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Un relato inédito de Sergio Bizzio

agosto 2nd, 2012 · 2 Comments

“No fumo nunca caminando, excepto si estoy fuera del país. En el extranjero, además, levanto la vista. Y no demasiado: apenas por encima de la cabeza. Así que, a dos o tres cuadras de distancia desde el punto en el que me encuentro, la perspectiva hace que mis ojos se posen sin esfuerzo en las cúpulas nevadas. ¿Qué es esto? ¿Rusia?”.

Se llama Bienvenida. Y el texto completo está acá.

Tags: De todo un poco (literatura y misceláneas)

Una visita a John Irving

agosto 2nd, 2012 · 2 Comments

Tags: Leído, visto y oído (en la web)

¿Quién quiere ser famoso y millonario?

agosto 2nd, 2012 · No Comments

Por Maximiliano Tomas

Aunque la gente no tenga por qué saberlo, hay distintos tipos de fotógrafos profesionales. Una de las primeras cosas que uno aprende cuando entra a trabajar a una redacción periodística es la de no llamar “fotógrafo” a un reportero gráfico, a riesgo de recibir toda clase de maltratos en el futuro. Fotógrafo es cualquiera que pueda sacar una foto (actualmente, todo el mundo), y el término, desprovisto de cualquier adjetivo, se asocia a la gente que se gana la vida retratando eventos sociales como casamientos o bautismos, actividad considerada (por ellos mismos) como la de nivel más bajo en el escalafón de los profesionales de la imagen. Para referirse a los que exponen sus fotografías en un museo o en salas de exhibición existe el término artista visual. Pero los trabajadores de prensa dedicados a la imagen tienen un sólo nombre, y es el de reporteros gráficos. Son esos tipos que suelen trabajar en la calle todo el día, o asignados a puestos específicos (el Congreso, la Casa Rosada), a veces en una relación simbiótica con los periodistas, otras apenas disimulando un desprecio mutuo. Según de qué lado del mostrador se esté, los periodistas son una manga de petulantes, y los fotógrafos están todos locos. Lo cierto es que, como en todo oficio y profesión, hay reporteros dedicados y talentosos, otros que actúan como si fueran parte de una inexplicable manada de depredadores, están los que cumplen horario como burócratas y los que creen que hay otra vida interesante, además de la de estar agazapado detrás de un lente todo el día.

La profesión de reportero gráfico ha sufrido todo tipo de transformaciones con el desarrollo de la fotografía digital. Estos cambios acompañaron y nutrieron, por un lado, la creciente demanda de imágenes por parte de los medios periodísticos impresos, lo que revalorizó el oficio. Por el otro, con la llegada de cámaras más livianas, más baratas y más sencillas de manejar, la profesión sufrió el impacto que implicó la divulgación de la idea de que cualquiera puede convertirse en reportero de un día para otro. Imagino que para discutir alguna de estas cuestiones fue que en abril del año pasado se realizó el Primer Encuentro Nacional de Reporteros Gráficos convocado por ARGRA. La misma asociación expone, por estos días, la 23° Muestra Anual de Fotoperiodismo Argentino, a la que siempre vale la pena ir, con entrada libre y gratuita en el Palais de Glace. Por fortuna, este año la muestra (un buen ejercicio para volver sobre algunos de los sucesos más importantes de 2011, ya sepultados por la vorágine del presente) exhibe una mayor variedad de registros visuales de la actualidad argentina, no tan dominada por los actores de la primera línea política.

Pero hay otra clase de fotógrafos, ninguna de las mencionadas hasta ahora: los paparazzi. El término apareció por primera vez en La dolce vita de Federico Fellini (proviene del italiano y significa ruidoso o molesto, como una mosca, un mosquito o un insecto que se mueve en grupo alrededor de algo) y se popularizó para designar, como se sabe, a los cazadores de imágenes de celebridades. No se trata de una actividad tan presente en la Argentina, probablemente porque no existe aquí una casta de celebridades que pueda sostener un sistema o un negocio tan importante como en otras latitudes (aunque haya dos o tres revistas y programas de televisión que sobrevivan gracias a ello). Pero se trata de una verdadera industria en sí misma en los Estados Unidos, y centenares de medios impresos y virtuales, dependen del trabajo de los paparazzo. Adrian Grenier, el actor de la serie Entourage, estrenó en 2010 el documental Teenage Paparazzo, inspirado por el encuentro fortuito que tuvo con Austin Visschedyk, un fotógrafo de celebridades de apenas 13 años (la película puede verse por ISAT). Siguiendo con una cámara la vida de Visschedyk, que vendía sus fotografías a un precio de entre 1000 y 2000 dólares cada una a poco de haber empezado, Grenier intenta “darle un poco de sentido a este loco mundo de las celebridades”, reflexionando sobre el oficio de los paparazzo y hasta convirtiéndose en uno de ellos.

El experimento podría haber salido mal, pero lo cierto es que se trata de una película apasionante. Grenier logra entrar al mundo de estos celosos fotógrafos de celebridades, pero por ser una estrella de Hollywood, también puede hablar cara a cara con algunos de los personajes más deseados por ellos: Alec Baldwin, Matt Damon, Eva Longoria y Paris Hilton. Algunos se quejan del acoso permanente de los paparazzo y otros, como Hilton, aceptan las reglas del juego: “La verdad es que no me puedo quejar. Son molestos, pero los necesito”. Mientras sigue al joven Visschedyk (que en el proceso de filmación del documental se transforma él mismo en una celebridad, es entrevistado en la televisión y le proponen ser parte de un reality show), Grenier se pone en el lugar de sus habituales enemigos y va perdiendo el control de su película, lo que la hace más atractiva. “Nadie te forzó a ser una celebridad”, le dicen los paparazzo. “Es divertido, es entretenido, ganamos bien, vemos a las celebridades”, describen algunos su estilo de vida.

Teenage Paparazzo es varias películas en una: el retrato del nacimiento de una estrella (Visschedyk) y el registro de los efectos de la fama súbita. Una reflexión acerca del concepto de celebridad desde adentro (la vida de Grenier) y sobre cómo surge en la sociedad contemporánea la necesidad de contar con un sistema de estrellas reconocibles. Una desmitificación de la trama de sueños y deseos tejida alrededor del dinero y el confort (¿qué hace Paris Hilton cuando no está en los boliches de moda o en la televisión? Come pizza en su casa de Los Angeles, acompañada de sus perros). Y finalmente, a través de un viaje que hace a Nueva York donde visita las redacciones de revistas de chismes y famosos como OK, cuál es el verdadero negocio alrededor del oficio de los paparazzo y quiénes lo capitalizan: conglomerados de medios como Time Warner, que producen las películas, administran los programas de televisión donde se entrevista a las estrellas, poseen las revistas donde se critican y difunden esos trabajos, y son los principales compradores de las fotos que producen estos cazadores de celebridades. Desde un mismo lugar, un centro de poder atomizado y en apariencia contradictorio, el control total del negocio de la vanidad.

(Publicado en lanacion.com)

Tags: Columnas de opinión propias en LA NACION y otros medios (2012 en adelante)