Gustavo Ferreyra – DOBERMAN
Premio Emecé 2010
Cuando niño, Joaquín Riste era un soñador paranoico y resentido, que intentaba escapar a su infancia oprimente en un monoblock del barrio de Flores mediante la construcción de un mundo imaginario, en el que él era un doberman y un showman que fascinaba al público.
Ya adulto, Riste se convierte en chofer y mano derecha de un alto funcionario de la cancillería del gobierno de turno. Corre el año 1994. En tiempos en que lo único que parece importar es el éxito a cualquier costo, el personaje se despoja de su personalidad con tal de encajar en el mundo. Durante una crisis nerviosa que lo conduce al psiquiátrico, recibe la visita del funcionario que lo envía a una misión internacional en Polonia. Una vez allí, su obsesión por los perros lo lleva a perseguir a cuantos encuentra vagabundeando por la ciudad. Pero, enamorado de una actriz polaca, Riste se obsesiona también con los comunistas, a los que ve por todos lados en plena confabulación.
Doberman es un tour de force hipnótico por la mente de un hombre atormentado por la alienación en un ambiente tan enfermo como él. Con un estilo absolutamente personal, Gustavo Ferreyra construye una trama fantasmal y poderosa, en la que por momentos resulta difícil discernir la realidad de la psicosis. Esta novela mereció el Premio Emecé 2010, por el voto unánime del jurado compuesto por Tununa Mercado, Fabián Casas y Martín Kohan.
EL AUTOR
Gustavo Alejandro Ferreyra nació en Buenos Aires en 1963. Licenciado en Sociología, es profesor de la Universidad de Buenos Aires y del nivel medio para adultos.
Ha publicado las novelas El Amparo (1994), El Desamparo (1999), Gineceo (2001), Vértice (2004), El Director (2005) y Piquito de oro (Seix Barral, 2009), y el libro de relatos El Perdón (1997). Colabora en diversos medios periodísticos de Argentina y de España.
OPINIONES DEL JURADO
“El poder de un relato está en la capacidad de atraer a un lector hasta inmovilizarlo en una expectación permanentemente realimentada. Doberman ha entrado a mi casa entre una docena de novelas finalistas y se ha impuesto sin desmerecer a ninguna. “Ladró más fuerte” -me atrevo a decirlo- con una voz sorprendente y me mantuvo cautiva hasta su última línea. Cuando eso sucede es porque la lectura ha ganado el espacio de la escritura fundiéndose con ella. Se diría un poder compartido que no es identificación sino un estatuto que la literatura reserva para algún texto muy especial que será su alimento para seguir existiendo. Una novela que toma y saca el aire de su propia respiración y avanza como un prodigio o como un monstruo.”
Tununa Mercado
“¿Qué les pasa a las palabras, cuando las toca Gustavo Ferreyra ? Se diría que las gana una especie de oscuro trastorno, del que obtienen el poder de a su vez trastornarlo todo. Doberman no nos perturbaría tanto si se limitara a hacer del perro una metáfora del hombre. Pero pronto notamos que no se sabe con certeza qué sería exactamente metáfora de qué; y de inmediato ya no podemos ni siquiera estar seguros de que se trate en verdad de metáforas.”
Martín Kohan
“Me gustaría aplicarle a Gustavo Ferreyra un término del mundo del ajedrez: Gran Maestro. A esta altura de su obra -que Doberman no hace más que expandir y consolidar- uno no le encuentra muchos pares en la literatura argentina. Habría que ir hasta Robert Walser, Franz Kafka o el último Celine -con quienes comparte el genio- para buscarle camaradas de ruta. Cada novela o relato de Ferreyra es como un buen golpe de karate: certero, con kimé, e imposible de eludir. Un maestro de la impecabilidad.”
Fabián Casas