El Radar de este domingo también homenajeó a Fogwill.
Imperdibles los artículos de Vera, una de sus hijas, Alan Pauls, Luis Chitarroni y María Moreno.
El Radar de este domingo también homenajeó a Fogwill.
Imperdibles los artículos de Vera, una de sus hijas, Alan Pauls, Luis Chitarroni y María Moreno.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)

Tags: Chicas que leen
por Maximiliano Tomas
Al final, quedó demostrado, lo respetaban (lo querían) todos: incluso sus enemigos, que no eran pocos. ¿Qué diría el propio Fogwill de la tristeza unánime que atravesó esta semana, en la que escritores, editores, lectores y críticos siguen sorprendiéndose de que haya muerto, de que esa inteligencia suprema, todopoderosa e incómoda ya no vuelva a interpelarnos, a molestarnos con sus intrusiones, que se haya apagado tan de repente? Conociéndolo, seguro que se sentiría incómodo (si no fastidiado): nos mandaría a todos a leer y a escribir y a dejar de quejarnos. ¿Pero cómo? Fogwill estaba contra todos, pero también estaba en todo y con todos. Llámense por una vez a silencio los que reclaman autores con compromiso e ideas, escritores con incidencia en la realidad social y política: Fogwill era eso, una máquina de intervenir políticamente. Escribía con la misma facilidad e irreverencia sobre drogas, alcohol, aborto, homosexualidad, alta y baja política, mundo editorial, urbanismo. Donde había una llaga, él estaba listo para ir y meter no el dedo: el brazo. Porque si Fogwill fue, con algunas decenas de cuentos, un puñado de novelas, y unos pocos poemas uno de los escritores más influyentes de la literatura argentina de las últimas décadas, fue también, sin dudas, un intelectual. El intelectual incómodo.
Lo conocí personalmente hace cinco años (porque tuve la suerte de empezar a leerlo mucho antes, cuando encontré uno de sus primeros libros, Música japonesa, en la biblioteca de mis padres), pero fue hace tres, una noche en la puerta del Centro Cultural Rojas, cuando lo invité a escribir semanalmente en este diario, sabiendo que me iba a decir que no, o que me pediría una suma de dinero exorbitante por hacerlo (la forma más elegante e inapelable de negarse). Pero dijo que sí. Y a pesar de las bromas que nos hacíamos cada tanto con Guillermo Piro, encargado de coordinar las páginas donde Fogwill colaboraba (¿cuándo va a renunciarnos de nuevo? ¿cuánto tiempo pasará hasta que se aburra y abandone?), y de haber amenazado con dejar de hacerlo varias veces, lo cierto es que el desafío de intervenir públicamente lo seguía entusiasmando, como quedó claro con la serie que inauguró con su última columna, en donde anunciaba que se dedicaría a ventilar las miserias del mundo editorial. Desde su muerte, unos cuantos hipócritas suspiran con alivio (ahora recuerdo esa noche, cuando me agarró del brazo a la salida de un importante premio literario cuya ceremonia había interrumpido al grito de “Esto es un fraude, una vergüenza”, y me dijo, mirando las paredes y las puertas, y lo decía en serio: “Tomás, ¿por qué no vamos y rompemos todos los vidrios?”).
Unos pocos respiran aliviados, sí, pero como quedó demostrado en su velorio, el sábado pasado en la Biblioteca Nacional, son muchos más los que van a extrañarlo, los que no pueden soportan siquiera la idea de no volver a escuchar su voz (“Fogwill habla”, decía, grave y seco, cada vez que llamaba por teléfono para comentar un libro que había leído, un autor que había descubierto, una noticia o un artículo que lo indignaba).
Como autor, Fogwill nos enseñó a escribir y a pensar (y a pensar escribiendo). “Escribo para que no me escriban”, “la literatura no cuenta historias, inventa maneras de contar historias”, son algunas de las miles de frases con las que definía a la literatura y a su propia biografía, esos universos tan imbricados. Como escritor, nos deja una forma de leer, de hacer respirar (y de ser respirados por) un texto. Y también: su manera de incorporar a la literatura marcas de época, el atípico uso de los dos puntos, su sintaxis sobresaltada, su facilidad para narrar las alucinaciones de una mente bajo los efectos de las drogas o las escenas de sexo explícitas. ¿Cómo olvidar a esa muchacha punk y ese comienzo donde en diciembre de 1978 el narrador y ella hicieron el amor? ¿Cómo olvidar a los pichiciegos en sus trincheras subterráneas, o aquella novela oral con la que Fogwill le extrajo la médula a la década del 90 para exponerla en toda su crudeza, ese vivir afuera con el que capturó el zeitgeist de la transición neoliberal argentina?
Así como para la literatura argentina hay un antes y un después de Arlt, de Borges, de Puig, de Lamborghini, hay también una frontera que marca un antes y un después de Fogwill: la candidez, la inocencia, la ingenuidad son palabras prohibidas para quien quiera hacer literatura hoy, de este lado del mundo.
No suena extraño que haya sido capaz de intuir su propia muerte, él que se daba cuenta de todo mucho antes que los demás. Parece incluso que se hizo tiempo para despedirse, para hablar con todos sus amigos. Se sintió mal, fue hasta el Hospital Italiano y se internó. Desde adentro, siguió hablando por teléfono y llegó a decirle a alguien: “Me voy a ver a Libertella”. Si es que existe algún lugar como el infierno de los escritores malditos, allá está él: sentado junto a Héctor Libertella y Osvaldo Lamborghini, haciéndole señas a Mario Levrero. Matándose (él escribiría: cagándose) de risa, como siempre, de todos nosotros, los que quedamos acá, mucho más solos. Con esa larga risa de todos estos años.
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Finalmente: ¿qué diferencia hay entre el periodismo que se hace hoy y el que se hacía, por poner un ejemplo, veinte años atrás? ¿Es uno mejor o más complejo o más completo que el otro? Por supuesto, no hay una sola respuesta para estas preguntas. Ser periodista, eso sí (que ese fue el disparador de estas últimas columnas), parece ser más fácil hoy que hace algunos años. Definamos fácil: los aportes de las nuevas teconologías (desde Internet a las redes sociales) y la fotografía digital y el desarrollo del diseño hicieron las tareas cotidianas mucho más accesibles, veloces y llevaderas (¿recuerdan cuando en lugar de buscar y verificar en Google cualquier dato había que ir a un archivo a pedir sobres con recortes de viejas notas? ¿Alguien se acuerda que hasta hace no mucho los reporteros gráficos no podían ver su trabajo al mismo tiempo que lo hacían, en los visores de sus cámaras de última generación, y ellos y sus jefes y los cierres de los artículos dependían del resultado posterior al revelado?). Hoy, incluso, con el mail, el chat, el teléfono celular y los procesadores de textos y los programas de diseño, la mayor parte del día del periodista transcurre en el metro cuadrado que ocupa su escritorio en la redacción. Salir a la calle a buscar datos, entrevistar fuentes, cubrir un suceso determinado suele ser la excepción, y no la norma. ¿Resulta eso en un mejor trabajo, o en uno peor, más alejado de la realidad de la calle, de la percepción de los hechos en vivo? Una vez más: el resultado dependerá del periodista, de su formación intelectual y, claro, de su talento.
Después está la libertad de expresión, la libertad de empresa, y la libertad de conciencia de cada uno. Debe ser complicado hacer periodismo político y económico, por citar sólo dos secciones, frente a una realidad tan convulsionada como la de los últimos años. Tengo amigos que trabajan en diarios como Clarín y La Nación (por no citar el caso pionero de PERFIL), que se encuentran con serias dificultades a la hora de acceder a fuentes de información oficiales. Tengo otros que trabajan en medios cercanos al poder de turno (Página/12) y otros que cobran su sueldo del multimedios más adicto al kirchnerismo (Veintitrés, Tiempo Argentino) que están convencidos no sólo de que la objetividad no existe (bueno, nada nuevo) sino también de que el periodismo bien entendido no debe limitarse a informar o a analizar los hechos: el nuevo (bueno, no tan nuevo) rol del periodista sería incidir directamente en la realidad a través de sus artículos, investigaciones y denuncias, para modificarla. Una especie de regreso a un “periodismo militante” que no se veía en la Argentina desde hace por lo menos cuarenta años. Son algo así como voceros convencidos del Gobierno, y nadie los presiona para escribir lo que escriben, y lo hacen profesionalmente, porque además son (o solían ser) buenos periodistas.
Entonces: el profundo cambio que sufre actualmente la profesión es de distintos niveles. De técnica y plataformas de publicación, lo que lo convierte en un oficio más practicable para cualquiera. De financiamiento, por la crisis económica internacional y el precio de los insumos, el descenso de los ingresos por publicidad y los cambios de hábitos de los lectores. Y ético y político, que es el más riesgoso para el futuro: porque cuando los periodistas acaben por convertirse definitivamente en militantes, la credibilidad (ese capital tan necesario) será sólo una cuestión de fe. Y se hará muy difícil volver atrás.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).
Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)
Acá, más recuerdos sobre Fogwill, en el suplemento de Cultura de Perfil.
Beatriz Sarlo: No era un maldito.
Daniel Guebel: Memoria de paso.
Sergio Bizzio: Escribir sin Fogwill.
Daniel Link: Crecer de golpe.
Quintín: El lobo herbívoro.
Damián Tabarovsky: Pensar solo.
Y en la edición impresa las columnas de Francisco Garamona, Elvio Gandolfo y Germán García.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
Pedro Mairal, Daniel Link, Angélica Gorodischer, Rafael Spregelburd, Martín Kohan y Guillermo Piro despiden en el Perfil de hoy a Fogwill. Mañana, el suplemento de Cultura lo despide con un homenaje.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)

Chau, Quique. Que los eunucos bufen.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
Nada más cierto: “Leo todo. Y sobre todo me releo a mí”.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
Canal (á) recuerda a Fogwill
- A días de su fallecimiento, un homenaje especial
- Domingo 29 de agosto, desde las 19.00 Hs., por la pantalla de Canal (á)
Buenos Aires, miércoles 25 de agosto de 2010:.- Canal (á), la única señal dedicada al arte y al espectáculo Latinoamericano, emitirá el próximo domingo 29 de agosto desde las 19.00 hs, un homenaje al escritor argentino Rodolfo Fogwill quien falleciera el pasado sábado 21 de agosto.
Para comenzar, una entrevista con Luis Majul en su programa “Hemisferio derecho”. Luego, un episodio de “La clase”, una de sus últimas apariciones públicas, en la que el escritor da una master class a un grupo de jóvenes estudiantes de letras.
Fogwill, como él prefería llamarse, fue uno de los escritores argentinos más excepcionales de las últimas décadas. Sociólogo y publicista, sus estudios sociológicos influyeron en su forma literaria de hacer ficción, fundada en una particular forma del realismo.
El autor de “Partes del todo”, “Lo dado”, “Los pichiciegos”, “Vivir afuera” y “En otro orden de cosas”, amaba la provocación porque la consideraba un desafío intelectual constante, una manera de pensar todo aquello que no debía ser pensado.
Controvertido, implacable, versátil y creativo, a Fogwill le irritaba profundamente la estupidez y el populismo, y su firmeza para manifestarlo lograba intimidar.
Le brindó un espacio a aquellos que recién se iniciaban en el arte literario y fue muy generoso con sus afectos, tanto con los personales como con los profesionales, a quienes supo admirar.
Especial Fogwill
Emite: Domingo 29 de agosto a las 19.00 Hs.
Canal (á) se emite en la frecuencia 59 de CableVisión y Multicanal; 750 de DirecTV y en los principales cableoperadores de América latina.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
El poema de 2002 (“Llamado por los malos poetas”) que adaptó para una publicidad de Coca Cola, marca extrañamente presente al comienzo y al final de su carrera literaria. Otro chiste de Fog:
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
¿No es Fogwill el escritor más influyente para las últimas dos generaciones de escritores argentinos?
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
“Soy yo, todos”.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
Decíamos la semana pasada, en respuesta a una inquietud de Roberto Guareschi (quién es un periodista hoy, se preguntaba, apuntando a la explosión de las redes sociales y su función como generadoras de información o productoras de contenidos), que para ser un buen periodista nunca se necesitó más que lecturas, inteligencia, razonamiento, información, ética, creatividad, algo de talento, papel y lápiz. Pero no somos tan ingenuos. Faltaba algo más, claro, una parte de la ecuación: si el periodismo depende de los lectores para completar el circuito de producción y consumo de noticias, para ser periodista no sólo se necesita todo lo mencionado arriba, sino también un espacio de enunciación que permita llegar a la mayor cantidad de lectores (o, al menos, a una porción de lectores lo suficientemente influyentes como para formar opinión pública).
Un par de años atrás, Rodolfo Fogwill organizó el primer (y único) Encuentro de Crítica y Medios de Comunicación, en las catacumbas del Teatro Colón, antes de que cerrara por refacciones. Allí expusieron, entre otros, Elvio Gandolfo, Nora Catelli, Alejandra Laera, Constantino Bértolo e Ignacio Echevarría. Fue Fogwill el que puso en pie de igualdad por primer vez a críticos, editores, escritores, periodistas y bloggers. En ese encuentro, Echevarría (durante más de una década crítico literario estrella del diario El País) se mostró escéptico con respecto al poder de los blogs para intervenir en el campo cultural, un poco por su pretendido amateurismo, otro tanto por su imposibilidad de llegar a un público lector más grande que la propia comunidad blogger. A casi diez años de la aparición de los blogs se puede decir que Echevarría no estaba tan equivocado. Para confirmarlo no hay más que ver en qué se convirtieron la mayoría de esos espacios apenas notaron que podían obtener algún rédito económico: en meros difusores de contenidos auspiciados por marcas y empresas. Por el contrario, la lógica del poder de enunciación sigue vigente: los blogs más confiables y con mayor cantidad de lectores suelen ser los que o se alojan en la Web de un producto preexistente (como pueden ser los grandes diarios o revistas), o que fueron creados por periodistas o profesionales que contaban con un nombre propio desde antes. Esa realidad sigue siendo el mayor fracaso de los blogs (que prometían democratizar la información para revolucionar oficios como el periodismo) a la fecha.
Y si eso sucedió con los blogs, ¿por qué nos interesaría, por ejemplo, seguir la cobertura de un suceso político, deportivo o cultural por Twitter? ¿Existe algo menos ligado a la reflexión y el análisis (precisamente de lo que adolece el periodismo actual) que emisiones informativas de 140 caracteres? Hay que decirlo, buena parte de la responsabilidad de que las cosas sean así recae en los propios periodistas y dueños de medios, que por temor a envejecer se dejan arrastrar por la última ola teconológica sin pensar que la solución puede estar frente a sus narices. Internet es brevedad e inmediatez, algo parecido a lo que pasa con la radio y la TV. El periodismo escrito debiera transformarse en otro sentido. Volver a narrar historias, regresar a los textos largos, crear espacios para la difusión de ese género híbrido que, desde hace años, reclama su lugar: el periodismo narrativo, la crónica periodística.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).
Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)
“Un pensamiento. Cuando la red empezó a poblarse de noticias sobre la muerte de Fogwill -más allá de un cable idiota en el cual el redactor había considerado pertinente subrayar que los hijos del muerto son profesionalmente exitosos-, circularon los lugares comunes: “el zarpado”, “el provocador”. Es comprensible. Pero es también una forma de normalizar y hacer soportable lo que nos dice, o nos decía. Fogwill pensaba contra los lugares comunes que más nos simpatizan. La primera reacción es “qué hijo de puta, habló contra el aborto”. O “contra el escritor X”. O “contra las políticas de derechos humanos”. La segunda reacción es, o debería ser: ¿no será posible pensar esos temas, y cualquier otro? Aún para saber que, finalmente, teníamos razón. Fogwill nos enfrentó a la evidencia de que uno, la mayor parte de las veces, elije repetir el eslogan de turno antes que pensar.”
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
–¿Qué piensa sobre la Ley de Medios?
–En el espíritu, me parece bárbara. Pero cuando la leí, me sorprendió lo mal redactada que estaba y lo poco eficiente que era. Es una máquina de crear más y más empleo para tecnócratas.
–También abre nuevos medios en las provincias.
–Esos nuevos medios no van a vender.
–Ahí debería intervenir el Estado, para garantizar el espíritu de la ley que propuso.
–El que pensó la Ley de Medios la pensó como un mecanismo de control social y no como un mecanismo de progreso. Estamos en un sistema en el que el noventa por ciento de las decisiones se toma en referencia a la televisión. Así que no sé por qué se arma tanto quilombo en torno a los medios gráficos. Pero tienen un rol en el lugar de la insidia política, no en el de la formación política. Forma más política el “Gordo” Lanata que La Nación y Clarín juntos. La gente se moviliza por Lanata, no por los editoriales de esos diarios. El pensamiento político es una manifestación de materia gaseosa. ¿No sabés que no existe la gente de izquierda y la gente de derecha? Nada más progresista que un derechista amortizado. Le garantizas que no tiene problemas y se hace progresista automáticamente.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
Quique: tus amigos, y la gente que te comprendía y quería te saluda así. Los que nunca te van a entender, en cambio, ensayan sobre el filo del cierre necrológicas de rigor (mientras vos, seguro, ya te estás riendo de todos nosotros, con esa larga risa de todos estos años).
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)

Te vamos a extrañar, loco. Mucho. Y hay otros imbéciles que viven hasta los 100 años.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)
El rock nacional actual da pena, no hay más que poner cinco minutos cualquier canal de videos musicales para darse cuenta. Pero tranquilos, llegó el antídoto: acá está el nuevo video del primer corte de El ritmo del jardín, “Descubriendo certezas”. Que lo disfruten y buen fin de semana.
Tags: Música y alrededores
Parece una broma salingeriana, pero aparentemente no lo es: se puso en venta en EBay el inodoro que J.D. Salinger usó por años en su casa de Cornish. ¿No me creen? A las pruebas me remito. La descripción es para morirse. ¿El precio? Una bicoca: apenas un millón de dólares.
Vía Wimbledon.
Tags: Leído, visto y oído (en la web)
Perfil: Las últimas horas de Sylvia Plath.
Clarín: Entrevista con Josefina Ludmer.
El País: The Wire, Breaking Bad y etc.: Teleseries de autor.
Perfil: Se reedita Siluetas, de Luis Chitarroni.
Página/12: El Capital, firmado por Alexander Kluge.
Clarín: Entrevista con Juana Bignozzi.
El Mercurio: Emar: un inclasificable de la literatura chilena.
Tags: El señalador (noticias destacadas de cultura)
Miren al maestro de todos los tiempos, haciendo puntería en medio de la filmación de una publicidad. Un grande.
Tags: Leído, visto y oído (en la web)

Si algo le faltaba a la Bundchen es declararse lectora y amante de los gatos. Muy cerca de la mujer perfecta. ¿Qué le habrá visto al tarambana de Di Caprio?
Tags: Chicas que leen
“Hace uno o dos años hablé de eso en una minicharla en Quito. Latinoamérica es una de las partes del planeta donde la diferencia entre los que tienen mucho y los que no tienen nada es grosera. Donde señores gastan en tres días lo que una familia gastaría en dos años para vestirse, educarse y comer. Sin embargo, la crónica latinoamericana suele mostrarse desinteresada o indiferente o impedida para contar historias de los que tienen millones. En cambio, tenemos oficio y músculo para contar lo freak, lo marginal, lo pobre, lo violento. Yo misma podría poner una banderita arriba de cada uno de esos temas: a todos los he pasado por la pluma y a algunos varias veces. Pero el mundo de las clases altas forma parte de este sitio en que vivimos y mientras no apliquemos allí la mirada que ya aplicamos a los que tienen poco seguiremos despejando sólo una parte de la ecuación.
Es probable que entrar a una favela o entrevistar a un mafioso disparen más adrenalina que recorrer viñedos o casas de campo o mansiones señoriales o yates de dos cuadras. Lo que también es verdad es que todos tienen una historia para contar: los campesinos pobres y los polistas ricos, los que viven en pueblos de frontera y los que se podrían comprar el pueblo entero. Todos tienen sus miserias y sus esplendores, sus penas y sus pensamientos culposos, sus ambiciones, sus peores cumpleaños y el día en que ya nada volvió a ser como era antes.
Por eso mis preguntas: ¿por qué no contamos la riqueza? ¿No lo hacemos porque no tenemos los recursos para hacerlo; no lo hacemos porque elegimos no hacerlo; no lo hacemos porque no nos interesa? ¿O no lo hacemos porque no nos queremos salpicar?”.
Tags: El oficio de escribir (sobre periodismo)
“¿Quién es un periodista? Alguien que no tiene nada que decir y lo esconde escribiendo oscuro.” Así empezaba la columna de Roberto Guareschi, ex director de Clarín, publicada en este diario la semana pasada. Yo tengo otras definiciones, que circulan como bromas internas desde hace años en las redacciones: alguien que sabe un poco de cada cosa y mucho de nada. O su versión más elaborada: alguien que nada en un océano de sabiduría en aguas de un centímetro de profundidad. Son chistes que, como todos, esconden una parte de realidad, aunque las generalizaciones no suelen ser amigas del razonamiento verdadero. ¿Quién es, puede o debe llamarse “periodista” hoy? Eso se pregunta Guareschi, cauteloso pero sinceramente entusiasmado por la explosión de las redes sociales y el uso que cualquiera con una computadora a mano hace de las nuevas tecnologías. ¿Es un periodista sólo quien trabaja en una redacción? Claro que no: el gremio se sostiene en buena medida por los trabajadores free lance que producen contenidos especializados desde sus casas y locutorios, desde cualquier parte del mundo. Pero: ¿puede llamarse periodista (o corresponsal, o crítico, o editorialista) alguien que acaba de crear un nuevo blog, de estrenar página en Facebook o de abrir una cuenta en Twitter?
Buena parte de la crisis que vive el periodismo tradicional hoy se debe a la competencia de Internet, a la merma (o diversificación) de la inversión publicitaria, pero también a los propios periodistas y dueños de medios. Ya no miro televisión: la había abandonado hacía tiempo, pero la última vez que la encendí en un canal de noticias para ver la hora y la temperatura me encontré, un mediodía, con una suerte de documental de cinco minutos sobre la nueva hija de Mariana Fabbiani; y esa misma noche, con un supuesto presentador de noticias que les hablaba a los espectadores como si fueran vecinos oligofrénicos mientras los incitaba a prender y apagar las luces de sus departamentos en un juego de complicidad que no terminé de comprender. Pero si la televisión renunció hace años a la producción de información relevante en pos de un show de frivolidad en continuado, las radios y los medios impresos no hicieron un esfuerzo mucho mayor por mantener los estándares de calidad: primero se embarcaron en una subestimación del lector, reduciendo el tamaño de los textos y aumentando el de las fotos, dibujos, infografias y demás artilugios del diseño. Después, directamente, se olvidaron del lector y se convirtieron ellos mismos (periodistas y medios) en sujetos noticiosos, emprendiendo cruzadas ideológicas y financieras desde las tapas de diarios y revistas. Así las cosas, el periodismo, hasta hace una década una profesión deseada y admirada, corre el riesgo de convertirse en la segunda más aborrecida después de la abogacía.
Guareschi tiene razón al afirmar que el periodismo tradicional está sufriendo una inmensa transformación. Pero no creo que se trate sólo de una cuestión de herramientas (teléfonos celulares, fotografía digital, blogs, redes sociales) la que vaya a guiar ese profundo cambio hacia un buen lugar. Para hacer periodismo del mejor nunca se necesitó mucho más que lecturas, inteligencia, razonamiento crítico, información verosímil, imperativos éticos, creatividad, un poco de talento, papel y lápiz. Tanto, y tan poco.
(Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil).
Tags: Asuntos internos (en el diario PERFIL)
Ya están online las nuevas ediciones de las publicaciones digitales Ese y Esto no es una revista, con algunos artículos y entrevistas interesantes.
Tags: El oficio de escribir (sobre periodismo)
Perfil: La historieta es cosa de grandes.
Página/12: Hugh Hefner renace, una vez más, de sus cenizas.
El País: Entrevista con Richard Ford.
Página/12: La última película del gran Ricky Gervais.
Tags: El señalador (noticias destacadas de cultura)
En un reportaje reciente, Juan Martini atacó de manera no tan solapada a Beatriz Sarlo. Ella, en su libreta de anotaciones de Bazar Americano, entre entradas de Wiseman y Buch, le responde con la altura que la caracteriza.
Tags: Discusiones y polémicas
“Trazando el recorrido de las células cancerígenas reveladas en este estudio, se tardó bastante más que eso para descubrir la desagradable verdad. La palabra “metástasis” fue la escrita en el informe que atrajo mi mirada y mi oído. El alien había colonizado un poco de mi pulmón, así como mi nódulo linfático. Y su base de operaciones original estaba localizada –había estado localizada por bastante tiempo- en mi esófago. Mi padre había muerto, y muy velozmente también, de cáncer de esófago. Tenía 79. Yo tengo 61. En cualquier tipo de carrera que la vida pueda ser, abruptamente me había convertido en un finalista”.
Christopher Hitchens, el gran articulista inglés, cuenta cómo vive con cáncer, en el último número de Vanity Fair, que Página/12 reprodujo el domingo.
Tags: Leído, visto y oído (en la web)
Tres breves ensayos del autor pringlense, en la revista colombiana.
Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)

Nada mejor que unos minutos de lectura.
Tags: Chicas que leen