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Jean-Luc Godard en cuatro minutos

junio 28th, 2012 · No Comments

Una entrevista de cuando JLG estrenó Sin aliento, en 1960, en el marco del festival de Cannes pero en una sala aledaña a las de la organización. El minuto final es imperdible: “Hice una película masiva, y la gente ahora me cree. Ojalá no le hubiera gustado a nadie, y nadie me creyera. Prefiero trabajar con la gente cuando me tengo que pelear”. Y cincuenta y pico de años después, sigue filmando.

Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)

Bolivia en llamas x Alfredo Grieco y Bavio

junio 28th, 2012 · No Comments

“Mientras el presidente estaba de viaje, un grupo de policías bolivianos, acompañados por sus esposas, se amotinaron para reclamar mejores salarios. Durante seis días tomaron edificios públicos, quemaron archivos y marcharon por las calles de La Paz y otros ocho departamentos. Al mismo tiempo que el presidente paraguayo Lugo era destituido en un trámite exprés, un motín incendiario puso en jaque al gobierno de Evo Morales”.

El texto completo, acá.

Tags: Sobre periodismo (crónicas y textos ajenos sobre el oficio de cronista)

River y su gran deuda pendiente: volver a jugar como River

junio 28th, 2012 · No Comments

Por Maximiliano Tomas

¿Se puede dejar de lado la pasión a la hora de escribir sobre fútbol? Se puede e incluso, muchas veces, se debe. Porque “el amor no razona”, como escribió el crítico italiano Roberto Bazlen. No son pocas las relaciones entre fútbol, inteligencia y escritura, y dos de ellas tienen fecha reciente. El periodista español Santiago Segurola (Barakaldo, 1957), redactor jefe de Deportes del diario El País de Madrid entre 1999 y 2006, acaba de recopilar sus mejores crónicas, reportajes y entrevistas en el libro Héroes de nuestro tiempo. 25 años de periodismo deportivo: ahí está la cobertura del primer partido de Josep Guardiola como técnico del Barcelona B, la larga entrevista a Alfredo Di Stéfano o el reportaje en el que anticipa la gran eclosión experimentada por el deporte español desde fines de los años 90 y hasta la actualidad. El otro libro indispensable que puede conseguirse  después de años de ausencia es Fútbol, dinámica de lo impensado, del periodista Dante Panzeri (1921-1978), prologado por Ezequiel Fernández Moores y el propio Segurola.

¿Qué decir de esta obra tan extraña como estimulante, que empieza con una sentencia sorprendente (“Este libro no sirve para nada”), que no se haya dicho todavía? Poco. Apenas señalar, para quienes no lo hayan leído, que Panzeri creía (como Borges, que dividía a la literatura en dos) que hay sólo dos maneras de jugar al fútbol: bien y mal. Que el fútbol se puede definir como “el arte del imprevisto” y como “una ciencia oculta de imposible enseñanza académica”. Que puede ser interpretado como una “lucha de picardías”, o como “el más hermoso juego que haya concebido el hombre, y la más perfecta introducción al hombre en la lección humana de la vida cooperativista”. Panzeri, incorruptible maestro de periodistas (y autor también del ensayo Burguesía y gangsterismo en el deporte), asegura haber aprendido sobre fútbol en las canchas tanto como en algunos libros de filosofía, puede categorizar a los hinchas entre los que “van a ver ganar” y los que “van a ver jugar”, citar extensamente a Julián Marías o a Johan Huizinga para ilustrar sus ideas y permitirse afirmaciones como ésta: “Nadie pierde por jugar bien; hay casos -muchos- en que se pierde a pesar de haber jugado bien. No se gana por prescindir de la consigna de jugar bien; hay casos -pocos- en que se gana jugando mal… El fútbol tiene lógica. Y esa lógica es permanente. Desde luego: también suele ganarse jugando muy mal… porque el adversario juega peor”.

El 26 de junio del 2011 River Plate, el equipo que tradicionalmente encarnó la estética del buen juego en la Argentina, perdió la categoría por primera vez en su historia. Lo hizo después de años de traicionar sus ideas deportivas y en medio de una grave crisis institucional, consecuencia de las malversaciones económicas de sus dirigentes. En ese momento escribí una columna de opinión titulada “Abdicación de un hincha de River”: era una reflexión desencantada que pretendía, en verdad, iniciar un debate acerca de las razones que habían llevado al club a una decadencia tan profunda. Cualquiera que la leyera con atención habría visto que utilizaba para ello (claro que adaptándolas al espacio) algunas de las ideas principales del libro de Panzeri. Pero el artículo cosechó una andanada de insultos, la ofensa de unos cuantos amigos y poco más. Enseguida comenzó la lucha desesperada de River por volver a primera división, y ya no hubo tiempo para preguntarse por las causas de tanto fracaso y humillación.

Durante un año sufrí los partidos de River en silencio y soledad. A pesar de la euforia desatada entre los hinchas el sábado pasado, cuando el club ganó el derecho a volver a jugar en primera, no debo ser el único al que le quedó un gusto amargo: se ganaron muchos partidos, se empató demasiado, se perdió bastante y nunca, o casi nunca, River volvió a ser el de nuestros recuerdos, ese equipo que salía a la cancha a jugar mejor que el rival, y que ganaba por eso. River se volvió una pasión desenfrenada, una máquina del aguante puesta al servicio de la venta de entradas y merchandising (y en el medio hubo más violencia y una nueva muerte, y ninguna explicación). Y el hincha del club comenzó a sufrir la peor de las metamorfosis posibles, abrazando los paradigmas que tradicionalmente correspondían a su mayor antagonista, Boca Juniors: lo más relevante pasaba en las tribunas, la demostración de fuerzas se imponía sobre la dinámica del juego, y de a poco se fue haciendo imperioso derrotar al rival como fuera, sin importar los medios. Para encontrar un verdadero partido de fútbol y no una escenificación de la guerra, la única alternativa fue (pauperizado también el campeonato de la A) refugiarse en las ligas española o inglesa.

Hoy el objetivo que obsesionó durante un año a todo el universo riverplatense está logrado. Habrá que agradecerle a Matías Almeyda el hecho de haber tomado la responsabilidad de un barco que se encontraba hundido varios metros bajo el agua. Pero este debería ser sólo el comienzo. El club tiene una gran deuda con sus hinchas y su propia historia: no hay urgencia mayor que volver a creer en que el fútbol es un juego donde las victorias son la consecuencia lógica del que mejor lo practica. Hasta entonces, no debería haber descanso.

(Publicado en lanacion.com).

Tags: Columnas de opinión propias en LA NACION y otros medios (2012 en adelante)