header image 1

El Origen

agosto 10th, 2012 · No Comments

Como el huevo y la gallina. También entre el sexo y el aburrimiento vale preguntarse qué fue primero. Solo que en este caso además de la simple relación causal, se sospecha el vínculo que une los problemas con sus soluciones. Según nos cuentan, sin dinosaurios ni darwinistas de por medio, el Universo fue creado en lo que dura un paro de subtes en la Ciudad Autónoma.

Cuando ya estaba casi todo, al sexto día, el hombre fue creado, quedando como lapidaria evidencia de que en sábado jamás deben tomarse decisiones importantes. Dormido, sin consultarle, suponemos con anestesia y buenas intenciones, le arrancaron una costilla y crearon a la mujer, por suerte para él, no tan a su imagen y semejanza (1). Lo que no queda claro es la cronología del descalabro. Tal vez fue ese mismo domingo, a la hora de la siesta, con el Demiurgo dedicado al descanso. Con tanta perfección, con tanto paisaje a lo fondo de escritorio, la feliz pareja habrá intuido el tedio y el fastidio. No fueron necesarios ni mucho ni sólidos argumentos. Si nadie nos ve, si acá estamos, en bolas, vos tan manzana y yo tan serpiente (2).

O tal vez la unión reproductora estaba incluida en el Plan. Y fue después, cuando tirados en el pasto, de espaldas, sin el cigarrillo para procrastinar pensamientos, se les acostó en el medio la sospecha de que lo eterno es medio insoportable. Entonces mejor decir que, por culpa de alguna de estos bichos que no hacen otra cosa que mirarnos, comimos del árbol prohibido.

No sé si esperaban tanta condena: el parto, el trabajo, el dolor, la vergüenza, la vejez, la literatura. La conciencia de la desnudez y las cortinas, el Buenos Aires Fashion Week, algunos programas de cable.

Perro que ladra

  1. Gracias Maru

  2. Gracias Daniel

Tags: El Recomendador, por El Perro (actualiza los viernes)

Primero hay que saber vivir

agosto 10th, 2012 · No Comments

Por Maximiliano Tomas

Para sorpresa de muchos (sobre todo tratándose de un género elegantemente esquivado por los medios de comunicación de masas), en la última década larga la crónica periodística (lo que otros denominan periodismo narrativo o literario) se revistió de un llamativo prestigio, siempre dentro del estrecho universo del campo cultural argentino e hispanoamericano. Tanto que con escasos reflejos y años de retraso, las casas centrales de las editoriales españolas Alfaguara y Anagrama decidieron lanzar al mismo tiempo dos compilaciones (Antología de crónica latinoamericana actual y Mejor que ficción) que, de alguna manera, se encargaron de oficializar esta creencia: la crónica está de moda. ¿Por qué se dice que lo está, al menos en la Argentina, donde no existen publicaciones como en otras partes del mundo (Gatopardo , El Malpensante, Soho, Etiqueta Negra) que se dediquen con constancia a publicar este tipo de textos?

Las razones son diversas, pero sinteticemos: a muchos periodistas hoy les gusta ser llamados “cronistas” porque es una manera sencilla de diferenciarse del resto y sentirse parte de una elite simbólica; para los estudiantes de las carreras de periodismo se trata de soñar con ser escritores, sin la necesidad de atravesar el cursus honorum de la literatura; los autores de ficción escriben crónicas porque suele ser un buen dinero por un trabajo que creen sencillo y rápido; los cronistas reconocidos pueden vivir (merecidamente) de dar talleres y conferencias; y para las editoriales, la crónica tiene el gancho de los temas de actualidad y el prestigio de la literatura. Feliz negocio para todos.

El problema es el mismo que con las modas: ahora a cualquier texto de no ficción se le pone la etiqueta de “crónica”, y no pasará mucho tiempo hasta que el género se devore a sí mismo y aleje a los pocos buenos lectores que supo generar. En la Argentina, y pese a lo que muchos gustan de hacer ver, hay muy pocos autores que hayan llegado a construir una verdadera obra como cronistas. Y si hay algo que los vincula y se suele perder de vista es que, como sus maestros (de Rodolfo Walsh a Martín Caparrós, de Gabriel García Márquez a Ryszard Kapuscinski), han practicado todo tipo de periodismo (del policial al de espectáculos) antes de ser llamados cronistas, porque antes de ponerse a escribir para mostrar y explicar el mundo se preocuparon por leerlo, estudiarlo y vivirlo. En la Argentina, y dentro de la nueva generación (integrada por autores nacidos entre fines de los años 60 y mediados de los 70), esos cronistas se llaman Leila Guerriero (Frutos extraños), Daniel Riera (Nuestro Vietnam), Josefina Licitra (Los otros), Cicco (Yo fui un pornostar), Alejandro Seselovsky (Trash), Cristian Alarcón (Si me querés, quereme transa). Hay pocos más. Aunque sobren los cazadores de recompensas y sus aprendices.

(Publicado en el suplemento ADN de La Nación).

Tags: Columnas de opinión propias en LA NACION y otros medios (2012 en adelante)