meijide, en un diálogo sobre la represión y la recuperación de archivos secretos de la última dictadura militar.
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